Los cárteles de las drogas están creciendo toneladas de mariguana en Estados Unidos

Por Brian Anderson

Estoy hablando de los parques nacionales estadunidenses. ¿Y adivina qué? Resulta que esta operación de cosechas clandestinas, detectada por primera vez por el Servicio Forestal de California en 1995, es muy mala para los bosques: quienes la cultivan no solo talan los árboles para dar espacio a las plantas, sino que también acaban con el suelo con infinidad de fertilizantes, insecticidas y venenos que además corren el riesgo de filtrarse a los ríos y mantos acuíferos.

Es un problema que crece a pasos acelerados. En vísperas de las legalización de la mariguana en Colorado y Washington, para usos recreativos, los cárteles mexicanos entraron de lleno al Mercado, una afirmación de ese viejo dicho del mercado negro que para ser un buen bandido hay que llevar la producción a los puntos de distribución. Los campos de cultivo de los narcos se han extendido por 20 estados y 67 bosques nacionales, reporta el Daily Journal , desde mediados de los noventa, y los inmigrantes indocumentados cuidaron de 1,600 sitios de cultivo, sólo entre 2005-2010. Los federales acabaron con 3 millones de plantas de mariguana en todo el país en 2004, según la agencia antidrogas (DEA) estadunidense. El año pasado, esa cifra se había elevado a 6 millones.


Contenedores químicos abandonados en un centro de cultivo forestal (vía Bay Citizen)

En papel, podrán legalizar esta pendejada, argumentan los defensores de la mariguana, y dejar a todos esos traficantes, y toda su corrupción y violencia, fuera de la jugada de la noche a la mañana. Mientras tanto, los críticos de la legalización opinan que relajar las leyes existentes no tendrá gran efecto sobre las pandillas de narcotraficantes infiltradas en los bosques nacionales y tierras tribales.

“[La legalización] definitivamente no mejora la situación”, dijo Benjamin Wagner, abogado del Distrito Este de California, al Journal. “Genera un entorno en el que las autoridades reciben señales mixtas”.

Señales mixtas o no, los federales ya están contraatacando con fuerza a los nuevos cárteles mexicanos-estadunidenses. La operación Mountain Sweep en agosto pasado, durante la cual se confiscaron varios sitios de cultivo “en tierras públicas en siete estados occidentales, incluyendo California”, como se cita a Wagner en el Journal, acabó con 578 mil plantas con un valor estimado de mil millones de dólares.

Pero aquí está el giro. Se están encontrando cada vez más cultivos en lugares aislados donde no se esperaba encontrar pandillas del sur de la frontera infiltradas; lugares como el Bosque Nacional Chequamegon-Nicolet en Wisconsin, donde en agosto se incautaron ocho mil plantas y se arrestó a siete personas, seis de ellas con vínculos a los cárteles; un bosque en Michigan, donde tres mil plantas vinculadas con grupos de traficantes fueron destruidas en julio de 2011; y un bosque en Ohio, donde 2,500 plantas fueron confiscadas en un sitio de cultivo clandestino en 2010. Se han presentado cargos contra once mexicanos en conexión con la redada de Ohio.

El otro giro, por supuesto, es lo que esta creciente ola de productos cultivados en bosques nacionales estadunidenses podría traer. Mientras la mariguana sea ilegal en gran parte de Estados Unidos, y los cárteles penetren todavía más hacia el norte, el juego será burlar al enemigo con técnicas de cultivo rudimentarias y tecnología espía. Porque por cada docena de cultivos con sistemas de irrigación primitivos, hay la misma cantidad de departamentos de policía y agencias federales, sin mencionar a las fuerzas canadienses, solicitando autorización para utilizar drones de vigilancia para encontrar los cultivos de mariguana. Esto ya está pasando.

Arriba: Cultivo forestal en Wisconsin (a

 

@thebanderson

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