TEDx no es tan malo como creía

Por Atahualpa Espinosa

Antes de entrar al teatro Ángela Peralta de San Miguel de Allende, todo lo que había visto del mundillo de conferencias exprés decoradas con Power Point que promueve la organización TED (Technology Entertainment & Design) había sido a través de YouTube. Algunos de los prejuicios que tenía acerca de este asunto eran que esa técnica para tirar rollos debía haberse quedado en el entorno corporativo o en grupos de autoayuda (que, según entiendo, es de donde había salido); que en esencia, seguía sirviendo para lo mismo desde entonces; que se trataba de una forma manipuladora y demasiado didáctica de presentar algo que podría decirse en el papel, algo así como un Plaza Sésamo para adultos a los que les da hueva leer… Estas ideas cambiaron un poco, en general para bien, durante las dos horas que pasé en el evento del TEDx que se presentó como parte del festival La Calaca. Les cuento.

La primera charla del segmento que me tocó ver se transmitió en video, así que fue como ir al cine a ver Youtube: Un vato cagadón con corte de pelo que parecía decir “yo era el baterista de Abba”. Habló de las formas en que, según él, los hongos podrían salvar al mundo. Lo primero que aclaró fue que no iba a hablar de hongos alucinógenos, algo a lo que una parte del público respondió con un gemido de decepción. Bueno, un solo miembro del público (yo). Traía datos de investigaciones en las que había participado que sonaban impresionantes y trabajados a profundidad. Todo muy convincente y digno de asombro, hasta que me di cuenta de que algunas cosas sonaban raras. Por ejemplo, que los hongos fueron los primeros seres vivos que “habían llegado” al planeta dos mil millones de años atrás. Y sí, como no se trata de un artículo publicado en revista científica, no hay forma de revisar la bibliogafía. Era un tipo hablando desde una pantalla y no nos quedaba más que confiar en él. Además, una de esas formas en que se podía salvar al mundo con hongos era usarlos para atacar las plagas que caen sobre las casas de madera, como hormigas y termitas. Me sonó como que “salvar al mundo” era una forma de decir algo más modesto, como salvar algunas casas gringas. Con todo, se veía que el señor estaba convencido de lo que hablaba y aunque no era un Obama de la oratoria, sabía, como dicen, conectar con los espectadores.

El segundo, un ex funcionario de IBM que ahora vive en San Miguel, fue presentado por la conductora como alguien que había decidido irse a trabajar la tierra y “ensuciarse las manos” con los campesinos locales. Lo dijo así, en buena onda y todo. Esta vez sí había sobre el escenario una persona. Tal vez sea anticuado de mi parte, pero creo que eso sí implica una diferencia. El caso es que comenzó a hablar de todos los bichos que viven en nuestro cuerpo y de pronto soltó una cifra de la que no tenía idea: que el 90% de las células que hay en nuestro organismo son de otros seres vivos. Y por si no nos hubiera dado grima con el dato bruto, nos embarró en la cara la frase de que somos solamente 10% humanos. A partir de ahí, se puso a manejar unas tesis interesantes, pero medio pachecas, sobre la base de que todo el tiempo estamos compartiendo microbios por medio de la respiración, la alimentación, el contacto directo y quién sabe de qué otra forma. No le entendí mucho, porque además casi no lo elaboró. Solamente dijo que había que comenzar a reflexionar sobre eso y que por tanto, no  iba a concluir su ponencia. Como se puede adivinar, sí la concluyó, para tranquilidad de todos y especialmente de sí mismo. Creo que más bien quiso hacer como un antifinal. Un pedo medio conceptual, pues.

Lo que siguió fue un participante que consideraba insuficiente todas las veces que hemos escuchado que la basura debe separase y que debemos utilizar los desechos orgánicos para hacer composta. Lo dijo más o menos como nos lo han recetado desde el kínder, con las recomendaciones de usar botes composteros, pero sin entrar en soluciones para las broncas prácticas que a muchos nos detienen de hacerlo. Las cucarachas, sobre todo. Me pareció bastante ocioso y tomando en cuenta que el chavo no tenía un dominio escénico envidiable ni le sobraba simpatía, me sorprendió que le aplaudieran con tantas ganas.

Al final habló Gorka Meneses, un español que lleva años trabajando como investigador y divulgador de técnicas agrícolas, relacionadas en especial con la moringa. Hablaba de este cultivo como una alternativa viable para zonas áridas (como las que circundan San Miguel), en vez de otros que consumen decenas de veces más agua. También, al parecer, son una maravilla alimenticia. Podía sonar demasiado optimista a ratos, pero aun así fue la charla que me interesó más y la que se veía con un trabajo más sólido que la respaldaba. Sobre todo, el Gorka parece ser un buen tipo y eso cuenta mucho cuando tienes que pararte ante un teatro lleno. 

Como dije, al principio tenía la impresión de que leer sobre esas cosas habría sido más rápido y daría más cancha para razonar o comparar información. Pero algo en lo que no había pensado es que con el formato del TEDx  la persona que habla se pone en juego de una manera más completa. Es más vulnerable y cercana que cuando habla desde el pedestal de la hoja de papel. Y se ve más claramente que hay un ser humano detrás de toda esa chamba. Esto puede ser una desventaja en casos como el del tercer participante; o lo contrario, como lo fue para alguien tan experto en las presentaciones como el segundo (se veía que el vato tenía buenas tablas desde sus días de juntas ejecutivas). Incluso para alguien que habla con cierto desparpajo, como el último, es un buen recurso pararse frente a la gente, armado con sinceridad y una convicción a prueba de madrazos.

Lo que nos quedaron a deber fue la parte de preguntas y comentarios. Se me hizo que, ya que estaban ahí, no había por qué desaprovechar la oportunidad de que fueran interpelados por el público, o que resolvieran dudas levantadas por sus palabras. Así y todo, fueron dos horas llenas de pastura para la cabeza y con un manojo de buenas ideas.

 

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