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Hablamos con los pies más deseados de España

December 7, 2016, 4:00am

El marido de Arola, Sergi, es su principal adorador y un obseso de los pies

Si preguntas a tu alrededor sobre qué parte del cuerpo gusta menos, a buen seguro muchísimas personas te responderán que los pies. El común de los mortales suele verse los pies feos (los suyos o los ajenos) y además es una de las partes de nuestro cuerpo que menos cuidamos. Y eso que nos llevan durante todo el día… Pero, igual que esto es cierto no menos cierto es que en el mundo de los fetichismos, el de pies es uno de los más extendidos, junto con el de los zapatos.

Hoy hablamos con devotos de pies. Y esto es lo que nos han contado.

Arola Poch y su marido Sergio hacen cosas con los pies. De hecho, la primera pregunta que planteamos en la entrevista fue "¿qué hacéis vosotros con los pies?". Y hacen de todo claro, pero empecemos por el principio: la RAE define el fetichismo como culto a los fetiches; idolatría, veneración excesiva y desviación sexual (ya se sabe que todo aquello que no practique una mayoría bienpensante se cataloga pronto como desviación, sobre todo en lo que a sexo se refiere…) que consiste en fijar alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él como objeto de la excitación y el deseo.

En este caso, el fetichismo de pies es una devoción por los mismos, y es uno de los más comunes, junto con el de zapatos y es más habitual además entre hombres que entre mujeres. Lo curioso es que siendo un fetichismo de lo más común (no nos atrevemos a utilizar el vocablo "normal", porque como veremos en otros artículos, hay fetichismos mucho menos "convencionales"), son muchos los hombres que no se atreven a confesar a sus parejas que les gustan los pies: "Se auto-censuran y no lo comunican a sus parejas, es un fetichismo muy normal pero sigue habiendo un condicionante social", explica Arola, psicóloga y sexóloga.

Arola y su pareja luchan por normalizar los fetichismos

En su caso, el fetichista es su marido y sus pies son el objeto de deseo. Él se lo confesó con toda naturalidad: "Siempre me fijé en los pies, desde pequeño, y luego llegó la época en que esta atracción ya tenía una connotación sexual. Cuando conocí a mi mujer una de las primeras cosas que le dije fue que me enseñase los pies, que los tiene muy bonitos", comenta Sergio.

Hay que decir desde el principio que en este fetichismo no hay pies bonitos o feos, hay pies para todos los públicos: puede ser que al propietario/a de los mismos le parezcan horribles y que otro/a se muera por ellos. O sea, aquí los cánones de belleza convencionales no valen.

A Ben Kingsley también le molaban los pies. Concretamente los de Penélope Cruz en 'Elegy' (Isabel Coixet, 2008)

También hay que aclarar que en el fetichismo de pies puede haber un intercambio sexual como puede perfectamente no haberlo: "El juego es siempre de tobillo para abajo", comenta Arola. Es decir, fetichismo no tiene por qué ir vinculado a genitalidad.

Pero sigamos con los pies: Arola y su chico decidieron, para visibilizar y normalizar el tema, empezar a organizar eventos y así es como montaron una fiesta del pie. "Fue hace un par de años, mi chico me comentó que en otras ciudades como Nueva York sí se hacía, pero en España nunca se había organizado", comenta. Así que ni cortos ni perezosos la montaron, y ha habido ya dos ediciones, en Málaga: allí se reunieron unos 50 amantes de los pies, y no hablamos de podólogos, para dejarse llevar por sus deseos. "Lo más grande era ver a gente que hablaba con toda normalidad del tema, que lo disfrutaba libremente, el intercambio de ideas…", añade.

Pero, ¿qué demonios se puede hacer con un pie? Arola recomienda empezar con algo sencillo, como un masaje. "Eso ya aporta sensaciones al que lo da y al que lo recibe". Y después puede haber otra ristra de juegos hasta llegar a la adoración: comerse el pie, pasar la lengua por todos los deditos, literalmente, devorarlo. Entre ambos extremos, hay de todo: desde juegos de cosquillas, jugar con la comida (por ejemplo, embadurnar el pie en chocolate y que lo laman entero), masturbación con los pies ( footjob)… "También está el trampling, que consiste en que pisas al otro y ahí está también ya la connotación del dolor por ser pisado, de hacer de alfombra. Esto está vinculado a la sumisión y hay que aclarar que no todos los fetichistas son sumisos. El que lo es le puede gustar el trampling o hacer de mesa y que alguien apoye sus pies sobre él/ella, sentirse objeto en una palabra", comenta Arola.

El Rincón Food Fetish, un templo dedicado a este fetichismo

Desde entonces, Arola y su marido se dedican a dar visibilidad al tema: por ejemplo, van montando un rincón foot fetish en salones eróticos, recientemente montaron uno, que tuvo mucho éxito, en el Salón Erótico de Barcelona .

Sus pies son de dominio público. La cara es otra cosa

La sex blogger y probadora de juguetes eróticos Venus O'Hara también explota esa parte de su anatomía. Y todo ocurrió de una forma muy casual: un verano no tenía pasta para llegar a fin de mes y empezó a pensar qué podría hacer para ganar algún dinerillo. Cualquier hijo de vecino habría pensado en pasear perros, cuidar niños o incluso, ofrecerse a planchar… Cosas convencionales. Ella no: empezó a hacer fotos de sus pies y a subirlas a una web donde la gente pagaba dinero por descargárselas. "Las subo a mi web, en la zona de miembros. Tienes que pagar 9,95 euros al mes para tener acceso. También me escriben fans que me piden vídeos, si hago un vídeo de pies lo vendo a 69 euros. Curiosamente no tengo los pies bonitos, son anchos y grandes, es un negocio totalmente inesperado para mí. Hace poco salí en la prensa argentina y muchos hombres me criticaron por no tener pies de princesa. Me hizo mucha gracia porque hago dinero con ellos con lo cual, ¡tengo pies de diosa!", bromea.

Ya veis: tal vez vuestros pies le pueden gustar a alguien aunque a vosotros os parezcan horribles y quién sabe si además no podéis ganaros un sobresueldo con ellos.