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Cultură

Aprendí a controlar el miedo cuando 'se me sube el muerto'

El trastorno se caracteriza por la parálisis de las extremidades durante las primeras etapas del sueño y a veces al momento de despertar, acompañado de alucinaciones terroríficas.
23.7.15

El autor en su cama. Fotos cortesía del autor.

Quedarme paralizado en la cama ha sido una faceta regular en mi vida nocturna desde que estaba en primaria. Cuando pasa, me quedo atrapado entre el sueño y la consciencia; se siente como si mi cerebro estuviera completamente despierto pero mi cuerpo no se mueve y no puedo hablar. Tengo que usar toda mi fuerza para poder producir unos cuantos gemidos débiles. Viví por mucho tiempo sin saber qué era lo que me pasaba pero ahora sé que se llama parálisis del sueño.

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La parálisis del sueño es un trastorno que afecta generalmente a los que padecen alguna forma de narcolepsia, pero le puede pasar a cualquiera. El trastorno se caracteriza por la parálisis de las extremidades durante las primeras etapas del sueño y a veces al momento de despertar. Los episodios de parálisis del sueño incluyen alucinaciones. La más común es la sensación de que hay alguien más en la habitación. Según Webmd.com, cada cuatro de diez personas han experimentado parálisis del sueño o lo harán al menos una vez en su vida.

Nunca he hablado sobre esto con mis padres pero siento que es algo que ha definido mi personalidad. Cuando era niño, me dormía en la recámara de mi mamá y si me escuchaba gemir, me gritaba y me despertaba de inmediato. Eso me hacía sentir seguro, como si fuera un escudo. Con el paso de los años, decidí que nunca iba a dormir solo en mi recámara; necesitaba que alguien se quedara conmigo.

La parálisis del sueño siempre ataca cuando estoy a punto de quedarme dormido. Me quedo ahí, paralizado, y siento como si hubiera una presencia sobre mí. La sombra flota y se acerca cada vez más a mi cuerpo hasta que logro cerrar mis ojos. Aunque siempre termino empapado en sudor, siento un frío que no tiene nada que ver con la temperatura.

Para mí, el "intruso" se manifiesta como una presencia femenina, como una "dama oscura", aunque también la he llegado a percibir como una energía masculina. Sé que en cuanto escucho un sonido extraño, ella llega. Su sombra empieza crecer, primero lento y después de forma violenta. La forma se posa sobre mi pecho y se queda ahí hasta que me siento totalmente adormecido. Después de unos minutos logro expresar mi miedo y recupero mi capacidad para moverme.

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No sé cuántas veces me ha pasado eso. Estaría mintiendo si dijera que ya me acostumbre. Lo único que he hecho es aprender a vivir con eso. Es como una ecuación matemática que nunca voy a poder resolver. Cuando era niño, pensaba que sólo me pasaba a mí y por eso nunca se lo platiqué a nadie. Más tarde, cuando era adolescente, empecé a investigar en internet y me di cuenta de que no era el único que padecía parálisis del sueño.

Gracias a mi investigación, aprendí que varias culturas tenían su propia forma de llamar al trastorno. Los chinos le llaman gui ya chuang, que podría traducirse como "fantasma en la cama". En los países musulmanes, se le llama yinn, que es el nombre de una criatura sobrenatural mitológica. En Camboya, de donde viene mi familia, la gente dice que siente cómo la aplasta una presencia maligna. En México, se les sube el muerto. En la Edad Media, se creía que había demonios en forma de mujer —conocidos como súcubos— que seducían a los hombres cuando estaban dormidos. Se creía que estas criaturas servían a Lilith, la primera esposa de Adán, según el Talmud y la Cábala.

El autor de niño en su recámara

Si veo esto de forma lógica, es obvio que mientras más estrés haya en mi día, más agitada es mi noche. Cuando me siento tranquilo, los altercados son menores.

También aprendí a controlar mi miedo. Ahora trato de ver la sombra y de comunicarme con ella. A veces hasta me pongo agresivo y la insulto. Antes tenía que armarme de valor para volver a dormir pero ahora solo espero a que la presencia desaparezca y me quedo dormido de inmediato.

Pero aún recuerdo mi adolescencia, cuando el fenómeno alcanzó proporciones terribles y se apoderó de una gran parte de mi vida. Una vez me quedé a dormir con unos amigos en la misma habitación y volví a sentir la presencia, solo que esta vez era masculina. Tal vez suene muy loco pero estaba seguro de que me iba a violar. Salté de la cama y vi que mis amigos me observaban con una cara de horror. Traté de explicarles lo que había pasado pero me di por vencido. Habría tomado mucho tiempo explicar todo.

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