Velada de salvia: una ceremonia chamánica tradicional mazateca
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Velada de salvia: una ceremonia chamánica tradicional mazateca

"Las cintas rosadas y azules del huipil de la chamán brillaban intensamente y cuando cerraba los ojos tenía visiones de cómo crecía la salvia".
10.11.16

En la noche del 2 de junio de 2016, empecé un recorrido por los bosques al norte de Huautla de Jiménez, una ciudad en el estado de Oaxaca, en busca de Salvia divinorum. Llevaba un poncho con sombrero vaquero y en mi mano izquierda sostenía una concha ceremonial. Mi camino atravesaba propiedad privada, y los perros ladraban, fuerte y sin descanso, desde las pequeñas casas oscurecidas por los árboles. Subí una colina y vi las plantas, primero algunas dispersas por el suelo húmedo que rodeaba un arroyo, y luego, cuando alcancé una mayor altura, varias decenas más que crecían en una meseta masiva.

Cuando se cultiva en interiores a partir de esquejes, la Salvia divinorum tiende a tener una apariencia enfermiza; las hojas se caen con frecuencia y sin advertencia, y el tallo cuadrangular tiene el hábito de romperse cuando la planta alcanza un metro de altura. Pero lo que vi en Huautla fue diferente; las plantas eran casi tan altas como yo, con tallos gruesos y grandes hojas viejas llenas de agujeros a causa de los insectos. Siguiendo las instrucciones de una curandera anciana (una especie de chamán) que me había enviado al bosque vestido con un traje tradicional mazateco, tomé entre mis dedos de la mano derecha cada hoja del tallo (mi mano izquierda seguía sosteniendo la concha) hasta que recogí 30 hojas.

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Llevando las hojas conmigo, regresé a la casa de la chamán en Huautla y entré a su habitación ceremonial, una pequeña caja de cemento adornada con íconos católicos. Ella me sentó en una pequeña silla de madera y comenzó a cantar en mazateco mientras lavaba las hojas en un tazón con agua. Después las enrolló en tubos apretados que contenían una o dos hojas, dependiendo de su tamaño. Me entregó los tubos y los comí atentamente sin hablar. Las hojas eran amargas, pero no tanto para que resultaran agobiantes, y las mastiqué lenta y minuciosamente antes de tragarlas para asegurar que permanecieran en contacto prolongado con la mucosa de mi boca.

Doce minutos después de haberme comido la primera hoja, sentí los efectos: había comenzado a sudar, y un ritmo se movía dentro de mi cuerpo, provocando que me meciera hacia adelante y atrás en la silla de madera. Pero la chamán continuó enrollando y dándome las hojas, y yo continué comiéndolas. En el transcurso de 21 minutos, mastiqué y tragué ocho rollos, cada uno con diez hojas, y luego la chamán sintió que yo había comido lo suficiente. Dejó de prepararlas. Mis dientes y labios estaban manchados por la clorofila, y me dieron muchas ganas de beber agua, pero no le pedí porque me sentía incómodo de interrumpir sus cánticos.


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Durante dos horas y media, me senté y escuché a la chamán, sin comprender el significado de sus palabras, pero sintiéndome emocionado por la seria atención a su ritual y su reverencia por la planta. Mi oído se mantuvo sin distorsiones, e incluso percibí un aumento en su agudeza, pero me sentí abrumado por las extrañas alucinaciones vestibulares, como una fuerza que emanaba de la espiral de la concha que aún sostenía. Las cintas rosadas y azules del huipil de la chamán brillaban intensamente y cuando cerraba los ojos tenía visiones de cómo crecía la salvia; cada nodo parecía emerger del nodo anterior como una serie de mandíbulas faríngeas que se plegaban infinitamente desde la boca de una morena.

La chamán me masajeó y frotó tabaco verde en mi cuerpo, y bailamos juntos bajo la luz de la luna. Tres horas después de haber empezado a masticar las hojas, todavía no estaba sobrio, aunque estaba lo suficientemente consciente para quedar confundido por la duración del efecto de la droga. Por lo general, la experiencia dura sólo una hora. A las 4 AM, sentí que era momento de partir, independientemente de mi estado, y cuando salí de la habitación ceremonial, la chamán sacó una fotografía de una Salvia divinorum bajo el sol. Su marido me pidió que intercambiáramos ponchos, y yo les regresé la concha y el sombrero. Cuatro horas y diez minutos después de haber sentido los efectos, permanecí en un estado alterado, pero pude irme a dormir. El esposo de la chamán me aseguró que tendría sueños vívidos esa noche, pero todo fue oscuridad durante el tiempo que dormí.

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A continuación presentamos algunas fotos de la ceremonia. — HAMILTON MORRIS

Una mujer camina por la calle en Huautla de Jiménez, una ciudad en el estado de Oaxaca.

Algunas regiones donde se cultiva la salvia sólo son accesibles en burro.

Morris recoge las hojas de una zona donde crece la Salvia divinorum silvestre.

Morris observa mientras la chamán tritura las hojas frescas sobre una roca con un tejolote.

La chamán transfiere la pulpa de la hoja hacia una calabaza mezclada con agua de río y luego la cuela en una taza de poliestireno para beberla.

Una de las dos ceremonias consiste en masticar las hojas de la salvia en lugar de beberla en un té.

El esposo de la chamán ayuda a Morris a localizar y recoger las hojas necesarias para la ceremonia.

La chamán frota el tabaco verde en las manos de Morris para curarlo mientras la experiencia de la salvia esté en marcha.

A medida que la experiencia de la salvia alcanza su pico, Morris ya no puede sentarse en una silla, y se acuesta en el piso de concreto.

Después de la ceremonia, el esposo de la chamán le pide a Morris que intercambien sus ponchos.