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pasando olímpicamente

La ciudad de Hamburgo es tajante: meteos las Olimpiadas por donde os quepan

Los ciudadanos de Hamburgo han mandado al COI ha pastar y han decidido que no les interesa organizar los Juegos Olímpicos de 2024. Sus motivos parecen bastante razonables.
Foto: Imago

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Los ciudadanos de Hamburgo han decidido: su ciudad no acogerá ningunos Juegos Olímpicos. En el referéndum que hubo el pasado fin de semana, el 51,6% de los 650.000 votantes se declararon contrarios a la candidatura de Hamburgo para el evento olímpico. Para el alcalde Olaf Scholz ha sido una amarga derrota.

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Es la segunda vez que una ciudad alemana rechaza las Olimpiadas: los ciudadanos de Múnich votaron en contra de que su ayuntamiento presentara candidatura a los JJOO de 2024. Puede que los habitantes de Alemania tengan muy claro que pasan de las macrooperaciones de especulación urbanística que pueden significar unas Olimpiadas, o puede que sencillamente consideren que las ventajas a nivel de prestigio no les compensan las molestias. Sea como fuere, VICE Sports ha decidido indagar en las razones por las cuales Hamburgo ha dicho 'no' a los JJOO. Veámoslas.

Falta de confianza en las federaciones deportivas

En los últimos años, la mayoría de la población ha desarrollado una notable desconfianza hacia los grandes acontecimientos deportivos como los Juegos Olímpicos o los Mundiales de fútbol. Órganos como la FIFA, la Federación de Fútbol Alemana (DFB), el Comité Olímpico Internacional (COI) o la Federación Internacional de Ciclismo (UCI) han perdido completamente la credibilidad; en general, en el ambiente flota la sensación de que el espíritu olímpico es más un bonito recuerdo del pasado que una realidad.

Por si ello fuera poco, el ciudadano de a pie tiene la percepción de que al final los únicos beneficiarios de los grandes eventos son las grandes federaciones y los patrocinadores. Inevitablemente, en Hamburgo surgió esta pregunta: ¿por qué el dinero de las Olimpiadas parece ir únicamente al COI y a los sponsors mientras a la ciudad le toca pagar toda la fiesta?

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If Hamburg had voted to host the 2024 Olympics they would have been in terrible company https://t.co/eXG4m85bwP pic.twitter.com/lkTNwumItV
— The Economist (@TheEconomist) 1 Dicembre 2015

"Si Hamburgo hubiese votado 'sí' a los JJOO de 2024, se hubieran encontrado con una compañía terrible: un informe de 2012 realizado por el Gobierno holandés predecía que en el futuro solo los países no-democráticos estarían dispuestos a pagar por los eventos olímpicos".

Proyectos fallidos

Megaconstrucciones como la línea ferroviaria Stuttgart 21, el nuevo aeropuerto de Berlín-Brandenburgo o el edificio de la Filarmónica del Elba, todas ellas salpicadas por la polémica y las sospechas de corrupción, son ejemplos de lo que puede ocurrir si la obra pública escapa al control ciudadano. Por si ello fuera poco, las lamentables imágenes de los manifestantes contra el proyecto Stuttgart 21 siendo dispersados por la policía con mangueras han quedado sin duda en la retina de todos los alemanes.

Las protestas contra el macroproyecto de la línea ferroviaria Stuttgart 21 terminaron en manifestaciones que la policía dispersó a manguerazo limpio.

Lo último que quieren los habitantes de Hamburgo, hartos de oír historias sobre desfalcos, retrasos y estafas, es encontrarse con otro macroproyecto susceptible de terminar como el rosario de la aurora —y que, para más inri, probablemente significaría dejar de lado otras obras más urgentes que la ciudad tiene aparcadas desde hace tiempo. Es difícil, pues, que los hamburgueses se crean la versión extremadamente limpia, sostenible y eco-rentable de los JJOO que vende el COI.

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Ridícula estrategia de marketing

Videos embarazosos sin atletas, una canción terrible y un 'flashmob' inútil: toda la panoplia pre-olímpica no ha servido absolutamente para nada. El fracaso es tan extremo que la acción más cara en vez de lograr adeptos ha terminado provocando más rechazo que todas las demás. Echad un vistazo vosotros mismos al vídeo que produjo la organización de la precandidatura.

La campaña a favor de las Olimpiadas, además, ha tenido un argumento principal: el viejo tópico del "esta es una oportunidad que solo llega una vez en la vida". Los ciudadanos de Hamburgo, sin embargo, la han recibido con la misma indiferencia que si se tratara de una operación de apéndice o de su 22º cumpleaños: ¿y qué? ¿Qué queremos de los JJOO y qué es lo que van realmente a aportarnos para que tenga sentido el hecho de ser "solo una vez en la vida"?

Inexistente estimación de costes

Unos JJOO jamás han costado lo que se presupuestó para ellos: siempre, en todos los casos, el sobrecoste ha sido entre enorme y absolutamente masivo. Hamburgo no es en absoluto una ciudad pobre, pero calcular el presupuesto para un evento así nueve años antes de su organización no es sencillo. Los ciudadanos no tienen nada claro que las previsiones vayan a cumplirse… y temen que les toque pagar a ellos el desfalco.

La sede de los Juegos Olímpicos de Londres'12. El evento olímpico en la capital del Reino Unido no estuvo ni mucho menos exento de sospechas de corrupción. Imagen vía WikiMedia Commons.

Según los organizadores, las Olimpiadas deberían costar unos 11.200 millones de euros a la ciudad; el Gobierno federal alemán debería poner 6.200 millones más. Manejando cifras así de mareantes, es normal que la desconfianza aumente de forma exponencial. Las cosas no mejoran cuando el propio Bundestag cuestiona abiertamente que se vaya a invertir esa cifra en la villa hanseática. El COI, además, ha declarado que todos los riesgos financieros que pudieran aparecer irían a cargo —por supuesto, cómo no— de la ciudad de Hamburgo.

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Por si todo esto fuera poco, los hechos de las últimas semanas en París y sus consecuencias han inquietado a la población. Se sabe que los eventos deportivos son un potencial objetivo del terrorismo internacional, y los habitantes de Hamburgo, preocupados por el fantasma del yihadismo, no quieren arriesgarse a que su ciudad entre en las listas de prioridades de los terroristas.

Hipócrita espíritu olímpico

El espíritu olímpico se podría describir como un festival internacional de colores donde todas las naciones y las culturas del mundo se cruzan en un juego armonioso y leal, un gran evento donde compiten los mejores atletas del globo en una fiesta maravillosa tanto para el deporte como para la población en sí. En realidad, sin embargo, esto dista de ser así.

Gracias a la tecnología, que nos permite comunicarnos e informarnos sobre temas que hasta hace poco pasaban desapercibidos, hoy sabemos que en cada JJOO compiten atletas de naciones donde se desprecian esos mismos derechos humanos que las olimpiadas deberían exaltar —como China y Qatar, por ejemplo. Ello convierte inevitablemente a las Olimpiadas en un espectáculo de muñecos tan falso como hipócrita.

Hamburg says no to 2024 Olympics https://t.co/ACqde4hSoI
— BBC News (World) (@BBCWorld) 29 Novembre 2015

"Hamburgo dice no a los JJOO de 2024"

Desafíos de la crisis de los refugiados

Los hamburgueses tienen otros problemas en los que pensar más allá de los Juegos Olímpicos: cientos de refugiados llegan cada día a la ciudad hanseática desde hace meses. Allí donde la política o bien no llega o bien no quiere llegar, son los movimientos ciudadanos quienes recogen el testigo e intentan arreglar las cosas buscando fondos y dando cobijo a los recién llegados.

Para cualquier observador neutral, parece claro que acoger a la riada de seres humanos que huyen de un destino miserable es bastante más importante y urgente que celebrar un gran acontecimiento deportivo. Por mucho que se pueda argumentar que los JJOO generarán puestos de trabajo y ayudarán a reurbanizar barrios, solucionar el drama de los refugiados parece claramente prioritario.

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Arrogancia de los políticos

El alcalde de Hamburgo, Olaf Schulz, elogió las Olimpiadas describiéndolas como el mayor proyecto acometido por su ciudad desde hace décadas. El desarrollo urbano —que se suponía que iba a completarse en 20 o 30 años— debía estar acabado antes del 2024, lo cual ciertamente daría un empuje a la economía local, pero también la iba a someter a una presión y unas tensiones tremendas. ¿Sería capaz la estructura productiva de la región de dar respuesta a esta exigencia impuesta por su clase política? ¿Y qué pasaría con todo el tinglado después de los Juegos?

Y otra pregunta en la misma línea pero a mayor profundidad: si los dirigentes no son capaces de solventar los problemas más graves que afectan a la ciudad —como la mencionada crisis de los refugiados—, ¿para qué narices sirven realmente estos políticos?

"Bienvenidos a Hamburgo, la puerta al mundo", reza este grafiti del puerto hamburgués. Imagen vía usuario de Flickr Glyn Lowe.

Competencia extrema

Amén de las ciudades de países con democracias discutibles que antes mencionábamos, las metrópolis que hasta la fecha más interés han mostrado en la organización de los JJOO de 2024 son Budapest, Roma, París y Los Angeles —todas ellas con experiencia en estos macroacontecimientos. Si los petrodólares no alcanzaran a la ciudad rusa, china o qatarí de turno para hacerse con el evento, seguramente lo haría el prestigio de una de las cuatro antes mencionadas.

En estas condiciones, ¿debería Hamburgo plantearse el dispendio necesario para participar en un concurso en el que tendrá que competir frente a villas reconocidas mundialmente? Ciudades como Oslo, Estocolmo, Cracovia, Viena y Boston ya retiraron previamente su candidatura a grandes eventos al considerar que no les compensaba participar en el concurso previo: los habitantes de Hamburgo han hecho lo mismo.

Nadie dice que en un futuro las Olimpiadas no puedan desembarcar en Hamburgo: ¿por qué no? Es una ciudad sencillamente maravillosa, hogar de entidades deportivas legendarias y con una vida cultural y social única. Sencillamente, sus ciudadanos han preferido que sea más adelante.

Querido COI, de parte de los ciudadanos de Hamburgo: tenemos cosas que hacer, así que meteos las Olimpiadas por donde os quepan.

Sigue al autor en Twitter: @BeneNie