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Un jurado, 30 puñaladas, un acusado y un cadáver: así es un juicio por asesinato

No tengo ni idea si el veredicto fue justo o no o si el condenado tenía sus motivos y quizás es que nada es tan fácil como parece.

31 Diciembre 2015, 4:00am

¿Os acordáis de Edward Norton en el Club de la Lucha? ¿Las terapias a las que acudía para poder dormir? Un juicio por asesinato es algo parecido. Vivirás en un Shangri-La al saberte fuera de todo esto, sin haber matado, sin ser acusado y sin tener que juzgar a nadie. Y sobre todo sin ser el finado. La Audiencia Pública es la posibilidad de asistir a uno de estos juicios, algo así como el "entrada libre hasta completar aforo" judicial.

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Os pongo en situación. ASP, el acusado, fue adoptado a los 6 años por una familia española junto con su hermano, provenientes de un orfanato de un país del este. Tras una infancia de supuestos maltratos y por una alguna razón cósmica acaban viviendo con familias distintas, pero en el mismo pueblo y en la misma calle. Pasan los años y los hermanos se distancian. ASP, sin muchas expectativas, se alista en la legión francesa. Allí le adiestran como francotirador. Va a sitios como Siria, Mali o Afganistán. En una primera declaración afirma haberse bajado a unas 10 personas. Un día de permiso en España se cruza con la víctima, el padre adoptivo de su hermano. Le comenta que le ha mandado a su país a hacer la mili, ya que no es precisamente el hijo ideal; roba, trapichea con drogas y no estudia. Al poco tiempo ambos se vuelven a ver en su casa. De ahí ASP sale con un corte en la mano. El padre ya no sale nunca más. Es difícil hacerlo con 30 puñaladas y casi decapitado, con un corte de oreja a oreja. Todo se centra en lo que ocurrió allí dentro.

DÍA 1: EMPIEZA LA FUNCIÓN

Estoy tranquilamente sentado tras localizar la sala. Esperaba más ambiente, la verdad. Tras un buen rato entra el jurado. Da la sensación de estar tranquilos, más resignados que inquietos. Hombres y mujeres de mediana edad. Vecinos. Pelo platino. Un jubilado. Gente normal. Llaman a los letrados y tras meterse con sus togas un policía me dice que despeje el pasillo, van a meter al acusado. Medio escondido veo pasar a un tipo joven y achaparrado, y siento discrepar con otro poli defraudado y su "Esperaba a Mark Wahlberg o algo así". Aunque vaya esposado, que sus espaldas prometan hostias como ruedas de molino a mí me parece más que suficiente, pero claro, yo soy nuevo aquí. Tras anunciar a gritos "audiencia pública" paso yo solo, y siento que todos me miran

Ese día el fiscal, la acusación particular y la defensa realizan sus alegatos y se toma declaración al acusado. El juez está ahí tranquilamente, y aunque supongo que está controlando que todo se haga como debería, si llevase esas gafas con los ojos pintados nadie lo notaría. Es como el host del evento, da la bienvenida, concede la palabra y poco más. Ni si quiera tiene un mazo. Primer chasco.

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De los 20 seleccionados para el jurado, fiscal y defensa pueden hacer criba, seleccionando perfiles concretos que cuadren con su punto de vista. En este en concreto parece que tenemos un listillo. Siente no poder acudir a la fiesta de la justicia asegurando que no sabe ni leer ni escribir. Un simple "¿y cómo explica que tenga carnet de conducir?" desmonta la jugada. Buen intento. De todas maneras se quiere gente motivada y se rechaza. Esto igual os da pistas para libraros algún día. No os saquéis el carnet de conducir.

Los alegatos parecen un concurso de quién tiene la justicia más larga. El fiscal pide la pena máxima, 25 años, aduciendo ensañamiento y alevosía. Es un tipo joven, y se le notan frescos cierto idealismo y el sentido del deber. Explica sus funciones e intenta motivar al jurado con aquello de la justicia emanando del pueblo. Un poco más talludito pero igual de implicado a pesar de ser oficio, la defensa, que solicita defensa propia. D FENCE!

ASP toma la palabra. Declara que la víctima le pidió por teléfono que fuese a su casa a que le pagase un dinero que su hermano le había robado. Accede, y cuando están allí la víctima le ataca sin más motivo con un cuchillo con la mano izquierda, siendo una persona diestra. Él se defiende con la mano izquierda -aunque coge el micrófono con la derecha- y su mente se funde a negro hasta que llega a casa de sus padres con un corte en la mano derecha. Allí retoma conciencia de lo ocurrido y asustado dice que el corte se lo han hecho en un atraco. Acude con su padre a poner la denuncia por esto, aunque no recuerda muy bien cómo eran los asaltantes. El fiscal ahonda en las dudas. ¿Vas a devolver el dinero que ha robado el hermano con el que no te tratas? ¿Un jubilado diestro ataca con su mano mala a un legionario? ¿Un militar atracado que no recuerda nada?

DíA 2: TESTIFICAN LOS BOMBEROS.

Los primeros en encontrar el pastel. No recuerdan mucha sangre, algo bueno que refuerza la legítima defensa. Aunque es gente acostumbrada a estas cosas, y su recuerdo puede ser más difuso que el que tendría yo, porque han pasado dos años desde los hechos. También testifica el hijo biológico de la víctima. Entre otras cosas relata lo unido que estaban y que su padre era mucho más bajo que el acusado, que aseguraba ser de su misma estatura. La batalla judicial se libra detalle a detalle, palabra a palabra y centímetro a centímetro. Es como un marcador imaginario, tanto para la defensa, empata el fiscal.

DíA 3: ELIMINACIÓN DEL CENTINELA

Quieto todo el mundo, llegan los guardias civiles. Dos son ex militares y creen que se trata de un ejemplo claro de "eliminación del centinela", acuchillar por detrás y rematar la jugada vía degollación. 30 son demasiadas puñaladas, y según su opinión fue un ataque por la espalda, argumento apoyado por las heridas en la mano de la víctima al intentar defenderse. Ergo ensañamiento y adiós a la defensa propia. La herida en la mano del acusado la identifican como hecha al escurrírsele el cuchillo al apuñalar. Un cuchillo que por cierto está junto a la víctima y lleva la etiqueta de un centro comercial muy conocido, como el que hay cerca del lugar de los hechos. Alguien no pasó de primero de asesinato.

Llega el momento multimedia, el apoyo visual que dinamiza un poco todo esto. Aparte de la escena del crimen, se proyecta en un plasma el Facebook público de ASP. Una imagen muy llamativa es en la que va vestido de militar empuñando amenazador un machete con la mano derecha. Pero el gran hit visual son las imágenes de seguridad del centro comercial: alguien muy parecido al acusado, con una ropa similar a la del día de autos comprando un cuchillo idéntico y unos bombones. Los bombones supongo que para despistar. Un plan maquiavélico no parece.

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D-FENCE! está contra las cuerdas, pero no se arruga. Intenta tirar por la vía de ensuciar la escena del crimen, ya que un bombero ha pisado sangre. Aprieta las tuercas a un picoleto preguntando por un estudio "más allá del puramente visual" de las imágenes de la compra del cuchillo, hasta llegar a crispar al personal. Insiste en que alguien adiestrado en el uso de armas se haga un corte usando un cuchillo. No está mal la idea, pero los guardias civiles le recuerdan que es un cuchillo de pelar, sin tope, y al dar en hueso, como en los intentos de puñalada en la cabeza, es muy probable que te pueda pasar aunque seas el Acróbata del Filo. Además, confirman que el padre de ASP les dijo no fiarse de él, y les dio su ropa y las zapatillas ensangrentadas.

La balanza de la justicia se empieza a inclinar.

DíAS 4 Y 5: SIGUEN LAS DECLARACIONES

Se hace todo un poco largo, las declaraciones parecen la misma una y otra vez. Siguen declarando policías y vecinos. Hay mucho estudiante entre el público. A la salida el profesor les pregunta si les ha gustado. Esos días empiezo a mirar el móvil y pensar en mis cosas. Sólo la expresión "movimiento del ángel" me saca de cierto ensimismamiento. Se trata del movimiento reflejo del cadáver que ha removido la sangre, como hacer un ángel en la nieve, con lo que la posibilidad de la escena contaminada se empieza a evaporar.

Me da por analizar la mirada encabronada de la defensa. El juego de la justicia, que mucha gente parece no entender, implica que aunque sea de oficio o tenga la certidumbre de que su cliente es culpable, se puede valer de cualquier interpretación, vacilación o suspicacia a su favor, ya que el fundamento para condenar a alguien es que no haya ninguna duda de su culpabilidad. Incluso el fiscal lo recordó el primer día, en caso de duda se beneficia al reo. De ahí que ha de ser un trabajo a conciencia y un poco marrullero, al menos desde un punto de vista ajeno. Tampoco hay que olvidar que una estancia en el Hotel Villareja, por corta que sea, no debe ser algo agradable. Imaginad una reserva de un cuarto de siglo.

Imagen vía.

DÍA 6: CSI MADRID

Tras un fin de semana con la imagen del cadáver en mi cabeza llega el turno de la forense. Usa esa terminología tan especializada y embriagadora como "fenómenos cadavéricos". Aquí el momento visual hace cumbre, con imágenes detalle de las heridas. Al parecer, en su más de 20 años de experiencia no recuerda tanta brutalidad, sobre todo en la degollación, que casi fractura las vértebras. Te das cuenta entonces que a la ciencia es muy difícil engañar. Por ejemplo, es posible saber si las heridas se hicieron con la víctima aún viva o muerta (en este caso estuvo vivo en todas), o dictaminar la mano que las hizo (la derecha) lo que puede suponer unos años arriba o abajo en la condena si tenemos en cuenta conceptos como ensañamiento, alevosía o defensa propia.

PASAN LOS DÍAS

Las jornadas van pasando. Se cita a todo tipo de peritos, a veces más de tres a la vez. Se dan momentos un tanto surreales, como cuando faltan sillas para testificar y no se sabe muy bien qué hacer. Los policías de la sala intentan acercar al estrado las destinadas al público, pero están unidas entre sí. Muchos peritos acaban por no testificar, esperando de pie. Estas declaraciones se ventilan con un par de preguntas y todo se hace exageradamente tedioso. Flota en el aire cierto aroma de culpabilidad. Me fijo en el informático, cuya misión es la de pasar las imágenes a petición del fiscal y abogados. Se le ve un poco ido, debe tener un disco duro mental bien saturadito. Aunque son anónimas y por escrito, una mujer del jurado se delata cuando el juez considera improcedente una pregunta y ella hace aspavientos, indignada. El cuadro del anterior rey presidiendo la sala. Los padres del acusado entre el público sin torcer el gesto. Estas cosas son las que te alimentan un poco. A la salida el jurado se baja al bar a tomar algo. Han hecho piña. ¿Surgirán amistades? ¿Sexo? ¿Se invitarán al café? La vida es maravillosa, de un crimen pueden salir cosas buenas. Como en las bodas.

ALEGATOS FINALES Y CONDENA

Llegan los alegatos finales. La ciencia está de parte de la Fiscalía, además de las cagadas de un crimen elaborado sólo a medias. Son exposiciones largas, un tanto repetitivas, aunque es de agradecer al fiscal ese momento wikiquote, pura épica, citando a Martin Luther King para motivar al jurado: "No me duelen los actos de la gente mala, sino la indiferencia de la gente buena". BRA-VO. Esto es otra cosa. Antes de tomar la palabra, siempre la última, D FENCE! se ausenta un momento. Parece que todos en la sala hemos pensado lo mismo. Esos pasos cortos y rápidos a la vez son universales. Vuelve liberado, con fuerza, e intenta tirar por la vía de la subjetividad de las declaraciones, cuestionando la claridad de los hechos y la parcialidad del fiscal. Todo huele a un último esfuerzo desquiciado, repartiendo sin ton ni son. Ahora el jurado pasará el fin de semana deliberando en un hotel sin contacto con el exterior, ni si quiera con móviles.

La sentencia tarda poco en llegar. A ASP le han caído cerca de 20 años. Ni protestas ni caras largas. No tengo ni idea si eso es justo o no, ni mucho menos las razones que puedan llevar a alguien a hacer algo así. Quizá no las haya, sin más.

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