El hawaiano que dejó todo para ser futbolista en Argentina

León Morimoto nació en la paradisíaca isla pero el amor por el futbol lo llevó a jugar en Temperley. Ahora es un pibe más del barrio.

21 Julio 2021, 5:21pm

Si pudieras, en una casualidad del destino, buscar cualquier punto de la Tierra para comenzar tu historia, ¿cuál sería? Muchos de nosotros, principalmente en Occidente, elegiríamos las playas de ensueño hawaianas. Aquellos paisajes paradisiacos, que suelen ser el final de las películas con finales felices, fue para alguien el punto de partida, del que se alejó 12.160 km.

León Morimoto tiene 20 años. Nació en Honolulu, Hawái, pero abandonó su tierra a los 14 para venirse a jugar al futbol en Argentina. 

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Primero en Avellaneda (Independiente) y luego en Lomas de Zamora (Temperley), dos municipios de laburantes de la Provincia de Buenos Aires, donde persigue su objetivo: “Ser como Tagliafico”, el lateral izquierdo, reciente campeón de América con la Selección argentina, oriundo del barrio de Calzada, también bonaerense.

Foto cedida por León Morimoto

En ese camino, que ya lleva varios años, León se transformó en un “pibe Conurba” más, que utiliza la primera persona del plural para hablar de gente de tres continentes distintos.

“Mirá esta foto, tomando mate en la playa. Bien de fantasma”, si sólo lo escuchas hablar y cerrás los ojos, León es un chico más del barrio de San José, Temperley, al sur del Conurbano bonaerense. No solo maneja el idioma castellano perfectamente, sino sus giros estilísticos, el lunfardo y hasta un nivel de ironía propio de estas tierras.

Pasó de no saber a dónde venía a vivir a ser más argentino que jugar con falso 9 contra Francia en un Mundial y echarle la culpa a Messi. “Cuando llegué no sabía ni decir gracias y hoy miro el partido de Temperley contra Riestra con mi viejo tomando mate; y no me lo pierdo ni en pedo”, cuenta Morimoto en una charla exclusiva para Vice en Español, desde Hawái.

Hace 6 años que dejó aquella meca del sueño holiwodense que el imaginario colectivo vislumbra entre tablas de surf, ukeleles, con playas de fondo y collares de flores, cuando un cazatalentos lo vio jugando en Strikers FC, el equipo más importante de la isla y le ofreció venir a probar suerte a estas tierras. “Del futbol argentino, la verdad, que no conocía mucho. Mis amigos me preguntaban si iba a jugar con Messi. Pero sabía que si quería ser profesional tenía que probar”.

Foto cedida por León Morimoto

Desde ese momento vive en las pensiones que ponen los clubes para chicos que vienen del interior o mayormente de países limítrofes, a probar suerte. Ese puente intercultural, que lo llevó a convivir con personas de las más variadas culturas, fue marcando desde su forma de jugar hasta sus gestos y costumbres. Hoy es un pibe más de barrio, con rasgos asiáticos, que defiende los colores de las juveniles del “Gasolero” (apodo de Temperley) los fines de semana y se hizo fanático de la cumbia, el asado y el vino argentino.

Sus padres son japoneses, su infancia fue en una isla de Estados Unidos, juega las eliminatorias asiáticas, escucha cumbia santafesina y vive en  Temperley desde los 15. León recorre el mundo de punta a punta, como si fuera el carril izquierdo de su paraíso de césped en el que el elemento copernicano es una pelota, que habla el mismo idioma en Honolulu, Emiratos Árabes o Lomas de Zamora. El planeta es solo un escenario para ir por su objetivo (no le gusta hablar de “sueño”).

Más allá de estar haciendo lo que le gusta, no es fácil para el futbolista estar tan lejos de su casa desde chico y lo cuenta: “Cuando estoy en Argentina extraño a mi familia y cuando estoy acá quiero ir a entrenar con los pibes. Es difícil pero esto es lo que me gusta hacer”.

Ante la pregunta  de si alguna vez pensó en traer a su familia a Argentina explicó: “No. Este es mi proyecto de vida, no es de mi familia, que me apoya pero no tiene por qué venirse conmigo”. Y agrega: “De todos modos, en Argentina todos son muy cariñosos conmigo y siempre me hicieron la estadía más fácil”.

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De palabras claras (en idioma y concepto), con un alto sentido del humor y con una calidez que llega de forma instantánea, León se hizo querer enseguida por el pueblo Celeste. Tanto que muchos hinchas de Temperley inundaron las redes con las imágenes de su héroe jugando para su selección, a pesar de que los partidos fueron a horas de la madrugada. Al respecto, cuenta: “Siempre me sentí muy querido. Argentina me recibió con los brazos abiertos. Me crucé con mucha gente buena y honesta que me ayudó. Obvio que también hay de los otros, pero yo creo que si sos buena gente lo más probable es que te cruces con buena gente”.

La oportunidad de la Selección llegó este año. Y tan cinematográfico como todo lo que pasa en su vida, a León le tocó debutar en el imponente “Suzhou Olympic Sports Centre Stadium” ante la poderosa China, que es potencia en Asia.

Si bien el resultado no fue para nada bueno (perdieron 7 a 0), la actuación de León fue de las más destacadas por el carril izquierdo, con gambetas y buenas proyecciones. “Yo me sentí bien, a pesar del resultado. Para nosotros (Selección de Guam) enfrentar a las potencias del continente fue de un crecimiento enorme. Vos pensá que en Guam hay 160 futbolistas y China tiene 3 millones”.

“Además, salvo yo y tres compañeros que juegan en Estados Unidos, el resto están todos en la liga local, con lo cual nos falta mucho roce internacional para competir a este nivel. Si a eso le sumas que tuvimos siete titulares ausentes por coronavirus, creo que fue un gran progreso para el equipo y para mí”, explica.

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El resto de los partidos también fueron derrotas, contra Filipinas (0-2) y Siria (0-3). De igual manera Morimoto se transformó en el primer futbolista de Temperley en jugar partidos de eliminatorias.

Luego volvió a Hawái a ver a su familia de vacaciones (donde está ahora) y espera volver a Sudamérica cuando las medidas de cuidado lo permitan.

Los partidos con la Selección le dieron notoriedad, y varios equipos empezaron a averiguar quién era ese que le aportaba a la Selección de Guam una picardía y movimientos adquiridos en las canchas de Argentina.

Pero él decide seguir peleándola en Temperley, a pesar de poder ir a jugar a ligas más redituables en lo económico. “Poder debutar en Argentina y hacerlo bien sería mi manera de devolverles todo lo que hicieron por mí”, señala.

Si bien no le gusta definirse como jugador, porque, según cuenta: “Eso lo tienen que hacer los técnicos”, el zurdo, que juega tanto en el lateral como en la mitad de la cancha, se caracteriza por su buen manejo y despliegue. Cuando se le pregunta por un referente elige a Tagliafico “porque juega con huevos y personalidad”.

Mientras habla, recuerda que hoy juega Temperley y lo va a ver como siempre. “Tengo el equipo de mate preparado y lo veo con mi viejo”. De fondo las olas perfectas invitan a surfear, pero para él no son importantes. “No es algo que a mí me interese demasiado. Es más, ni sé. En Argentina me cargan, dice que yo nací a dos cuadras de la cancha”, cuenta el hawaiano más argentino del mundo.

Su corazón espera ansioso el partido de su Temperley a un océano de distancia, como su Temperley esperaba ansioso sus partidos, en una historia de amor que no sabe de usos horarios. De espaldas a la playa, León busca en Internet las páginas que se lo permitan ver. El agua está a punto y mientras abre otro paquete de yerba se lamenta no tener facturas. 

Espera volver “en cuanto los vuelos vuelvan” a esas canchas en las que a veces falta pasto, pero sobra pasión. Enfocado en que el final de su película, no sea con collares de flores, sino con esa camiseta celeste en el pecho, con el 3 grande en la espalda y ganarle un clásico a Los Andes uno a cero con gol de Morimoto. ¿Por qué no?

Foto cedida por León Morimoto

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