El alfabeto (ilustrado) del narco mexicano

Z de "zombi"

Por Juan Carlos Reyna, Ilustración de Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Zombi.

I. “Trago en ese plato. Me acuesto en esa cama. Hago caca en ese baño. No tengo permiso de salir de mi cuarto porque los muertos que siguen vivos se metieron a la casa. Mis carnales me cuidan encerrándome.

Mi papá y mi mamá se fueron a descansar cuando yo era niño. Mis carnales dicen que se murieron porque la gente mala se robó todas sus cosas. Dicen que yo siempre he estado enfermo. Por eso no recuerdo nada de eso.

Mis carnales me traen películas. Todo el día veo la televisión. Mis carnales me traen comida. Pero en la noche, cuando la casa huele a hule quemado, se olvidan de mí. Me agacho para meter la nariz abajo de la puerta. Les grito que ese humo pica y los va a enfermar. No me contestan. Entonces pongo la oreja en la pared y oigo que hablan mucho. Mis carnales fuman el hule quemado y hablan de pistolas. Hablan de ranchos y de camionetas. Hablan de gente que no tiene cabeza.

Luego se hace más noche y ya no quiero ver televisión. Mi cama está destendida. No tengo sueño. Me paro a dar vueltas enfrente del escusado. Abro y cierro mis manos sudadas. Ahí el único que se acuerda de mí es El Muerto.

Hay un muerto que vive en la casa y no habla, pero se queja toda la madrugada. Lo oigo cuando pongo la oreja en la pared. Primero es como un animal que respira bien hondo. Luego es como un animal que se queja de un dolor bien feo. Pero habla conmigo pegándole a la pared. Cuando le contesto pegándole también, El Muerto golpea más rápido. Le pega a la pared más fuerte.

Una vez lo oí chillar. Entonces le grité Hey, Muerto, cuéntame tu historia, ¿Cómo te moriste? Luego chilló más y le pegó a la pared más fuerte. ¿Qué te duele, Muerto? ¿Por qué no te has ido a descansar? Luego uno de mis carnales abrió la puerta de mi cuarto. Me pegó en la cabeza y me dijo Qué chingados estás haciendo, pinche mongolito. Me empujó a la cama y me dijo Duérmase, cabrón, ¿qué no sabe que el muerto se lo puede llevar con él al infierno?”

 

II. Zeta es cosmovisión de muerte. Zeta es el signo que a la vez resguarda y desborda las formas en que los mexicanos nos abandonamos al más feroz de los aniquilamientos. Zeta es el culmen de siglos de historia(s) violenta(s) que han terminado por disipar cualquier límite simbólico entre morir y existir. Zeta deriva de la letra fenicia Zai, que en entre los numerales griegos y la metátesis hebrea tiene un valor equivalente a “7”, el número místico por excelencia. Fue Gurdjieff quien convenció a Stalin del poder oscuro del número 7; Stalin ordenó a sus arquitectos la construcción de siete rascacielos en el centro de Moscú, "Las Siete Hermanas de Stalin", quizá por cada millón de ejecutados durante el régimen. En México, Zeta no sólo es el nombre de un ejército innombrable (“los de la letra”); Zeta también es el nombre que recibe una generación más joven, la de los muertos vivientes. Zetas son todos aquellos dispuestos a morir y ver morir al otro hipnotizados por una espiral de miseria y miedo que parece infinita.

Zetas no sólo son los miembros de ejércitos que se organizan de manera rizomática desde el noreste al resto de México con el objetivo de imponer las leyes de una necropolítica. Zetas no sólo son los colectivos que se agrupan y se disuelven detrás de la última letra para darle nombre a la violencia desbocada, coludida con políticos y ministeriales. Zetas no sólo son los Decenas, Lazcanos, Treviños, primero al servicio del narcotráfico y luego al servicio de un totalitarismo exterminador infiltrado en el Estado. Zetas también son quienes se resignan, abandonados, a vivir derrotados ante el horror insólito. Zetas monstruosamente somos todos. 

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Y de "yate"

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