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ALCANZAR LAS NUBES Philippe Petit Alpha Decay Pese a la vergüenza que da lucir en el metro semejante título, tan obvio y tan cursi, hay que reconocer que basta olerlo para engancharse a la aventura de este francés...
1.12.09

ALCANZAR

LAS NUBES

Philippe Petit

Alpha Decay

Pese a la vergüenza que da lucir en el metro semejante título, tan obvio y tan cursi, hay que reconocer que basta olerlo para engancharse a la aventura de este francés egomaníaco que un día de hará treinta años largos se propuso cruzar las torres gemelas sobre un alambre. Porque sí. Secundado por varios amigos concibió un plan tirando a naif que acabó por funcionar: Petit burló el sistema y el 7 de agosto de 1974 se descolgó entre los rascacielos y allí estuvo tres cuartos de hora haciendo el pangolín, para pasmo del mundo entero. Aunque su objetivo allanase ámbitos poéticos y de cantamañaneo, los prolegómenos son los mismos que requeriría un acto terrorista, lo cual hace hoy del libro un arreglo con la ciudad de New York, algo así como un homenaje al edificio y en lo global acaso un suspiro de esperanza retroactiva. Es interesante leer que Petit pasó varios años de su juventud en España, soñando con ser torero, lo cual ya dispone todas nuestras simpatías para con su insensatez natural. De hecho, nuestra contradicción emerge a cada página, y es tanto así que la arrogancia del francés, de la que él mismo no puede ni quiere zafarse, nos concilia con su causa en lugar de alimentar el recelo. La escritura del funámbulo es discreta en alardes y aparenta despreocupación estética, pero es tan tramposa y efectiva que prefigura, línea a línea, la película que tiene en mente dedicarle Robert Zemeckis, puritito Hollywood.

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Alcanzar las nubes

, que por ahora ya ha sido adaptado en un documental de éxito y sin embargo muy regulero, suena todo el tiempo a infundio y a leyenda, pero el caso es que nos tiene sudando las manos durante más de trescientas páginas, que no es poca cosa. Situacionismo con dos cojones pues. Vaya movida guapa.

RUBÉN LARDÍN

KAHLO EN EL PAÍS DE LAS DADANOIAS
Marta Castro Suárez
Norma Editorial A Marta Castro la tengo localizada, o eso me parece: trabaja en una oficina bastante parecida a esta, no muy lejos de aquí. A Kahlo, sin embargo, no termino de ubicarla, quizá porque uno es lerdo y hoy es lunes o porque en su libro referencia filósofos que sólo conozco de nombre (un lerdo, ya digo); revela gran afición al erotismo, que es cosa que respeto pues es manifestación y proyección al exterior de la psique humana pero cuyas traslaciones a la literatura, el cine, la pintura o lo que sea suelo encontrar ajenas o me impacientan; o a lo mejor lo que pasa es que las fotografías la muestran casi siempre en bragas y yo siempre la he visto dejándose las pestañas ante un ordenador en horario laboral y, cachislamar, vestida. Parto de un error de base, probablemente, pensando en Marta la currante y Kahlo la sicalíptica como en una sola persona, cuando en realidad son dos. La segunda es la que lleva unos años colgando fotos y textos en varios blogs de éxito, y la primera la que ha compilado el material y puesto en un libro de cromatismo desbocado que no sé si tendrá el mismo éxito que los blogs pero me alegraré si lo tiene. Que nadie espere encontrar aquí la vida de Marta/Kahlo narrada al minuto y con profusión de detalles, aunque unos cuantos haya y de los cañeros. Ni exhibicionismo por el morro. El país de las dadanoias, más que nada, es un estado mental y una forma de ver las cosas que es patrimonio de su autora pero con el que algunas otras personas coinciden. Lerdo que soy, insisto, a mí me basta con llevar dicho estado mental encima, hojearlo en el metro y notar que los de al lado se lo miran con disimulo por encima de mi hombro. Exhibicionismo subsidiario, lo mío. JESÚS BROTONS

ZOMBIE HOLOCAUST
David Flint
Editorial indefinida La imagen más cercana al concepto zombie que tuve en mi infancia la protagonizaban unas personas en chándal que buscaban una cucharilla y medio limón, peregrinaban a poblados del extrarradio y, por lo menos en mi ciudad (Barcelona), vivían cerquita del cementerio para ahorrarse el último mal viaje. Luego descubrí que había todo un mundo de fantasía al margen de los yonkis que malvivían cerca del camposanto de Montjuich. Me di cuenta que el concepto del zombie servía para el entretenimiento pero también para transmitir mensajes ecologistas o incluso anticapitalistas. Ahora el asunto vive un resurgimiento más enfocado, a excepción de los zombies guerrilleros de Romero, al entertainment. A la abundante bibliografía sobre la materia, ahora debemos añadir Zombie Holocaust, un tomo muy majo que disecciona la historia de la comunidad zombie: de los orígenes míticos en la isla de Haití al revival de los noventa que aún colea, muchas veces entre carcajadas, a la edad dorada de un género (de mediados de los 70s a mediados de los 80s) enlatado en cintas chirriantes de VHS que te copiaba ese amigo colgao que coleccionaba gore casero y películas de terror italiano. El paseo empieza, pues, en Haití, hurgando en una rica tradición vudú que alcanza su nivel máximo de bizarrismo cuando el siniestro dictador François “Papa Doc” Duvalier explota hábilmente el miedo a los zombies para mantener a la población haitiana bajo su mano de hierro. Luego viene la parte de los Tonton Macoutes que es digna de película de terror, pero que ya es otra historia (lean un poco, que no hace daño). El nudo del libro resulta francamente sorprendente por la calidad de unos textos sobre los fascinantes prohombres del cine de serie B sobre los que tanto se ha escrito ya: Lugosi, Karloff, Santo, Romero, Fulci, el tío Jess Franco… También resulta muy didáctico en cuanto a la catalogación de subgéneros, algunos tan demenciales como las pelis de zombies nazis, zombies invasores del espacio exterior, el tema pútrido festivo (ya saben esas barrabasadas de Joe d’Amato como “Erotic nights of the living dead” ), blaxplotation movies con zombies de por medio, zombies de las profundidades del mar, karatekas contra muertos vivientes… e incluso referencias a películas “eurozombies” o “european explotation” (sic). Como delicatessen final cabe destacar unos excelentes capítulos dedicados a las novelas y los zombies en la literatura, los cómics, los videojuegos y el cine X (estoy por pillarme como sea “Sperm Zombies”, “Porn of de Dead” o “Zombies, zombies, zombies. Strippers vs Zombies”. Decididamente, la coyuntura actual (el zombie vuelve a vender entre el chavalerío, y el libro World War Z se vende como churros) me reafirma en la opinión de que este revival zombie tiene una cosa en común con el de la heroína: ambos han vuelto para quedarse. NANDO WATERGATE