De meme a escribir la Constitución: la tía Pikachu

Giovanna Grandón es una mujer chilena que pasó de conducir un bus escolar a pertenecer a la nueva clase política del país vestida de Pikachu.

12 Octubre 2021, 5:16pm

Esta entrevista fue realizada en agosto de 2021 y no responde a los acontecimientos ocurridos posteriormente a esa fecha respecto a Giovanna Grandón. 


El 29 de julio de este año, Giovanna Grandón entró a la Convención Constitucional, que se ejecuta en pleno centro de la capital chilena, disfrazada de Pikachu. Adentro del muñeco amarillo, ella bailó y se movió al igual que como se hizo conocida, protestando en las calles de Chile con su disfraz del personaje infantil. Los comentarios en su contra empezaron a brotar en Twitter: le decían que su trabajo no era un circo y que, escribir la nueva Constitución, tenía que hacerse con seriedad. 

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Ella no dudó en responder: “Así fui conocida, así me eligió la gente, por el cariño de haber salido a las marchas, y de aquí empezamos y terminamos en el Palacio Pereira (el lugar donde se hacen las sesiones de la Convención), el traje se queda con el pueblo”, comentó más tarde en sus redes sociales. Allí mismo, Grandón habla sobre los derechos de las y los niños, de la importancia de la participación popular y viraliza información sobre ollas comunes.

Hace dos años fue la primera vez que conversamos. Afortunadamente, fui la primera persona en Chile a la que Giovanna le abrió su casa y le contó su historia. En octubre del 2019, días después del estallido, la ciudad seguía hundida en el caos que dejó la revuelta. Llegar a su barrio, la población Lo Hermida, uno de los lugares más vulnerables de la capital, y al mismo tiempo con un pasado fuertemente político, fue toda una aventura: el transporte público apenas funcionaba, entre retenes de militares armados y el humo de lo que quedaba de las barricadas, terminamos en su sala, tomando té mientras me mostraba el traje inflable de Pokemón que su hijo encargó por AliExpress. 

La razón por la que la busqué y le pedí una entrevista ese 30 de octubre fue porque, tras el estallido, las imágenes de la violencia y el abuso por parte de los agentes del Estado a las y los civiles nos sumergieron en un malestar lleno de angustia y desesperanza. Una especie de resaca que nos pegó fuerte, cuando la sensación de desobediencia social empezó a disiparse.

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Existieron 500 lesionados en total, de los que se desglosan 7 personas muertas y 347 con traumas oculares (5 de ellas con ceguera irreversible), según cifras oficiales. Pero cuando el viral de baila Pikachu se hizo conocido, fue la primera vez que sonreí en días. Y vi ese mismo comentario replicado en las historias de Instagram de otros amigos y amigas, que después de jornadas donde su salud mental se vio duramente afectada, encontraron en ese viral algo de esperanza.

Pero a dos años, tras haberse convertido en una persona reconocida y parte de la nueva clase política chilena, nos volvemos a encontrar. En el medio pasó una pandemia, un plebiscito, el comienzo de su carrera y más elecciones, pero ¿la revuelta social valió la pena? Al escuchar esa pregunta Giovanna se queda pensativa, su primera respuesta es “espero que sí”, pero no lo dice convencida. Entonces se detiene, y piensa qué decir a continuación. 

Un estallido que se apaga

Hoy, en el centro de la capital, la policía custodia día y noche, y durante toda la semana, una plaza simbólica que divide la ciudad en dos; el lugar que se convertía todas las semanas en un campo de batalla entre Carabineros y la primera línea. Y en ese mismo lugar, cuidan un espacio vacío donde antes había la estatua de un general del Ejército. 

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Uniformados con sus cascos y unas especies de delantales pesados, a veces los acompañan caballos y carros enormes de color blanco y verde militar que lanzan agua, y que generalmente usan para desalojar a las personas de las protestas. 

Esa lúgubre imagen, de estos carros enormes e intimidantes, se volvieron parte del cotidiano. “Es impresionante cómo normalizamos la violencia. Cómo normalizamos ver todos los días a estos hombres, parados en medio de la ciudad, y nadie dice nada. A veces, esa chispa que se encendió en octubre del 2019, parece apagada. Llevamos tanto tiempo en un toque de queda y nadie se ha levantado contra esta medida”, dice.

Y efectivamente, ya en mayo de este año, el Colegio Médico pidió al gobierno que se revisara nuevamente esta medida y el impacto que tendría sobre la salud mental del pueblo. Y tal y como dice Giovanna, la efervescencia que nos llevó a decir basta el 18 de octubre se ha visto mermada tras los estragos del covid-19 y la desconfianza en los políticos. 

Una clase a la que ahora ella pertenece. “Me lo dicen y yo no me considero política”, avisa, “para mí esto es un trabajo como cualquiera. Me levanto y voy a la Convención a hacer lo que tengo que hacer. Pero no me siento distinta. Y allá tampoco me siento tan lejos del resto, a pesar de que no fui a una universidad, ni que pertenezco a la élite, yo allí hablo desde el conocimiento de lo cotidiano: de lo que es ser una chilena común y corriente, que no pudo estudiar por plata, que tuvo que endeudarse, que se atiende en el sistema público y que ha sentido impotencia ante la desigualdad”, dice. 

En la entrevista no respondió preguntas sobre género, ni medio ambiente. Su interés para hacer los cambios está en garantizar en la futura Carta Magna educación gratuita y de calidad para todos y todas. Y eso es lo que la mueve. Según ella, ahí está lo que garantizaría los verdaderos cambios. 

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Volviendo al presente, Giovanna insiste en que paulatinamente hemos vuelto a una nueva normalidad, que se parece a la del pre-estallido. “Las personas han vuelto a pensar como pensábamos antiguamente. Ante la injusticia la gente ya no quiere volver a la calle, como en octubre”, reflexiona: “Y eso es lo más importante. Porque nosotros demostramos que cuando estamos en la calle, es cuando ocurren los cambios y los poderosos escuchan”, dice. 

Vuelvo a preguntarle si cree que, tras toda la violencia, las y los jóvenes mutilados, abusados y personas muertas, la revuelta valió la pena. “Yo creo que ellos van a ser nuestros héroes. No las estatuas de militares y otros hombres de élite que están por las ciudades, sino los que se levantaron un día y dijeron basta, los y las que quisieron que cambiara todo, por ellos, por sus antepasados, por los que van a venir, por el bien común. Ellos y ellas son los verdaderos héroes de esta historia. Miraremos para atrás y de eso, al menos, estoy segura, es lo que vamos a reconocer”

No quedo conforme. Después de todos los abusos a los Derechos Humanos, constatados incluso por organizaciones internacionales, a veces siento que un discurso romantizó este proceso y olvidó a las y los que perdieron la vida o que quedaron con traumas físicos y mentales tan grandes, que el resto no alcanzamos dimensionar. Y que, por supuesto, ni ellos ni sus familias tendrán reparo, entonces insisto: ¿valió la pena? Giovanna sigue pensativa y, a pesar de estar en la institución que más se parece a la sociedad y que escribirá la próxima Constitución —con mujeres, personas de nuestros pueblos originarios, gente de izquierda, independientes y otros de derecha—, ni siquiera ella tiene la respuesta. 

Este texto forma parte de las Residencias políticas y Vice Labs, en donde, a través de contexto, incidencia, arte y activismo se busca presentar maneras de hacerle frente a la crisis de derechos humanos y libertad de expresión que se vive hoy en día en América.

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