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Cultură

Nuevas salidas laborales: emigrar a California a cosechar marihuana

A través del testimonio de tres españoles que vivieron la experiencia, hemos podido descubrir los entresijos de este curro temporal que se presenta como la gallina de los huevos de oro.
29.1.15
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En China la palabra crisis también significa oportunidad. Para muchos españoles, la recesión económica ha sido el empujón (o más bien la patada en el culo), que nos ha impulsado a probar suerte lejos de nuestra patria querida. La fuga de cerebros es lo que se lleva, labrarse un porvenir en otro país donde se cobre más, se viva mejor y todo funcione de una manera más civilizada, o al menos funcione. Como ya hicieron sus abuelos, la llamada generación X hace sus maletas "¡ Au revoire pringaos!" Los que se quedan, intentan encontrar el camino para salir de la topera, una puerta que a veces se abre en forma de viaje a California en busca del "sueño americano".

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Se trata de un rumor que va pasando de boca a boca "ve a California a cortar marihuana, es legal y te forras". Como suele pasar en estos casos, la información viene del amigo de un amigo, que tiene un primo que lo hizo, pero que aixxxx… ¡Qué mala suerte! Ahora está en Australia living la vida hippie y no puede dar fe.

¿De qué va este trabajo? ¿Cuánto dinero mueve? ¿En qué consiste exactamente? A través del testimonio de tres españoles que vivieron la experiencia, hemos podido descubrir los entresijos de este empleo temporal que de entrada se presenta como la gallina de los huevos de oro.

California fue el primer estado en el que se aprobó, en 1996, el consumo de marihuana para uso medicinal. Desde entonces 19 estados más y Washington DC han aprobado leyes para el consumo de maría bajo prescripción. Con 150 dólares y un breve examen se puede obtener una recomendación médica para comprar hierba en un dispensario. El epicentro del cultivo de marihuana de Estados Unidos se encuentra en el norte de California, conocido como "El triángulo esmeralda" esta área la forman los condados de Humboldt, Mendocino y Trinity. California produce más cantidad de cannabis que ningún otro estado (se estima que dedica 32.000 hectáreas, es decir, 125 millones de plantas) que además tiene fama por su calidad.

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Con una producción que supera la de trigo y maíz juntas, en el momento de cosechar los cultivadores necesitan contratar mano de obra externa. A finales de septiembre, mochileros venidos de todas partes del mundo llegan al triángulo esmeralda para trabajar durante dos meses en el negocio más lucrativo del Estado.

La tarea consiste en recortar los cogollos de maría previamente secados, hacerles la "manicura", separarlos de la rama y empaquetarlos. Hasta aquí todo parece sencillo, pero el éxito del viaje a las américas dependerá de una serie de factores que, combinados entre sí, pueden significar el regreso a España en plan "Bienvenido Mr. Marshall", o un lento descenso al infierno.

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Vamos por partes. Lo primero que hay que tener en cuenta es que no hay reglas. No existe contrato, horario, sueldo fijo o condiciones laborales establecidas. Es un trabajo muy peculiar en el que uno no puede acogerse al "convenio de manipuladores de hierba". Los cultivos suelen ser negocios familiares, así que cada casa establece sus normas. Una jungla de THC en la que sobrevive el más rápido.

El dinero va en función del peso, se paga por libra de cogollos terminados, de 140 dólares hasta 200. En un día, un cortador experto puede hacer una libra (453 gramos), libra y media o incluso dos. Dependerá de las horas que invierta, habitualmente de 10 a 12 horas de jornada. Pero las ganancias no dependen exclusivamente de la rapidez o la habilidad para cortar, otro elemento a tener muy en cuenta es la calidad del producto. Si la calidad es baja, el cogollo tendrá poca densidad; pesará poco y habrá que cortar más para conseguir una cantidad decente al final del día.

También será determinante el tipo de jefe con el que haya que lidiar. Esto sí que es algo internacional e invariable, los jefes tocapelotas abundan en todo el planeta, sin distinción de sexo, religión o etnia. Los hay de muchas clases, pero en este caso hay que evitar sin duda el tipo "mosca cojonera", pues exigirá mucha pulcritud a la hora de recortar el producto. Esto ralentiza todo el proceso, es decir, menos dinero.

El perfil del cultivador varía, desde el hippie que se instaló en los 60 pasándose por el forro las leyes de entonces; hasta el american-rambo que tiene una colección de armas en el garaje para hacer frente a cualquier eventualidad: robos, ataques nucleares o una invasión extraterrestre. Los cultivos suelen estar escondidos en la montaña, tratándose de estar dos meses en medio de la nada, la compañía y el trato recibido se convierten en algo fundamental. Si el jefe es enrollado puede proporcionar una habitación para dormir e incluso dietas. Pero si no es así (lo que es bastante habitual) se duerme en tiendas de campaña fuera de la casa; un asuntillo peliagudo que complica la estancia, ya que aparte de clavarte esas fantásticas piedras estadounidenses en la espalda, en la época de cosecha hace bastante frío.

En el mundo laboral no abundan las ventajas para el género femenino, pero en este caso, ser mujer es ventajoso por varios motivos. En ocasiones hay más trabajadores que habitaciones disponibles, en estos casos las mujeres duermen dentro de casa y los hombres en tiendas de campaña, furgonetas o caravanas. Otra ventaja para las féminas es que los cultivadores prefieren contratar chicas. En general lo hacen para poder tener un mayor control de la situación hablando términos de fuerza bruta. Como hemos dicho antes no hay normas, y aunque no es lo habitual, se pueden producir situaciones de enfrentamiento, ya sea porque el cortador decida llevarse algo que no es suyo o porque el capataz no quiera pagar a sus empleados.

Por otro lado, un grupo de chicas extranjeras siempre supone una alegría para la solitaria vida rural.

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El factor más importante de todos es tener un contacto. Alguien que haya trabajado previamente en una casa con buenas condiciones, y que haga de nexo entre el cultivador y el nuevo cortador. Irse a California a la torera no es buena idea, nada garantiza encontrar trabajo, con lo que la broma saldría por unos 2000 euros sumando pasajes de avión y gastos de estancia. Aunque no es la mejor manera, si se opta por la opción kamikaze, lo mejor es preguntar en ambientes apropiados como tiendas de cultivo biológico, etc.

Lo malo de no tener un contacto es que a medida que pasen los días, el incremento de la desesperación será directamente proporcional a la bajada de pantalones. Saben que los extranjeros vienen de lejos y quieren recuperar el dinero invertido, jugarán bien sus cartas y es probable terminar aceptando un pack de malas condiciones: Dormir en tienda, jefe tocapelotas y producto malo… BIG FAIL.

Pero no todo son malas noticias, con un buen contacto, el forastero se convierte en un valor en alza. Prefieren contratar extranjeros porque trabajan más que los americanos (ellos no han invertido el dinero del viaje) y no conocen a nadie, con lo que la discreción está asegurada.

La opción de ir sin contacto y a lo loco puede llegar a ser muy peligrosa, si los cultivadores se dedican a "otros negocios" a nivel legal se pueden tener consecuencias graves. Dependiendo del caso hablaríamos de deportación o incluso cárcel.

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El dinero se paga casi siempre una vez terminado el trabajo, pero cabe la posibilidad de que hasta que el material no esté vendido no haya pago. Eso puede suponer un mes de espera, que sumado a los dos de trabajo son tres meses de gastos sin ninguna ganancia. En ese caso no hay mucho que hacer excepto esperar, los trabajadores están en territorio hostil, en medio de la montaña, incomunicados y sin poder ir a reclamar a ninguna autoridad. En resumen, bien jodidos.

Incluso se han dado casos en los que el cultivador se aprovecha de la situación, alarga la espera y el trabajador vuelve a casa con los bolsillos vacíos porque no puede permanecer más de tres meses en EE.UU. como turista.

Este no es un trabajo legal, no hay contrato laboral, por tanto se paga "en negro" y no está permitido salir del país con más de 10.000 dólares sin ser declarados. Aquellos que logran sortear todos los obstáculos y hacer su agosto particular, se las ingenian para volver a sus países sin levantar sospechas; enviando una parte a través de Western Union (hasta 3.000 euros por trimestre y persona) y llevando el resto consigo en avión. También hay quien lo hace a través de una transferencia bancaria abriendo una cuenta allí.

El marco legal respecto al cannabis es un complejo enjambre de leyes que ha desembocado en la llamada "guerra de la marihuana". En Estados Unidos existe la regulación estatal o local y la legislación federal, que se aplica a todos los Estados Unidos. En virtud de la ley federal, que en principio prevalece sobre las estatales, el cultivo, la venta y el consumo de marihuana son ilegales. Considerado una droga de nivel 1 (el mismo en el que se sitúa la heroína y el LSD) la codiciada materia verde está clasificada como una sustancia altamente adictiva y en ningún caso está aceptada para tratamiento médico. Para más información visita: http://www.namsdl.org/marijuana.cfm o http://www.whitehouse.gov/ondcp/state-laws-related-to-marijuana.

Aunque según la ley estatal de California, está permitido cultivar marihuana si se cumplen ciertos parámetros, según la ley federal, esto es ilegal. El 75% de cultivos ilegales incautados por la DEA (Drug Enforcement Administration) son en California.

El negocio de la marihuana sigue siendo un terreno resbaladizo, un sendero a medio construir por el que muchos han decidido emprender su viaje. Con tantos detractores como partidarios, su completa legalización y regulación a nivel comercial es un objetivo que cada vez parece estar más cerca. No obstante, a día de hoy formar parte de este negocio es una opción de vida incierta que ofrece un suculento premio a los que no tienen miedo a arriesgar. Aquellos que deciden abrir esa puerta, tan peligrosa como tentadora, para tomar por la fuerza lo que un sistema corrupto y decadente les prometió. La generación más preparada, la más académica, el orgullo de papá y mamá; convertidos en mano de obra ilegal, en una suerte de temporeros, en tijeras.