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cuatro veinte

El un, dos, tres de por qué no funcionaría el mariguanómetro

Identificar si andas manejando bien pacheco no es tan sencillo como saber si vienes pedo.
18.3.14

“Presentan el mariguanómetro” fue el titular que hace algunas semanas publicó la prensa mexicana refiriéndose a un novedoso aparato que permitirá medir los niveles de intoxicación cannábica de un individuo a la par del ya consolidado alcoholímetro. “¿Te cae?” fue la respuesta de un amplio número no sólo de simpatizantes de jalarle las patas al diablo, sino del público en general.

“Sópleme aquí, caballero. […] A ver, hágame un cuatro. […] No, no está borracho. Ahora, ¿sería tan amable de sostenerme esta bolsa de Cheetos? […] ¡Se los comió todos, pareja! ¡Vámonos, al torito, pinche mariguano!”

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Y es que suena a broma desde el nombre: mariguanómetro. Aunque el jefe de gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, asegura que no es una iniciativa que pueda entrar en vigor a corto plazo, ya que aún falta establecer “el asidero legal para esta medida y cuál es el punto central de la discusión”, por lo que “hay un largo trayecto para ello”, hay que preocuparnos. Porque justamente ése es el punto: su legalidad. Pareciera que en primera instancia la medida pretende atrapar con las manos en la masa a automovilistas que manejen puestos, sin embargo, medir los niveles de cannabinoides en el sistema de una persona es un claro atentado en contra de la privacidad.

¿A qué me refiero? De entrar en vigor, el gadget mide los niveles de caquita de chango en el organismo a través de una muestra de saliva. Pero, oh sorpresa, los detectores de saliva son aún una tecnología en fase experimental no certificada. El Roadside Testing Assesment —un estudio centrado en equipo de este tipo desarrollado por la Unión Europea— considera este método de medición como poco confiable y no recomienda su uso legal.

Por otro lado, los diferentes tipos de pruebas muestran si un usuario ha consumido la yesca, no sólo el día en que lo agarren manejando, sino hasta semanas antes del atorón en el retén. Esto significa que, si te das un gallo, prepárate para ponerle mil pesos al parquímetro porque no vas a poder manejar en un buen rato.

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Prueba

Saliva

Sangre

Orina

Cabello

Tiempo de detección

Hasta 3 días

(no certificado)

12-24 horas

(consumo esporádico)

2-7 días (consumidor asiduo)

1-7 días (consumo esporádico)

7-100 días (consumidor asiduo)

1-12 meses

(Varía según longitud)

Entonces, si se supone que el consumo no está penado en México, ¿no es esto contradictorio? ¿Si fumo ganja asiduamente tengo que vender mi coche? De suscitarse, este fenómeno perseguiría a cualquiera que se dé las tres el viernes y se atreva a conducir el lunes.

Y no digo que esté mal castigar a quien maneja bajo la influencia de enervantes, pero que se utilicen estos métodos pone los pelos de punta. “A ver, señorita, si gusta orinar en este pedazo de papel”, “Caballero, le voy a hacer lo que viene siendo un piquete en su arteria braquial para extraerle lo que es su sangre”.

El modo norteamericano

En Estados Unidos y Canadá existen protocolos de detección de droga en automovilistas con métodos no invasivos y sin ayuda de ningún aparato milagroso. La clave: entrenamiento. Si andas en tu coche, escuchando a Bob Marley, con tu playera de Bob Marley, fumándote unos Bob Marleys, te para la ley y quién sabe por qué sospechan de ti, el procedimiento para detectar si andas pachecoide o bajo la influencia de algún otro dulce es el siguiente:

1.    Examen de aliento para cerciorarse de que no estás pedo.

2.    Se busca percibir olor a cannabis o parafernalia relacionada.

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3.    Se te toma el pulso y se revisa el color y movimiento de tus ojos.

4.    Se te pide que cuentes treinta segundos para ver si sufres de distorsión del tiempo.

5.    Se te pide que pases las pruebas estándar de motricidad (como el famoso cuatro).

6.    Se te toma el pulso otra vez.

7.    Con una lamparita, el oficial verá si tus pupilas se dilatan y contraen normalmente.

8.    Te piden que relajes el cuerpo para ver si no andas trabado.

9.    Se te toma el pulso una vez más.

10.    Te hacen llenar un cuestionario en el que se te pregunta si has consumido tal o cuál cosa (generalmente, a estas alturas la gente suele soltar la sopa y termina el procedimiento).

11.    El oficial graba un mensaje en el que describe tu condición.

12.    Si durante este procedimiento existen suficientes banderas rojas, te llevarán en calidad de “sospechoso” a hacerte una prueba de orina.

Además, cabe mencionar que este procedimiento lo hace un DRE —Drug Recognition Expert—, un agente certificado cuya labor es detectar a la banda que viene manejando hasta el dedo, precisamente para evitar que todo el mundo tenga que orinar en vasitos.

¿No sería más prudente proponer un sistema como ése en la Ciudad de México? Probablemente no, porque se oye tardado y de hueva. Además, eso no se traduce en ganancias monetarias para nadie. Ahora que, si me pongo las pilas y compro un montón de pruebas de drogas hechas en China, tal vez gane la licitación para suministrar al gobierno del DF a precios estratosféricos. ¡Ka-ching!

El detector molecular

Todo este asunto me hace recordar el vergonzoso incidente del detector molecular GT200, un aparato que desde el nombre ya se escucha fraudulento. Esta maravilla tecnológica fue la punta de lanza en varios operativos del ejército en la guerra contra las drogas bajo la batuta del entonces presidente Felipe Calderón. Consistía en una antena que —no es choro— detectaba las moléculas de distintos tipos de drogas a través de la emisión de un campo electromagnético.

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Se oye demasiado bueno para ser cierto. Y lo era. En 2011, el gobierno gastó más de 340 millones de pesos en mil de estas cochinadas, que no eran más que una varita sujeta a una cajita con botones y lucecitas de colores que se activaban de manera aleatoria. ¡Pero cómo, si lo usan en países como Tailandia, Kenia y… ya! De hecho, el gobierno de Tailandia dejó de comprarlos pues se les había dicho que el GT200 también detectaba explosivos y, pues, no.

¿De verdad necesitamos gastar en estos aparatos? Si las pruebas de saliva ni siquiera están avaladas científicamente, para qué comprarlas. De verdad, no es tan difícil identificar a un conductor claramente inhabilitado para manejar. Mejor metámosle dinero al entrenamiento de nuestros elementos policíacos, discutamos iniciativas que verdaderamente protejan a la banda en vez de estar literalmente gastando nuestra saliva en tarugadas.

Sigue a Fran en Twitter:

@fran_hevia

Lee más en nuestra columna Cuatro Veinte.