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El número del decreto real

La cálida bienvenida del infierno

Hell [Infierno] es una pintoresca y pequeña población en la que descansan 1.600 almas. Curiosamente, hell significa “suerte” en noruego, pero sus habitantes gustan de jugar con su asociación con el otro mundo.

por Kelsey Bennett
26 Noviembre 2013, 10:04am


Un conductor de tren delante de la estación de Hell.

Hell [Infierno] es una pintoresca y pequeña población en la que descansan 1.600 almas. Hay casas de tejados rojos, una oficina de correos, una tienda de comestibles y hasta una iglesia. Durante el invierno se congela, literalmente, lo cual brinda otro ejemplo de por qué ese nombre que tanto se presta a las chanzas atrae a turistas a lo largo del año. Curiosamente, hell significa “suerte” en noruego, pero sus habitantes gustan de jugar con su asociación con el otro mundo.

Nada más llegar a la estación de tren puede verse un cartel que reza HELL GODS – EXPEDITION, y la persona más famosa del lugar, Mona Grudt, ganadora en 1990 del concurso de belleza Miss Universo, se califica a sí misma con orgullo como “la reina de la belleza del Infierno”.

Después está el festival anual Blues in Hell, fundado por Kjell Inge Brovoll, más conocido como “Hell Boss” [el jefe del infierno]. Este año, el festival trajo a la pacífica aldea a un buen número de cantantes de blues norteamericanos, entre ellos a Sugar Pie DeSanto, a la que se describe como una versión moderna y menos ortodoxa de su amiga de la infancia y compañera de duetos Etta James.

Sugar Pie era mi billete al Infierno. Vi por primera vez a esta menuda y vehemente mujer de 78 años la víspera de Año Nuevo de 2012. Subió al escenario, se quitó de dos puntapiés sus zapatos de tacón de aguja y dio un giro con la intensidad de una mujer 55 años más joven.

Cuando pregunté si podía hacerle unas fotos a Sugar Pie, su manager me dijo que las acompañara a las dos a Detroit, donde iba a actuar en la fiesta navideña de Aretha Franklin. Un año más tarde se me ofreció la oportunidad de ir a Hell con Sugar Pie. ¿Qué otra cosa podría haber respondido yo salvo “Al infierno, sí”?

Sumergíos en el helado corazón de Hell, Noruega, y su especialísimo festival de blues, este mes en VICE.com


Cómo ir al Infierno.


Dos puertas en el hotel de Hell.


El famoso cartel de Hell. Desapareció por un tiempo, y una de las leyendas locales dice que un veterano conductor de trenes, devoto cristiano, robó el cartel y lo quemó al llegar a su jubilación. Fuera lo que fuese lo que le pasó al cartel original, desde entonces ha sido sustituido.


Mona Grudt, la más famosa oriunda de Hell, se alzó en 1990 con la corona de Miss Universo y sigue refiriéndose a sí misma como “la reina de la belleza del Infierno”. Una mañana, a la hora del desayuno, otra participante le leyó la palma de la mano y le dijo que moriría de un tumor cerebral.


Sugar Pie DeSanto y su banda ensayando en una de sus habitaciones en el hotel.


Kjell Inge Brovoll, “el jefe del Infierno”, fundador del festival Blues in Hell.


Como demuestran estos chuchos, está claro que no todos los perros van al cielo.
 


Cada vez que actúa, Sugar Pie elige a un hombre del público y le atrapa con su característico movimiento de tijera con las piernas. Ella afirma que el proceso de selección no tiene nada que ver con su atractivo, sino con su complexión física.

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