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¡vende Tu MÚ$ica Con Buena Prosa!

En los años 90, el coste de fabricación de un compact disc estaba por debajo de los diez centavos. Puesto que fabricar un disco de vinilo costaba cuatro veces más, el cambio de formato dominante, apoyado por la industria, rebajó de tal manera los...
1.12.10

¡VENDE TU MÚ$ICA CON BUENA PROSA!

POR OLIVER HALL, ILUSTRACIONES DE T. SHEPPARD SHANKS

En los años 90, el coste de fabricación de un compact disc estaba por debajo de los diez centavos. Puesto que fabricar un disco de vinilo costaba cuatro veces más, el cambio de formato dominante, apoyado por la industria, rebajó de tal manera los costes para las grandes discográficas que estas se encontraron en posición de hacerse con el control de los medios de producción. Al mismo tiempo que las grandes compañías rebajaban costes aumentaron el precio de los CDs que servían a las tiendas al por mayor, duplicándolo y, después, triplicándolo. Un artículo publicado en 1995 en el diario New York Times señalaba que, para las compañías, el margen de beneficio obtenido entre el prensaje del nuevo disco de Rod Stewart en la planta que poseía WEA en Pennsylvania y su venta a los comercios a razón de 10,72 y 11,20 dólares la unidad era de un 2.000%. ¡Y eso sólo en América!

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Mientras la industria discográfica incrementaba su margen comercial, el intercambio de archivos en internet proveía al consumidor de un ajuste compensatorio. Capitol Records fijó en 18,98 dólares el PVP de Scarecrows (2001), de Garth Brooks; internet, por su lado, estimó su precio en cero dólares, precio de amigo. Tal desarrollo de los acontecimientos no provocó, como cabía esperar, el inmediato desempleo de todo el que trabajara en el bisnes de la música. Lo que sí hizo fue amplificar el grado de desesperación que puede leerse entre líneas en las hojas promocionales.

Sabemos lo difícil que es conocer los entresijos del acelerado, frenético mundo del marketing musical y llegar a dominar su arcana lengua, de manera que hemos creado una práctica guía que os enseñará cómo utilizar la prosa para vender vuestra nueva música.

EMPLEOS EN PELIGRO

Ansioso por mantener a Steely Dan en ABC Records, el presidente del sello, Steve Diener, hizo del texto que escribió para su disco

Aja

(1977) un mensaje dirigido tanto al posible comprador como al propio grupo: “Steely Dan están en otro nivel; un lugar muy especial en lo personal y en lo profesional, como demuestra, una vez más, la música que hay grabada no muy lejos de estas palabras que me han pedido que escriba”. (De forma algo embarazosa, los comentarios de Diener aparecían a continuación de unas notas de contraportada escritas por los propios Steely Dan, Becker y Fagen, aunque atribuidas a un periodista ficticio llamado “Michael Phalen”, quien acusaba al grupo de indescriptibles atrocidades; en años posteriores se publicó que uno de los encuentros que Phalen tuvo con los Dan culminó con la llegada de varios paramédicos para “detener la hemorragia”). Diener habló también con Cameron Crowe, quien escribía entonces para la

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Rolling Stone

. “Espero que se queden en el sello”, dijo. “Tengo un gran respeto por estos chicos. Me refiero a que… Están hechos de una pasta muy especial, y eso incluye a su productor, Gary Katz”. En los primeros meses de 1979 MCA adquirió ABC Records (y a Steely Dan) y poco después cerró la compañía, dejando a Diener como presidente de su comunidad de vecinos y para de contar.

Las hojas promocionales siempre han tenido un subliminal tono de desesperación: su estilo prosístico es el de los puestos de trabajo en la cuerda floja. Aplicar la misma retórica a los textos que tú escribas hará que parezca que hacer publicidad de tu propio grupo es tu trabajo; mejor aún, una misión. Haz afirmaciones categóricas con la jadeante urgencia del que llama al hospital para que le ingresen de inmediato para una operación de by-pass cuádruple. Este “largamente anhelado”, “muy esperado” disco de debut de un “excitante” nuevo grupo “del que todos hablan” está destinado a recibir los “elogios de la crítica en todo el mundo”, “¡NO TE LO PUEDES PERDER!”. La música ha de sonar como

todo

lo que le gusta al público (así, en general), trascendiendo al mismo tiempo las convenciones de su género: dí que “escapa de los moldes típicos del pop” y que está “fuera de los clichés habituales del género que otras bandas utilizan como muleta a la hora de componer”. Si estamos hablando de un grupo de carcamales que tiempo atrás rozaron algo parecido al éxito, entonces su nuevo disco es “su mejor trabajo desde (pon aquí el título)”, pero asegúrate de que no parezca simplemente

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tan bueno

como aquel, sino

mejor

. El grupo regresa y es el de siempre pero distinto, “aún con más fuerza y energía”, “explorando nuevas fronteras”, “huyendo de los lugares comunes para crear un nuevo capítulo en la historia de su continua evolución musical”.

DEJA CAER NOMBRES

El siguiente extracto de “Carta abierta a un amigo”, un texto escrito por el publicista de Columbia Records Billy James y aparecido en la contraportada del

Mr. Tambourine Man

(1965) de The Byrds, nos sirve como ejemplo de otra útil herramienta. “Músicos de rock’n’roll—Major Lance, Little Richard, los adolescentes Sonny and Cher y unos cuantos más—entraron en Ciro’s, en Hollywood, mientras The Byrds estaban tocando, y supieron de inmediato que algo nuevo estaba sucediendo allí. A Jackie DeShannon le gustó cómo interpretaban sus canciones; Mary Travers estaba preciosa bailando con ‘Mr. Tambourine Man’… También estaban Lloyd Thaxton, Mitch Reid… una chica de aspecto formidable llamada Mary Hughes y, por supuesto, el actor de método favorito del público más en la onda, Michael Pollard”.

Es difícil encontrar una hoja promocional que no emplee esta antigua técnica, aunque los nombres de hoy no son los de los famosos del momento sino los que han entrado en el Hall of Fame. Así, la música que hay que vender casi siempre “le guiña un ojo” a los Beatles, los Stones, los Beach Boys, Sex Pistols, Prince, Beethoven, Jesucristo o quien haga falta mientras sea demográficamente apropiado. Los discos, como el dólar, prácticamente no tienen ya ningún valor, y lo mismo se puede aplicar a las reputaciones. Embute en tu texto promocional tantos nombres como sea posible. Tomemos como ejemplo la hoja de promoción de

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Nuance

, de Lisa Hilton, una auténtica rueda de reconocimiento policial de nombres famosos, la mayoría de ellos de artistas muertos y elevados a los altares (el disco podría haberse titulado

Sesión de Espiritismo

): Ira Gershwin, Muddy Waters, Miles Davis, Duke Ellington, Igor Stravinsky, Claude Debussy, Bill Evans, Oscar Peterson, Horace Silver, Dave Brubeck, Brad Mehldau, Thelonious Monk, Quincy Jones y Stan Getz han aportado parte de su gloria a este disco. ¿Y por qué no? Al fin y al cabo tienen gloria suficiente para dar, prestar y regalar. Si escuchas atentamente con los cascos bien ceñidos, puede que hasta oigas al mismísimo Buddy Bolden haciendo coros en los estribillos.

El responsable del texto emplea otra artimaña bastante efectiva: dejar caer nombres con intenciones peyorativas. Él, o ella, culpa del fracaso del disco de debut de Lisa Hilton,

Seduction

(un álbum que, en palabras de Hilton, “vendió dos copias”), a la radio terrestre, la cual “hacía y deshacía a su antojo en aquellos tiempos en los que Michael Jackson y Mariah Carey dominaban a sus anchas”. Este viejo argumento, el de la marginación, empleado hasta la saciedad en estilos autocalificados de rebeldes—el punk, el metal y el hip-hop, por ejemplo—, aún puede dar resultados.

60s 70s 80s 90s

Piensa en las décadas no como períodos históricos arbitrariamente delimitados sino como una forma rápida de calificar distintos estilos pop, de manera que las décadas se conviertan en sí mismas en géneros musicales o, mejor aún, en simples adjetivos (“esto es muy

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ochentero

”). Al igual que cualquier realizador de documentales sabe que a las imágenes de archivo de protestas por la guerra de Vietnam conviene acoplarles uno de esos solos de guitarra pseudohendrixiana embebida en wah-wah que los empleados de Guitar Center se empeñan en ejecutar para mostrar al cliente que tocan mejor, el promorredactor sabe pulsar las cuerdas que hacen que un pasado idealizado y subjetivo resuene en lo más profundo del corazón. Pon al comprador allí donde le quieres tener, atrapado en el vasto territorio de los sentimientos y el mito; un lugar inmaterial donde los egos individuales se ven indefensos y humildes, desnudos, invisibles. Cuando ya lo tengas acurrucado en posición fetal, véndele un disco que le hará sentir “una brisa fresca en verano”, “una mano cálida en su espalda”, un baño de burbujas y una mamada.

No apeles a los gustos del comprador, apela a sus recuerdos. Conjura aquellos días dorados en los que el mundo parecía algo grande y nuevo. Extrapolando a partir de las hojas promocionales de esta temporada, el disco ideal del consumidor de pop en este año 2010 suena como Van Morrison, Rolling Stones, Love, Neil Young, Replacements, The Fall, Orange Juice, Smiths, The Cure y The Byrds “filtrados por la sensibilidad de grupos contemporáneos como Grizzly Bear”. Esto último es crucial. Aunque sea a regañadientes debes admitir el valor de los tiempos presentes, darles crédito, no sea que el potencial comprador opte por aliviar su acceso de nostalgia sintonizando una emisora de rock clásico en vez de invertir su dinero en tu nuevo producto de primera calidad. Prueba esto: tu disco “suena íntimo y familiar y al mismo tiempo increíblemente novedoso”, o “suena familiar y a la vez excitante”.

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EMOCIÓN Y PROPAGANDA CATACRÉTICA

Según la hoja promocional de un recientemente editado disco de debut en el que “cada nota despide luz”, los componentes del grupo “evocan un majestuoso aura de nostalgia con una melancolía que brota directamente del corazón”. Estos tíos no sólo quieren que les des tu dinero por hacerte sentir mal, ¡además se sienten fatal por pretenderlo! Oye, tío, ¿podrían quedarse a dormir en tu casa después del concierto? Lo creas o no, ahí fuera hay millones de hombres y mujeres deseosos de arrojar las finanzas que buenamente puedan ganar al tipo con jersey ajado y bancarrota emocional que les pille más a mano. Ahora bien, primero has de convencerles de que, emocionalmente, vuestro cantante es un caso perdido. Por regla general, esto es porque a) vuestro cantante es puro de corazón, pero además b) el mundo está muy jodido.

Un aspecto de la hoja promocional emocional que no debes pasar por alto es que tiende a expresarse mediante metáforas confusas. No achaques esto a desidia o falta de atención por parte del redactor: el vendedor emocional sabe instintivamente que una retahíla de imágenes inconexas derramándose en cascada ante el ojo de la mente, disolviéndose unas en otras con incontrolable, aterradora rapidez, imita el estado mental tanto del éxtasis religioso como de la depresión suicida. A medida que el promocionero suelta su cháchara indescifrable, los ojos caleidoscópicos de Lucy giran cada vez más y más rápido hasta convertirse en insondables vórtices cuyo fondo conduce al más remoto confín de los avernos… ¡Vendido!

La hoja promocional del nuevo disco de Damien Jurado empieza comparando la música de Damien con su antigua casa “al final de la calle”, sólo que ahora con una “vitalizante” nueva capa de pintura “que hace que brille todo el vecindario”. Aunque derrengados tras haber tenido que levantarse temprano, cogido el autobús para ir al barrio de mierda de Damien y aplicado pintura vitalizante en toda la puta casa, los músicos del grupo no sólo demuestran ser buenos colegas sino también estar a la altura de Dios, pues a continuación “crean un cielo en el que las canciones puedan volar”. Mientras tanto Jurado es un volcán (¿en su antigua casa al final de la calle? ¡Corred!) que arroja proyectiles mucho más terribles que las cenizas del Eyjafjallajökull o la lava del Vesubio: “palabras… llenas de esperanza” (¡¡CORRED!!). Estas palabras están tan llenas de esperanza que el volcán sufre un brote psicótico, partiéndose en “dos mitades de sí mismo” que dialogan sobre querer saber cómo es flotar. El productor, entonces, “guía a Jurado a través del río, donde sucede la metamorfosis” (¿cuál?), para después “guiarle de regreso”, y crear el productor/barquero una lente a través de la cual “vemos a Jurado no como un cantante folk sino como un místico”. Tras leer este texto promocional tuve que pasar cuatro días “relajándome” en el Hospital Mental del Estado de Camarillo.

ADJETIVOS

La mayoría de los adjetivos y calificativos que se utilizan a la hora de describir música carecen de verdadero significado, y pueden por tanto intercambiarse sin miedo a contradicción interna o externa. Ahí va una no exhaustiva pero útil lista de calificativos; id añadiendo los vuestros hasta conformar un práctico arsenal.

Aclamado, adictivo, afilado, angular, aplastante, arrollador, art-punk, asombroso, áspero, atemporal, atronador, básico, Beach Boys, Beatles, bello, brillante, brutal, C86, cálido, cáustico, celebratorio, celestial, centrado, cerebral, cinemático, compacto, complejo, completo, conmovedor, contemplativo, crispado, crudo, demoledor, denso, desgarrador, desnudo, directo, DIY, duro, ecléctico, eléctrico, electrónico, emocional, esperado, espléndido, etéreo, evocador, explosivo, expresivo, exuberante, familiar, fiero, folky, frágil, frenético, fresco, fuerte, funky, futurista, futuro clásico, honesto, impresionista, inconformista, inconfundible, indie, indietrónica, indispensable, infeccioso, innovador, inteligente, intenso, introspectivo, irónico, irregular, irresistible, irreverente, juguetón, kingcrimsoniano, legendario, lo-fi, lujoso, luminoso, maduro, melódico, morrisseyesco, nostálgico, nuevo, onírico, orgánico, original, oscuro, pegadizo, perfecto, personal, pertinente, primaveral, poderoso, poliédrico, profundo, provocador, puro, radiante, redondo, refinado, relajado, retorcido, rupturista, seco, sedoso, seductor, seminal, sentido, sincero, sin compromisos, sinuoso, sofisticado, stoniano, tenso, torturado, travieso, único, urgente, valiente, variado, visceral.