Este lavaplatos mexicano es un legendario grabador de armas

"El arte no tiene fronteras. Mientras pueda mantener mis manos ocupadas y pueda seguir practicando, seré feliz"

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14 Agosto 2017, 3:00pm

Al tener la posibilidad de elegir entre estar en casa y tallar un vagón en un rifle Winchester, en Texas, Arturo "El Gorupo" Rojas decidió hacer eso último. "Prefiero trabajar", dice el gordito y bigotudo de 73 años de edad, nativo de Yurécuaro, Michoacán, en México. "Siempre hay algo que hacer y aprender".

All photos by Robert Strickland

Todas las fotos son de Robert Strickland.

El Gorupo —quien se ganó su apodo porque nació pequeño y blanco como un ácaro, un gorupo— comenzó a grabar armas con volutas, al puro estilo mexicano, a los 12 años. Aprendió el oficio de su hermano Regino, cuya foto descansa junto a una vela blanca, siempre encendida, sobre la mesa de trabajo de su tienda de armas, inaugurada en 2011 por Gino Rojas, el hijo de Gorupo, poco después de que la familia se mudara a Texas.

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Gorupo se ha ganado una respetable reputación con su arte preciso y florido sobre piezas antiguas. Ahora tiene clientes en todas partes del mundo, gente que viaja buscándolo para que grabe sus armas.

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Un proyecto puede llevar dos, tres semanas, aunque las horas de trabajo son erráticas. "Yo trabajo cada vez que me llega la inspiración", dice. Los resultados de esa inspiración valen hasta $2 mil 600 dólares (por unas empuñaduras de una Colt Army de acción sencilla presentando a un buey tejano de cuernos largos y rubíes de Birmania), o $60 mil dólares por un trabajo personalizado. El día que visité la tienda, Gorupo estaba trabajando en una AK-47 reutilizada como un rifle de francotirador.
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Detrás de vitrinas paralelas está su mesa de trabajo, desordenada, repleta de marañas de cables, fusiles, empuñaduras, pedazos de oro, cinceles y martillos. En una esquina hay una cocina eléctrica, improvisada, de dos hornillas, y un plato caliente color ceniza. "Cocino todo. Bistec, caldo de pollo, carnitas. Todo"."Se dormiría aquí si pudiera", añade Gino. El Grupo asiente en silencio y luego cambia la conversación.
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"¿Está usted casado?" El Rojas mayor me pregunta. "Sí", le contesté, mostrándole una foto de mi esposa. El Gorupo sonríe y me entrega un paquete miniatura unido por una cinta azul. "Para su esposa", dice en inglés mesurado y bien pronunciado, a pesar de que hemos estado conversando en español toda la mañana. Dentro de la bolsita estaba el par de aretes hechos con monedas de diez centavos y chapa de oro en los que estaba trabajando mientras charlábamos. No me di cuenta en qué momento los terminó y empaquetó. Gorupo no se detiene, sus manos siempre están creando, ya sea grabando una cabeza de carnero en una pistola, o probando nuevos diseños de una hebilla de cinturón.
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Para mí fue una sorpresa enterarme de que este artista grabador también trabaja como lavavajillas en dos restaurantes mexicanos en Fort Worth: Revolver Taco Lounge y Campestre Chula Vista, ambos propiedad de Gino.Revolver, que abrió en 2012, es un lugar bastante folklórico: máscaras de diablos mexicanos cuelgan junto a un collage que dice "Aquí no tenemos pinches nachos". Las mesas están cubiertas de hules con estampados floreados —como el de las fondas mexicanas—, y hay una banda de sonido electro animando el ambiente. Se sirven tacos, claro, pero también ceviche ahumado y birria de cabra, entre otras especialidades mexicanas.
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Luego están las tortillas de maíz recién salidas, tan calientes que si te atreves a tomar una tortilla cuando recién las traen, te quemarás. Espera. Espera como esperaste el relleno: una morcilla preparada con los despojos del bovino y la sangre de cerdo que se coció a fuego lento.

Aquí la comida se toma su tiempo.

Detrás de la pared parcial que separa la cocina del comedor, el tiempo corre de manera diferente. La tía de Gino, Tere, es responsable de las tortillas abrasadoramente frescas. Juanita, la madre de Gino, es la jefa de cocina, con las asistencias significativas de sus hijas María y Chelo. Juanita se encarga de los platillos insignia del restaurante, incluyendo la birria, el mole, y un huevo tibio envuelto en una tortilla: el taco más pegajoso y delicioso que haya probado en mi vida.

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En la parte trasera está el padre de Gino con una boina y un delantal, fregando en silencio los trastes que hace poco contenían el mole que preparó su esposa. De vez en cuando levanta la mirada para observar rápidamente la acción en el pequeño comedor.Un revólver Colt, modelo 1863 Navy, calibre .44, grabado por Gorupo con una técnica de incrustación de oro derretido, está enmarcado por botellas de licores de agave encima del bar. El bar en sí tiene pistolas con incrustaciones. Hay indicios de la empresa familiar en el nombre del restaurante y en la decoración.
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Un mural de vaqueros en Campestre Chula Vista, el segundo restaurante de Gino que abrió en 2015, es la única pista del legado artístico del clan. Aquí, la especialidad es la comida casera mexicana —por ejemplo, carne de cerdo entomatada, frijoles refritos y arroz amarillo— que se sirve en la planta baja de la Hacienda Vista Hermosa, un club social con vista a Fort Worth.
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Durante el buffet del domingo, Gorupo coloca grandes cazos de cobre en el patio trasero y ahí prepara carnitas —carne de cerdo confitada en su propia grasa— y la sirve sin cubiertos, pues la tradición dice que se comen con las manos, con tortillas y chile en vinagre, nada más.

Gorupo no quería mudarse al estado de Texas, pero cuando le pregunté si prefiere trabajar en México o en los Estados Unidos, admite que no importa en qué lugar trabaje. "No es importante", dice mientras toma un plato sucio en la cocina pequeña de Revolver. "El arte no tiene fronteras. Mientras pueda mantener mis manos ocupadas y pueda seguir practicando, seré feliz".


Este artículo fue originalmente publicado en julio de 2015.