En 2006, mientras viajaba de aventón desde Europa hasta India, me quedé varado en Estambul esperando visas para Irán y Pakistán. La tensión nuclear entre Bush y Ahmadineyad estaba en su punto más alto. Esperé tres meses para que las embajadas me dijeran que no.
Mientras tanto, me instalé en Estambul, donde fotografié a la más antigua comunidad gitana de Europa. No hablo turco pero logré ganarme la confianza (o simpatía) del líder del clan. La vida estaba cambiando muy rápido para ellos: el gobierno estaba destruyendo sus casas con tractores escoltados por la policía, para construir departamentos para los yupis.
La clase adinerada llegó de la noche a la mañana. Lo que me interesó fueron los sencillos rituales diarios de intimidad que parecían mantenerlos unidos en medio de todo este caos.
Y, sí, Balarama Heller es mi verdadero nombre.
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