El Primer Comedor Comunitario LGBTQ de la Ciudad de México

​​Manos Amigues, un espacio en la colonia Guerrero que apoya a la comunidad a través del arte, la comida y más.

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Como muchas colonias de la Ciudad de México, la Guerrero es una mezcla entre bullicio y calma. Colindando al noroeste con el Centro Histórico, esta pintoresca colonia plagada de edificios color pastel, es lugar donde niños juegan entre los árboles y sobre las calles circulan veloces motos que parecen ir a todas partes. Pero la Guerrero no es uno más de los barrios acomodados de la ciudad; esos barrios llenos de glamour y que tan cerca de ahí se encuentran. Se trata de una colonia de clase obrera en la que sus habitantes han coexistido con uno de los índices más altos de criminalidad en la capital por muchos años. 

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Como otros viernes, a unas cuadras de uno de los templos más antiguos de México, un grupo de poco más de 10 personas hace fila bajo una bandera de arcoíris y una lona que dice “Manos Amigues”. El nombre de este centro hace honor a la solidaridad, al mismo tiempo que visibiliza la diversidad haciendo uso del lenguaje incluyente o neutro que cada vez genera más debate en la sociedad hispana. En México, el lenguaje neutro aún no se ancla en muchos sectores, pero en la Guerrero, esta forma incluyente de expresarse se ha ido abriendo camino desde que el primer comedor comunitario LGBTQ abrió sus puertas en 2021. Aquí, personas de todas las edades, géneros e identidades sexuales comen y conviven sobre manteles estridentes y entre muros que exhiben piezas de artistas transgénero y queer, mientras que la música de cantina se mezcla con el disco para poner ambiente.

Manos Amigues, al igual que muchos otros proyectos de ayuda comunitaria en los países vecinos del norte, empezó como una respuesta ante las carencias que la pandemia de COVID hizo evidentes. Se trata de colectivos civiles que se organizaron para recaudar fondos y apoyar – con víveres, cubrebocas, medicamentos, o incluso enviando dinero a desconocidos – en las zonas más afectadas por el desempleo. En la Ciudad de México este proyecto comenzó dentro de la comunidad LGBTQ. Burritos No Bombas aprovechó las donaciones que recibía desde EEUU para adquirir más de 80 canastas de alimentos que eran repartidas semanalmente de manera gratuita a personas de la tercera edad, trabajadores sexuales transex, migrantes y familias necesitadas. Después de colaborar con el comedor comunitario en Zona Rosa, el barrio gay más emblemático de la ciudad, los fundadores se decidieron a crear el comedor Manos Amigues.

Dos mesas bajo una carpa invitan a comer en el exterior, incrementando la capacidad del comedor y ofreciendo una alternativa sin riesgo de COVID.

“Si la pandemia nos hizo sentir vulnerables a todes, imagínate lo que fue para quienes ya estaban en una situación difícil.”, nos comentó Alejandra Guzmán, una mujer trans de 21 años quien dona su tiempo en Manos Amigues. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud, más de una cuarta parte del país se vio afectada moderada o seriamente por la falta de alimentos. Además, entre el 2018 y el 2020, otros 2.1 millones de mexicanos cayeron en extrema pobreza, de acuerdo a un informe del gobierno. Guzmán manifestó que la comunidad LGBTQ fue de las más golpeadas, y cuenta cómo le tocó ver a mucha gente luchar por conseguir un trabajo, agravando la recurrente homofobia y transfobia que aún se vive. “Apoyar a esas personas es lo mejor que podemos hacer por ahora, así que cuando vimos la oportunidad, lo hicimos.” 

Alejandra Guzmán, quien también es contadora en Manos Amigues, recibe a la clientela mientras llena una hoja de registro cada día.

Manos Amigues ha evolucionado hasta volverse un pilar de apoyo para cientos de personas en situación de escasez, así como un punto de reunión cada vez más relevante para la comunidad LGBTQ de la Ciudad de México, misma que día con día reclama su lugar en la sociedad. Además de servir 200 comidas a la semana a un precio de $11 pesos, ofrecen shows drag, conciertos, performances, fiestas y una galería rotativa de artes visuales – todo operando desde una antigua cochera. Les empleades y voluntaries representan todo el espectro LGBTQ, y la clientela incluye desde adultos mayores hetero residentes de la colonia, hasta personas queer y trans que buscan un espacio seguro donde comer. Manos Amigues nos enseña que la solidaridad tiene la capacidad de transformar las más ambiciosas visiones en una realidad – y conforme el comedor crece, también crecen los sueños de lograr más.. 

Un grupo de clientes esperan afuera del comedor a que dé la 1:00 PM, hora en que empiezan a servir la comida.

Gracias a las mascarillas y las vacunas, el equipo de Manos Amigues ha mantenido abiertas las puertas desde mediados del 2021 – aún a pesar la suspensión temporal de eventos en viernes por la ola Ómicron.

A pesar de que la demanda incrementaba rápidamente con la pandemia, Burritos No Bombas crecía independientemente como respuesta para alimentar a las personas con hambre entre la población trans y queer de la CDMX. En octubre de 2019, después de meses de recaudar fondos y reclutar personal, Brent Alberghini, estadounidense de 44 años que vive en la ciudad desde hace una década, ayudó a abrir el comedor gratuito en Vida Alegre, un centro comunitario para personas LGBTQ de la tercera edad que fue fundado un año antes por Samantha Flores, activista trans. Cuando la pandemia golpeó de lleno, Vida Alegre tuvo que cerrar sus puertas, y Alberghini, quien ya había colaborado con otros proyectos humanitarios en México, buscó la manera de seguir ayudando. 

Mientras sus amigos en EEUU recibían cheques del gobierno y estímulos por desempleo, “el gobierno mexicano no daba ni un peso a la gente” dijo Alberghini. A pesar de las consecuencias que esto tendría, la CDMX implementó medidas de cierre en hoteles – desplazando a trabajadores sexuales queer y trans que allí vivían – así como el cierre de centros nocturnos y espacios de espectáculo – sitios que son una importante fuente de ingresos para gran parte de la comunidad LGBTQ. Hubo quienes tuvieron que regresar con sus familias, lo que generó nuevos retos de convivencia; mientras que el cierre de Vida Alegre afectó a los adultos mayores queer quienes al no tener hijos o familia, no contaban con ninguna clase de apoyo. Para alimentar a estas poblaciones y otras, Alberghini creó Burritos No Bombas, inspirado en la red de apoyo mutuo Food Not Bombs en Estados Unidos. Reclutó al personal de Vida Alegre e invitó a personas que trabajaban en bares, casas de vogue y grupos de circo a participar. De ahí, empezaría a reunirse cada miércoles en el departamento de Alberghini para armar canastas de alimentos y repartirlas.

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Transcurrido un año de la pandemia, Burritos No Bombas seguía operando con fuerza. A unas cuadras de donde vive, Alberghini conoció a dos hombres de UPREZ, una organización de izquierda aliada con el movimiento Zapatista. Ellos fueron de gran ayuda para el lanzamiento de un comedor emergente que se sumó a las 20 cocinas itinerantes que la ciudad estableció. Al mismo tiempo, decenas de los más de 300 comedores comunitarios se veían obligados a cerrar sus puertas por restricciones COVID, a pesar de que la demanda era mayor que antes. Alberghini empezó a trabajar como voluntario en esta nueva cocina al aire libre y apoyó con sus despensas, gracias a las cuales se producía casi la mitad de las comidas para personas LGBTQ. Allí fue cuando nació la idea de Burritos No Bombas como un comedor comunitario con un local establecido.

Alberghini registró una asociación civil en EEUU bajo el nombre Americas Unite – algo así como Américas Unidas – para administrar las donaciones obtenidas desde allá. Gracias a su campaña en GoFundMe, apoyada por el actor John Cameron Mitchell – creador de Hedwig And The Angry Inch – Manos Amigues logró reunir suficiente capital para pagar los primeros tres meses de renta y finalmente abrir sus puertas en julio del 2021; días después de que la Marcha del Orgullo de la CDMX regresar a las calles después dos años de ausencia. Hoy, la cocina sirve cerca de 1,000 comidas a la semana. 

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Mitchell dijo a VICE que cree que dirigir recursos hacia donde más se necesitan, como por ejemplo Manos Amigues, es una manera efectiva para que la solidaridad LGBTQ traspase las fronteras. “Las personas queer alrededor del mundo tenemos cosas en común,” dijo. “Se nos juzga por ser diferentes… tenemos este lazo.” Alberghini agregó: “Tal vez nuestros gobiernos no se lleven bien, pero si la gente de una comunidad extiende sus manos a través de la frontera, podemos generar un cambio real en las vidas de más.” También añadió: “No se necesita mucho. Estamos hablando de lo que se gastan en un cocktail en Puerto Vallarta.”

“Nos gusta pensar que este proyecto es de y para la comunidad LGBTQ. La gente a veces nos mira como una comunidad que necesita ayuda, pero aquí también somos quienes estamos ayudando.” precisó Alberghini. 

Macha Pulcheria, una mujer polaca queer que vive en la Ciudad de México desde hace poco más de un año, limpia y organiza los utensilios mientras dona su tiempo como voluntaria en Manos Amigues.

Alejandra Guzmán recolecta los $11 pesos por comida y registra a las personas para mantener un control de ventas.

En la puerta de Manos Amigues, Alejandra Guzmán nos recibe y recoge nuestra cuota. Los fines de semana, ella trabaja como artista de maquillaje, lo que no sorprende al ver su impecable rostro. Dentro, su mamá, Alejandra Cuicahua, es la cocinera. Para distinguir a las dos Alejandras, el staff cariñosamente les llama “Alebebé” y “Alemamá”. Ambas fueron reclutadas por Alberghini por su valiosa experiencia de ocho años trabajando en cocina.

“Apoyar a esas personas [vulnerables] es lo mejor que podemos hacer por ahora, así que cuando vimos la oportunidad, lo hicimos.” – Alejandra Guzmán.

Aunque la Guerrero la visibilidad queer no era tan común, Guzmán dijo a VICE que las personas que acuden al comedor “siempre han mostrado respeto y se dirigen a nosotros con los pronombres correctos: ella. La gente nos está conociendo y se dan cuenta de que no somos como nos pintan.” También nos contó acerca de los shows de los viernes, que hasta ahora han incluido shows drag, comedia stand-up, espectáculos de baile con fuego, conciertos de guitarra acústica y rock pesado, así como performance experimental de artistas trans. Guzmán explicó: “El público suele ser gente mayor, y eso me hace sentir que hay bastante progreso.” Muchas de estas personas mayores son heterosexuales residentes de la Guerrero, lo que ha ido transformando a Manos Amigues en un espacio de intercambio cultural sorprendente. Y no es solo ella quien lo ve así, un artículo sobre la cocina, publicado en un periódico, se tituló: “Dos generaciones en un espacio cultural de convergencia”, profundizando aún más el sentimiento.

Alejandra identifica algunos grupos de mujeres trans que atraviesan la urbe para comer en Manos Amigues, quienes, dijo: “Están agradecidas porque pueden confiar en nosotres, y saben que cuentan con un lugar seguro donde el miedo se queda afuera.” En los siete meses desde que el comedor abrió sus puertas, Guzmán dice que su momento favorito fue cuando empezaron a recibir apoyo financiero de la ciudad. Así fue como pudieron bajar la comida de $15 a $11 pesos. Cuando la clientela se enteró “Se notaba la alegría en sus rostros. Para las personas vulnerables, conseguir $15 pesos puede ser algo difícil.” dijo. Y en efecto, esos cuatro pesos hacen la diferencia para muchos, tanto que después de esto, la demanda en Manos Amigues incrementó de 140 a 200 comidas diarias.

Planeada y preparada por Alejandra Cuicahua, la comida completa incluye varios platillos como se muestra en este menú del día.

El menú es variado, tres días a la semana sirven carne, los otros dos, solo vegetales. Cada comensal recibe frijoles, sopa, arroz y agua fresca. Todo lo prepara Cuicahua, de 49 años, quien, al igual que su hija, nació en la Ciudad de México. “Trabajo aquí porque me considero parte de la comunidad; por mis hijes.” sostiene. Además de su hija trans, Cuicahua tiene un hijo gay, además dos cuñados, con quienes recuerda que hace más de 20 años se iba a bailar a los bares de ambiente. 

Luego de cocinar toda la mañana, Alejandra Cuicahua sirve frijoles para casi 200 comensales un viernes de enero por la tarde.

A Cuicahua le encanta trabajar con un equipo 100% queer. En los eventos de viernes, ella es una de las presencias más notorias – aplaude, grita y apoya a quienes se presentan. “Esta es como mi casa.” aseguró, mientras miraba cariñosamente a su equipo. “Esta es mi familia.” Ella entiende lo devastadores que pueden ser los prejuicios anti LGBTQ, pues ha recibido amigues de su hija cuando sus padres les han corrido de casa. “Esta clase de padres no se informan, no leen, ni escuchan.” afirmó. “Les sacan de su casa porque nunca han estado en situación de calle. Imagínate que te pasara a ti.” 

Miriam Karbassi es voluntaria y lava los platos los viernes en Manos Amigues.

Victor Haro, atleta y escultor, trabaja en Manos Amigues como ayudante de cocina cinco días a la semana, y forma parte del equipo de Cuicahua, cocinera de cabecera.

Mariana de Horta es ingeniera en audio y técnica de guitarras, viene de Uruguay y dona su tiempo para y durante los eventos de viernes en Manos Amigues.

Colaborar en esta cocina amplía la visión de Cuicahua todos los días. “Mi mamá pensaba que mujer trans era lo mismo que travesti.” compartió Guzmán. “Cuando salí del closet, empecé a explicarle, y ella pudo entender un poco más.” Pero después de unirse a Manos Amigues y asistir a los coloridos eventos, “Ahora hace preguntas como ‘¿Esa persona cómo se identifica? ¿Es no binarie?’ Ella está aprendiendo sobre la diversidad de género, el uso apropiado de pronombres y todas esas cosas.” Guzmán aclaró sobre su madre. 

El momento que Cuicahua recuerda con más cariño es cuando el Día de Muertos cayó en viernes, y su hija presentó una danza tradicional con Miguel Díaz, un trabajador de farmacia de 21 años a quien conoció en el comedor. Miguel se traslada 15 minutos en bici todos los días para comer ahí; con más personas como él. “Yo me mantengo a mí mismo, por lo que tener un lugar donde puedo comer por $11 pesos y llevar comida a casa, me ayuda un montón.” Aunque acostumbra visitar bares gay, cuenta que estos pueden ser: “muy limitados – no siempre ofrecen la estructura de apoyo o la libertad para sentirte tú.” En Manos Amigues, “puedes conocer gente de cualquier tipo y sentir que te entienden.” agregó. 

Alejandra Cuicahua, madre de una joven mujer trans y un joven gay, dice que cocina en Manos Amigues porque ella misma se considera parte de la comunidad LGBTQ.

Vistiendo un conjunto muy bien combinado, con acentos turquesa de piés a cabeza, Rudy Arkadia, estudiante de sociología de 22 años, lleva y trae tazones con sopa, platos con comida y rellena los tortilleros y las aguas frescas de cada mesa. Arkadia, quien es parte del staff en Manos Amigues, se identifica como no binarie trans femme, y usa los pronombres ella y elle. Rudy se enteró del comedor en redes sociales y empezó a trabajar ahí desde la primera semana de su apertura.

Rudy Arkadia, quien trabaja atendiendo mesas en Manos Amigues, se identifica como no binarie, es estudiante, activista y pertenece a una casa de ballroom en Ciudad de México.

“Un proyecto tan ambicioso como Manos Amigues es verdaderamente prometedor en muchas maneras” dijo Arkadia a VICE. “Sientes cómo se va construyendo una comunidad más allá del espectro LGBTQ. Nos reunimos aquí para un acto sagrado, alimentarnos; y a través de esto, se van formando lazos más íntimos y personales.” Platicando con la clientela, se ha vuelto amigue de mujeres de 70 u 80 años, quienes han aprendido a hablarle con pronombres neutros. El fenómeno del lenguaje neutro en español es tan reciente y escaso, que la Academia de la Lengua Española lo eliminó de su diccionario reportando falta de uso y alegando que genera confusión – esto, tan solo unos días después de haberlo agregado en el 2020.

La gente mayor “no está acostumbrada a nuestras dinámicas sociales [queer].” manifestó Arkadia. También expuso que después de un año de distanciamiento social y aislamiento, “Llegar a este pequeño mundo que es el comedor comunitario, ha significado poder conocer a todes quienes vienen, pero al mismo tiempo, me ha permitido ser más visible y descubrir otras cosas sobre mí misme.” Encima de trabajar como maestre de ceremonias los viernes por la noche, Arkadia ha tomado el escenario junto con su casa, Kiki House of Karnalxs, en una demostración de voguing cuando inauguraron su exposición dedicada a artistas trans en el mes de enero.

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Las exposiciones de arte en Manos Amigues son organizadas mensualmente por Antonio Zaragoza, curador y artista de 36 años, quien ha colaborado con Alberghini desde que Burritos No Bombas arrancó a inicios del 2020. Zaragoza sabe bien lo que es vivir con hambre en la ciudad. Se mudó a la CDMX hace ocho años para integrarse a la pulsante comunidad queer y artística, pero desde entonces batalla con los ominosos costos de vivir en ella. Durante un año vivió en hoteles de paso y acudía a comedores comunitarios, en los que se enfrentaba a conductas homofóbicas, comentarios clasistas y malos tratos del personal. Hoy, años más tarde, trabaja en foros internacionales de arte, al mismo tiempo pone su parte para que Manos Amigues alcance el éxito como un espacio cultural que levanta e inspira a jóvenes y artistas de la comunidad LGBTQ. 

En Manos Amigues, gente de todas las edades, géneros y sexualidades come lado a lado sobre coloridos manteles y entre paredes que exhiben las creaciones de artistas queer y trans.

“De alguna manera, nosotres discriminamos a los heteros,” expresó Zaragoza con una sonrisa ligeramente desvergonzada, “pero en general, todos los espacios de la vida están diseñados para ellos. Al final, este espacio fue pensado para la diversidad, y debemos de mantener la exclusividad para artistas que forman parte de esa diversidad.” Zaragoza cura y convoca desde las redes sociales, abordando temas específicos como en la expo de enero, Mes de la Memoria Trans. Otras exposiciones han exhibido dibujos, fotografía y carteles del grupo activista Colectivo Sol. “La idea es promover artistas emergentes de la comunidad.” Incluso hay quienes han logrado vender su obra en el comedor, explicó. 

Manos Amigues planea ampliar su oferta gradualmente para conectar a sus visitantes con otros servicios como pruebas de VIH y ETS. Alberghini espera algún día rentar camas en el hostal vecino para aprovecharlas como refugio para migrantes queer y trans, así como otros grupos de población sin hogar. Aún siendo un proyecto joven, Manos Amigues ya recibió un reconocimiento por parte de la sede en México de Impulse, una organización internacional que defiende los derechos queer. A largo plazo, Manos Amigues podría convertirse en un centro comunitario LGBTQ formalmente establecido y reconocido oficialmente, algo que aún no existe en la Ciudad de México. Pero para alcanzar todas estas metas, se requieren muchos fondos. Por ahora, Alberghini se enfoca en mantener las puertas abiertas y el proyecto en pie. 

Quienes trabajan en el comedor comparten la visión de Alberghini y con eso mantienen sus espíritus en alto. Todo el equipo ve el potencial para que esto pueda transformarse en un modelo de ayuda comunitaria, no solo en la Guerrero, sino en todo México y más allá. Aunque la CDMX se considera un estado tolerante, Arkadia dice que “En otras partes de México las personas queer siguen siendo atacadas, marginalizadas, excluidas, discriminadas y desafortunadamente asesinadas. Es extremadamente importante que construyamos puentes entre países para ayudar a las poblaciones marginalizadas, porque no importa de dónde vengamos, mientras esta siga siendo nuestra realidad, todes necesitaremos una mano amigue.”
Alejandra Guzmán recolecta los $11 pesos por comida y registra a las personas para mantener un control de ventas.

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