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cuatro veinte

Guía de la mordida para pachecos

Sobornar te convierte en una basura, pero es la forma más práctica de no pasar la noche en el tambo.

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Para mí, la peor parte de ser torcido con mariguana es la culpa que siento al comprar la voluntad de los oficiales. ¿No? Piénsenlo, es una sensación agridulce, por un lado tienes que superar el shock inicial en cuestión de segundos, fingir que no estás pachequísimo y arriesgarte a que te vaya peor. Por el otro, tienes presente que esta situación es común y es poca la gente que verdaderamente fichan por cargar con un churro.

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Uno pensaría que cada entidad policiaca es diferente a la hora del cotorreo. Sí, es diferente cuando te tuerce un municipal, un estatal o un federal. Pero todos tienen su chiste. Entonces a base de sondeo y experiencia personal, les comparto una pequeña guía de cómo dar mordida a los diferentes niveles de policía en nuestro país. A fin de cuentas todos somos unos corruptos de mierda.

Policía Municipal

Pareciera pan comido, y en muchas ocasiones lo es. Pero hay cientos de variables como municipio, hora, número de testigos, etcétera. Hay que recordar que son los peor pagados y los más prepotentes. Curiosamente son los que exigen más respeto pero al bajarles la guardia, es difícil no zafarte. Veamos unos ejemplos:

A)   Ya me llevaron una vez en el DF y no rifa; me dije a mí mismo que nunca me iba a volver a pasar. Y al mes me torcieron con mis amigos afuera de un bar. Como yo no tenía la pipa, me hice a un lado y dejé que mi amiga más fresa tratara de arreglarlo. Nomás mencionó que su papá es no se quién, y se pusieron bien ojetes. Ya nos querían llevar a todos, nos catearon, cuando me revisaron a mí no encontraron nada, pero en el cateo me puse a platicar en buena onda: “Disculpe a mi amiga, oficial, está asustada; esto nunca le ha pasado, a mí tampoco [mentira]”. Acercó la mano a mi cartera la sacó para revisarla y se me prendió el foco: “Si usted quiere podemos arreglarnos ahorita mismo”. Por 200 pesos se fueron, les di la mano y desde entonces hago lo mismo, me espero al cateo para tener una conversación hombre a hombre, hasta con cien pesos me han dejado en paz. Pero siempre se llevan la mota, y a veces hasta te rompen la pipa entonces no cuentes con que te la regresen.

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B)   Cuando Monterrey estaba bien violento, hacían revisiones al azar en San Pedro, a gente que se veía malandrona o rara. Más de noche, estábamos saliendo de una tocada. Primero me torcieron orinando una casa del tamaño de la manzana. Me cagaron el palo, me catearon y encontraron la mota, una bolsa choncha. En cuanto sacaron las esposas me cagué, y miré para atrás; mis pinches amigos se habían ido. Revisaron mi identificación, vieron que no era de Monterrey, me preguntaron si era estudiante. Les dije que sí, siempre hablándole de “Señor” y “Usted”. Entre cotorreo y cotorreo me dejaron ir, me vieron que no era mala onda ni peligroso. No me regresaron la mota, pero se les olvidó por completo lo de la meada.

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Policía Estatal

Estos son menos de fiar. La Policía Estatal es la más inútil de las policías, pero te los puedes topar en retenes en cualquier carretera del país. Aquí aumenta el nivel de riesgo porque vienes manejando, si te sorprenden con el carro lleno de humo o los ojos rojísimos, probablemente vas a valer verga. Si la encontraron durante una inspección al carro, tienes oportunidades. Lo mejor en estos casos siempre es llevar la mota en tu persona siempre que agarras carretera, es menos probable que te revisen las bolsas. En caso de que sí, ahí te van unos tips.

A)   Esos sí son abusados, si no tienes mucha feria te chingan. Ya nos tocó rumbo a Sinaloa, por una lata de cheve vacía nos bajaron del carro y alguien pensó que iba a ser buena idea dejar la mota en la guantera y fue lo primero que vieron. El putazo fue de 1,600 baros entre los tres que íbamos. Son bien culeros.

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B)   Son más prepotentes que el Ejército. Lo mejor es quedarte callado, esperar a que te digan qué tanto te van hacer y ya les dices cuánta feria les puedes dar. Si les late, les late, si no estás en problemas. Lo chido es que casi siempre te regresan la mota, les divierte hacértela de pedo. Como a estos morros:

Policía Federal

Si por azares del destino llegas a estar frente a un federal y quieres darle una mordida, tal vez deberías reconsiderar tus hábitos. Hay que tener en cuenta que esta especie particular de cerdo se enfrenta a los que te proveen con tu planta favorita, por lo cual lidiar contigo no es gran cosa para ellos. En todo caso mi encuentro con la policía federal fue por circunstancias extraordinarias y hasta la fecha no puedo creer de la que nos salvamos.

A) Estaba en un show cuando mi amigo me marca por Nextel (era cuando se usaban esas madres) y me dice que se volteó en la carretera, cayó por un barranco y su carro está aplastándole la pierna. Era de madrugada cuando salimos a buscarlo. Una hora después vemos las ambulancias y patrullas en medio de la carretera Tijuana-Ensenada. Por suerte, a mi amigo no le pasó nada, pero uno de los policías me hizo a un lado para hablar conmigo: “¿Iba drogado tu amigo?” Le dije que no sabía. El tipo sacó medio ladrillo de mota vieja que llevaba en el carro destrozado. “Cuando tu amigo despierte en el hospital vamos a tener que hablar seriamente con él, entre el poste de luz que tiró y esto puede que tenga que irse a la cárcel, mínimo unos meses”. Me cagué. En lo que la ambulancia sacaba a mi amigo del barranco me puse en plan serio y me saqué una excusa del culo: “Señor, mi amigo tiene epilepsia, por eso también fuma, no sabemos si esto fue un accidente o tuvo alguna complicación. Pero véalo, es inofensivo. No la armaría ni un día tras las rejas, y menos con su condición”. Esta fábula y 600 pesos fueron suficientes para que reportaran el carro como abandonado y borraran los cargos en su libretita. Tienen cosas más serias que atender.

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Bonus: Ejército Mexicano

La gran narcoguerra que nos impusieron hace ocho años cambió muchas cosas. Entre ellas, la frecuencia con la que te topas con un militar. Personalmente no me ha pasado, pero recogí dos historias que coincidieron a la hora de lidiar con los wachos.

A)   En un retén militar nos encontraron una pipa ya quemada. Pensé que nos iba a cargar. Se nos acerca un encapuchado: “¿Sí sabes que cuando compras droga les estás dando dinero para que compren más armas? Y a nosotros nos toca la chinga”. Pensé: En ese caso voy a comprar por mayoreo, pero contesté: “Sí, señor”. Nos dijo que nos fuéramos, y tan tan. No pasó nada.

B)   En una de ésas me revisaron el carro unos militares y encontraron un churro entre mis cigarros: “¿Qué dirían tus papás si supieran que te drogas?” y les dije la verdad: “Mi papá forjó ese gallo, quedó bien acá, ¿verdad?” Se cagó de la risa, se clavó la cajetilla completa y me dejó ir. Supongo que han de ser bien pachecotes.

Quiero dejar claro que no condono ningún tipo de corrupción. Dicho eso, creo que podemos estar de acuerdo en que estar fichado por consumir mariguana es una gran estupidez y un desperdicio de recursos. Nos tocó vivir en un país cuya idiosincrasia nos guía a una moral flexible. Pero aquí estamos, hablando de mordidas y ladrillos de mota sin pena alguna porque podemos.

Para terminar, estas son sólo algunas experiencias, seguramente no todos tienen tanta suerte; las autoridades siempre se van a basar en tu apariencia, tu actitud y tu físico para juzgarte. Recurre a las palabras, hablando se entiende la gente; conoce tus derechos para que no abusen de ti. Si todo falla, pues a tu criterio les presentas a tus amigos, Neza, Sor Juana y Frida.

Lee más en Cuatro Veinte, nuestra columna de mota.