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      Las peleas secretas en el Bronx son tan buenas como te las imaginas

      October 1, 2012

      Fotos por Anil Melwani.

       

      Antes de las peleas, Owen calienta durante dos horas, lanzando golpes y defendiéndose con un baile de kung fu llamado Bagua. Es impresionante, pero cuando se sube al ring, su contrincante lo somete en 20 segundos con una llave. Owen no está contento. Quiere probar otra vez, así que se sube al cuadrilátero de nuevo y se enfrenta a Mike del Harlem, quien está hecho de puro músculo y sabe suficiente Jeet Kune Do (el estilo de pelea inventado por Bruce Lee) para darle en su madre a Owen durante dos minutos corridos. Owen le señala al réferi que se rinde. De lo contrario, Mike le habría roto el brazo.

      Desde 2003, se han organizado 40 eventos de la Liga de Peleas Clandestinas (UCL, por sus siglas en inglés), el nexo para el circuito de peleas clandestinas en Nueva York, y el único al que no fui fue en el que apareció el campeón de peso ligero de la UFC, el debut en las artes marciales mixtas de Frankie Edgar. He visto historias como la de Owen cientos de veces. El güey no tiene las habilidades necesarias para ganar en este tipo de encuentros, pero tiene el valor y las ganas. Regresará, y quizá algún día le patee el trasero a alguien.

      Agarra un producto satinado de la UFC, quítale todo ese brillo, rodéalo de matones, artistas marciales, psicópatas y uno que otro güey con potencial, mételos en un lugar secreto en el sur del Bronx, y eso es UCL. El estado de Nueva York prohibió las artes marciales mixtas (MMA) en 1997 y, poco tiempo de después, el promotor Peter Storm le pintó dedo a la comisión de atletismo con estos eventos clandestinos. ¿Quieres saber cuándo y dónde se llevan a cabo? Estás jodido. A menos que estés en la lista de mensajes de Storm o seas amigo de un peleador incluido, no tendrás mucha suerte.

      Owen y Mike se dan la mano, se abrazan y bajan del ring para dejar que el siguiente par haga lo suyo. El evento principal es una pelea entre Chad Hernandez, de Radical Jiu-Jitsu, y Pedro Villa, de Twin Towers Wrestling; también habrá otras peleas, incluyendo una entre el mismísimo Storm contra el amistoso musulmán y experto en kickboxing, Adam.

      Cuando llegué al lugar, Storm traía puestos sus pants de judo y un par de guantes de MMA de cuatro onzas, y estaba listo para pelear; tenía un Post-it en sus manos con una lista de luchadores, el tipo de tarjeta que siempre cambia de último momento (oh, sorpresa: no todos los que dicen querer pelear llegan a la pelea). Después de un momento, Storm se puso su camisa de pelea azul, un cinturón negro, y subió al círculo con Adam.

      Si vas a una pelea en Vega o Atlantic City, la atracción siempre es lo que pasa en la jaula, y siempre se anuncia con tiempo. En UCL, nunca sabes lo que va a pasar. A veces te topas con un mesero lleno de locura en sus ojos que pira a la mitad de una pelea y se va del lugar, para dos semanas después aparecer en los periódicos por haberlo perdido contra un pobre extraño en el metro. O vez a un negro de dos metros, con tatuajes desde los pies hasta los oídos, que parece un extra de 300, pero a quien derriban en segundos. O quizá un chico se rompe el fémur de una manera casi imposible y se lo llevan en una mesa plegable a la parte de atrás, donde espera 25 minutos a que llegue una ambulancia.

      Casi se desata una pelea fuera del ring cuando un güey del público intercambió palabras con un peleador. Esto obligó a Storm a desviar su atención de los verdaderos atletas para lidiar con los hombres en sillas plegables. Su “trabajo de día” es como guardia de seguridad en un club, así que no tiene problema para sacar al agresor. “Esto no ha terminado”, dice el güey, y lo dice en serio: el güey regresa poco tiempo después con una docena de amigos y le toma a Storm y a sus matones 20 minutos sacarlos del lugar; 20 minutos que Adam el musulmán pasa tranquilamente sentado en el ring. El entrenador de Chad, Rene, sacude la cabeza. “Esto es ridículo”, dice, mientras el resto nos preguntamos si alguno de los intrusos vendría armado. Storm regresa y cierra las puertas. Aunque estamos atrapados ahí dentro, estamos seguros y el espectáculo continúa.

      Adam conecta a Storm con una patada en la cara, pero Storm lo derriba, y lo ataca con unos cabezazos antes de someterlo con una llave. Adam se rinde, y después de que Storm lo ayuda a levantarse, se abrazan y se sonríen. El rostro se les inflama de inmediato.

      Chuck Palahniuk escribió en Fight Club que "después de ir a un club de pelea, ver el futbol en televisión es como ver pornografía cuando podrías estar teniendo buen sexo”. El evento principal es una verdadera guerra: después de round y medio de golpes, el cinturón morado en Jiu-Jitsu brasileño de Chad gana la pelea; Pedro está en el piso comiendo golpes, y no le queda otra que rendirse.

      La frente de Storm continúa creciendo mientras se despide de las decenas de espectadores, como un Padre después de la misa. Aunque Nueva York es uno de los últimos estados en prohibir las competencias profesionales de artes marciales mixtas, y la ley para levantar la prohibición lleva tres años en lista de espera en Albany, es posible que 2013 sea el año que todo se resuelva. Cuando eso ocurra, Storm planea legalizar su negocio y solicitar una licencia como promotor.

      Hasta entonces, es un “jódanse” para los políticos que han estado frenando este cambie y que creen que el deporte es una “pelea de gallos con humanos”. En febrero se celebrará el décimo aniversario de UCL y Storm tiene planeado el más grande evento de todos, legal o no. Es una lástima que lo más probable es que no puedas verlo.

       

      Sigue a Jim en Twitter: @Jim_Genia

      Para ver más fotos de MMA, ve a la página de Anil.

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      Temas: MMA, secret societies, Dudes Punching Each Other in the Balls, the-warriors, real-deal-holyfield

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