Archivo VICE: Oscar Niemeyer

Por Santiago Fernández-Stelley, Foto por André Vieira, Dibujos cortesía de Oscar Niemeyer

Oscar Niemeyer está en la infinitísimamente pequeña lista de personas que han diseñado y construido una ciudad. Una capital mundial. Claro, Haussmann hizo el escenario de postal que es hoy París, y Wren reconstruyó Londres después del gran incendio (pero sin hacerlo de madera esta vez: ¡buena idea!). Aun así, no es como si les hubiera faltado en qué basar su trabajo; después de todo, esas ciudades ya eran metrópolis funcionales antes de ser reconstruidas. Niemeyer, por otro lado, tomó un pedazo de campo brasileño y, en cuatro años (y con la ayuda de Lucio Costa), creó una capital hiperfuncional en la faz de la Tierra. Se llama Brasilia y tiene la forma de un avión, una mariposa o una mujer (aunque Niemeyer asegura que no es una mujer).

Eso fue hace 50 años, y Niemeyer no ha parado de trabajar desde entonces. Tiene 101 años y aún diseña edificaciones todos los días. Dedicó algunos años a ser presidente del Partido Comunista brasileño, se casó a los 98 y hace poco se metió en problemas por intentar hacerle unos cambios a Brasilia.

Vivir un siglo le ha dado una gran perspectiva de las cosas, el tipo de perspectiva que dice que “la arquitectura no le da un significado a tu vida”. Y, cuando un hombre que construyó una ciudad de la nada te dice que nadie en esta vida es importante, te comienza a preocupar la idea de que nada, ningún logro en toda tu vida, le llegará a importar a nadie nunca.

VICE: Comencemos con una fácil: ¿qué causó su interés por la arquitectura?
Oscar Niemeyer: 
Me parece que el dibujo fue lo que me atrajo a ella. Recuerdo que cuando tenía 10 años, me gustaba dibujar en el aire con los dedos. Mi mamá siempre me preguntaba: “¿Qué haces, niño?”, y yo respondía: “Estoy dibujando”. Podía imaginar los dibujos y hacerles correcciones. Hoy pienso de forma diferente. La arquitectura domina mi cabeza. Soy capaz de proyectar sin la necesidad de un lápiz. Puedo imaginar lugares y puedo imaginar el proyecto que quiero crear. Pienso en todas las soluciones posibles.

¿Cómo fue que te asignaron la construcción de Brasilia?
El presidente Juscelino Kubitschek, quien anteriormente me había contratado para construir la iglesia de Pamulha en Belo Horizonte, me asignó Brasilia. Recuerdo cuando Juscelino decidió construir Brasilia. Entró a mi oficina y dijo: “Oscar, hicimos Pampulha y hoy construiremos la nueva capital”. Así fue como comenzó la aventura de Brasilia.

Una ciudad completa construida tan rápido.
Yo sabía que tenía poco tiempo, pero eso no influyó en el diseño simplista. Por ejemplo, en el Palacio Alvorada hice un pabellón con columnas curvas—un tipo de columnas que jamás había sido construido anteriormente.

Dijiste que tu arquitectura buscaba nuevas formas o siluetas. ¿A qué te referías con ello?
No nos fuimos por la arquitectura que Bauhaus quería. Hubiera sido puramente funcional. La arquitectura debe ser bonita, debe buscar ser una obra maestra. Yo trabajo mucho en Europa y aquí, pero siempre intento traer belleza y asombro.

Y la filosofía de Bauhaus la sentías muy fría.
Es que no podía ser como la quería Bauhaus. No puede ser una “máquina habitable”. Debe nacer de la nada, sin influencias. Una vez, un arquitecto muy inteligente me dijo: “No hay arquitectura vieja ni moderna; sólo existen la buena arquitectura y la mala arquitectura”. Ahora, yo no veo a la arquitectura como algo que salvará al mundo, pero creo que el arquitecto debe leer, estar informado. Por ejemplo, aquí en la oficina hemos tenido una clase en la que un maestro viene a hablarnos de la filosofía y el cosmos. Qué bueno es conocer. 

Esa es una forma muy poco convencional de manejar una firma de arquitectos.
A mí me interesa la vida. Yo creo que la vida es más importante que la arquitectura. Creo que lo importante es la solidaridad. Recuerdo una pregunta que me hizo un periodista: “Oscar, ¿cuál es tu palabra favorita?”, y yo le respondí: “Solidaridad”.

¿Entonces la arquitectura no es tu tema favorito de conversación?
Cada que hablo de arquitectura, me da por cambiar de tema. Me encuentro interesado en los problemas de la vida y del ser humano.


Niemeyer esuvo especialemente renuente a hablar de su legendaria afición por las mujeres o del pene de oro que se dice que le compró a su esposa. Pero fue, sin duda, sumamente amable de su parte darnos estos dibujos de su archivo personal.

Cambiemos de tema, pues. Hablemos de mujeres.
Cuando hablamos de mujeres es genial. La mujer es fundamental. Otro periodista me preguntó: “Oscar, ¿qué es la vida?”, y le respondí que la vida era tener una mujer a tu lado. Y es la verdad. Otro gran amigo mío, Darcy Ribeiro, un escolar muy importante en la sociedad brasileña, también lo dijo.

Siempre he escuchado que las curvas de la arquitectura están basadas en las féminas.
No. Si tenemos un domo con espacio vacío, espacio muy generoso, entonces queremos la forma más llamativa. A veces coincide con el cuerpo de la mujer, pero ese no es nuestro objetivo. Queremos la forma pura, una que tiene que ver con cálculos y que le dará al proyecto una sensación diferente.

Yo imaginaba algo así como…
No. No tiene nada que ver con las mujeres. La forma viene de la nada.

¿Aún dibujas?
Sí, mucho.

¿Y qué es lo que dibujas?  
[Nos enseña un dibujo] Bueno, esto, por ejemplo, es un teatro de Buenos Aires. La forma es muy diferente. Nunca has visto formas como esta anteriormente. Tiene una cubierta baja, que corresponde a la audiencia, y un domo superior, que corresponde al escenario. Te puedo decir con modestia que jamás has visto algo así.

¿Qué te parece el clima cultural de Brasil en la actualidad?
Brasil es importante. Está creciendo. Estamos en un punto temporal donde hay esperanza. Nos va bien. Brasil se defiende, se organiza. El presidente es amigo de la gente, fue un obrero, reacciona ante cualquier intervención extranjera, protege nuestra soberanía.

¿En qué otros proyectos estás trabajando ahora?
Pues, bien, esta es una plaza que quiero hacer en Brasilia porque todas las capitales tienen una plaza monumental. Los primeros dos pisos de este monumento triangular estarán dedicados a una exhibición permanente del progreso del país. El triángulo seguirá y cambiará hasta volverse de 100 metros de altura, y también habrá otro donde la plaza termina.

Este proyecto está causando algo de controversia.
Ha habido algo de conmoción sobre el tema, sobre si va a cambiar la forma de Brasilia. Pero no es así. Las ciudades siempre están cambiando. En Francia, han cambiado mucho. En España, las ciudades crecieron sobre el mar porque era la solución más natural. En Brasil, si las ciudades fueran estáticas, nunca hubiéramos tenido la avenida que el alcalde Passos creó partiendo la ciudad a la mitad. Las modificaciones siempre suceden.

Pero mucha gente ha comenzado a pedir que la ciudad sea “protegida”, lo cual encuentro estúpido. La ciudad no puede ser protegida. Siempre va a existir una buena idea que necesite ser incorporada. Siempre les digo de broma que, si nada pudiera cambiar, no podrían pensar en el futuro porque el futuro es la naturaleza manufacturando y cambiando todo. Cuando el hielo de los polos empiece a derretirse con más intensidad y los niveles del océano comiencen a subir, ¿qué va a pasar? Toda ciudad costera tendrá que reinventarse. Es, simplemente, naturaleza, y cambia todo. Y esto no va a pasar en los próximos cien años. Podría pasar en veinte, treinta años. Los polos se podrían derretir en diez años. La naturaleza es impredecible.



Es un problema muy serio.
La arquitectura y el urbanismo de hoy deben estar conscientes de los problemas que acarrea la evolución del planeta. Si el nivel del mar se eleva demasiado, todo techo tendrá que convertirse en un lugar para cultivar plantas. La naturaleza va a cambiar el urbanismo y la arquitectura. El arquitecto debe vigilar todo lo que está sucediendo y sucederá.

¿Y los problemas sociales no son importantes para la arquitectura también?
El arquitecto debe pensar que el mundo debe ser un mejor lugar, que se puede acabar con la pobreza. Aquí en Brasil aún existe una lucha de clases, así que es importante que el arquitecto piense no sólo en su profesión, sino en cómo resolver problemas con ella. ¿Qué va pasar cuando el mundo sea un mejor lugar? Las casas serán más simples. No habrá barrios bajos ni palacios. Teatros, museos y estadios serán más grandes para que todos puedan disfrutar de ellos. Ahora la gente pobre no comprende la arquitectura. La ve de lejos. Lo que yo hago podrá ser, al menos, lindo para ella por el tipo diferente de sorpresa.

Entonces, hay política en la arquitectura.
El arquitecto debe estar politizado. Uno debe ayudar al otro. Solidaridad. El resto no importa. Si miras el cosmos, tú eres pequeño, eres insignificante. Debemos ser más magros y no pensar que somos importantes. Nadie lo es.

¿Te gusta el futbol?
Por supuesto. Cuando tenía 10 años, me pidieron que jugara para el equipo juvenil de futbol porque les faltaba un jugador. ¡Imagínate! De 10 años y en una cancha de futbol. Mi abuelo también jugó. Para el Fluminense. Yo jugaba en mi calle y en la playa. Íbamos a la playa muy temprano. Todos los veranos rentábamos una casa en Copacabana. Una vez rentamos una localizada justo donde se encuentra hoy este edificio. Recuerdo que íbamos a la playa a las seis de la mañana para ver llegar los barcos y a la gente que compraba pescado. El cielo todavía estaba rojo, los barcos llegando... Su contorno…

Nacimos en la playa. Y el futbol era alegría. Y aún lo es. Y lo jugamos muy bien. Si hay algo que los brasileños hacemos bien es jugar futbol.

¿Cuál es tu rutina diaria?
Llego aquí a las 10:00 AM. Usualmente la prensa viene aquí, nacional e internacional, y la recibo. Son como tú. Hablo de mis intereses. Siempre estoy diciendo que la arquitectura no lo es todo, que la vida es importante, que debemos ser decentes, fraternales: todo eso. En la tarde, llegan mis amigos. Hablamos, platicamos, disfrutamos el momento. Y en la noche me voy a casa. Esa es mi vida personal.

Pretendes trabajar hasta que no puedas más, ¿verdad?
Lo haré hasta que no pueda más. Es lo que hago todo el día. Pienso en arquitectura y política y me reúno con los amigos que vienen aquí para discutir esos temas. Queremos decirle a la gente joven que la vida importa más que la arquitectura, que cualquier otra cosa. La vida es saber cómo comportarse, cómo estar contento con ser amigable y justo. Eso es todo. Pero la vida no es importante. No voy a decir que es un asco, pero es lo que nos da el destino. 

 

Ve la entrevista en video:

Oscar Niemeyer

 

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