Pasé una semana en un Monasterio Hare Krishna en Colombia

Conocí mucho de esta religión en la que Dios es masculino y femenino a la vez. Pero, sobre todo, conocí personas con historias cautivadoras.

09 Septiembre 2021, 6:13pm

Varsana es el Monasterio Hare Krishna que contra todo pronóstico de la lógica moderna se incrusta en una montaña a hora y media de Bogotá, en el municipio de Granada, Cundinamarca. Los vientos de agosto me trajeron a hacer Ashram Life, es decir, a meterme a la lavadora para sacudirme el gris y la ciudad en medio de una comunidad de devotos de Krishna que me acogieron con suficientes cobijas, paciencia infinita y bondad auspiciosa.

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Tanto se ha cantado al aire “Hare Krishna” en calles, trenes, buses y templos, que siempre hemos dado por cierto algo impreciso: la religión que profesan los devotos de Krishna no se llama Hare Krishna. Se llama Vaishnavismo y es una rama del Hinduismo. Los principios básicos del Vaishnavismo son: practicar el vegetarianismo, no intoxicar el cuerpo con drogas y alcohol, no practicar juegos de azar y no tener sexo ilícito.

Es esta una religión en la que Dios es azul, nació en India, toca flauta y coexiste con avatares de múltiples brazos y cabezas (extensiones de sí mismo que se explican por el principio del monoteísmo polimorfo: un solo Dios que se expande en ilimitadas formas). Una religión cuyo Dios se llama Krishna y vino a la Tierra tres mil años antes que Jesucristo. Una religión en la que Dios es masculino y femenino al mismo tiempo, pues su esencia es una dupla hombre – mujer personificada en dos entidades: Radha y Krishna. Radha es una preciosa mujer de piel de porcelana, y Krishna, un hermoso hombre azul. Son Dios en presencia binaria. Dios al tiempo. Iguales en jerarquía. Luna y sol; sal y azúcar; leche y miel; noche y día.

Hare Krishna son, en realidad, las primeras dos palabras del llamado Maha Mantra -el vocablo hare alude a Radha, la mitad femenina de la energía de Dios-. El Maha Mantra es el más importante y representativo mantra que los vaishnavas cantan desde hace milenios y que ha vibrado y hecho eco en Occidente apenas desde la segunda mitad del siglo XX, cuando Srila Prabhupada, un calcutense considerado como uno de los maestros espirituales más notables de todos los tiempos, viajó a Nueva York a los 69 años con un baúl de libros y 7 dólares en el bolsillo para llevar la Conciencia de Krishna. 

Cantores vaishnavas cantando el Maha Mantra por las calles de Fusagasugá

Los hippies fueron los primeros vaishnavas de Occidente: según el relato de Satsvarupa dasa Goswami (uno de los primeros conversos norteamericanos), Srila Prabhupada se trasladó de Nueva York a San Francisco en 1967. El movimiento hippie estaba en la cúspide, y las calles abarrotadas de adictos en ansiedad, con hambre y a menudo ‘emproblemados’ con la ley. El más célebre predicador de Krishna del siglo XX llegó a fundar un templo: a congregar para cantar, a servir almuerzo gratuito todos los días. Los hippies buscaron saciar sus hambres materiales e inmateriales en la llamada Conciencia de Krishna, el movimiento en el que se convirtió el mensaje religioso que Srila Prabhupada fundó con ese salto transoceánico de India a América, y que terminó edificando templos vaishnavas en todo el mundo.

En Varsana -término en sánscrito que significa lugar sagrado-, se sirven setenta, cien y hasta ciento veinte almuerzos gratis cada domingo para quien llegue a este monasterio sin rejas ni candados. Entra quien quiere a este lugar dadivoso y místico. Y no deja de dar cierta angustia que el templo permanezca siempre abierto de par en par.

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No sólo vengo a contar mi historia: vengo a contarles quiénes son los devotos de Krishna que habitan Varsana y que en 2021 desbordan amor por el inextricable y magnífico Dios Azul que vino a La Tierra hace cinco mil años. Todos tienen un nombre espiritual en sánscrito que les fue dado por un maestro espiritual al volverse devotos: el sánscrito es la lengua de los Vedas, las sagradas escrituras del Vaishnavismo. Bienvenidos y bienvenidas a mi diario de vida monástica, cada día nuevas vivencias y un personaje que responderá al interrogante “¿quiénes son los devotos?”

Fecha de mi llegada: domingo, 8 de Agosto de 2021, 4pm. Viviré en la casa donde viven las devotas mujeres: las Madres

Lunes

La levantada es a las 4 a. m. porque el Mangala-arati, la ceremonia de la mañana, empieza a las 5 a. m. Camino hasta el templo por el pasto húmedo de rocío. Vaya templo. Es un complejo arquitectónico que parece un ovni anaranjado rodeado de diez trulys: ‘casitas’ de cúpula ovoide, chips de chocolate que lo orbitan. Siento que en cualquier momento esto va a despegar y a llevarse a los madrugadores a Marte. 

El templo de Varsana es un imponente complejo arquitectónico denominado Yoga Planetario, ideado casi en su totalidad por Vijay, una de las personas más estimadas de la comunidad Varsana: bioconstructor, médico naturópata, pintor y artista.

Adentro, el altar central, cobijado por un imponente retablo de madera cedro, es una fiesta de color y seres; un micromundo de maravilla en el que habitan tres personitas doradas ataviadas con coloridas alhajas, coronas y brillos: las deidades. Son la representación de Radha, Krishna y el Señor Chaitanya Mahaprabhu (la más reciente encarnación de Krishna que vino al mundo hace 500 años). 

El rito transcurre pero mi cabeza está en stand by y no logra registrar nada. Cuando todo acaba ya es de día y lo único que sé es que nunca había estado en una ceremonia religiosa en la que se cantara tanto y que mañana tengo que traer doble saco (de madrugada hiela en esta montaña).

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Cuando acaba el desayuno (granola, fruta y colada de maicena con sabor a vainilla), Vidhura, el comandante de esta vida en colectivo, distribuye los servicios: así nunca nadie se aburre y encuentra en cada actividad una nueva manera de encontrar y servir a Krishna. Hoy Vidhura me mandó para la huerta a trabajar con Don Pedro desyerbando la espinaca. El día se pasa sin el yugo del estrés y la productividad. No existen las jornadas de doce horas ni los jefes explotadores.

Srigo

Sri Govinda Das

Su nombre espiritual es Sri Govinda Das, que significa muchas cosas, entre ellas, uno de los 108 nombres que se le dan a Krishna. De cariño la gente le dice Srigo. Hablar con él es lanzarse a una piscina de enseñanzas espirituales que anhelo entender y llevarme conmigo. Es un intelectual. Te bota frases como: “Para ir para adentro se deja la mente quieta”, o “La mente es el recuerdo del pasado, ¡millones de vidas que hay que desprogramar!”, o “La vida es un pasatiempo de Dios”. Su nombre de nacimiento es Javier.

Da la impresión de que Srigo fue un ilustre y poderoso sultán del Imperio Otomano en una de sus vidas pasadas. Me lo dice su porte, su bonita e impetuosa barba canosa, su nariz, su manera de hablar como explicando emocionado el itinerario de un día de batalla. 

Martes

Ya entiendo un poco más el Mangala-arati. Esta ceremonia comienza con una danza alrededor de una mesa pequeña en la que está instalado un altarcito: es esta la adoración a la planta de thulasi, considerada como la forma terrestre de la diosa Tulsi, fervorosa adoradora de Krishna. Luego, en la plazoleta central del templo, se hace una sesión con cantos de reverencia a la estatua en tamaño natural de Srila Prabhupada.

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A continuación se abren las cortinas rojo carmesí del altar y se cree que las deidades bajan y se pasean. Los devotos se postran ante ellas. A las deidades se les viste todos los días: hoy tienen unos vestidos lilas espectaculares de apariencia sedosa, adornados con brillantes morados y azules. Adoro que los vaishnavas tratan a las deidades como a personas de carne y hueso: si las miro de cerca casi cobran vida.

Agosto 10, 4pm: hoy las deidades fueron vestidas con unos trajes lilas de apariencia sedosa, adornados con brillantes morados y azules. De izquierda a derecha, las deidades son: el Señor Caitanya Mahaprabhu, Krishna y Radha.

Por la tarde voy con la Madre Lila y la Madre Mángala a casa de la Madre Nanda, que vende ropa traída de la India y nos aconseja tenerle devoción al Señor Shiva: uno de los avatares que Krishna creó para administrar las fuerzas del mundo material, quien está personificado en la iconografía hinduista como un hombre de tez azul clara, pelo largo, una serpiente enroscada en el cuello y cuatro brazos. El Señor Shiva escucha mucho a las mujeres y les concede el esposo que quieren si se le adora por 16 lunes con ayuno casi total (sólo se puede tomar agua). Me cautivan estas devociones de la India. 

Mángala

Mángala

Al lado de Mángala me siento desarreglada y fea siempre. Es morena y de ojos negros penetrantes que dan cuenta de su ascendencia gitana. Es bailarina. Anda siempre muy elegante: con sari (el magnífico vestido tradicional de las mujeres de la India), sin importar si tiene que cocinar o atravesar todo Varsana para hacer una diligencia. Tiene 26 años, es devota hace 8 y su nombre de nacimiento es Claudia.

Para este momento de su vida ha decidido hacer voto de austeridad: no intima con los hombres en Varsana y evita mirarlos a los ojos. Así se prepara para encontrar al hombre que será su esposo. En Mángala veo el mismo deseo de enamorarse que hay en mí. Mángala significa ‘servidora de Dios’ o ‘la más auspiciosa’. Me cuenta que tiene dones para percibir cosas que pertenecen al mundo espiritual: siente las energías de la gente y una vez, en un templo en Bucaramanga, Ganesh (la deidad hindú cuya imagen todos hemos visto alguna vez: cuerpo de humano y cabeza de elefante), le picó el ojo. Mángala ve cuando Krishna mira a la gente desde el altar, cuando la mira a ella misma. 

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Miércoles

Hoy es día de Harinam Sankirtan, la bien conocida actividad de calle de los vaishnavas: salir a cantar el Maha Mantra para dar a conocer a Krishna al mundo. Vamos en la minivan del Prabhu Jugadarma rumbo a Fusagasugá, a 40 minutos de Varsana (“prabhu” es el término que se usa para referirse a los devotos hombres en general, aunque a mí me suena como a “señor”, entonces decido usarlo sólo para los devotos adultos). Somos sólo dos mujeres: la Madre Vaisnavi y yo. El resto de la nómina está compuesta por 4 devotos ‘jovenciticos’ que no pasan de los 23 años y visten un traje color curuba llamado dhoti: Narotam, Acintya, Bhakta Seva y Goura. 

El sol está picante. Como actividad paralela al canto del Maha Mantra por las calles de Fusa, Narotam y la Madre Vaisnavi estarán dedicados a la venta de pequeños libritos de espiritualidad vaishnava, cuya ganancia va para el templo. Uno vale $3.000 (0.79 dólares), y se ofrecen dos por $5.000 (1.31 dólares) y 3 por $7.000 (1.83 dólares). Es la cosa más admirable y difícil que he visto en mucho tiempo. Es hablarle al que no quiere escuchar. Al que está ocupado. Al que tiene afán. 

La dinámica de los cantores es pregunta-respuesta: Acintya entona en el micrófono (carga el parlante trenzado al cuerpo como una mochila), y los demás responden. Los cantores adornan el canto del Maha Mantra con dos instrumentos tradicionales de los rituales vaishnavas: el mridanga (tambor) y un par de kártalos (mini platillos). La delegación Harinam Sankirtan cantó sin parar recorriendo las calles de Fusagasugá durante tres horas seguidas (entre diez de la mañana y una de la tarde), descansó media hora, y luego arrancó a cantar de nuevo hasta las tres. Por consiguiente, la Madre Vaisnavi y Narotam estuvieron a rayo de sol cinco horas en la calle vendiendo libros. Los seis devotos con los que tuve el honor de compartir el día de hoy me acaban de dar una lección de ascetismo.

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Narotam

Narotam

Narotam es un muchacho reflexivo y piadoso de 23 años que en las clases de la mañana en el templo pregunta cosas como: “¿Qué pasa con las almas de los demonios que mataba Krishna?” o “¿Los demonios son almas cuya función es ser demonios?” Su nombre de pila es Daniel y su nombre espiritual significa “las mejores cualidades de los seres humanos”. Es de Ibagué y se hizo devoto hace 3 años.

No me cabe en la cabeza que una actividad tan ardua y sacrificada como predicar la Conciencia de Krishna con la venta de libros por la calle pueda ser disfrutada. Cuando le pregunto a Narotam por qué no se descorazona cuando la gente lo rechaza, me dice: “Se siembra una semilla que incluso puede no crecer en esta vida. Pero se siembra. Una de las más grandes experiencias espirituales es distribuir el conocimiento espiritual”. Además de haber vendido casi 30 libros en Fusa, Narotam cambió uno por una Gillette®. 

Jueves

Un devoto de Krishna podría cantar el Maha Mantra billones, trillones de veces en su vida. Durante los kirtan (ceremonias de canto y alabanza) de las 5:45 p. m., los devotos pueden llegar a cantar Maha Mantras y alabanzas a Krishna durante dos horas sin parar. Hoy las deidades están vestidas de dorado. Se les canta con muchísimo fervor al ritmo de armonio, panderetas, kártalos y mridangas. Y se baila con espontaneidad y júbilo. Me gustaría saber sánscrito para poder cantar, pues en el kirtan cantar se siente como volar.

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Hoy estuve en la tienda-boutique de Varsana y me enamoré de una japa divina. Las japas o japamalas son las camándulas o rosarios de los vaishnavas. Tienen 108 cuentas: por cada una se reza -canta- un Maha Mantra; cada una es un DiosteSalveMaría. Cantar El Maha Mantra 108 veces constituye lo que se denomina una ronda. Las rondas se deben cantar usando la japa dentro de una bolsita de tela que se llama bipa: una japa debe preservarse con cuidado, es un objeto sagrado.

Se considera que para la era en la que estamos, Kali Yuga, un tiempo de riña, hipocresía, oscuridad y vanidad, el canto del Maha Mantra es el método más efectivo para llegar a Dios. Controla la mente, detiene el karma y elimina el polvo del corazón.

Madre Hladini

Madre Hladini

La Madre Hladini (Ana Cecilia de nacimiento) tenía 15 años cuando en 1978 llegaron a este lugar los devotos: ella vivía en esta vereda y su papá les compraba a ellos el pasto para las vacas que su familia tenía. La Madre Hladini todos los días coge en las praderas de Varsana las flores con las que se hacen las guirnaldas para las deidades en las mañanas.

Hladini quiere decir “energía de bienaventuranza espiritual”, y no podría ser un nombre más perfecto para ella: tiene un abrazo para el que está triste, escucha con amor, brinda calma al desconocido. La madre Hladini enviudó joven. Es una mujer serena que pone su discreta alegría en todo lo que toca. A menudo se sueña en India: Krishna perfuma sus sueños con templos hermosos y con la música de las corrientes del Río Yamuna. 

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Viernes

En los Mangala-arati hay una persona que hace un servicio bellísimo y denodado: se trata del devoto que está durante toda la ceremonia haciendo ofrendas a las deidades. Se ubica al costado izquierdo del altar principal y permanece en posición de reverencia usando sus manos para ofrendar, durante distintos momentos de la ceremonia, distintos regalos a Radha, Krishna y el Señor Chaitanya Mahaprabhu: agua, fuego, incienso, flores. Esa persona es, en este momento de la vida de Varsana, en este presente de las deidades, un devoto que se distingue por su apacible sonrisa: Sadananda. 

Hacia el final de la ceremonia se hace la lectura del Śrīmad-Bhāgavatam, uno de los libros sagrados más antiguos del Vaishnavismo. Después de esta lectura hay prédica impartida por distintos devotos y, para terminar, se reza el Maha Mantra. Hoy, rezándolo entre bostezos, pienso en las personas que amo y en las cosas que mi corazón quiere pedir. No tengo japa y fracaso en todos mis intentos de contar los Maha Mantras. 

Tarde de charlar con Saraswati que estaba triste. En la cena todo el mundo quiere repetir ‘chicharrines’, esos chicharroncitos vegetales que se fritan y son tan amados como las papas fritas.

Saraswati

Saraswati

Saraswati es hija de devotos, así que está bautizada en sánscrito desde la cuna; está bautizada con el nombre de la diosa hindú del conocimiento y de las artes. Saraswati baila y canta divino, te quieres poner a llorar conmovida si te cruzas con su arte en el camino. 

Tiene 20 años, pero al hablar con ella me encuentro con un alma vieja y sabia que se declara profundamente enamorada de Krishna, humana en construcción: “Dicen que no se le puede llamar sucio al que se está bañando. Soy una persona que está tratando de bañarse todo el tiempo. Cada vez que me paro frente al altar siento que el corazón se me va a salir. Krishna es para todos, incluso para mí”.

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Sábado

Hoy Vidhura me mandó a la cocina. Fue divino: yo, que a duras penas sé hacer arroz, hice una contribución significativa al menú del día. Los vaishnavas no prueban la comida mientras la están cocinando, pues ésta debe ser ofrecida a las deidades antes de comer. Una vez ofrecida, se convierte en prasādam que, por haber sido bendecido por Krishna, purifica a quien lo consume. 

Así entonces a las deidades se les ofrece en la madrugada, mañana, tarde y noche, no sólo los alimentos que se cocinan para todo el mundo, sino también unas preparaciones especiales que se cocinan en La Cocina de la Deidad. Hacia las siete de la noche, después de haber pedido un permiso especial para poder entrar allí -trámite que incluyó conseguirme un sari, pues no se puede entrar sin ropa devocional-, tengo el honor de poder estar en La Cocina de la Deidad con el devoto Jiva que está cocinando los cinco dulces a base de leche que se les ofrecerá a las deidades mañana en la madrugada: arroz con leche, natilla de chocolate, halava, sandesh de fresa y rasgulla.

Ofrecer los alimentos a las deidades va más allá del acto de preparar algo y dejarlo junto al altar. Es algo que se hace con la intención de complacer a Dios mismo, de hacer servicio devocional para desarrollar amor por Él. Jiva me ratifica algo que es hermoso: vistas con los ojos de la fe y la mística, las deidades no son estatuas, son Dios mismo. (Y hay anécdotas: se han encontrado vacíos los platos después de haberlos puesto a los pies de Radha, Krishna y el Señor Chaitanya Mahaprabhu en el altar).

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Bhakta Seva

Bhakta Seva

No se sabe en dónde le cabe tanta vida a Bhakta Seva, un chico paisa que a los 21 años ya hizo conciertos multitudinarios con bandas de punk -es bajista-; se recuperó de la pena moral que le causó la muerte de su Abuela María Dioselina, pena que lo abocó a la vida de calle; se liberó de las garras inclementes de la drogadicción; sufrió una lesión en la columna cuando estaba prestando servicio militar por esquivar una mina antipersonal; hizo clown y teatro en Brasil.

Bautizado Mateo, este ser humano que se desvive por servir a los demás (me consta, lo ponen a hacer un servicio y le ‘mete la ficha’ hasta donde no muchos lo hacen), se enamoró de Krishna a través de la música de George Harrison, el Beatle que se enamoró de la Conciencia de Krishna en los años 70. Bhakta Seva significa “el servidor del servidor del servidor del servidor, ∞”, y este muchacho le da vida a su nombre en sánscrito con su laboriosidad joven, con la belleza de su alma sencilla. 

Domingo

Anoche todo Varsana se trasnochó en la fiesta de cumpleaños del Prabhu Prakas, así que yo decido no sentirme culpable por no levantarme al Mangala-arati. La verdad es que hoy soy una consentida de la Madre Hladini y de la Madre Lila: me dejaron separado mi balde de agua caliente y me llevaron el desayuno al cuarto.

Anoche sólo pude tomarme una desaliñada selfie con el sari que me prestaron para poder entrar a La Cocina de la Deidad. La Madre Hladini se rehúsa a que esa sea la única foto mía con ropa devocional que llegue a Bogotá, y entonces nos arregla a las tres para ir lindísimas a tomarnos fotos al templo. Paso el resto del día terminando mis últimas entrevistas. La semana se pasó volando, no lo puedo creer: esta noche me voy de Varsana

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Madre Sita

Madre Sita

La Madre Sita es una venezolana desparpajada y magnética que a sus 72 años no se siente acomplejada por los principios de Alzheimer que gradualmente han venido menguando su salud: “Mira, chama, yo sé que estoy mal de la cabeza pero me lo tomo con soda”, me dice. De chiquita soñaba con el maestro espiritual que la inició, y a quien llegaría a conocer a los 25 años. Él le decía en sueños: “Acuérdate que en esta vida nos vamos a volver a encontrar”. 

Se es feliz al lado de la Madre Sita (Helka Noack de nombre civil), esta devota que a su paso deja un mágico aroma a coco, ajonjolí, eucalipto y manzanilla. Le preguntas cómo está y siempre dice: “chévere”. No le pide permiso a la vida para ser feliz. Le acaban de llegar sus deidades de Mérida y no se cambia por nadie. Hay un gatico que la persigue por todas partes y que ha estado muy juicioso durante la entrevista. Cuando hacemos una pausa, maúlla. “¿Qué quieres? ¿Caviar con queso azul?”, le pregunta con ternura la Madre Sita.

Epílogo

Krishna: el travieso bebé azul que robaba mantequilla, el dulce y candoroso niño que Dios quiso ser para bajar a la Tierra. Krishna: la Suprema Personalidad de Dios, azul por el efecto del veneno de una serpiente de cinco cabezas que en su adultez lo mordió a orillas del Río Yamuna. Y, con Krishna, siempre Radha: la esplendorosa mujer bañada en sándalo, almizcle y alcanfor que ataviada con guirnaldas y joyas completa con su perfumada hermosura la energía de Dios.

En este micro instante de la existencia, mientras escribo el último párrafo de esta crónica, Krishna y Radha están en Goloka, el planeta que tienen por casa. Y yo, -ya de vuelta en Bogotá-, aquí, en mi escritorio, pienso entre volutas de incienso que quiero ir a preguntarles quién seré en mi próxima vida. La próxima vez que Jeff Bezos quiera darse una ‘vueltica’ por el espacio, me voy a colar en la nave sin remordimientos, no sin antes haber empacado mi bipa color violeta y mi japa de rudra.

Nota: Esta crónica se escribe y publica con pleno conocimiento de las denuncias por abuso sexual que vienen proliferando recientemente en contra del alemán Ulrich Harlan, mejor conocido como Paramadvaiti Swami, uno de los fundadores de Varsana y personajes claves de la prédica de la Conciencia de Krishna en Colombia y el mundo. 

En esta crónica en particular no nos atañe informar y/o elucubrar acerca del tema. Esto es periodismo narrativo basado en la transparencia cierta de una vivencia y las historias de los personajes que fueron entrevistados.


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COLOMBIA, Hare Krishna, hinduísmo, monasterio, vaishnavismo

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