La vida es dura y tienes que ser fuerte

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La vida es dura y tienes que ser fuerte

La fotógrafa polaca Zuza Krajewska pasó cuatro meses visitando y documentando a los chicos de Studzieniec, un centro de detención para jóvenes en Polonia.
21.4.16

"Mi novio me mostró este lugar. Recuerdo que estaba embarazada en ese momento", explica Zuza Krajewska. "Estábamos por el bosque. Nos encontramos con un letrero enorme que decía 'Reformatorio del Ministerio de Justicia'. ¡Daba la impresión de que una especie de mal acechaba el lugar!".

Desde enero, y después de dar a luz, Krajewska ha estado visitando la correccional Studzieniec, en Polonia, y a los 42 chicos que viven ahí. La mayoría de los presos está ahí por robos y asaltos. La fotógrafa pasa el rato hablando con ellos y haciéndoles retratos: "En un principio pensé que sería un proyecto de una semana, pero después de empezar a tomarles fotos me di cuenta de que no sería ese tipo de historia, no me podía ir así nada más. Los chicos me cautivaron, así que extendí el proyecto a un año". Ahora, cuatro meses después de haber comenzado el proyecto, está entusiasmada y siente que tiene un propósito. Está decidida a contar las historias de los chicos y las vidas que llevan.

i-D: ¿Recuerdas la primera vez que conociste a los chicos? ¿Cómo respondieron?
Zuza Krajewska: En un principio me decían cosas como: "Mira, tienes una cámara, yo robé una. Mejor ten cuidado". Me estaban probando. Pero yo los miré e inmediatamente vi que eran niños. Su espontaneidad era infantil, al igual que su razonamiento de que si robas 530 dólares para tu mamá eres ingenioso, que eso te hace hombre. Creo que sólo uno de ellos tenía una familia estable. Los demás tenían padres alcohólicos o en la cárcel; crecieron en orfanatos. Para ellos, crecer es luchar por la supervivencia. Comencé este proyecto porque tocaba muchos temas: crueldad, castigo, cruzar límites, pero también la sensibilidad de los niños y la necesidad de amor.

¿Crees que ser parte de tu proyecto sea importante para los chicos?
Creo que lo valoran mucho. Finalmente se sienten importantes. Es parte del proceso de rehabilitación. Para tomarles fotos debo tener el permiso de sus padres. Les estaba contando de la idea, intentando convencerlos. Cuando escuché que el padre de uno de ellos estaba en la cárcel por asesinato, pensé que estaba fuera de mi alcance. Lo descarté, me di por vencida. Pero él quería participar. Lo quería tanto, que habló con su papá y este le dio permiso. Le importaba mucho. No hay muchas cosas así para estos chicos.

¿Sientes que sean honestos? ¿Se abren contigo?
Cada uno es diferente. Algunos son extrovertidos y líderes, otros se quedan en el fondo. Pero hay una regla que funciona con todos: si paso tiempo a solas con cada chico, se abre. Tenemos una conversación real. A veces después se arrepienten, pero en realidad todos necesitan una conversación honesta.

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Con el tiempo me comenzaron a hablar de experiencias privadas y dolorosas. Hablan de esas cosas con la ligereza que usamos para hablar de tomarnos un café. Me impactó el hecho de que pudieran hablar con tanta facilidad de cosas tan extremas, de alguna manera lo aceptan. Quizá esa sea la razón por la cual pueden hacer cosas malas con tanta facilidad.

¿Quizá estaban probando cuánto podías aguantar?
Quizá, pero no los juzgo, sólo quiero su amistad. Yo tengo curiosidad, ellos hablan. Pregunto acerca de todo, incluso si lo que hicieron valió la pena. Estos chicos son utilizados por pandillas criminales. Dos de ellos robaron 30 apartamentos cuando tenían 13 años. Hicieron todo por carros de control remoto y unos centavos para sus mamás. Escucho esas historias y me doy cuenta de que son niños que fueron manipulados. Me caen muy bien a pesar de todas las cosas malas que han hecho. Los extraño cuando no estoy ahí.

Tomas fotos en película fotográfica, así que no las puedes ver antes. ¿Les muestras las imágenes después?
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¿Cómo reaccionan?
Se ríen. Confían mucho en mí. No quiero perder eso, por eso me alejo de algunas cosas, como las escenas de desnudos en los baños. Pero les gusta mucho en general. Les di algunos retratos en formato grande. Los ponen en sus paredes. Por ejemplo, pusieron una foto de Patryk recogiendo vidrios rotos en la cafetería, justo en el lugar donde sucedió. Lo ven todos los días.

¿Qué crees que sea diferente si fotografiaras a niñas en un reformatorio?
Quizá cuando termine este proyecto lo haga con chicas. Aparentemente las chicas son más hardcore, más difíciles. Son más cínicas, y por eso es más difícil llegarles. Pero eso es sólo lo que he escuchado, tendría que verlo con mis propios ojos.

Studzieniec es un lugar extraordinario, es una de cuatro instituciones en Europa que educan a los niños con, por ejemplo, contacto con caballos. Estos chicos son muy buenos para cuidar animales. Muchos de los chicos ganan algo de dinero haciendo muebles y cultivando plantas. Es increíble que ese lugar les esté dando una oportunidad de verdad de dejar ese camino de oscuridad.

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El director me mostró fotos de los alumnos desde los inicios del lugar, a principios del siglo XX. Es increíble porque se veían exactamente igual que los chicos de ahora. Me encantaría mostrar estas fotos durante el mes de la fotografía en Cracovia.

¿Hay un fin específico que estés buscando?
Empecé esto porque me daba curiosidad. Ahora lo hago con un propósito. Lo que más me interesa es trabajar con estos chicos. Me di cuenta que no tiene mucha autoestima, y ahora los visito y les tomo fotos, trabajo con ellos a su mismo nivel. Así que cuando veo algo no me autocensuro, sólo digo 'detente, es hermoso', o 'eres increíble' y tomo la foto. Para ellos es muy alentador. Es lo que yo les puedo dar.

Este artículo fue publicado originalmente en i-D, nuestra plataforma de moda.