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Las calles de São Paulo están en llamas; los manifestantes prometen luchar

A menos de un mes de que comience la Copa Mundial de Fútbol, las calles de São Paulo se llenaron de barricadas en llamas, vehículos militares y miles de ciudadanos indignados pidiendo una sola cosa: ser escuchados.

A menos de un mes de que comience la Copa Mundial de futbol, las calles de São Paulo se llenaron de barricadas en llamas, vehículos militares y miles de ciudadanos indignados que piden ser escuchados.

En São Paulo, un estimando de 1,200 manifestantes se reunieron la tarde del jueves en la Avenida Paulista como parte del Día Internacional de Resistencia a la Copa del Mundo, una serie de demostraciones coordinadas a lo largo del país para expresar el descontento del público ante este masivo evento deportivo.

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Foto por Guilherme Prado.

Cuando comenzó la procesión, un esqueleto gigante con el jersey de la selección brasileña bailaba entre la gente mientras los manifestantes bailaban, tocaban música y agitaban pancartas.

Foto por Eva Hershaw.

Al final de la calle, un proyector mostraba las estadísticas de los gastos del gobierno ("Sólo 0.4 por ciento de los recursos invertidos en la Copa del Mundo es inversión privada") en la fachada de un gran edificio. La marcha, organizada por el Comité Popular para la Copa del Mundo, fue una de las expresiones de resistencia más creativas hasta ahora.

"R$2 billones" —más de 900 millones de dólares— "gastados en operaciones represivas". Foto por Guilherme Prado.

"Tenemos derechos y queremos que sean garantizados", le dijo a VICE News Juliana Machado, miembro del Comité Popular por la Copa del Mundo, mientras los manifestantes se preparaban para marchar. "No sólo estamos aquí para defender estos derechos, sino también para reclamar los derechos que perdimos de camino a la Copa del Mundo".

Pero media hora antes de la demostración, los eventos cambiaron de rumbo. La gente se agitó. Los manifestantes sobre la avenida Consolação comenzaron a gritar insultos a la policía, que caminaba en fila, tapados con sus escudos, mientras protegían las tiendas y rodeaban la procesión.

Pero antes de que alguien pudiera entender lo que pasó, sonó una fuerte explosión. La policía había disparado una granada aturdidora. Después se escucharon gritos, más explosiones, y el rápido descenso de un helicóptero policiaco, que levantó polvo y lanzó una luz sobre los manifestantes mientras se dispersaban por las calles aledañas.

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Video del caos en el que se convirtieron las protestas del jueves en São Paolo cuando la policía lanzó las granadas.

Este video muestra el momento de tensión, pero no está claro si fue alguna acción de los manifestantes la que detonó la violencia o si fue negligencia por parte de los policías.

Los reportes ofrecen diferentes versiones de lo que pasó antes de las explosiones. Algunos dicen que los manifestantes provocaron a la policía, lanzando piedras y basura hacia ellos. Otros insisten que las granadas fueron una respuesta injustificada y desproporcionada a lo que fueron poco más que insultos verbales entre la policía y los manifestantes.

Foto por Eva Hershaw.

Mientras los manifestantes se dispersaban y los negocios bajaban sus cortinas metálicas, los miembros del bloque negro aprovecharon el caos y comenzaron a romper las ventanas de los bancos. También vandalizaron una tienda de Hyundai, la productora oficial de la Copa del Mundo, antes de comenzar a quemar basura en las calles.

Foto por Guilherme Prado.

Al final, ocho personas fueron detenidas por la policía militar y al menos cuatro, dos de ellos periodistas, fueron reportados como heridos.

En el día hubo varias protestas de maestros, herreros y empleados del metro en otros lugares de São Paulo. El departamento de transporte de la ciudad dijo que las protestas causaron embotellamientos de más de 150 kilómetros de largo.

"Tenemos que usar la Copa del Mundo para ejercer más presión", le dijo a VICE Vitor Ribeiro, un líder de la unión de trabajadores del metro. "El metro es la única manera en la que los turistas podrán llegar al estadio Itaquerão, y una huelga haría mucho daño. Lo saben y nosotros también".

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Ese mismo día por la mañana, un estimado de cinco mil miembros del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) protestaron por el fracaso del gobierno para cumplir sus demandas de una casa. Marcharon hacia el estadio Itaquerão, donde incendiaron llantas. En las últimas dos semanas, más de cuatro mil familias han ocupado un campamento llamado la Copa de la Gente en un lote baldío cerca del estadio.

Foto vía Juntos.

"El reloj avanza: tienen 28 días para resolver no solamente la Copa de la Gente, sino todas las ocupaciones que forman parte de la lucha", dijo el líder del MTST, Guilherme Boulos, en un comunicado de prensa. "Si no se resuelve, habrá problemas".

En Recife, en el estado norteño de Pernambuco, las protestas hicieron que el gobierno desplegara al ejército para controlar los saqueos causados por la ausencia de la policía local, que está en huelga. Es la segunda vez que el gobierno brasileño envía soldados a patrullar una ciudad anfitriona de la Copa del Mundo en los últimos dos meses.

Vehículos militares patrullando las calles de Recife.

Mientras limpiaban la basura en llamas de las calles de São Paulo, los organizadores del Día Internacional de Resistencia a la Copa del Mundo ya planeaban su siguiente movida. En las redes sociales circulaban las noticias de una manifestación masiva planeada para el 31 de mayo.

Cuando le preguntamos a Machado, la organizadora de la protesta, el mensaje que ella y sus compatriotas querían expresar, contestó: "Habrá lucha en esta Copa del Mundo. Es simple y así es".