Este pueblo está perdiendo a sus dioses por el cambio climático

A medida que se derrite la capa de hielo de las montañas de Uganda, los grupos étnicos están perdiendo los sistemas de creencias tradicionales que les han dado sustento durante miles de años.

21 April 2021, 1:43pm

Artículo publicado originalmente por VICE en inglés.

El dios Kithasamba descansa en lo alto de las montañas nevadas de Rwenzori, al oeste de Uganda. Según la cosmología del grupo étnico bakonzo, el hielo y la nieve —que se cree son los espermatozoides de Kithasamba— se derriten y dan vida a los valles poblados por brezos gigantes y matorrales de bambú, hasta llegar a la sabana colindante.

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“El agua nos da vida; fertiliza nuestras tierras”, dijo Baluku Mikayir, un anciano de la comunidad y líder espiritual de la cascada Ekisalhalha kya Kororo; su voz ronca es apenas audible sobre el rugido del río.

“Después de que los ancianos realizan sacrificios a Kithasamba, puedes ver que la nieve brilla intensamente, indicando que la temporada de siembra está comenzando. Si no ves la nieve, es una señal de calamidad”.

Durante al menos un milenio, este grupo étnico ha florecido en las faldas de las Montañas Rwenzori. Sin embargo, el cambio climático está amenazando no solo las vidas y medios para subsistir de los bakonzo, sino también su existencia cultural.

La nieve se derrite e inyecta vida a las Montañas Rwenzori

En mayo de 2020, lluvias atípicamente intensas provocaron deslizamientos de tierra en lo alto de las montañas. Cinco ríos se desbordaron, provocando inundaciones nunca antes vistas en esta generación, que acabaron por desplazar a más de 100.000 personas. Esta destrucción fue parte de una serie de inundaciones repentinas que han afectado la tierra natal de los bakonzo durante la última década.

“Las sequías son cada vez más largas y la temporada de lluvias llega en un momento en el que nunca solía hacerlo”, dijo el historiador cultural local Stanley Baluku Kanzenze. “La naturaleza está cambiando”.

Baluku Ntinisyo se comunica con Ndyoka, el espíritu del río

Cada parte de este ecosistema vasto y diverso está habitada por su propia deidad. Por ejemplo, Kalisya es el espíritu responsable de la vida silvestre y Ndyoka es el espíritu del agua, la cual recorre la cosmología del pueblo bakonzo. En el sitio donde los ríos confluyen, los líderes espirituales consultan a estos dioses; las aguas termales sirven para la sanación espiritual y física; mientras que la cascada Ekisalhalha kya Kororo es un lugar para que la comunidad resuelva sus conflictos y uno de los muchos hogares de Ndyoka.

Muchos de estos lugares sagrados están ahora amenazados. Las inundaciones del año pasado cambiaron el curso de los ríos, lo que también transformó sus confluencias; los estanques de aguas termales se llenaron de sedimento y ya no pueden usarse; y rocas enormes cayeron por las cascadas, arrastrando por sus aguas el santuario de Mikayir. El diluvio también barrió con las plantas medicinales y ceremoniales que habitan las riberas de los ríos.

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“Nos sentimos muy mal porque perdimos muchas plantas importantes”, dijo Mikayir. “Tenemos miedo de que en el futuro la cascada quede destruida”, agregó Mary Kyakimwa, otra de las guardianas de Ekisalhalha kya Kororo, quien lleva puesta una corona ceremonial de plantas salpicada de pequeñas flores amarillas.

Destrucción provocada por el río Nyamwamba en 2020

El aumento de las temperaturas también está evitando que los picos glaciares de las Montañas Rwenzori se repongan después de derretirse. Si desaparecen por completo en la próxima década —como predicen los geólogos— significaría la extinción de una cosmovisión íntimamente entrelazada en el hielo y la nieve. “Es una amenaza para la identidad de los bakonzo. No podemos decir que seguirán siendo bakonzo cuando ya no haya hielo”, dijo Kanzenze.

Mientras tanto, los líderes espirituales como Mikayir continúan llevando a cabo rituales en estos sitios sagrados, hablando con los espíritus para apaciguarlos. “Creemos que los ríos se desbordan y la nieve se derrite porque los espíritus están enojados. Las prácticas religiosas actuales nos están afectando. Los líderes religiosos están diciendo: ‘No hagan sacrificios’”, dijo Mikayir.

“Los espíritus están enojados porque nadie les habla. Sentimos su ira”.

Una bocina resuena con música góspel desde una pequeña iglesia con techo de aluminio en lo alto de una colina con vista al río Nyawamba, cuyas orillas ahora están salpicadas de peñascos. En el recorrido por las montañas hay santuarios repartidos por todo el denso bosque afromontano, donde todavía se hacen ofrendas a las múltiples deidades del pueblo bakonzo, pero con menos frecuencia que antes.

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Desde que los misioneros cristianos llegaron a Uganda a finales del siglo XIX, su religión ha logrado dominar la sociedad. Según el censo de 2014, el 85 por ciento de la población de Uganda es cristiana, el 14 por ciento musulmana y solo el 0,1 por ciento sigue las religiones locales tradicionales.

“La herencia actual es una especie de mezcla entre Occidente y lo que queda de la herencia africana”, señaló Kanzenze. “Los sistemas culturales africanos no pudieron resistir la embestida de la religión occidental”.

Las comunidades buscan sanación en las aguas termales de Rwagimba

La espiritualidad de los bakonzo es una forma de animismo, donde el mundo material tiene voluntad propia, ya sean animales, plantas o ríos. “Existe una conexión entre la humanidad y la naturaleza de la que emana la humanidad”, dijo Kanzenze, sugiriendo que las soluciones al cambio climático pueden surgir de las relaciones con esta comunidad que existe más allá de la propia humanidad. Si respetamos el mundo natural, también lo estamos protegiendo.

Durante los últimos meses, la Fundación Intercultural de Uganda (CCFU), en asociación con la Organización Internacional de Fideicomisos Nacionales, ha tratado de acortar la brecha entre los enfoques convencionales para lidiar con el cambio climático, y las motivaciones de las comunidades indígenas.

“Por un lado están los conservacionistas interesados ​​en la biodiversidad y el calentamiento global; conceptos que resultan ajenos”, dijo Emily Drani, fundadora de la CCFU. “Y por otro lado, por razones distintas, una comunidad está contribuyendo a esos objetivos al preocuparse por el bosque y asegurándose de que los cuerpos de agua estén limpios, porque el agua se considera sagrada”.

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A través de discusiones con los líderes del pueblo bakonzo, la CCFU ha documentado más de 50 sitios de patrimonio cultural alrededor de las Montañas Rwenzori, al tiempo que ayudan a las comunidades locales a plantar árboles y regenerar la vegetación. “Como alguien nacido en estas montañas, quedé sorprendido. No sabía que existían tantos sitios culturales a lo largo de los ríos”, dijo Ronah Masika, coordinador de proyectos locales de la CCFU.

Ronah Masika planta bambú a lo largo de la orilla del río en las aguas termales de Rwagimba

Masika conduce a un grupo de personas por una vereda empinada hacia las aguas termales de Rwagimba, llevando consigo una decena de retoños de bambú. Cavan agujeros profundos a lo largo del río que bordea las aguas termales y plantan los árboles jóvenes en una línea protectora, empujándolos con firmeza en su lugar con los pies descalzos.

“Nos aseguramos de utilizar el conocimiento cultural para mitigar el efecto del cambio climático”, dijo Masika. “Nos dijeron que hay tipos especiales de vegetación que los líderes espirituales pueden plantar y cuando el río se desborde no pase de allí”. Pronto plantarán más de mil árboles autóctonos en el área local, elegidos por sus raíces firmes para mantener la tierra en su lugar o por su valor medicinal o nutricional. Al reemplazar los bosques que una vez circundaron los ríos con especies que poseen un valor cultural innato para los bakonzo, esperan disuadir a los taladores en busca de madera o carbón.

Además de un centro de sanación, estas aguas termales son un punto de encuentro para que la comunidad local discuta el camino a seguir en tiempos de crisis. Un grupo de hombres se baña en un estanque —rojo óxido con un leve olor a azufre— y reflexiona sobre las inundaciones del año pasado que arruinaron tres de los seis estanques de Rwagimba.

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“La gente ha estado cometiendo errores al destruir el hábitat de los espíritus, especialmente los árboles”, dijo Rangoni Jiringabagwa, el líder espiritual de Rwagimba. “También necesitamos revivir la práctica de los rituales, aquí y en las montañas”.

Otro bañista interviene: “La comunidad limpia y cuida el área. Pero el gobierno debería construir una barrera para detener la inundación de los estanques. Estamos listos para unir fuerzas”.

Las comunidades buscan sanación en las aguas termales de Rwagimba

La relación entre el gobierno central de Uganda y el Reino Bakonzo local tiene una historia complicada y turbulenta. Las disputas sobre la gobernanza, la tierra y los recursos naturales han llevado a una lucha secesionista que continúa provocando respuestas violentas de las fuerzas armadas del gobierno. En 2016, según Human Rights Watch, más de 100 personas murieron en la ciudad cercana de Kasese, incluidos muchos guardias y funcionarios del Reino Bakonzo. “Aún existen caciques aquí y todavía infunden respeto, pero en el sistema político moderno han perdido su poder y capacidad par actuar”, dijo Kanzenze.

Las tensiones también permean las relaciones entre otros grupos étnicos locales, como los basongora, los bakiga y los batooro. En el distrito de Kasese, dos parques nacionales representan más de la mitad de la cobertura territorial; si se agregan las prisiones y otras instituciones gubernamentales a la mezcla, las comunidades locales solo pueden usar menos de un tercio del territorio. “Hay una fuerte competencia por la tierra y el conflicto territorial es inevitable”, señaló un reporte del Centro de Recursos e Investigación de Kabarole en 2012. A medida que la población local crece con rapidez, pero con poco terreno para sustentarse, la invasión de áreas con importancia ecológica y espiritual es, quizás, inevitable.

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La CCFU está presionando al gobierno de Uganda para reconocer y proteger estos sitios de patrimonio cultural. “El gobierno heredó responsabilidades en términos del cuidado al medio ambiente y el patrimonio natural”, dijo Drani, señalando que, a pesar de la intención política, las medidas diseñadas para lograrlo no se ponen en práctica con tanta frecuencia. “Tenemos el desafío de las finanzas. El sector de la cultura recibe recursos ínfimos del estado”, dijo.

Catherine Ajambo, investigadora del Ministerio de Turismo, Vida Silvestre y Antigüedades de Uganda, contó a VICE World News que están haciendo “un estudio de viabilidad para todos los sitios de patrimonio cultural del país. Una vez que sepamos cuáles son los desafíos a los que se enfrentan, como gobierno, esperamos poder solucionarlo”.

La nieve se derrite e inyecta vida a las Montañas Rwenzori

Sin un apoyo financiero sustancial del gobierno central, las comunidades locales están ideando sus propias formas de proteger los sitios culturales de los bakonzo contra la amenaza del cambio climático. En la cascada Ekisalhalha kya Kororo, Mary Kyakimwa dirige un círculo de ahorro y crédito, y exhorta a los miembros de la comunidad local a invertir en el mantenimiento del sitio y a pensar en el beneficio económico potencial de las visitas de los turistas.

“Nos preocupa que si la gente no está sensibilizada sobre la importancia de los sitios culturales, especialmente los jóvenes, quedarán descuidados y desaparecerán”, dijo Kyakimwa. Enraizadas en las tradiciones orales, las historias culturales se desvanecen cuando mueren los ancianos de la comunidad.

A pesar de su vejez, Mikayir confía en que su hijo Ntinisyo continúe cumpliendo con su deber como líder espiritual. Fiel a su palabra, Ntinisyo camina por el agua hasta el pie de la cascada, cubierto de la cabeza a la cintura con plantas ceremoniales. Sentado en una roca, empapado por el rocío, levanta su cetro hecho de hojas de omuramura —que se traduce como “el juez”— y con determinación hace un gesto al espíritu del agua, Ndoyka.

“Heredé el puesto de mi padre, quien lo heredó de su padre”, dijo Mikayir. “Desde los antepasados ​​hasta el día de hoy hemos protegido la cascada. Las generaciones futuras también verán su importancia”.

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