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Archivo Vice: Porno hecho en casa

El ambiente acogedor del Cartel Paraíso.

Por Gabriela Gómez-Mont

El fotógrafo mexicano José Luis Cuevas trabajó en una serie de imágenes con las que documentó el mundo del porno casero en México. Platicamos con él sobre este trabajo y después hablamos con Galileo, el mejor productor amateur de porno en la Ciudad de México.

Vice: ¿Quiénes son las personas que salen en tus fotos?
José Luis Cuevas: son gente normal, con trabajos normales. Si vieras a estas personas en la calle, nunca te imaginarías que están involucradas en la pornografía. Uno de los actores, por ejemplo, es maestro de inglés. Otro es supervisor de la cadena de farmacias del Doctor Simi por toda la Ciudad de México. Todos son amigos. Y hacen lo que los amigos hacen en una noche normal: se juntan, platican sobre su día, tienen sexo entre ellos, con la particularidad de que lo hacen frente a una cámara de video y después venden la grabación.

¿Hay alguien que dirija el negocio?
Un hombre que se hace llamar Galileo es la cabeza de un pequeño negocio de porno llamado Cartel Paraíso. Generalmente usa su departamento como set, y en otras ocasiones algunos amigos le prestan sus departamentos para grabar.

¿Cómo te sentiste la primera vez que entraste al set de una producción de Cartel Paraíso?
Bueno, ya he visto otros espectáculos del tipo. Ya sabes, con sexo en vivo y cosas así. Pero la sensación es muy diferente cuando estás en un departamento real, con gente que conoces y eres básicamente el único viéndolos tener sexo entre todos. La primera vez que fui sólo se trataba de un casting, nada impresionante. Pero la segunda vez fue en la casa de un tipo que entrenaba perros. Fue realmente extraño, muy fuerte. Tenía fotografías y figurillas de perros por todos lados. Era un tipo enorme y gordo; parecía judicial. De todas las personas que estaban, yo sólo conocía a Galileo. Constantemente me preguntaba qué estaba haciendo ahí. Me sentía completamente fuera de lugar. Hubo muchas escenas con mucho sexo. Era una gordita con tres tipos que le llegaban por todos lados. El aire se sentía pesado.

¿Siempre es así de intenso?
A veces hay un ambiente erótico, ya que los que participan suelen ser amantes, ex amantes o amigos en la vida real, y supongo que estar actuando y teniendo sexo frente a las cámaras los prende. En otros momentos, la actuación se siente mecánica y fría, sin ninguna carga erótica. Ha sucedido que algún actor se ponga nervioso y, por lo mismo, no se le pare. Entonces se pone extraño el ambiente, porque el director algunas veces empieza a burlarse del tipo enfrente de todos, de manera que le es todavía más difícil lograr la erección. Pero siempre tienen Viagra a la mano por si acaso.

Debe ser mucha presión para un tipo normal tratar de mantenerla parada en un cuarto lleno de luces y cámaras.
Imagínate. Y a veces Galileo hace algo chistoso: empieza a molestar a los actores cuando están a punto de hacer la última toma, que siempre tiene que ser una eyaculación que impacte al público. Ya sabes, el llamado cum shot. Entonces, como los molesta, generalmente no pueden echarse una buena venida. Creo que le gusta ponerlos nerviosos, de manera que tenga que entrar y “salvar” la escena con una eyaculación suya.

Me han contado que nadie entra al set si no está dispuesto a encuerarse para las cámaras y que se rotan los papeles en la producción. ¿No te han dicho que le llegues tú también?
Siempre. “Órale, cabrón”, me dicen. Así que me desabrocho los pantalones y les enseño: “Mira, güey, no puedo, esto no me prende. Estoy aquí por el trabajo nomás”.

¿Por qué crees que estas producciones están teniendo tanto éxito ahora? Están incluso compitiendo con el porno comercial.
Creo que su éxito radica en el hecho de que son una bola de freaks. Es como una versión cómica del porno. Son gente “común y corriente”, aunque no lo parecen tanto.

Al día siguiente, Vice quedó de verse con la mente maestra del porno amateur mexicano para desayunar huevos revueltos y café en un Sanborns. Galileo tiene aproximadamente 35 años y lleva una gorra de beisbol negra y lentes oscuros. Él es quien produce las películas en las que José Luis toma sus fotos.

Vice: Cuéntame cómo es que un mexicano normal, como te describes, acaba dedicándose a la pornografía amateur.
Galileo: Mi vida cambió drásticamente en 2000, cuando uno de mis socios nos metió a todos en problemas por fraude. Teníamos un estudio de foto y video, un estudio normal, y debido a las irregularidades fiscales de la compañía, terminé en la cárcel por tres meses. Todos los papeles estaban a mi nombre. Perdí mi casa y todo mi dinero. Me divorcié. Estaba devastado. Fue el peor año de toda mi vida. Pero también el mejor, porque ese año nació mi hija.

Suena duro. Pero, ¿cómo desembocó todo esto en sexo rampante frente a una cámara de video?
Estaba tan pobre que no podía ir más a table dances finos, así que empecé a frecuentar antros de mala muerte en el Centro, especialmente los de una cadena que pertenecía a un hombre llamado Valencia. En algunos de estos lugares tenían sexo en vivo: una mujer desnuda subía al escenario e invitaba a tres personas del público a acompañarla. La primera vez que participé no pude hacerlo, me intimidé. Pero descubrí, aunque no lograba que se me parara, que podía volverme adicto a la adrenalina que se siente en ese momento. Mi corazón latía muy fuerte y me gustaba el hecho de descubrir que yo no sólo era voyerista, sino también un exhibicionista. Así que decidí tomarlo como un reto personal.

¿En qué sentido?
Después de mi fracaso de esa noche, cada martes dejaba a mi novia en su casa y me iba a “entrenar”, como aún lo llamo. Me iba a alguno de estos antros de sexo en vivo y subía al escenario dos, tres, hasta cuatro veces en una noche. Como era más joven y me encontraba en forma, me recuperaba rápidamente. ¿Sexo tantra? Ja, me la pela. Nada que ver. Yo llego mucho más lejos. Ahora puedo tener absoluto control sobre mis funciones corporales en cuestión de minutos.

Felicidades.
Gracias. Así que un día un señor de unos 60 años se me acercó mientras yo estaba meando y me dijo: “Oye, ¿quieres cogerte a mi esposa?”, y le dije que, pues, por qué no. Él quería tomar fotos y video. A mí no me importaba. Realmente me agarraron confianza y me llegaron a estimar; se daban cuenta de que era respetuoso. Empezaron a llamarme más seguido. También me presentaron a un par de sus amigos swingers. No cobraba en ese entonces, pero recibía muchos regalos: boletos para conciertos, lociones, cinturones, vales de gasolina.

Vales de gasolina a cambio de una cogidita.
Exacto. Además, adoro las flores, en especial las rosas, y mi regalo favorito en ese tiempo era una corbata con el diseño de una rosa que me regaló una pareja. Todavía la tengo y me encanta. Muchas mujeres me mandaban cartas de amor. Después de un tiempo, empecé a cobrar. Era como unos cien pesos la cogida. No mucho. Lo hacía más por el placer que por otra cosa. La comunidad swinger en México es muy amigable. Había también hombres ricos que me pedían que grabara sus orgías. Se corrió la voz. Ya sabes cómo pasa.

¿Cuál fue la primera película que hiciste?
Se llamó El debut de Lexxxi. Dirigí, actué, produje, posproduje, edité, distribuí y promoví el filme. Lo hice todo solo. La actriz principal nunca había actuado, pero fue un éxito inmediato debido a un tráiler de tres minutos que subimos a internet, el cual la volvió muy popular. De hecho, un tipo español la vio en la web, se enamoró y se la llevó a España para conocerla. Ahora están casados y viven allá. Lexxxi es increíble. Una amiga nos presentó, y, cuando me la llevé a la cama, descubrí que era una mujer muy, pero muy, caliente, muy abierta sexualmente y liberada, no como la mayoría de las mexicanas.

¿Entonces crees que las mexicanas son medio mochas?
La sexualidad en México está incompleta. Vivimos en una sociedad moralina, tradicional, machista e hipócrita. Siempre pienso que es como si nuestra sexualidad tuviera gripa: está enferma, pero la gente cree que no es tan grave y que se va a poner bien algún día, así que vive con ella en vez de ir al doctor y curarse.

¿Llevas la cuenta de cuántas películas has hecho?
He participado en más de ochenta películas porno y he producido más de treinta. He dormido con más de cuatrocientas mujeres. Lo sé no porque yo lleve la cuenta, sino porque un día mis amigos decidieron contarlas por mí de pura cábula. Sí, he tenido a más de cuatrocientas mujeres, pero sólo tengo una hija y he de decir que soy un gran padre. El día que se entere ella del negocio familiar será el día en que le pase las riendas del imperio.

¿Y qué dice tu novia de tu hobby?
Mi novia no sabe de Galileo, pero sí quiere tener un buen coche y todas las demás cosas que le gustan y no hay razón por la que tenga que saber cómo hago para darle todo lo que tiene.

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