Tres días en el backstage del Concejo de Bogotá

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Tres días en el backstage del Concejo de Bogotá

Así se negoció y se aprobó el Plan de Desarrollo de Peñalosa.

Todas las fotos por César Cesilio

Llegar al Concejo de Bogotá el pasado jueves 26 de mayo en la mañana fue como sintonizar un partido de fútbol en el minuto 90 y ver que el marcador es 5-4, con varios golazos, grescas, tarjetas y polémicas. El lunes festivo, tras casi 15 horas de sesión, y en contra de la voluntad popular que se hacía sentir en forma de protestas a pocas cuadras de la sede del Concejo, la Comisión del Plan había aprobado el artículo más polémico del Plan de Desarrollo que había propuesto la Alcaldía: la venta de la ETB, la joya de la corona capitalina.

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El artículo fue votado a las 11:58 p.m., faltando dos minutos para el final de la sesión, y luego de su aprobación, que fue recibida con insultos y abucheos por parte de los sindicalistas de la empresa de teléfonos que estaban presentes en el Salón Comuneros, los concejales que votaron a favor de la venta fueron llevados al Salón Social, un recinto más íntimo donde el mayor Quitian, jefe de seguridad del Concejo, les explicó que esa noche todos saldrían escoltados por esquema de la Policía.

Fue un partidazo al que llegué tarde, cuando ya se había jugado lo más importante, y lo único que quedaba era el tiempo de adición. Pero a veces los partidos (los de fútbol y los demás) guardan sus momentos más decisivos para después de los 90 minutos.

El jueves 26 de mayo, en la mañana, se respiraba un ambiente de calma en el Salón Comuneros, el recinto en el que se encuentran las curules de los 45 concejales de Bogotá, todas sillas "tipo gerente" de cuero café en las que se sientan las personas que son la voz y el voto de los bogotanos. Aparte del artículo que autorizaba al alcalde Enrique Peñalosa a vender la participación del Distrito en la Empresa de Teléfonos de Bogotá, la Comisión del Plan también había votado, durante la candente sesión que me perdí el lunes anterior, otros 139 de los 160 artículos del Plan de Desarrollo, la hoja de ruta para la ciudad durante la era Peñalosa. Entre ellos, varios de los artículos más polémicos del Plan, como los que autorizan al alcalde para cobrar un tributo para ser eximido de pico y placa y para instalar peajes urbanos en algunas vías. A pupitrazo limpio.

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En un primer momento, la del Salón Comuneros es una escena intimidante: detrás de los puestos de los concejales, y separados por una baranda de madera, varias docenas de personas (usualmente más jóvenes y livianas que los concejales) trabajan sin parar en escritorios de madera. Otra docena de personas va y viene de un lado al otro de la baranda, llevando papeles, dictando tweets, mandando razones. Es como una enorme coreografía en la que uno estorba donde se pare.

Celio Nieves, del Polo, y Diego Molano, del Centro Democrático, comparten un momento de risa.

Cuando ingresé al salón, la minoría de concejales que se había opuesto al Plan de Desarrollo hacía objeciones respecto a la autorización que dio la mayoría para vender la ETB durante la votación del lunes. Los concejales del Polo, Celio Nieves y Manuel Sarmiento afirmaban que la decisión había sido tomada de forma irregular ya que la Alcaldía no presentó los estudios a tiempo y el contenido de estos era fraudulento.

Mientras tanto, el grupo de concejales de los partidos Liberal, Verde, Cambio Radical, Conservador, Centro Democrático y la U, que había votado sí a la venta, recibía la paliza retórica sin protestar. La mayoría que habían consolidado les daba la tranquilidad de saber que el Plan de Desarrollo sería aprobado en una comisión de 15 Concejales antes de la medianoche.

Luego de eso, el Plan debía ser votado por la plenaria del Concejo (es decir, todos los 45 concejales) donde también eran mayoría los representantes que apoyaban la venta de ETB y los demás de los artículos del Plan. Los concejales de la oposición hablaban más para sus seguidores en Twitter que para sus colegas, porque en el recinto ya todo parecía definido.

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Todos los días en los que el Concejo sesiona, faltando poco para la 1 p.m., comienza otro tipo de coreografía: el personal de la cafetería pasa puesto por puesto entregando los almuerzos de los concejales, quienes suelen comer sentados en su curul y sin parar de discutir y votar. En medio del ir y venir de platos de carne en salsa de aceitunas, ensalada, arroz y puré de papa, me llegó por primera vez el rumor: "El plan se va a caer". Las palabras fueron pronunciadas por un tipo que hacía parte de la Unidad de Análisis Normativo de uno de los concejales de la coalición, e iban dirigidas a un grupo de sus colegas.

¿Se acuerdan de esa gente que desde el colegio se veía el noticiero completo y no solo los deportes? Las Unidades de Apoyo Normativo (UAN) son adonde muchos de ellos fueron a parar. Las UANS son el equipo de asesores ––máximo 12–– con el que cuenta cada concejal para hacer su trabajo. Para conformarlas, los concejales cuentan con un presupuesto de 48 salarios mínimos legal que pueden distribuir como quieran. Los salarios de los miembros de las UANS están definidos por su preparación académica y experiencia, así que los representantes pueden elegir entre contar con un equipo numeroso de asesores poco experimentados o un equipo pequeño de asesores muy calificados. Existen también unas figuras que en los pasillos del Concejo son conocidas como corbatas. Se trata de figuras que se ganan su lugar en la UAN de un concejal gracias a algún favor político y que, dicen, cobran mucho y suelen trabajar más bien poco.

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Antonio Sanguino del Partido Verde con uno de sus asesores.

De estas personas depende en buena parte qué tan bueno o malo sea el desempeño de un representante: los miembros de las UANS son quienes redactan las ponencias que hacen los concejales, investigan para que sus jefes puedan hacer intervenciones fundamentadas en los debates, son también quienes responden el Twitter de los concejales, manejan su agenda y les llevan el Vive 100 a la mesa para resistir debates que, como este, pueden durar más de 12 horas. Ah, también son quienes se saben todos los chismes del Concejo.

A pesar de contar con mayorías en la Comisión y en la Plenaria, el Plan de desarrollo efectivamente se encontraba en riesgo por una cuestión de procedimientos. Según el reglamento del Concejo, los proyectos de acuerdo como este deben ser aprobados, primero, por la comisión respectiva (en este caso, la del Plan). Una vez aprobado por la Comisión, cosa que sucedería la misma noche del jueves 26, deben ser elaboradas dos ponencias para ser presentadas a la Plenaria y los concejales, en un plazo máximo de tres días. En este caso, una de las ponencias estaba a cargo de los concejales del Centro Democrático Diego Molano y Andrés Forero, y la otra a cargo del representante del Polo, Venus Albeiro Silva, todos elegidos por sorteo. El reglamento también establece que, una vez presentadas las dos ponencias, el presidente del Concejo tiene que esperar dos días para convocar a la Plenaria. El mismo reglamento dice que el Plan de Desarrollo debe ser aprobado por el Concejo el mismo mes en que se radica. Si así lo hubiera querido Venus Albeiro, podría haber esperado hasta el domingo 29 de mayo para presentarla. Esto último obligaría al presidente del Concejo a esperar hasta el primero de junio para convocar a la Plenaria, condenando al Plan al cementerio de los proyectos de acuerdo fracasados.

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Así las cosas, el futuro de la hoja de ruta de Alcaldía de Enrique Peñalosa quedaba en la manos de Venus Albeiro Silva, un exactor y director de teatro al que no le tiembla la voz a la hora de referirse a la localidad de donde vienen buena parte de sus votos como: "Bosa, donde la gente goza".

En adelante, todas las miradas, las cámaras y los micrófonos se dirigirían hacia Venus Albeiro. Durante la tarde del jueves 26 de mayo la sesión de la comisión del plan se convirtió en un trámite y la verdadera pregunta en el aire era: hacía dónde se inclinaría el pulgar del César de Bosa.

Días después Venus Albeiro Silva, un hombre de unos 1.60 metros de estatura y contextura robusta, acentuada por el chaleco antibalas que llevaba bajo su camisa blanca, me atendió en el Salón Social del Concejo para explicarme lo que había sucedido entre la noche del jueves 26 de mayo, cuando se despidió del Concejo diciéndole a las cámaras de City TV que meditaría muy bien y consultaría con su partido antes de presentar o no su ponencia para el Plan de Desarrollo, y la mañana del viernes 27, cuando radico la ponencia en contra de la voluntad de su partido y de miles de twitteros:

"Esa noche yo no dormí, era mucha la presión. Si no lo hubiera presentado, yo quedaría como el peor antidemocrático (sic.) de este país si por puro dogma, por ser radical y sectario, le hubiera negado el Plan de Desarrollo a un alcalde que fue elegido por los bogotanos. Yo me reuní con todos los dirigentes de mi tendencia en el Polo, que es Opción 7, y esa fue la decisión que tomamos. Hasta ese momento yo no tenía ninguna directriz de la bancada del Polo en el Concejo. Ni del partido. Decidimos a conciencia, y estoy tranquilo porque ahora la decisión está en manos de los 45 concejales que deberán sentar posición y no solo uno". Luego Venus le mandó un recado a un exalcalde que, en las últimas, lo había acusado de ser un vendido a través de las redes sociales: "Y a Gustavo Petro me gustaría recordarle que yo voté a favor de su Plan de Desarrollo, entonces que diga a ver por cuánto fue que me compró entonces".

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Miguel Uribe Turbay, Secretario de Gobierno de la Alcaldía.

Un consejo: quédate con la persona que te mire como los concejales miraban a Miguel Uribe Turbay cuando se acercaban a susurrarle durante las sesiones del Concejo de la semana pasada. Uribe Turbay, quien hasta el año pasado se sentaba en una de las 45 curules del Concejo de Bogotá y fue presidente del mismo, es hoy en día el Secretario de Gobierno del alcalde Peñalosa. El puesto, que en la pasada administración estuvo ocupado por veteranos de la política cómo Navarro Wolf y Guilllermo Jaramillo, es importante, ya que este secretario es el encargado de asegurar la gobernabilidad del alcalde de Bogotá, o sea que los proyectos del alcalde sean aprobados por el Concejo. Según Uribe Turbay, esto se logra a punta de consensos y concesiones. Es cierto, como cuando se aseguró el apoyo del Partido Verde a la venta de ETB a cambio de que el Distrito ceda las acciones que le hacen falta a la Universidad Distrital para tener el 2% de la empresa y recibir algo de plata de ella.

Sin embargo, una fuente en el Concejo me explicó que también existen negociaciones que no se hacen frente a las cámaras ni los micrófonos. Hay al menos dos caminos para llegar a unos de los 45 asientos del Concejo de Bogotá: uno es hacer campaña a punta de persuasión en redes sociales, medios de comunicación y discursos en plaza para ganarse eso que llaman "voto de opinión".

La otra es a través de la maquinaria política: esta es un red de alianzas y pactos que debe hacer un candidato al Concejo con ediles y otros líderes locales que pueden asegurarle al candidato una cantidad de votos determinada en sus barrios o al interior de sus gremios (taxistas, maestros, contratistas, teatreros, estudiantes, etcetera, etcetera). De resultar electo el candidato, estos líderes locales y gremiales volverán a tocar su puerta para exigirle algo de retribución, que puede venir en forma de obras, proyectos, contratos o puestos en las entidades del Distrito. Esa sería la negociación que sucede fuera del Salón Comuneros, ahí atrás en el salón social, o, mejor aun, vía Whatsapp.

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Según el excandidato a la Alcaldía de Bogotá, Aurelio Suárez, una negociación de este tipo sería la que sucedió entre Venus Albeiro y la Alcaldía. En una denuncia penal interpuesta ante la Fiscalía, Suárez acusa a Venus Albeiro de haber presentado su ponencia en contra de la voluntad de la bancada del Polo a cambio de la inclusión de los artículos 166 y 168 en el Plan de Desarrollo los cuales hablan de vías para la localidad de Bosa ("donde la gente goza") y 1.500 millones de pesos para festivales artísticos y culturales. Según Aurelio Suárez, estos dos artículos benficiarían directamente a Venus Albeiro, ya que él y sus familiares cuentan con participación en varias fundaciones culturales que son o han sido contratistas del Distrito, hecho que sería confirmado por el alcalde Enrique Peñalosa en una entrevista radial en la mañana del primero de junio.

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Los primeros afectados por la decisión de Venus Albeiro fueron sus colegas, a quienes les figuró sesionar el lunes festivo. La noche anterior, mientras Bogotá se reponía de la fiesta del sábado y se preparaba para la del final del puente, los miembros de las UANS del Polo Democrático trasnochaban revisando el Plan de Desarrollo, artículo por artículo, buscando observaciones, peros, reparos, lo que sea. "Buscamos hasta una coma mal puesta", me decía uno de ellos. ¿La razón? En vista de que Venus les había fallado, la bancada del Polo se veía obligada a recurrir a su última esperanza para hundir el Plan durante la sesiones del lunes festivo y el martes: el filibusterismo, que no es sino un nombre sofisticado para quemar tiempo.

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Hosman Martinez, del Partido Verde le da la mano a Antonio Hernandez director del Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal.

Según el reglamento del Concejo, repito, una vez el Plan de Desarrollo sea aprobado por la comisión de 15 concejales debe pasar a la plenaria, donde deberá ser aprobado por todos los 45 concejales. Durante esta sesión plenaria los concejales solo podrán hacer cambios de forma a los artículos que aprobó la comisión (mover una coma, cambiar una cifra o una palabra) de resto los artículos deben ser aprobados tal y como quedaron en la comisión. Lo que sí pueden hacer los concejales es explicar su voto en cada uno de los artículos, explicación para la que se pueden tomar hasta dos minutos. Si los cinco concejales del Polo decidían explicar su voto en cada uno de los 170 artículos del Plan de Desarrollo, era matemáticamente imposible que el Concejo alcanzara a votarlos todos antes del martes a la medianoche.

El lunes festivo la lucha de la izquierda bogotana estuvo alimentada por Vive 100, maní, agua y De Todito. Durante todo ese día los concejales del Polo se dedicaron a pedir la palabra y explicar su voto. La tarea no es fácil: imagínese un debate universitario que se prolonga por 15 horas. En la tarde, la situación se estaba volviendo preocupante: a pesar de contar con la mayoría y de haber logrado persuadir a Venus Albeiro, el Plan estaba en riesgo de caerse.

Si tumbar a punta de intervenciones repetitivas un proyecto tan importante como el Plan de Desarrollo le parece un acto de malicia indígena, usted está equivocado. En la política, el filibusterismo es tan viejo y universal como las corbatas. Pregúntenle al exsenador y exprecandidato a la Presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano, Ted Cruz. Durante uno de los debates de la reforma de salud propuesta por el Gobierno de Barack Obama, Cruz se despachó con un discurso de 21 horas y 19 minutos en el que incluso llegó a leer libros de Dr. Seuss y a hablar de Ashton Kutcher, todo para hundir el proyecto del gobierno por una cuestión de tiempo.

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Los concejales de la coalición que estaba aprobando el plan de Desarrollo sacaron la calculadora. Al paso que estaba avanzando la sesión del lunes en la tarde, entre 10 y 12 minutos para votar cada artículo, el Concejo no alcanzaría a votar todos antes del martes 31 a la medianoche. El plan se hundiría. Uribe Turbay , ese día mucho menos sonriente que los anteriores, conversaba con asesores. Su gobernabilidad se estaba viendo comprometida por las gargantas del Polo y del progresista Hollman Morris.

Venus Albeiro Silva en un momento filibusterismo.

Momento de actuar: A las 8: 10 p.m., mientras un aguacero enfriaba las protestas que se desarrollaban afuera del Concejo, Jorge Losada, concejal del partido Cambio Radical (principal aliado de Peñalosa en el Concejo), hizo una proposición: ya que el reglamento del Concejo no dice en ninguna parte que los artículos del plan deben ser debatidos en orden consecutivo, Losada propuso adelantar la discusión de los artículos 130 al 152, entre ellos se encontraban los 4 artículos relacionados con la venta de ETB. Confundido, me acerqué a uno de los asesores para que me explicara cuál era la movida.

Esta fue su explicación:

Si la estrategia de la bancada del Polo llegara a tener éxito y el Plan de Desarrollo no fuera aprobado por el Concejo antes de la medianoche del 31, el alcalde se vería obligado a expedir el plan por decreto. Eso tiene sus ventajas: un Plan de Desarrollo aprobado por decreto no tiene que ser debatido, concertado ni aprobado por los concejales. Pero también tiene sus desventajas, un Plan de Desarrollo por decreto no puede tener nuevos impuestos, como el del pico y placa o los peajes urbanos ni mucho menos la venta de acciones de una empresa pública, ya que este tipo medidas deben ser aprobadas antes por el Concejo. Ahora, aun si el Concejo no alcanzaba a votar el plan completo y el proyecto se hundía, el haber conseguido que tanto la Comisión como la Plenaria aprobaran los artículos relacionados con la venta de ETB le daría a la Alcaldía argumentos de peso para decir que el Concejo autorizó la venta de la empresa e incluir este punto en su Plan de Desarrollo por decreto.

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La mayoría aprobó la proposición de adelantar la votación de estos artículos. Hacia las 11:00 p.m. con 31 votos a favor y 12 en contra, el Concejo aprobó el artículo 146, autorizando al Alcalde a vender el 88% de las acciones del Distrito en la ETB. También a esa hora volvió la sonrisa a la cara de Miguel Uribe Turbay.

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Al comenzar la sesión del martes 31 de mayo, Roberto Hinestrosa, concejal de Cambio Radical, y presidente de la Plenaria, anunció que el tiempo que disponía cada concejal para explicar su voto ya no era de dos minutos sino de uno. Esto debido a una interpretación que hizo el presidente de la frase "hasta dos minutos". Celio Nieves, concejal y vocero de la bancada del Polo, protestó la medida y mandó a uno de sus asesores a buscar un micrófono y un alto parlante para que la bancada pudiera hacer sus explicaciones de voto durante dos y no un solo minuto. En respuesta, algunos de partido verde escribieron la palabra TIEMPO en hojas de papel que agitaban una vez el primer minuto se había cumplido.

El ambiente que se respira en el Concejo de Bogotá se parece más al de un salón de bachillerato de un colegio cualquiera que al del ágora griega. A pesar de que durante las más de 60 horas que debatieron durante la semana pasada los concejales intercambiaron opiniones encontradas que en varias ocasiones escalaban a acusaciones o amenazas, en general, entre ellos, reina la compinchería. En varias ocasiones las discusiones acaloradas entre concejales eran resueltas con un "Fresco Papi", chiste interno del Concejo que hace alusión a un supuesto chat en el que el concejal Hosman Martinez habría tranquilizado con esa frase a un líder local que le reclamaba por haber votado sí al artículo 146. Detrás del Salón Comuneros y en los pasillos del Concejo también es usual ver a rivales políticos conversar como viejos amigos. Según el concejal del Partido Verde Jorge Torres, para los concejales es importante separar la vida personal de la profesional. Además, como todo el mundo dice y sabe, la política es dinámica.

Existe otra explicación para la compinchería que se vive en el Concejo: dado que en esta institución todos los días son hábiles, y que no es del todo extraño que las sesiones se prolonguen durante más de 12 horas, los concejales y sus equipos de trabajo acaban pasando más tiempo entre ellos que con sus familias y amigos. Además, a diferencia de lo que sucede en el Congreso, el reglamento del Concejo establece que a los concejales se les paga por día sesionado, lo cual es estímulo bastante efectivo para la asistencia de los mismos. Incluso para quienes, como yo, son ajenos al Concejo, hay sonrisas y manos extendidas por todas partes. Según un asesor, la saludable costumbre de saludar y presentarse se mantiene viva en el Concejo, ya que uno nunca sabe quién puede acabar siendo una ficha importante.

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Para las 2:30 p.m. del martes 31 de mayo el Concejo estaba votando a un paso de 3 o 4 minutos por artículo del Plan. Con 60 artículos por votar, la suerte estaba echada y, salvo un evento excepcional, el Plan sería aprobado antes de la medianoche. Los asesores celebraban que todo parecía indicar que esa noche saldrían a una hora razonable. La sonrisa de Miguel Uribe solo crecía. Los concejales de la oposición hacían sus últimas intervenciones en contra del Plan, más para su seguidores en redes que para sus colegas, quienes parecían contar las horas para el final del trámite. El auditorio se quedó esperando la defensa del Plan por parte de los miembros de la coalición.

A las 8:00 p.m. se aprobó el último artículo del plan. Rápidamente el ambiente pasó de ser el de un salón de bachillerato el último día de clases al de un salón de hotel en la noche del prom. Sonrisas, abrazos, palmadas en la espalda y flashes por todas partes. En un hecho inusual, el himno de Bogotá comenzó a sonar a través de los parlantes del Salón Comuneros. Los presentes, en su mayoría concejales y asesores de la coalición que aprobó el Plan, y funcionarios de las distintas secretarías de la Alcaldía, hicieron silencio, se pararon bien derechos y, mano en pecho, entonaron el himno de Bogotá de principio a fin. En especial esa estrofa que dice:

"Desde entonces no hay miedo en tus lindes, ni codicia en tu gran corazón".