Cómo afectan las drogas a nuestra salud mental

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La guía Vice de la salud mental

Cómo afectan las drogas a nuestra salud mental

Las drogas y las enfermedades mentales están entrelazadas en un complejo baile que los expertos no han hecho más que empezar a descifrar.
Max Daly
London, GB
28.4.15

Ilustraciones de Nick Scott,

Las drogas pueden joderte el cerebro. Por eso las toma la gente. Te tumban, te elevan y te lanzan a un lado y al otro. Ya sea un relajante porro de mariguana después del trabajo, unas cervezas el viernes por la noche, una pastilla para rematar una noche de antro o una raya que te transporte a un mundo espacial, las sustancias psicotrópicas ofrecen a los ciudadanos de la Tierra una salida temporal de sus vidas cotidianas.

Millones de personas lo hacen. Pero para aquellos que no se sienten bien consigo mismos, la necesidad de escapar o perder la cabeza puede ser más fuerte. Por desgracia, este santuario químico puede empeorar la salud mental de la gente.

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La prueba de la doble conexión entre las drogas y la salud mental está en las revistas científicas. También lo tenemos delante de nuestras narices. Muchos de nosotros tenemos amigos que han tenido problemas mentales por las drogas, legales o ilegales. No obstante, si quieres saber la verdad sobre la relación entre las drogas y la salud mental, tienes que caminar por un sendero cuidadosamente trazado entre las contradictorias rocas de las idioteces.

El abuelito de la hipérbole de las-drogas-te-vuelven-loco es Harry J. Anslinger, Comisionado de Narcóticos de Estados Unidos en los años 30 y feroz detractor del cannabis. Advertía a la gente: "Fuma cigarrillos de mariguana un mes y lo que una vez fue tu cerebro no será más que un almacén de horribles espectros". Puede parecer una broma, pero este tipo de mentiras ha conformado el modelo de gran parte de lo que ha salido en los periódicos más leídos del Reino Unido sobre este tema durante la última década. Pero cuidado, algunos fans que se han etiquetado como el lobby pro-cannabis, que proclaman que toda la yerba es completamente inofensiva, están igual de alejados de la realidad.

Pero la correlación está ahí. Las cifras oficiales muestran que alrededor de un tercio de los enfermos mentales diagnosticados consumieron drogas durante el año anterior, el triple de la media nacional. Tres cuartos de aquellos que acuden a los servicios de tratamiento de drogas han sufrido algún trastorno psiquiátrico durante el último año.

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Las drogas y las enfermedades mentales están entrelazadas en un complejo baile que los expertos no han hecho más que empezar a descifrar. El estigma que ha rodeado ambas cuestiones durante tanto tiempo ha hecho que la investigación sobre cómo interactúan y cómo una puede llevar a la otra se encuentre en sus primeros pasos.

Rachel recuerda ser infeliz desde que su familia se separó cuando ella tenía tres años. Lo escribió en su diario tras sus primeras experiencias con la ketamina, a la edad de 14 años. "Había desatado toda una nueva inteligencia dentro de mí; pasé de ser una solitaria colegiala frustrada a una princesa de cuento de hadas". Ya con 30 años, dice que aunque la droga ha aliviado su depresión, también ha alterado su vida. "Mi cabeza no era capaz de mantenerse en silencio y la droga me calmó. Ya no estaba tan enfadada ni tan triste. Salía, trabajaba, jugaba, vivía y era feliz. Pero mi cerebro aún estaba desarrollándose. Para mí, la vida sin droga es algo aburrido y sin brillo. Nada iguala las cumbres a las que me llevaba la droga al pasar de niña a adulta".

Mucha investigación sobre las drogas como causa o acelerador de las enfermedades mentales se ha centrado en el cannabis, porque es la droga ilegal más consumida. Aunque millones de consumidores de esta droga no se verán afectados por la misma, se ha demostrado que hay ciertos grupos más propensos que otros a desarrollar problemas de salud mental.

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Los consumidores de cannabis que tienen antecedentes de depresión o esquizofrenia en su familia corren mayor riesgo de que la droga desencadene en ellos estas enfermedades que aquellos que no consumen. Los investigadores creen que hay un gen, el AKT1, que hace a la gente que consume cannabis mucho más susceptible a desarrollar psicosis que a aquellos que no tienen el AKT1.

Los estudios muestran que los jóvenes que empiezan a fumar cannabis antes de los 15 años son cuatro veces más propensos a desarrollar enfermedades psicóticas que los que no consumen. Esto se debe a que el cerebro aún se está desarrollando durante los años de la adolescencia. Como postula el Colegio Real de Psiquiatría del Reino Unido, "se está llevando a cabo un proceso masivo de purga neuronal, una especie de limpieza en el revoltijo de circuitos enmarañados para que funcionen de forma más eficiente. Cualquier experiencia o sustancia que afecte a este proceso tiene el potencial para producir efectos psicológicos a largo plazo".

La depresión es uno de los posibles resultados. Un estudio realizado en 1,600 niños australianos de edades entre 14 y 15 años conducido durante siete años concluyó que aquellos que consumen cannabis a diario eran cinco veces más propensos a la depresión y a la ansiedad cuando el estudio llegó a su término. Aunque no hay pruebas suficientes que indiquen que es más probable que los adolescentes diagnosticados con depresión consuman cannabis, hay un gran número de evidencias que indican que los adolescentes que afrontan altos niveles de estrés son más propensos al consumo problemático de cannabis.

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Muchos medios exageran el poder y el peligro de la poderosísima yerba "skunk", que ahora domina el mercado británico, incluso hay un periódico que asegura que "solo una calada puede causar esquizofrenia". Pero esta droga sí está causando problemas. Un estudio del Kings College de Londres realizado en 780 personas concluyó que, comparados con aquellos que jamás han probado el cannabis, el riesgo de psicosis en los consumidores de cannabis skunk era cinco veces mayor.

Insight, un servicio de apoyo para jóvenes de entre 11 y 24 años con problemas de drogas, ha llevado esta investigación un paso más lejos. Uno de los trabajadores del proyecto, Anthony Stewart, está observando un aumento en el número de adolescentes, principalmente delincuentes juveniles, que buscan ayuda con síntomas como paranoia o ansiedad provocados por "una adicción a las variedades más fuertes de cannabis".

"Consumen variedades como Amnesia, LSD y Sour Diesel, y las fuman a diario. Incluso la música que escuchan habla de colocarse con skunk. Uno de los chicos cree que le mandan mensajes subliminales por medio de la publicidad televisiva. Va a haber un gran aumento de las enfermedades mentales entre los jóvenes por culpa de la skunk".

Los efectos psicológicos a corto plazo de las drogas pueden ser potentes y acumulativos. Una fiesta con mucho alcohol puede deprimir el sistema nervioso y hacer que las personas se sientan deprimidas. Cuanto más bebes, más te deprimes. Los consumidores de estimulantes de fin de semana como el éxtasis o la cocaína sufren el "colapso de media semana", una caída del ánimo provocada al sobrestimular o "freír" los receptores del cerebro. Cuanto más consumes, más se sobrestimula el cerebro y más frágil será tu estado mental. Esto lleva a que la gente piense demasiado las cosas, dando significado a cosas que no existen y creando sospechas infundadas. Para tratar a estas personas, hacen falta medicinas —esto es, más drogas— y el nudo de este enredo se aprieta.

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No es de extrañar que los organizadores del Festival de Glastonbury hayan contado con enfermeros psiquiátricos de guardia desde hace tres décadas. Todos los años, hay asistentes al festival que se encuentran mal mentalmente y tienen que pasarse dos o tres días recuperándose en una unidad psiquiátrica. De vez en cuando, hay que llevar al psiquiátrico a algún asistente.

El doctor Niall Campbell, psiquiatra consultor del Hospital Priory de Roehampton al suroeste de Londres, ha visto desfilar ante sí una larga fila de personas mentalmente marcadas por el consumo de drogas. A veces, los efectos pueden ser temporales, pero no menos alarmantes. Uno de los adolescentes a los que trató el doctor Campbell estaba tan aterrorizado por una imagen recurrente de El Grito de Edvard Munch (después de mordisquear unas raíces de setas alucinógenas) que cada vez que cerraba los ojos sufría un trastorno de estrés postraumático. El chico casi tiene que aplazar sus estudios universitarios a consecuencia de esto, pero las visiones cesaron con el tiempo. Pero, para inquietud de otros, esos efectos pueden, como dice el doctor Campbell, "activarse" indefinidamente.

"He estado tratando a un tipo durante 12 años. Iba en la escuela de mi hijo y fumaba muchísimo desde muy chico. Me lo mandaron cuando lo expulsaron del colegio porque sus notas habían empeorado a causa de la mariguana", cuenta. "Su problema era que, en su cabeza, todo el mundo, desde un tractorista ucraniano hasta un hombre de negocios del Kalahari, sabía lo que ocurría en su cabeza". El paciente dejó de fumar hace 12 años, tomó medicamentos para dejarlo, fue a la universidad y ahora trabaja en el negocio de su padre. "Todas las personas en la fábrica que visita en China por negocios saben lo que está pensando. No puede mantener una relación con una mujer porque ella sabe lo que está pensando. Está atrapado en un estado de paranoia y lo estará siempre y eso lo asusta".

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La inmensa mayoría de los consumidores de drogas, incluso si alguna vez han tenido un mal viaje o han sufrido efectos psiquiátricos a corto plazo, no sufren enfermedades mentales crónicas por haber tomado drogas. Sin embargo, la adicción —una forma diagnosticada de enfermedad mental— a menudo puede ser precursora de más problemas psiquiátricos.

Le pregunté a Liz Hughes, una enfermera de salud mental que escribe para el blog Mental Elf y es también profesora de salud mental en la Universidad de Huddersfield, qué factores pueden provocar que una persona que consume drogas moderadamente se sienta inclinada hacia el tipo de consumo que puede conducir a una enfermedad mental. "Imagínate un cubo lleno de estrés", dice. "Si ese cubo ya está casi lleno, puede que con una predisposición genética a la adicción y un historial de acoso escolar, al añadir drogas, se desborde. Pero hay gente que empieza con el cubo vacío y podrá consumir muchas drogas antes de verse perjudicado".

Dice que si el consumo de droga está afectando a la funcionalidad de tu día a día, por ejemplo si eres incapaz de trabajar, comer, dormir o tener una vida social normal, esto podría indicar el comienzo del desarrollo de una enfermedad mental. "Es muy difícil lidiar con una enfermedad mental una vez que aparece", dice Hughes. "Cuando empieza, es muy difícil librarse de ella, así que es mejor prevenirla".

Psicodélicos como el LSD, la mezcalina o la psilocibina (el principio activo de los hongos alucinógenos) se han asociado con las crisis emocionales desde los sesenta. Sin embargo, un estudio publicado en marzo en la revista científica Nature concluyó que la gente que consumía esas drogas no corría más riesgo de desarrollar problemas de salud mental como esquizofrenia, psicosis, depresión, desordenes de ansiedad o intentos de suicidio.

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Las drogas estimulantes, como la cocaína o la mefedrona, se asocian con la diversión y el placer, pero cada vez se están tomando más como lo hacían las generaciones pasadas: como un medio de escapismo negativo para deshacerse de los sentimientos que la gente no quiere.

El doctor Owen Bowden Jones dirige la clínica de desintoxicación CNWL Club Drug Clinic, un servicio para personas que consumen las nuevas sustancias psicoactivas (NSP) y las llamadas "drogas de clubes". No obstante, ha visto a mucha gente con altos niveles de depresión, ansiedad, estrés postraumático y psicosis debido al consumo de drogas. El problema que más está aumentando es el de la mefedrona.

"Con la mefedrona, me encuentro con gente con psicosis temporales: paranoia, manía persecutoria y alucinaciones auditivas. La psicosis por mefedrona ya es más común en nuestra clínica que la psicosis por crack. Si estás constantemente acelerando el sistema de recompensa del cerebro con una droga estimulante como la mefedrona, todos los transmisores de sensación de bienestar como la dopamina se van agotando, y acabas con una percepción crónica de una vida deprimente y monótona. Una forma de cambiar esto es tomar más mefedrona, lo que constituye el riesgo de desarrollar un círculo vicioso".

En noviembre, el Mental Health Trust (fundación por la salud mental) de Londres, anunció que las NSP habían provocado una ocupación tan alta de camas en la unidad psiquiátrica que algunos pacientes tuvieron que ser derivados a Somerset para su tratamiento. Mientras, los cannabinoides sintéticos como Spice o Mamba Negra están creando estragos en los servicios relacionados con la drogadicción y las cárceles del Reino Unido. Los reclusos han empezado a importar sustitutos del cannabis —que son más potentes que el cannabis natural— porque los tests antidrogas no los detectan. Pero algunos han tenido que recibir ayuda psiquiátrica a causa de estas drogas.

Spiceophrenia, un estudio sobre los cannabinoides sintéticos publicado en la revista Human Psychopharmacology en 2012, concluyó: "Los cannabinoides sintéticos puede desencadenar la aparición de psicosis agudas en individuos vulnerables y el empeoramiento de los episodios psicóticos en pacientes con un historial psiquiátrico previo".

A pesar del peligro, las drogas tienen el poder de mejorar las funciones cognitivas, como la memoria y la concentración, y de tratar enfermedades mentales como la depresión, el estrés postraumático y la ansiedad en pacientes con cáncer. Antes de que el MDMA se usara como droga recreativa, cientos de psicólogos estadunidenses la usaban en los setenta como apoyo a las psicoterapias y a las terapias de conversación. Estudios médicos sobre los efectos positivos del MDMA muestran que la sustancia puede usarse como tratamiento para la ansiedad y el TEPT.

La forma en que cada persona se ve afectada mentalmente por el consumo de drogas es, al final, cuestión de cada uno. Como dice el Dr. Bowden-Jones, "la gente toma drogas para experimentar sensaciones que no perciben en sus vidas o para librarse de aquellas que no quieren sentir". Hay quien se auto-medica, pero ese es un juego peligroso: el antídoto podría ser el veneno.

Hasta cierto punto, lo central de la cuestión es la capacidad innata de cada uno para tolerar una sustancia determinada. Diferentes drogas afectarán a diferentes personas de diferentes formas. Y lo que es más importante: dicha respuesta individual está ligada a la razón por la que empezaron a drogarse. "Yo le preguntaría a la gente qué esperan obtener de las drogas", dice Liz Hughes. "Si intentan escapar de algo o enmascarar sentimientos negativos, ahí ya tenemos una bandera roja. Porque más que ser un alivio temporal, la droga puede agravar un problema subyacente".

@Narcomania****