Cultura

Radiactivo Man: conocemos al guía no oficial que cuela turistas en Chernóbil

Una prohibición no es suficiente para impedir la entrada a quien no tenga permiso: hay varios guías no oficiales que te pueden colar en la zona de exclusión de forma ilegal y acompañarte adonde quieras ir.
09 Mayo 2016, 3:00am

Todas las fotografías por Kiril Stepanets

Este artículo se publicó originalmente en VICE Grecia.

Todos los años, miles de turistas visitan la zona restringida de Chernóbil, donde el 26 de abril de 1986 se produjo el peor accidente nuclear de la historia de la humanidad. Después de la tragedia, se evacuó la zona circundante a la planta y las autoridades decretaron una zona de exclusión en un radio de 30 km desde el reactor número cuatro. En dicha zona quedaron las poblaciones de Prípiat, Chernóbil y docenas de pequeñas aldeas. Recientemente se abrió el acceso a la zona, que se puede visitar con permisos especiales y yendo acompañados de un guía oficial.

Evidentemente, una prohibición oficial no es suficiente para impedir la entrada a quien no tenga permiso: hay varios guías no oficiales que te pueden colar en la zona de exclusión de forma ilegal y acompañarte adonde quieras ir. Se les llama los "acechadores", y Kiril Stepanets, de 27 años, es uno de ellos. Hace unos años, solo unas 10 o 15 personas entraban en la zona, pero según Kiril ahora son cientos.

Hablé con Kiril sobre riesgo, romanticismo y perder los dedos de los pies en la zona de exclusión.

Kiril Stepanets

VICE: ¿Cómo empezaste a organizar visitas guiadas por la zona?

Kiril Stepanets: En 2009 fui por primera vez en una visita oficial. En seguida me di cuenta de que los tours organizados realmente no ofrecían nada: te cobran un dinero y tú ni siquiera te enteras de dónde estás. En 2011 entré ilegalmente con un grupo de amigos y desde entonces no he dejado de venir.

¿Por qué?

Vivo al lado. Desde Kiev te plantas allí en una hora y media en coche. Hay gente que se va a los Cárpatos o a los Alpes para desconectar, pues yo voy a Chernóbil. Estuve un tiempo trabajando como guía oficial pero luego me despidieron. La gente se juntaba en grupitos y algunos parecía que estuvieran enamorados de la zona y no querían compartirla con nadie. Era muy raro trabajar allí, por eso decidí organizar visitas por mi cuenta.

¿Cómo entras?

Vamos en coche o en autobús hasta el punto de control y entramos por alguna de las entradas ilegales que hay. Una vez dentro, ya puedes ir adonde quieras. Para llegar a Prípiat hay que caminar un par de días, pero se tarda menos en ir a las aldeas cercanas. Cuando voy solo, me gusta pasear por sitios en los que nadie ha puesto un pie en 30 años. Hay sitios así, pero también mucho turismo. El otro día, mientras iba de camino a Prípiat, me crucé con unas cuarenta personas por la carretera.

¿Llevas instrumentos para medir los niveles de radiación?

Ya no, porque si me pillan, me los confiscan y son trastos caros. Pero bueno, sé moverme por la zona y no los necesito.

¿Las autoridades se dedican a perseguir turistas ilegales?

Sí. A mí me han pillado un par de veces, pero tampoco pasa mucho: te registran, abren expediente, lo llevan a juicio y te llega una pequeña multa. Eso si te pillan paseando y echando un vistazo. Otra cosa es si te pillan robando cosas de la zona, como hierro o madera. Por lo visto los contrabandistas se sacan un pastizal con eso, pero yo paso.

¿Qué tipo de gente hace tus visitas?

De todo tipo, la verdad: desde empresarios que buscan un poco de emoción a periodistas que buscan una buena foto o gente que simplemente tiene curiosidad por conocer Chernóbil después de oír hablar de ella tantos años. Eso sí, el 90 por ciento de ellos va para subir a la azotea de algún edificio de Prípiat, ver la puesta de sol y emborracharse contemplando la ciudad muerta.

¿Dónde te quedas cuando vas allí?

Nos quedamos en unos apartamentos en Prípiat o en las aldeas. Allí tenemos provisiones y algunos sofás y camas para descansar después de una larga caminata.

¿Cuántos acechadores sois?

No tengo ni idea. Antes éramos unos quince y todos nos conocíamos. Ahora habrá muchos más y hay mucha rivalidad entre nosotros. Hay un tío que sabe dónde me quedo cuando vengo y siempre que no estoy, rompe los cristales de las ventanas y se mea en mi cama. O me espía. Por lo general, esta zona suele atraer a personas con carácter inestable.

Habrás conocido a buena gente, ¿o no?

Sí, claro, a muchos. En Prípiat conocí a una chica de Moscú que también había entrado ilegalmente y empezamos a salir y a ir juntos a la zona. Yo lo llamaba una relación radiactiva. Pero ya no estamos juntos.

¿Se tuercen las cosas, a veces? ¿Qué accidentes pueden ocurrir?

Uno de mis mejores amigos, de Rusia, estuvo en la zona en invierno, se emborrachó y se quedó dormido en una azotea. Por la mañana se despertó y no se notaba los pies. Se arrastró hasta la carretera principal, llamó a la policía y se entregó. Al final tuvieron que cortarle los dedos de los dos pies.

¿Se confió demasiado?

Sí. Era un tío con experiencia en Chernóbil, aunque muchas veces son los más experimentados los que se meten en más problemas.

Traducción por Mario Abad.