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Vice Blog

EL 1,2,3, INFINITO DE LA HISTORIA SEXUAL:LA ASFIXIA ERÓTICA ES UNA MANERA SEXY DE MORIR

14.1.10

Si tan siquiera lo has intentado en algún punto (pista: lo has hecho), entonces temo que, medicamente, te clasificas como alguien con un desorden sexual. Esto, de acuerdo con la Asosiacion Americana de Psiquiatría, es potencialmente letal. Una cosa es tener un poco de jugueteo casual con cuerdas, y otra completamente diferente es sobrepasar ese punto de estrangulación sexual que lleva a mas de 1000 muertes accidentales al año por asfixia erótica. Sí, estamos volteando a verte a ti, David Carradine (y conspiradoramente a ti, Stephen Milligan).

Reprimirse a uno mismo del oxígeno siempre ha sido algo de moda, no para causar la muerte, sino para localizar lo que sea que se encuentre entre medio. Forma parte de una serie de rituales religiosos, sexuales y de infancia desde la historia antigua. Los antropólogos han encontrado evidencia de juegos de asfxia en la cultura primitiva de los Celtas, los Yahgans sudamericanos, esquimales y niños de los indios Shoshone-Bannock (quienes lo llaman "fumígate y pásate"). Una reliquia maya que data de alrededor de 1000 aC muestra a un hombre desnudo con una soga en su cuello y un pene erecto. Los mayas creían que las almas de los individuos que se colgaban a si mismos iban directamente al paraiso, donde eran recibidos por Ixtab, la diosa de los ahorcados.

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La relación entre el sexo y la estrangulación ha sido conocida por el púbico en general desde los tiempos de los ahorcamientos públicos. Uno de cada tres hombres que murieron experimentaron también una erección de muerte, ocasionalmente eyaculando y/u orinando, lo cual explica porque la asfixia fue recetada a los hombres que sufrían de impotencia durante los 1600s. Los primeros casos de muerte accidental registrada se presentaron justo después, como lo describe Modern Propensities; or An Essay on the Art of Strangling. Éste último incluía la historia del Reverendo Manacle, cual era impotente gracias a una enfermedad venerea, pero mientras trabajaba en la Prisión de Newgate, conoció el efecto erectil de la horca. En la urgencia de que se le parara, se ofreció demostrarle a una reclusa femenina sentenciada a muerte lo indoloroso de la horca. Ella lo ayudó a colgarse en su celda y -¡Tadá!- obtuvo su erección. La reclusa cortó la cuerda, y como escena porno cualquiera, cogieron. El reverendo continuó jugando este juego con la mujer hasta que finalmente se mató a si mismo durante el proceso.

Como siempre, existen montones de cosas de este tipo en Justine de 1791 por el Marqués de Sade. El perverso Rolando le pregunta a su esclava femeninca, Thérése, que lo colgara: "Mientras su cuerpo colapsaba bajo la fuerza de su caida, una enorme sonrisa de extasis apareció en su rostro. Su pene se estiró de una manera increible. Después, un geiser de semen hizo erupción, lanzando hasta más alla de su cabeza, casi hasta el techo." Coincidentalmente, durante ese mismo año, el afamado compositor, Franz Kotzwara murió de la misma manera. Visitó una prostituta en la calle Vine de Soho y le dió dos chelines para comprar jamón, res y brandy. Después de la cena, le pidió que cortara sus genitales. Cuando ella se rehusó, le preguntó que lo colgara durante cinco minutos. Aceptó casi obligada, pero al momento de cortar la cuerda el ya estaba muerto. Fue acusada de asesinato pero se libró gracias a la infamia del individuo colgado.

El caso de la japonesa Sada Abe es uno bueno también. Causo sensación después de estrangular a su amante durante un juego sexual en 1936. Fue arrestada días más tarde cargando el pene de su mortis-amante en la bolsa, con el cual aparentemente todavía había estado jugando. Sirvió varios años de condena y después de convirtió en una celebridad.

Mientras la mayoría de los casos salen a la luz pública debido a ser muertes accidentales, la evidencia de su práctica alrededor del globo se hace clara en el Club de Caballeros Colgados del Londres victoriano, donde las prostitutas prometían asfixia sin temor a muerte -una garantía jugosa.

CAMERON KING