¿Las drogas digitales ponen o no ponen?

Por Amira Asad

Hace un mes, más o menos, un científico de los Emiratos Árabes Unidos creó alboroto en torno a la prohibición de algo llamado “ritmos biaurales”, a los cuales se refirió como “drogas digitales”. Estos “ritmos” son pistas de audio (porque llamarlo música sería demasiado extenso) que se pueden comprar en internet por menos de 16,95 dólares. Prohibir sonidos que alteran tu estado de ánimo ya me parece un poquito fuerte, una respuesta reaccionaria a algo que probablemente ni siquiera funciona. Aunque, ¿y si funcionara? ¿Y si esas pistas de audio realmente proporcionan algo parecido a un viaje?

Decidí que debía darles una oportunidad, así que me descargué cinco packs de diferentes “dosis” en formato MP3 desde I-Doser, un proveedor de estas drogas futuristas y fundecerebros. Según su página web, tienen distintos “equipos de música underground y expertos en música, programadores, gente que comprueba que funcione bien, gente que investiga y administradores”, y “cada pista de audio contiene ritmos biaurales avanzados que se sincronizan con tus ondas cerebrales”. ¡Ay, güey! Hay muchos tipos de dosis disponibles: dosis sexuales, dosis de diseñador, dosis de deporte, realzadoras, dosis puras, etcétera, así que tuve que ser un poco selectiva. No quería nada que produjese una sensación de calma, puesto que eso lo podía conseguir escuchando un tema de meditación en YouTube y sentirme más cercana a Dios o algo así. Escogí las versiones más nuevas de los packs “recreativos”, “recetados”, “ficticios”, “sagrados” y “celestiales”. Cada uno contenía 15 pistas de audio de un minuto de duración y probé las que me pareció que sonaban mejor.

Simulaciones de recetas: Ambien (Zolpidem)

Las opciones de ese pack de dosis recetadas eran: Xanax, Ambie (Zolpidem), Valium y Klono (Clonazepam). Me decidí por Ambie, que se supone que debe simular el efecto del Zolpidem. Creo que todo esto de las pistas de audio es una soberana mamada, pero ya me había decidido a intentarlo así que no quedaba más remedio. Me senté en mi habitación y me puse los audífonos, le dí play y cerré los ojos. Intenté meterme en un estado en plan zen y dejar que el ritmo se apoderara de mi mente. La pista empezó con un sonido mecánico, constante, pero que a veces se veía interrumpido por un tono estático. Después vino un tono un poco más suave, místico, más calmado, como la banda sonora de un cuento de hadas. Sinceramente, no sentí nada durante los dos primeros minutos. Abrí los ojos y los mantuve así durante los dos minutos siguientes de la sesión. Me pesaban un poco, pero me dije a mí misma que era psicológico, como un placebo. Fue entonces cuando me di cuenta de que esta madre podía ser real. Empezó a pesarme la cabeza más y más. Al final de la sesión mi cuerpo estaba como entumecido y sentía un cosquilleo. Empecé a mover los brazos para demostrarme a mí misma que esas sensaciones se debían a que había estado sentada en la misma posición durante 15 minutos. No ayudó en nada. Mi cerebro se encontraba totalmente vacío y cinco minutos más tarde todavía me sentía completamente sedada.

Así que supongo que funciona.

Simulaciones ficticias: Bloodthistle

Se supone que estas dosis ficticias se sincronizan con tus ondas cerebrales para simular dosis de tus películas, libros y juegos favoritos. Sea lo que sea que eso signifique. Escogí la dosis de Bloodthistle porque me gustó el nombre. Cuando busqué lo que significaba resultó que Bloodthistle es un tipo de planta en World of Warcraft que se supone que incrementa tus “poderes de encantamiento”. Ok, eso está chingón, supongo. Como en la pista de Ambie, hubo algunos zumbidos y vibraciones, pero no era una pista somnífera. En la distancia podía oír truenos, campanas y agua que corría. Escuchar Bloodthistle me dio la sensación de estar persiguiendo a Jennifer Lawrence en Los Juegos del hambre: poderosa, con control y un poco mala. Sin embargo, no fue tan intensa como la pista Ambie.

Simulaciones celestiales: Ángel durmiente

El Ángel durmiente fue un buen modo de caer en un bajón. Me espatarré en la cama porque sentí que era lo apropiado para esta pista. La pista del Ángel durmiente era básicamente ruido blanco, estático, que iba cambiando de tono gradualmente hasta que empezó a sonar como si todo fuera en cámara lenta. A veces sonaban algunos picos interrumpiendo la estática, un “ding” o un ruidito o un silbido aquí y allá. En resumen, tuve unos sueños lúcidos muy breves, de los cuales no consigo acordarme muy bien, y me quedé dormida antes de que se acabase la sesión. Eso fue raro, puesto que la noche anterior había dormido mis buenas ocho horas y yo jamás hago siestas, y esto fue a las tres de la tarde.

Concentrarse en estas pistas e intentar “sentirlas” conlleva más trabajo de lo que creen. Empecé a sentir que el cerebro se me estaba haciendo papilla después de tres dosis, así que hice un descanso antes de seguir con lo que yo creía que sería la parte más divertida: la dosis recreativa.

Dosis recreativa: Amanita y Sobredosis

Nadie quiere meterse hongos estando solo, así que le pedí a un amigo que viniera a escuchar Amanita conmigo. Desgraciadamente, tan dispuesta como estaba yo a emprender aquel “viaje”, ahí no pasó nada de nada. La cosa sonaba como una pista de Caribou con inexplicables vibraciones de fondo, lo que terminó dándome una ansiedad terrible. Parecía que tuviese 15 kilos de peso en el pecho. Una mierda.

Como no quedé satisfecha con Amanita, probé con Sobredosis. Para esta pista fui a la oficina de Vice, un ambiente mucho más ajetreado que el de mi habitación, para ver si el ambiente jugaba algún papel clave en la efectividad de la dosis. A estas alturas ya entendí que los zumbidos y las vibraciones son el estándar de estos ritmos. Sin embargo, esta pista era una locura: pájaros tropicales, agua corriendo, truenos, ruidos sordos, bips, metal rozando contra metal… AAAAAAHHHHHHH. Nunca he sufrido una sobredosis, ni siquiera cerca de sufrir una, pero al escuchar Sobredosis ya me imagino cómo deben ser. Me cagué encima y empecé a sentir un montón de ansiedad. No podía dejar de pensar por qué mi cuerpo se mecía hacia delante y hacia atrás si yo estaba quieta y sentada en una silla. Todavía sentía ansiedad y estaba nerviosísima diez minutos después de que la pista había terminado. ¿Por qué chingados alguien escucharía esto para divertirse?

Simulaciones sagradas: La mano de Dios y Las puertas del Hades

Según la descripción de I-Doser, se supone que las dosis sagradas te ayudan a sentir el Big Bang, una felicidad angelical, y el infierno. Las pistas que yo había escuchado hasta ahora me habían dado la impresión de que estaba hipnotizada, pero La mano de Dios fue… diferente. Empezó directa y punzante, con gusto, había un coro que cantaba algún himno de un modo un poco vago, pero pronto empezaron a sonar unos cantos cursis mezclados con voces diabólicas como las que se oyen en un parque de atracciones culero. Buah.

Sin embargo, Las puertas del Hades me encantó. No puedo describir el sonido real de esta pista de un modo que tenga sentido. Se oían gaviotas de fondo, “ding dings” suaves y algún “goooong” ocasional. A veces era simplemente sonido estático y ruido blanco, y sonaba exactamente igual que Ángel durmiente. Me pareció una simulación bastante buena de lo que pasaría si tu alma se escapara de tu cuerpo después de la muerte. Me sentí como si me estuviera tambaleando entre el cielo y el infierno, pero al final caía hacia el infierno y la verdad es que ya me pareció bien. Empecé a reflexionar sobre mis elecciones de vida y sobre la muerte, algo a lo que normalmente no dedico tiempo alguno. Me di cuenta de que no quiero morir, incluso si Las puertas del Hades parecen amigables y acogedoras. Sentí cosas bastante fuertes considerando que sólo se trataba de un montón de ruidos. Ahora entiendo por qué un “científico” estirado quiere prohibirlo, pero también entiendo por qué los güeyes que se aburren en los Emiratos Árabes se distraen con esto. Los ritmos binaurales no son tan poderosos como las drogas reales, pero están bien para pasar el rato durante el fin de semana.

 

@amiraasad

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