Nos dicen desde Europa que las cosas van muy mal

Por Jairo Vargas

Con motivo de la muy bienvenida pero “¿qué tarde llegas?” declaración del gobierno sobre los deshaucios, pedimos a Jairo Vargas, un joven periodista freelance que cubre los movimientos sociales que nos de su opinón.

Los desahucios son, sin ninguna duda, la cara más amarga de la actual crisis. Y Rajoy es, también sin ninguna duda, la cara más dura que nunca ha tenido un presidente del gobierno. La semana pasada, a unos días de la segunda huelga general de este año, alguno de sus perspicaces asesores debió decirle que los suicidios previos a un desalojo no dibujan una buena imagen de la labor del gobierno y menos aún de la “marca España”. Dicho y hecho, el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se citaron para acordar una reunión “de urgencia”, tan urgente que se fijó varios días y otro suicidio más tarde.

Después de que los bancos ejecutaran más de 374 mil desahucios, tanto que la desesperación de las familias ha llevado a algunos a tirarse por la ventana del departamento que dejaba de ser su casa, Rajoy no había visto la imperceptible gravedad de este problema. Y como un superhéroe decidió lanzarse al rescate de las pobres familias que esperan a que el banco les notifique su ejecución hipotecaria. Aunque las más de 185 mil familias que ya están en la calle no cuentan para el gobierno.

Desde que comenzó la crisis, hace ya cuatro largos años, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha conseguido paralizar más de 500 desahucios, pero ni el gobierno anterior ni el actual parecían interesados en ello. Este colectivo también ha juntado más de 400 mil firmas de las 500 mil necesarias para llevar al Congreso una Iniciativa Legislativa Popular bien clara que solucionaría la situación de miles de familias: dación en pago retroactiva, alquiler social de las casas embargadas y paralización de los desahucios.

Pero después de cuatro años repitiendo esto en los portales de las casas, momentos antes del desalojo, Rajoy parece no tener claro lo que tiene que hacer para “paliar los efectos de las ejecuciones hipotecarias”. Prometiendo que nos sacaría de la crisis, hasta ahora sólo ha sacado a las personas de sus casas y, lejos de reunirse con miembros de la PAH para atender a sus peticiones, prefiere acordar la solución con el otro gran partido responsable de que cada día se ejecuten 500 desahucios. PP y PSOE se han negado en varias ocasiones a modificar la ley hipotecaria, pero cuando hay muertos sobre la mesa, huelgas generales y portadas feas en el New York Times, todo parece importar un poco más.

El cinismo del PP va aún más allá. Ma. Dolores de Cospedal, esa señora que usa un velo para visitar al Papa, saca pecho y nos vende a Rajoy como “el primer presidente del gobierno dispuesto a tomar decisiones” aunque sean contrarias a los “intereses de la entidades financieras”. Y esto lo decía mientras la PAH se manifestaba en la sede del PP en Madrid y meses después de que Bankia, la entidad con más desahucios ejecutados y casas vacías del país, fuera rescatada con fondos públicos.

Desde que Amaia Egaña se lanzó al vacío desde un cuarto piso momentos antes de su desahucio, los bancos han decidido paralizar las ejecuciones en casos de “extrema necesidad”, El Sindicato Unificado de Policía y el sindicato de la ertzaintza (policía vasca) han dicho que apoyarán a los agentes que decidan no participar en los desalojos y varios alcaldes no enviarán a la policía municipal a los desahucios hasta que el PP y PSOE lleguen a un acuerdo. Todo el mundo reacciona ahora, después de varios suicidios.

Lo que acuerden PP y PSOE lo comunicará el mismo Rajoy. Ése que envía a sus ministros a darnos las malas noticias, esta vez quiere salir por la tele con un titular de los buenos. Sólo podemos esperar a que esta reforma de la ley hipotecaria funcione mejor que la reforma laboral.

 

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