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Cultura

Razones por las que sigo sin hacer mamadas (bueno, casi nunca)

Cuando una mujer decide no hacer mamadas, de repente el tema se convierte en polémica.

por Alison Stevenson
25 Julio 2016, 3:00am


Foto cortesía de la autora

El año pasado la gente me paraba infinidad de veces para preguntarme si no era yo la chica que se negaba a chupar pollas. Me pasaba en fiestas, en la barra del bar esperando a que me atendieran, en Tinder...

Supongo que tampoco debería sorprenderme teniendo en cuenta que en marzo declaré públicamente en internet que no hacía mamadas, aunque la verdad, no creo que fuera para tanto. Pues parece que me equivocaba.

En aquel artículo, decía que me había hartado de que los hombres esperaran que se la chupara sin siquiera dar nada a cambio. Si ellos esperaban tener un orgasmo el día que nos enrollábamos –sin dar nada a cambio–, yo adoptaría la misma postura.

Por mucho que odie que a partir de ahora se me asocie eternamente con las mamadas (o la ausencia de ellas), me alegra que mi artículo al menos haya abierto un debate sobre las injusticias que hay en el sexo entre heterosexuales en lo que se refiere a dar y recibir placer. Además, escribirlo me sirvió como terapia.

Siento menos indignación que antes y estoy más satisfecha con mi forma de abordar el sexo. Aunque me resulta un poco violento recibir mensajes de tíos por Tinder diciéndome que saben quién soy –la chica que no la chupa–, lo bueno es que al menos saben de qué palo voy y o bien lo toman, o lo dejan.

Meses antes de escribir el primer artículo, salía con un chico que se negaba a hacerme los bajos cada vez que se lo pedía. ¿Su excusa? Que solo lo hacía con mujeres con las que tenía un compromiso serio

Pero ahora viene lo bueno: he hecho una mamada desde que escribí aquel infame artículo. Ahora pido a las legiones de haters que me he granjeado que no se tomen eso como una victoria. Juré no volver a chupar pollas igual que juro no volver a comerme nunca más una barra entera de pan de una sentada: en el fondo sabría que iba a ocurrir.

El caso es que ahora, cuando decido hacer una mamada, lo hago bajo unas circunstancias muy diferentes: previamente, mi compañero tiene que haberme comido a mí lo mío y haberme provocado un orgasmo; además, tiene que respetar mis preferencias sexuales. Vamos, que les hago mamadas cuando se lo merecen. El problema es que eso ocurre muy pocas veces.

Si un tío está haciendo que mi vida parezca una canción de Weeknd, no voy a chuparle la polla. Si no me devuelve los mensajes, no se merece que le toque el miembro con la boca. Del mismo modo, el tío que muestra respeto por mis necesidades y me trabaja primero la parte de abajo tiene muchos números de que le haga una buena mamada. Pero, como digo, llegar ahí es casi misión imposible.

La penetración está genial, pero me da igual lo curvado, largo o grueso que tengas el rabo, conmigo no va a haberla. Y pasa lo mismo con muchas otras mujeres. En otras palabras, si un tío y yo practicamos sexo y yo no le chupo la polla, él puede correrse. Si lo hacemos pero él no me lo come, no puedo correrme.

Meses antes de escribir el primer artículo, salía con un chico que se negaba a hacerme los bajos cada vez que se lo pedía. ¿Su excusa? Que solo lo hacía con mujeres con las que tenía un compromiso serio. Pero por otro lado, me dejó bien claro que esperaba que yo se la mamara a él. No parecía ver –o importarle– la hipocresía de su actitud.

Desde entonces he aprendido. Hace poco vino a visitarme un chico por el que una vez había sentido algo. Después de enrollarnos un poco, me preguntó si tenía un condón. Le contesté que me gustaría que primero me lo comiera, a lo que respondió, "Lo haré después de haber follado". Ya me han dicho eso otras veces, y en casi todas resultó que el tío estaba "demasiado cansado" para hacerlo. Así que, ante su negativa, me marché.

Cuando una mujer decide no hacer mamadas, de repente el tema se convierte en polémica

Los hombres han evitado el cunnilingus demasiado tiempo. He oído a muchos hombres decir que eso "no les va". En cambio, cuando una mujer decide hacer lo mismo respecto a las mamadas, de repente el tema se convierte en polémica. Así que si esto ha servido para erigirme como defensora del cunnilingus, bien está.

Por supuesto, me he dado cuenta de que rechazar hacer mamadas quizá sea un poco extremo, razón por la que he quebrantado mi propia norma. Después de más de un año, he vuelto a hacer una mamada a un chico que significa mucho para mí y que me hizo un cunnilingus tan increíble que era para haberle dado una medalla. No estábamos en una relación, pero poco faltaba, y sentí que el chico me respetaba como a una pareja.

Hacerle una mamada a él fue muy distinto a las veces que lo hice a regañadientes con otros. Disfruté dándole placer, porque sabía que antes él había disfrutado dándome placer a mí. Las mamadas son un privilegio, no un derecho. Cuando los hombres empiecen a mostrar más consideración por las necesidades de las mujeres, haré mamadas con gusto, pero hasta entonces, seguiré protestando.

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Traducción por Mario Abad.