La caída de Facebook demuestra que nos urge una acción antimonopolio

Facebook es la vía de acceso a internet para millones de personas en todo el mundo. La transparencia y la rendición de cuentas no pueden arreglar eso. Disolver ese monopolio sí lo haría.

Este lunes, una interrupción mundial del servicio de Facebook acabó con la omnipresencia de la red social en el mundo, junto con la de Instagram y WhatsApp. La interrupción, que afecta a miles de millones de personas, se produjo justo cuando Facebook presentó una moción para desestimar la demanda antimonopolio enmendada de la Comisión Federal de Comercio de EE. UU. contra la empresa, en la cual se le acusa de adquirir Instagram y WhatsApp para consolidar su poder anticompetitivo en el mercado.

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El día previo a la interrupción del servicio, el domingo, la denunciante de Facebook detrás de las devastadoras filtraciones que han sacudido a la compañía durante semanas reveló su identidad en "60 Minutes": Frances Haugen, ex gerente de Producto de Facebook. En los perfiles de Haugen surgidos inmediatamente después de la revelación, un tema que fue retomado constantemente fue que Haugen no quería dañar Facebook, solo arreglarlo.

El Wall Street Journal dijo que la última vez que ella ingresó a Workplace, el sitio web interno de Facebook, escribió un mensaje final en la barra de búsqueda, sabiendo que quedaría registrado. "No odio Facebook", escribió. “Me encanta Facebook. Quiero salvarlo."

Con ese fin, Haugen entregó varios archivos a fiscales generales estatales y periodistas, además de presentar una denuncia ante la Comisión de Bolsa y Valores estadounidense en la que acusaba a Facebook de engañar a los inversores al mentirle al público. Cabe señalar que Haugen no compartió documentos con la Comisión Federal de Comercio, que ha estado llevando a cabo acciones antimonopolio contra Facebook desde que la académica antimonopolio Lina Khan fue nombrada como su presidenta.

"El camino a seguir tiene que ver con la transparencia y la gobernanza", dijo Haugen en un video publicado por Whistleblower Aid el domingo. "No se trata de acabar con Facebook". El fundador de Whistleblower Aid, John Tye, le dijo al New York Times que Haugen "generalmente no considera la lucha antimonopolios como el enfoque político más importante". En cambio, dijo Tye, lo que ella "quiere es ver una reforma regulatoria significativa que se enfoque en la transparencia y la rendición de cuentas".

Es difícil conciliar ese punto de vista con la realidad de la situación actual: durante la última década, Facebook no solo ha tenido un efecto perjudicial en el público en general, sino que se ha establecido como el principal, si no el único, conducto para la actividad en Internet en todo el mundo, con una serie de adquisiciones inescrupulosas que ahora están bajo escrutinio por violar la ley antimonopolios. En el momento de escribir este artículo, las personas en todo el mundo se veían afectadas de numerosas formas, algunas incluso graves, debido a la caída de Facebook. Para muchos de ellos, que Facebook se caiga es equivalente a que se caiga todo el "internet". Para millones, WhatsApp es el medio por el que se comunican regularmente con sus familiares y amigos a diario.

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Y si Facebook se hubiera salido con la suya a lo largo de los años, su interrupción podría haber tenido efectos aún más extensos. Facebook tenía un programa conocido como Free Basics que era tanto una aplicación como un sitio web dirigido al Sur Global, cuya misión era "conectar a los desconectados" permitiéndoles navegar por Internet (a través de Facebook) sin cargos por datos. Sin embargo, se trató más bien de un intento por, como escribe el académico en comunicaciones Toussaint Nichols, "estimular un consumo mayor de datos y, en el proceso, hacer crecer la base de usuarios de Facebook mientras la corporación consolidaba su posición como vía de acceso a Internet a través de los teléfonos móviles en todo el Sur Global". La India bloqueó el servicio debido a que les preocupaba que presentaba su versión de Internet, reducida y alineada con los intereses de Facebook, como "el internet".

La incursión de Facebook en las finanzas siguió ese mismo modelo; la compañía propuso la creación de una nueva moneda digital, Libra, que estaría respaldada por una coalición corporativa de voluntarios bajo el pretexto de "bancarizar a los no bancarizados" y permitirles utilizar de forma rápida y sin problemas sus dispositivos móviles para hacer transferencias de libras a dólares, renminbi, o cualquier otra moneda. La iniciativa fue descartada rotundamente como un claro intento de adquirir más poder, por lo que posteriormente, Facebook cambió sus planes, reduciendo sus ambiciones iniciales de alterar el mundo.

En ambos casos, la razón por la que Facebook pudo intentar llevar a cabo ambas iniciativas no fue por falta de transparencia o de rendición de cuentas, fue por la enorme cantidad de poder de mercado que pudo transformar en otros tipos de influencia. Y en ambos casos, lo que frenó sus propuestas no fueron los sistemas de transparencia y rendición de cuentas, sino una intensa reacción en contra que amenazó con catalizar respuestas regulatorias que socavarían el poder de Facebook. Pero incluso a pesar de todo eso, aún hay versiones alternativas de los planes originales de Facebook y si son aprobadas será solo debido al tamaño y poder de la compañía. De hecho, Free Basics sigue estando muy activo en África, donde en al menos 32 países el programa se ha implementado y ampliado.

Incluso después de la eliminación de Free Basics en India, millones de personas aún viven en países y comunidades donde Facebook es una importante vía de acceso para las actividades en internet. No es claro por qué eso debería entenderse como un problema de transparencia o de rendición de cuentas, como si se tratara de una cuestión de buena voluntad e intención en oposición a la lógica de los mercados y el capital que operan en una plataforma de comunicaciones tan grande como Facebook. Haugen ha dicho que Facebook "eligió las ganancias por encima de la seguridad", y al parecer se supone que debemos creer que de verdad se trató de una elección, en lugar de una consecuencia lógica de las leyes que tenemos, la cantidad de poder que tiene Facebook y una serie de factores más que deben abordarse con acciones legales antimonopolio para reducir el tamaño de la empresa, escindir varias empresas y evitar que ese tipo de consolidación de poder económico y político vuelva a suceder.

La falta de transparencia y de rendición de cuentas no es la razón por la que Facebook ha podido sacar provecho de los moderadores de contenido o contratistas independientes, ni por la que ha podido facilitar un genocidio o provocar una crisis de salud mental, o cualquiera de la larga lista de pecados y abusos que podemos sumar al largo y siempre creciente historial de la empresa. La razón por la que ha podido hacer todo esto (y salirse con la suya) es el poder. Arrojar luz sobre ese poder no necesariamente lo socavará, pero arremeter contra él, sí.

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