Cultură

¿Por qué aparecen chicas en pañales en mi ‘feed’ de Instagram?

Hablamos con algunas practicantes de estos extraños juegos sexuales que se cuelan en las redes sociales y con una psicóloga para que nos explique sus motivaciones.
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Imágen vía Instagram de @lunarpassions_

Los fetiches, el "roleplaying", las prácticas BDSM empiezan a ganar fuerza en la cultura popular, con su consecuente reflejo en la moda. Veíamos ya hace casi un año un documental sobre el "feederism" y cada vez más personas deciden expresar su particular sexualidad o forma de ver la vida en las redes sociales, como Instagram. El mundo de los "bebés adultos" no nos es ajeno y si nos adentramos en las redes sociales vemos que los fetiches o simplemente comportamientos que no son normativos son pretextos para formar comunidades y buscar aceptación.

Muchos no sabréis de qué van los hashtags #daddydomlittlegirl, #ddlgcommunity, #abdl, #ageplay, etc. Yo me lo preguntaba hasta hace poco, cuando en la pestaña "Descubre" de Instagram me aparecían selfies de chicas con pañales y chupetes, acompañadas de estos tags y otros similares, y resulta que estos términos responden a prácticas o juegos sexuales consensuados en los que sus participantes interpretan roles de edades muy diferentes. El niño o la niña pequeña (el rango de edades varía mucho: desde 1 o 2 años hasta 7, etc.) que necesita cuidados y atención constante, el padre/madre/cuidador que ejerce un rol parental de cariño, atenciones, cuidados y disciplina…

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Si bien es cierto -mis fuentes lo han constatado- que es mucho más frecuente dentro de esta comunidad que el rol infantil sea llevado a cabo por un hombre, yo me he centrado en las chicas que interpretan este rol (y su pareja masculina interpreta el rol de padre dominante), pues son las que tienen mayor visibilidad y un mayor número de seguidores en Instagram. He tenido el privilegio de hablar con @lunarpassions_ y @binkieprincess, que me han ayudado un poco a entender este mundillo al que soy totalmente ajena.

Desde que empecé a elaborar este artículo se le ha borrado la cuenta de Instagram a una de las chicas en las que me basé para hacerlo y se ha bloqueado el hashtag #petplay

Muchos de nosotros -me incluyo la primera- desde nuestra ignorancia pensamos que estas movidas obedecen a roles de poder eminentemente sexuales. Pensamos que son comportamientos o juegos que se reducen a un ámbito sexual, que se llevan a la cama. Pero nada más lejos de la realidad. Interpretan estos roles las 24 horas del día si pueden (no olvidemos que existen responsabilidades adultas ineludibles como la universidad o el trabajo) y que rara vez o ninguna lo llevan al dormitorio. Me insisten y ponen énfasis que es una práctica consensuada entre adultos y cuya visibilización no hace daño a nadie, y que a ellas les ayuda o les favorece. Con esto se defienden ante las acusaciones por parte de ciertos sectores de que fomentan la pedofilia y pederastia y la sobre-sexualización de menores.

Llama poderosamente la atención que, a la hora de hablar con ellas, me adviertan que tenga "cuidado de con quién hablo pues hay muchas chicas que solo lo hacen por moda". Quizá no se entienda muy bien que alguien suba fotos con pañales o correas por moda, pero sí que es cierto que el "Daddy dom little girl" ha tenido gran influencia en las redes sociales en los últimos años y un impacto e influencia tremendos en la cultura popular, desde Lana del Rey cantando "Daddy you can be the boss" hasta camisetas que rezan "Yes, daddy?" y modelos ultrafamosas en Instagram como Joanna Kuchta decantándose por un estilo de vestir derivado de estas prácticas.

No sé hasta qué punto puede estar de moda fingir en Instagram que ser un bebé adulto es tu estilo de vida, pero no se puede negar que hay una cantidad importante de cuentas dedicadas a estos fetiches que tienen muchos seguidores y popularidad. Quizá el anhelo de sentirse parte de una comunidad, de sentirse aceptado es mucho más fuerte que el peligro de exponerse tanto en una red social. Tanto como para incluso fingir y hacerse pasar por un "bebé adulto", llevar pañales y chupete solo para las fotos. A colación de todo esto, pedimos opinión a la psicóloga E. G. Z., que nos matiza que "es un tema complejo pues habría que analizar la parte psicológica de la infantilización y la conducta regresiva y también hacer un análisis crítico sobre qué significa el deseo sexual hacia una adulta que se infantiliza, cuánta carga de relación de poder hay en el plano inconsciente ante ello".

Nos explica también que respecto a este tema del #daddydomlittlegirl en particular, "existe un deseo que puede partir de una necesidad de sentirse reconocida, de recibir aprobación de hombres adultos, en este caso a través de la propia infantilización para ello. Detrás de esto puede haber (no tiene por qué) alguna experiencia de abuso sexual en la infancia, por lo que la persona aprende que sólo es vista / reconocida / valorada a través del deseo sexual que despierta en los adultos. Ese es el mensaje que suelen interiorizar inconscientemente algunas abusadas, patriarcado y adultocracia: soy validada si me muestro como deseable, para complacer el deseo. Y esto hace que muchas mujeres abusadas con las que he trabajado (y algunas han desarrollado trastorno límite de la personalidad) se relacionen con la figura masculina desde ahí, mostrándose sexual y disponible. Mostrarse sexual forma parte del repertorio humano de mostrarse, desde distintas caras, el problema es que se haga desde la carencia, desde la necesidad de suplir, de cubrir vacíos afectivos o de autoestima".

Imagen vía Instagram @binkieprincess

Aclara que no habla en ningún momento de pedofilia o pederastia pues como hemos dejado bien claro en este artículo se trata de relaciones entre dos adultos y consentidas, pero que no se puede negar que los deseos tienen una parte aprendida, y toda fantasía deja mostrar un atisbo de realidad, que es ese ejercicio de poder y atracción sobre "menores". Respecto al tema de la exposición o sobre-exposición en las redes sociales como Instagram dice que la mayoría lo hacemos pues todos tenemos "una identidad que generar, que validar, que mostrar, y las redes sociales son una forma más de la realidad". Hasta ahí es normal que nos mostremos, pues todos tendemos a querer ser reconocidos y alguien que tiene unos gustos que se alejan de la norma experimenta esta necesidad de una manera más acuciante. Pero para E. G. Z. supondría "un problema que la necesidad de mostrarse y mostrar tu forma de vida o tus preferencias particulares se convierta en algo patológico y genere una dependencia o que proceda de una carencia como por ejemplo compensar la baja autoestima o de tener perfil dependiente de la aprobación social".

Algo que nos choca de todo esto, es que lo hacen público -¿quizá demasiado público?- y hacen partícipes a miles de seguidores Pero para estas chicas constituye una manera efectiva de conocer gente con estos intereses comunes, de recibir apoyo y comentarios positivos y de sentirse parte de una comunidad en la que no se sienten juzgadas. Este es un arma de doble de filo, pues al exponerse por completo también reciben una gran cantidad de insultos y acoso indiscriminado. Si bien a la que escribe estas líneas le parece bien que tengan una plataforma para expresar su identidad y sus gustos no normativos y poder sentirse parte de un grupo, es importante conocer también la opinión de Instagram respecto a este tema. En la información dispuesta en su web, disponible para todo el mundo podemos ver sus términos y condiciones (sí, esos que nadie se lee) y la logística del tema de las denuncias y la eliminación de contenido.

Los representantes de prensa de Instagram nos aseguran que de acuerdo con lo que dicen las condiciones de uso de la red social, las denuncias se revisan y se elimina o bloquea el contenido si vulnera alguno de estos términos. Por ejemplo, y como curiosidad, desde que empecé a elaborar este artículo se le ha borrado la cuenta a una de las chicas en las que me basé para hacer el mismo y se ha bloqueado el hashtag #petplay.

Tras el testimonio experto de E. G. Z. y lo extraído de las normas comunitarias de Instagram, opino que -a pesar de que no se debe juzgar lo que haga cada uno en privado mientras no se haga daño a alguien, rol sexual o no, y de que es una práctica consentida y consensuada entre dos adultos- es una práctica que puede tener carga psicológica y patriarcal, y que desde un análisis crítico feminista supone la reproducción de roles de poder en el imaginario. Si estas chicas realizan esta práctica y su exposición en las redes sociales desde la conciencia y no desde la carencia psicológica, desde la necesidad de aprobación adulta masculina (cosa que me han reiterado las chicas con las que contacté) es tan respetable como cualquier otra.