
Estuve parada afuera del Asylum Theatre en el bulevar Santa Mónica a las 11.59PM en un sábado, mirando fijamente con un cansancio que se escurría como miel. Giré hacia mi cita, quejándome por mi fatiga, "De verdad espero que este musical de Pokémon esté del culo".
Escuché por primera vez del Pokemusical por medio de Groupon, que ha hecho algo así como una transformación, solía ser para clientes que buscaban una buena ganga, pero ahora parece ser un medio para que los negocios enfermos o shows fallidos ondeen sus banderas y digan, "¡Nos rendimos! ¡Por favor, por favor, por favor denos cualquier cantidad de dinero por nuestros bienes y servicios!" Sigue siendo una manera decente de conseguir descuentos, pero es una mejor manera de descubrir proyectos bizarros que nunca debieron haber existido.
Así que naturalmente pensé que iba a experimentar voces fuera de tono, diálogos desequilibrados, y movimientos de baile terribles. Estaba preparada para un cuarto lleno de ñoños sudorosos que estaban ahí por referencias propias. Estaba preparada para una audiencia de sus amigos aplaudiendo a pesar de sus mediocres actuaciones. Estaba preparada para irme a mi casa y destruir la velada diciendo alegremente a todos lo terrible que estuvo. Lo que pasó el sábado por la noche arruinó todas esas preparaciones.

Las versiones digitales de los soundtracks de los juegos de Nintendo sonaban mientras la audiencia ocupaba sus lugares. Luché por recordar cualquier fragmento de la caricatura noventera pero todo lo que descubrí en la base de datos de mi memoria fue la estrepitosa música temática del show. Alerta de spoiler: no fue tocada durante todo el evento.
El musical, que fue escrito por Alex Syiek y dirigido por Joanne Syiek, hace un buen trabajo inyectándote el conocimiento algo embarazoso de que estás en un musical de Pokémon desde el inicio. Las luces caen sobra Ash, el entrenador Pokémon de 10 años, mientras es abruptamente impulsado por su mamá hipersexual (solo el primer ejemplo de la licencia creativa del show). El primer número energético, llamado "¡Día Pokémon!" hace erupción en el pequeño escenario mientras todos los personajes se asoman por cortinas y agujeros para saludar a Ash mientras comienza su viaje.
Tomé la mano de mi cita e hice mi primera ronda de disculpas. "Mira, lo siento. Te lo voy a compensar, lo prometo". Un arcoíris de personajes hacían su camino por el inicio de la aventura de Ash por Kanto y todo en lo que podía pensar era las muchas bromas que podía hacer acerca de lo grande que eran los ojos del actor principal.

Se llamaba Jose Montana McCoy y su entusiasmo podía dar energía a varios coches Smart. Inicialmente, me molestó un poco, pero sus ojos saltones empezaron a conquistarme. Tal vez fue el compromiso que tenía con mostrar a un personaje de anime con tanto realismo como pudieran aguantar tres dimensiones. Tal vez era su credibilidad como Ash, de verdad se aferraba a la idea de que realmente se convertiría en "el mejor maestro Pokémon". Para el final del primer acto, estaba enganchada, dispuesta a seguirlo por la madriguera del conejo con el brillante optimismo de un millón de Sailor Moons.

La lección que hay que sacar de esta acogedora producción era práctica, práctica, práctica. Descubrí varios momentos que sospeché que habían salido mal en shows anteriores pero que habían mejorado con el tiempo. Por ejemplo, cuando James del Equipo Rocket hace el chiste, "Es como quitarle un dulce a un niño", y Jessie agrega, "Sí, es como robar un dulce a un bebé muerto", pudo haber sido malo. Probablemente fue malo en versiones anteriores. Pero lo mantiene y se compromete con él. La magia realmente está en el segundo extra de silencio. Es ese momento en el que la audiencia se da cuenta de lo mucho que pasa hasta que otro personaje hable que comienzan las risas. "Que…chingados, Jessie" contesta. ¡Bum! Una de las mayores risas de la noche.

Después, Misty (la compañera platónica de Ash, actuada por Heather Ensley) y Brock (su compa fortachón actuado por Richie Ferris) señalan que Ash tal vez "fue demasiado lejos" con su meta. Entrena a Pikachu con demasiada agresión, causando callos a Pika en sus garras por tantas batallas Pokémon. Todo está en los pequeños detalles, y a quien se le haya ocurrido que Ash entrara en escena como si saliera del set deTrainspotting fue brillante. Los ojos de Ash se ponen blancos mientras dice demoniacamente "¡HAZLO! ¡ACÁBALO!" a un cansado Pikachu. Esto trae el tipo de risa que te sigue y atormenta hasta el otro día.
La clave de esta producción es el balance. Está bien coquetear con algunos chistes impactantes de cuando en cuando, como el chiste de Jessie del bebé muerto, pero el exceso es el enemigo en esta arena. Cuando Ash exhala y suspira exasperadamente cada que ve a su rival, Gary (actuado con perfecta tonalidad por Tyler Ledon) saludándolo en el camino antes de gritar, "¡Jodido Gary!" es golpe perfecto. Uno más de esos chistes, y habrían perdido la magia.

Un elemento débil del show fue hacer a Pikachu (Kelsey Schulte) mirar a la audiencia y recitar monólogos Shakesperianescos recapitulando sus pensamientos internos. Me gustó la idea, y la habría encontrado graciosa si la escuchara en la sala de escritores, pero a la audiencia le llamó poco la atención. Yo creo que fue un cambio de tono tan abrupto que el humor se perdió. Lo rescatable es que estoy segura que Kelsey tiene frente a sí una carrera sólida en producciones de Shakespeare en el Parque de La Fiera Domada. Esas son las peores cosas de este mundo.
Las obras de parodia de la cultura pop como el Pokemusical, Point Break: Live! yTerminator Too: Judgment Play se han vuelto sorprendentemente populares, y en ocasiones parecen lavarse las manos. Parte de mí no culpa al folclor teatral que los pone, ya que es una lucha por alejar a cualquier humano de su computadora por más de media hora.
El Pokemusical fue más que una novedad, y más que un grito de ayuda vía Groupon. El genuino punto de vista era algo que vale la pena. Cantar canciones con voces entrenadas (no como una variedad de karaoke), recitar chistes con una naturalidad entrenada, y actuar con la resbaladiza confianza que solo viene de alguien que nunca ha descansado una noche no es algo fácil, y estos actores lo lograron.
Disfruté el show, y lo recomendaría a más gente, algo que nunca pensé decir cuando entré. Es para aquellos abiertos a una noche llena de un brillo difícil de encontrar en esta cultura de cinismo con la que nos sedamos. Me recuerda una lección que aprendí mientras producía La Novicia Rebelde cuando tenía 13 años: si haces algo con confianza puedes hacer lo que sea. (La audiencia del show aún no se da cuenta que la cagué en mi entrada media docena de veces).
Me alejé del pequeño teatro de Santa Mónica no solo llena de las encantadoras vibras positivas que crea el show, pero con el alivio de que la posibilidad de una segunda cita era grande. Y por eso, Pokemusical, estoy agradecida.