18 retratos de escritorios de estudiantes del mundo en cuarentena

Desde su casa en CDMX, Raulí tuvo la sensación de que el mundo se reducía a su escritorio. Le escribió entonces a gente de diferentes países para conocer otros "munditos individuales".

02 Junio 2021, 7:45pm

Los pupitres fueron sustituidos por alguna mesa, escritorio, alfombra o cama. El ruido de los salones de clase, por voces que emergen de dispositivos electrónicos. Los saludos y abrazos, por el tacto de pantallas y teclas de computadora.

Hogares de estudiantes de todo el mundo continúan sirviendo como centros de enseñanza individuales y sus características, reflejo de su personalidad, cultura y circunstancias sociales, han constituido un factor crucial en su aprendizaje.

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En la intermitencia entre la presencialidad y la virtualidad, 18 jóvenes del mundo nos abren las puertas a la intimidad de sus oasis académicos. Desde una mexicana que estudia en Harvard, hasta un ugandés en la Universidad Federal de Siberia, nos muestran vía internet y redes sociales el espacio que utilizan o utilizaron para realizar sus actividades escolares en confinamiento debido a la pandemia

Fotografía cortesía entrevistadxs

Anantha Padmanabhan S.
Kerala, India
20 años
Universidad de  Kerala
Licenciatura en Malayalam  
Más de un año sin asistir a la escuela.

En una antigua residencia estudiantil rodeada por la fauna tropical de la costa de Malabar, India, se encuentra el espacio donde Anantha suele estudiar hasta la madrugada alumbrando sus apuntes con una lámpara de pilas.

La mesa donde realiza sus actividades académicas, repleta de libros y revistas semanales de literatura, se encuentra en un área específica de su cuarto. “He colocado la mesa al oeste, porque las ondas electromagnéticas de la Tierra están conectadas en esta dirección, lo que me permite pensar mejor”, expresa Anantha.

Lo que más extraña de ir a la universidad, es el camino en tren: estar discutiendo acerca de deportes con otros estudiantes, al mismo tiempo que observa a personas con vestimentas, religiones, leguas y estratos socioeconómicos diversos cohabitando en el mismo vagón.

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Anantha se siente agradecido porque durante esta cuarentena ha tenido más tiempo para convivir con su familia y hacer manualidades.

Fotografía cortesía entrevistadxs

María Guadalupe Valentín Graciano                  
Xalapa, Veracruz, México.
24 años
Universidad Veracruzana             
Licenciatura en Enseñanza del Arte.
Un año sin ir a la escuela 

Marianita, como la llaman sus amigos, solía tomar clases de danza clásica en amplios salones diseñados para esa actividad, la teoría, en aulas universitarias y los ensayos, en teatros, pero desde el 20 de marzo de 2020, los tres escenarios se fusionaron en uno: un saloncito de 4x4 construido por sus papá para que ella y su hermana hicieran ejercicio.

Este sitio, antes solo con duela, barras, un espejo y en ocasiones, artículos de danza, ahora ha incorporado todo lo necesario para las clases teóricas y prácticas en línea.

Además de objetos, Mariana asegura que este espacio también alberga sus emociones. “Aquí se guarda todo el  positivismo, alegría, desesperación, tristeza, esperanza, entre otros sentimientos que me ha ocasionado el encierro durante la cuarentena”.

Fotografía cortesía entrevistadxs

Semakula Shaban.
Krasnoyarsk, Rusia.
28 años
Nacionalidad ugandesa
Universidad Federal de Siberia
Licenciatura en Informática
De marzo a septiembre del 2020 sin asistir a la escuela.

Una mesa, hojas para apuntes, computadora portátil, algunos libros, un lápiz y una silla fueron los objetos que acompañaron a Semakula en sus estudios durante la cuarentena en Rusia. “Elegí este lugar porque es silencioso, lo que me permite concentrarme y realizar mis investigaciones sin distraerme”.

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Durante el confinamiento Semakula estaba feliz de contar con más tiempo para relajarse y meditar. Lo que más echaba de menos era el contacto físico con sus compañeros de clases y “los hermosos árboles, plantas y flores” que crecen en su universidad.

Fotografía cortesía entrevistadxs

Dulce Tecotl
Estado de México, México
20 años
Instituto Politécnico Nacional
Ingeniería Biomédica
Más de un año sin asistir a la escuela.

Mi centro de estudio está compuesto por tres computadoras: la de la izquierda para observar mis tareas escolares, la del centro para simulaciones, videos o cualquier otro material de académico y la de la derecha para apuntes”.

Dulce, estudiante de ingeniería biomédica decidió continuar con sus actividades escolares en las instalaciones de un club infantil de ciencia donde imparte clases de robótica, antes presenciales y ahora en línea.

Eligió este espacio no solo por el equipo de cómputo que tiene a su disposición, sino también por el ambiente que percibe “puedo sentir la buena vibra de los estudiantes y profesores que solíamos convivir en ese lugar antes de que comenzara la pandemia”, explica Dulce.

Lo que más extraño de ir a mi segundo hogar, El IPN, es sentarme debajo de sus árboles para comer o hacer tarea, dirigirme a los profesores cuando me surgen dudas y abrazar a mis amigos cada que nos emocionábamos o simplemente cuando sentimos que es necesario”. 

 

Fotografía cortesía entrevistadxs

Paola Andrea Valdés Restrepo       
Unión Nariño, Colombia
15 años
Institución Educativa De Desarrollo Rural.
Un año sin asistir a la escuela.

A pesar del confinamiento domiciliario, Paola se deleita todos los días con el verde intenso envuelto de bruma que se asoma por la ventana frente a la que se sienta a realizar sus tareas escolares.

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De fondo, el paisaje de la Cordillera de los Andes. Sobre la mesa una cartuchera azul brillante, con sus plumas, lapiceros, colores, un sacapuntas y una goma y a un costado de ella cuadernos y hojas para tareas y apuntes.

“Lo que más extraño de asistir a la escuela es la convivencia con mis compañeros y las actividades que ideaban los docentes para nosotros. Por otra parte, estoy feliz de no tener que despertarme tan temprano”, expresa Paola.

Fotografía cortesía entrevistadxs

Aline Guzik
Nueva York. Estados Unidos.
29 años
Nacionalidad mexicana
Columbia University
Maestría en Administración pública.

Lo primero que menciona Aline, es que se sabe afortunada por haber contando con un lugar cómodo en casa de su prima para continuar con su maestría durante la cuarentena, pues a pesar de tener menos espacio al que estaba habituada, agradece el haber tenido a su disposición un escritorio adecuado.

Desde donde se sentaba podía ver la sala y la entrada del apartamento. “Fue agradable estar en un espacio abierto, consciente de mis alrededores, además atrás de mí había una ventana larga por donde entraba el sol de la tarde inundado el cuarto de calidez”, comenta.

“Lo que más extrañaba de ir a la escuela no eran los escritorios, ni la biblioteca, si no estudiar junto a amigos”.

Para Aline, lo más difícil de estudiar en soledad es que resultaba un recordatorio de la difícil situación que estaba viviendo el mundo.

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Fotografía cortesía entrevistadxs

Sara Arango
Oakville, Canadá                                                              
19 años
Nacionalidad colombiana
Sheridan College, Trafalgar campus
Licenciatura en Artes Plásticas

Desde que inició la cuarentena en Canadá, el cuarto donde Sara estudia se ha transformado varias veces en busca de la forma en que mejor pudiese aprovechar la luz natural, elemento indispensable para una estudiante de artes plásticas.

Sara expresa que fue realmente difícil acostumbrarse a continuar con su carrera en un espacio tan reducido, pero finalmente se las ingenió para acomodar cada elemento de manera funcional: a un costado de su escritorio, los materiales necesarios para cada clase y frente a la cama los portafolios con sus pinturas y dibujos.

Su escritorio se encuentra junto a una gran venta que además de iluminar, le permite ver un árbol que se encuentra en el patio frente a su habitación “Esa vista me da cierta sensación de libertad”, menciona.

Fotografía cortesía entrevistadxs

Júlia Pereira Barros Sánchez
Río de Janeiro, Brasil                                            
25 años
Universidad Rural Federal de Río de Janeiro
Licenciatura en Administración
Un año sin asistir a la escuela

Además de computadora, útiles escolares y libros de consulta diaria, Júlia ha incorporado a su área de estudio un elemento que la ayuda a sentirse más cómoda y productiva: un pizarrón donde coloca frases célebres escritas en papelitos, recuerdos de momentos agradables y una pintura modernista de su artista plástica favorita, Tarsila do Amaral.

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Julia se siente agradecida y privilegiada por contar, a diferencia de otros estudiantes de universidades rurales, con un espacio ideal para continuar con sus actividades académicas durante la cuarentena.

 

Fotografía cortesía entrevistadxs

Cristian Mauricio Zaldivar Cruz
Ciudad de México, México                
22 años
Universidad Nacional Autónoma de México
Licenciatura en Contabilidad
Más de un año sin ir a la universidad 

“Este es mi nuevo estudio fotográfico, salón de clases y habitación desde que empezó la cuarentena” expresa Cristian.

Con la intención de conservar un estilo minimalista, sobre el escritorio solo ha colocado los objetos esenciales para continuar estudiando y realizando sus proyectos fotográficos. Este es su espacio favorito de toda la casa porque durante el día los rayos del sol alumbran cada rincón de él y porque en la noche cuenta con la luz eléctrica de dos potentes lámparas de techo.

“Lo que más disfruto de quedarme en casa es la convivencia con mi familia y lo que más extraño es caminar a un lado de mis amigos por las instalaciones de mi universidad cargando mi mochila y dentro de ella, un tesoro: mí cámara rodeada de útiles escolares. Anhelo encontrar de nuevo un hermoso atardecer o algún otro momento especial que capturar”. 

Fotografía cortesía entrevistadxs

Hidaka Mimura
Osaka, Japón.
24 años
Centro de Investigación y Docencia Económicas
Licenciatura en Economía
Más de un año sin asistir a la escuela.

A causa de la pandemia, Hidaka no pudo regresar a México para continuar su licenciatura como estudiante de intercambio, sin embargo, continúa con sus estudios de manera remota. “Elegí presentar una captura de pantalla de mi computadora mientras tomaba una clase en línea, porque refleja la manera en que mis compañeros en el extranjero y yo aprendemos actualmente. Mi espacio universitario, ahora es virtual”.

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Hidaka llevaba más de dos años estudiando en la Ciudad de México, por lo que reacostumbrarse al horario en Japón ha sido un reto. “Por ejemplo, a menudo me despierto a las 3 de la mañana porque a esa hora es de día en México”, comenta.

A pesar de los desafíos, considera que las clases por internet son una excelente alternativa, para quien se encuentra apartado de su centro de estudio y que además le otorga beneficios económicos al no tener que pagar gastos de traslado y manutención. También reconoce que esta crisis está impulsando el desarrollo de tecnologías de la comunicación y de nuevas posibilidades de enseñanza y trabajo.

 

Fotografía cortesía entrevistadxs

Karen Silva Mora
Ciudad de México, México
31 años
Harvard University
Maestría en derecho

Karen, estudiante de una de las escuelas más prestigiosas del mundo, se describe como una persona dispersa, razón por la cual, cuando empezó la cuarentena tuvo la necesidad de idear un espacio exclusivo para sus actividades académicas, el cual la hiciera sentir cómoda, pero que no la hiciera sentir “como en casa”, pues esta sensación la distrae.

El auge de la pandemia ocurrió cuando estaba de vacaciones de primavera en México, donde se mantuvo algunos meses estudiando su maestría a distancia.

En un cuarto soleado, instaló una mesa alta que su novio tenía guardada, una silla que tomó prestada de casa de su mamá, unas libretas y una planta para “darle vida”.

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“En este lugar siempre estoy acompañada de música, una deliciosa taza de café, mis plantitas y la mesa alta que resultó ideal para no estar sentada todo el día. Al final, trabajar en pants todos los días no está tan mal”, comenta Karen.

Fotografía cortesía entrevistadxs

Parissa Mohammadi
Hamadán, Irán
28 años
Instituto Nargess 
De marzo a junio de 2020 en cuarentena

En medio de la pandemia por coronavirus, este espacio de estudio sigue manteniendo una atmósfera relajada y lo que más le gusta a Parissa: las flores y los libros.

La armonía que ahí percibe le incita a que además de estudiar, medite acerca de su futuro y lo que la humanidad está viviendo actualmente. “Me gusta reflexionar acerca del coronavirus, hay veces que incluso le hablo a este ser. Pienso que su llegada nos ha dado tiempo para cuidar más nuestra salud, nuestros hogares, para conocernos y para ser más gentiles, más nobles con nosotros mismos”.

A pesar de que debe permanecer la mayor parte del tiempo en casa y no puede convivir en persona con sus amigos y compañeros, Parissa se siente agradecida porque esta situación le ha mostrado el valor de la vida. “Ahora debemos tener una vida más significativa, recordando que nuestra existencia tiene un significado muy profundo”, concluye.

Fotografía cortesía entrevistadxs

Viviana Juárez Fuentes
Xalatlaco, Estado de México, México.
24 años
Universidad Autónoma Metropolitana
Licenciatura en Computación
Más de un año sin asistir a la escuela.

Este escritorio, aunque “pequeño y no muy cómodo” sirvió para que Viviana realizara sus exámenes finales: el último peldaño para terminar su licenciatura.

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Aunque solo le tomó algunas semanas concluir su carrera, la experiencia no fue fácil: en el día tenía que cuidar a su abuela y a su sobrino que enfermaron y en el transcurso de la madrugada, realizar sus exámenes, “hace unos días hice una prueba de 12 am a 5 am”, expresa.

Lo que más anhelaba fue convivir con sus amigos y el café con leche que compraba todos los días en la cafetería.

Fotografía cortesía entrevistadxs

María Luisa do Nascimiento Silva
Brasil
20 años
Universidad Federal de Pernambuco (UFPE)
Licenciatura en Historia
Más de  un año sin asistir a la escuela.

María considera, al lugar donde realiza sus actividades académicas, su espacio favorito de toda la casa, pues lo ha diseñado de forma que fuese lo más atractivo y acogedor posible, aunque por otra parte desearía no “compartir la vista de su habitación, con todos los que pasan junto a ella”.

Lo que más extraña de ir a la universidad es convivir con sus compañeros de clases e intercambiar ideas cara a cara, pues “por naturaleza somos seres sociales”, explica.

Durante la cuarentena, María ha desarrollado aptitudes de autodidacta, y afirma que “los gastos diarios relacionados con mi universidad han disminuido considerablemente, pues no tengo que gastar en transporte, fotocopias o comida preparada. Otro aspecto positivo es que ahora no tengo que soportar el tránsito extremo camino a mi universidad, lo que me resulta muy cómodo” concluye.

Fotografía cortesía entrevistadxs

Anderson Pallares Carrascal
Colombia
22 años
Universidad de Pamplona
Licenciatura en Psicología
Más de un año sin asistir a la escuela.

“Las paredes están pintadas de ese color porque realza la luz que entra por la ventana dando una sensación de viveza y alegría, lo que me motiva a estudiar”, aclara Anderson. Además del color amarillo, una mesa estable, silla con respaldo alta, agenda, computadora portátil y un ventilador, son los principales elementos que conforman este oasis universitario.

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Anderson piensa que el lugar ideal para el desarrollo intelectual, son las instalaciones de una escuela, pues incentivan el diálogo e incluso el esparcimiento, necesidades que las nuevas tecnologías no han logrado satisfacer en su totalidad, pero también considera que la pandemia solo vino a darle celeridad a lo inevitable “No todo es negativo, la virtualización del estudio tarde o temprano llegaría con el desarrollo de la tecnología”.

Fotografía cortesía entrevistadxs

Daniela
Kentucky; Estados Unidos
21 años
Nacionalidad Cubano/Americana
Estudios Internacionales
Universidad de Kentucky
De marzo a agosto de 2020 sin ir a la universidad.

Desde marzo, además de sus estudios, Daniela tenía dos trabajos, uno de ellos, directamente relacionado con la pandemia: proporcionaba mascarillas, gel desinfectante e información preventiva en su campus universitario. Sin embrago, su actividad laboral se vio de pronto frenada cuando se enteró que había tenido contacto directo con una persona enferma de COVID-19, pues tuvo que permanecer en aislamiento total hasta que recibir el resultado de la muestra de laboratorio, el cual resulto negativo a la presencia de coronavirus.

A pesar y probablemente debido a los retos que enfrentó durante la cuarentena, Daniela se reconoce como una persona más autónoma. “Aprendí a ser más independiente, pues tuve que pasar por grandes cambios, como mudarme a un apartamento y tener dos trabajos, siendo estudiante de tiempo completo”.

Fotografía cortesía entrevistadxs

Ashish D Rajput
Nandurbar, Maharashtra, India
25 años
Nmims Universidad de la India.
Licenciatura en Química Farmacéutica
Más de ocho meses sin asistir a la universidad.

Ashish siente una conexión muy especial con la naturaleza, esta es la razón por la que eligió este sitio para realizar sus actividades universitarias en cuarentena. “Decidí estudiar en este espacio porque aquí puedo oler la fragancia de las flores que viaja de mi jardín hasta mi cuarto a través de la ventana y este olor me inspira a trabajar” expresa.

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El tiempo ahorrado en traslados, lo ha invertido en estudiar temas relativos a su licenciatura, incluyendo el desarrollo de la vacuna contra el coronavirus y el tratamiento de la enfermedad ocasionada por el mismo.

Además de tópicos científicos, durante el encierro también se ha aventurado a ahondar en temas alejados de su habitual área de estudio, como estrategias de negocios, marketing  e incluso inglés con la ayuda de un diccionario que encontró en su casa.

Ashish explica que el proceso de aprendizaje de la química farmacéutica requiere de mucho conocimiento práctico y que este es el aspecto que más extraña de las clases presenciales, sin embargo, se encuentra encantado con todo los conocimientos recién adquiridos.

Fotografía cortesía entrevistadxs

Isabel Preciado Santa Ana
Colima, México
17 años
Tecnológico de Monterrey
Preparatoria
Más de año sin asistir a la escuela.

 En el comedor de sus abuelos, junto a un ventilador que apacigua el denso calor de la ciudad de Colima, Isabel ha instalado su área de trabajo.

Durante los primeros días de cuarentena estudiaba en su casa, pero mientras tomaba sus clases en línea, su hermanito menor acostumbraba presentarse frente a su computador para saludar alegremente a sus compañeros, por lo que decidió trasladarse a un sitio con menos distracciones.

Continuar sus estudios a distancia ha sido complicado: tiene que estar frente a la computadora cinco horas seguidas tomando clases virtuales con tan solo 30 min “para descansar los ojos” del brillo de la pantalla, la tarea es mucha y el nivel de concentración requerido es muy grande.

Sin embargo, Isabel está feliz de que su familia ha retomado hábitos. “Hemos vuelto a comer juntos y esto antes no era posible por el trabajo de mis papás”.

Si quieres conocer más de estas y otras historias, escritas en primera persona, visita el blog Árbol adentro, etnografía del encierro 

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pandemia, estudiantes, cuarentena, Escritorios, COVID-19

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