Muñeco Mayor: nos vamos a acordar de ti
TrasEscena: Rock Urbano

Muñeco Mayor: nos vamos a acordar de ti

Lalo Tex se encargó de orquestar su estilo, de llevar la batuta, de ponerle la cereza al pastel y esparcirlo por todos lados sin tapujos y sin conmiseración.
18.1.18

A Everardo Mujica Sánchez, toda la banda rocanrolera lo conocía como “Lalo Tex” o “El Muñeco Mayor”. En los escenarios, comandando a Tex Tex desde que se formaron en 1986 mostró desparpajo, una alegría infinita, se autocriticaba a sí mismo, y hasta se dio el lujo de bautizarse como el Luis Miguel del rock mexicano en base a los chistes y albures que soltaba al público.

Nació el 30 de junio de 1959 en Ixtenco, municipio del Estado de Tlaxcala. De adolescente, junto a su familia, vivió por un tiempo en Texcoco y después se trasladó al norte de la Ciudad de México, a la colonia Nueva Atzacoalco, la cual adoptó como La Cuna de Los Muñecos.

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Se dedicó a ver y entender su entorno, todo lo que ocurría con la gente de a pie; para así escribir el sentir-chilango, popular e inconforme sin usar metáforas. Al contrario, empleaba frases directas, que golpearan el corazón, aturdieran la mente y sirvieran como un foco de esperanza para la pandilla.

Estudió ingeniería en la ESIME del Instituto Politécnico Nacional. Después se dedicó a la docencia, a ser godín y gerente en una empresa de electrónica. Sin embargo, rápidamente se puso las pilas y decidió cumplir su sueño de toda la vida: ser rocanrolero de tiempo completo, siguiendo el camino correcto que le había enseñado Robert Plant, cantante de Led Zeppelin, una de las figuras que más admiró.

Lalo Tex, hasta el momento final de su deceso, nunca se cansó de desparramar talento estando al frente de Tex Tex, ya fuera en cualquier rincón de la República Mexicana, Gringolandía, Inglaterra, Argentina, entre otros lugares a los que llegó afirmando que era el verdadero “Sol de México”.

Cumplió sus metas y tocó ante un mar de gente en estadios llenos, cautivándolos con sus melodías bien estructuradas, en base a ritmos trisoleros; para bailar y disfrutar de su rock ejidal, como solía denominarlo.

Se cuenta que Fernando Arau (hermano de Sergio Arau, guitarrista de Botellita de Jerez) es el responsable de que Tex Tex haya adoptado ese look vaquero. De hecho el nombre, bajo esa apariencia entre Lupe Esparza de Bronco y el cantante de corridos Chalino Sánchez, se les pegó como cheto a la muela, posterior de que iniciaran tocando con el nombre Mupper Ted, lo redujeran a Ted; hasta que un organizador, sin avisarles, los pusiera como grupo estelar –con la palabra repetida: TEX-TEX, sustituyendo, por equivocación TED– en un toquín organizado en la colonia Gabriel Hernández, barrio vecino de su alma mater.

A partir de esa noche El Muñeco Mayor y sus séquitos se dieron a la tarea de encarnar y mantener la verdadera raíz del rock & roll mezclando country, rhythm & blues y ponerle una pizca vernácula bastante mexa; tal vez al mismo nivel que tiempo atrás, de mediados de los cuarenta a finales de los setenta, lo hicieron Los Xochimilcas.

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Lalo Tex se encargó de orquestar su estilo –ese rock nacional de los bajos fondos–, de llevar la batuta, de ponerle la cereza al pastel y esparcirlo por todos lados sin tapujos y sin conmiseración.

Hasta el día de hoy da igual si Los Muñecos de Tex Tex se presentan en el barrio más peligroso de algún lugar recóndito del Estado de México, alguna feria pueblerina, la estación del Metro San Lázaro a hora pico, en la plancha del Zócalo Capitalino como parte de algún evento organizado por el gobierno de la ciudad, alguna universidad de harto billete y plagada de juniors, en el tianguis de El Chopo, e incluso en uno de los programas más vistos de la televisión mexicana; como al que llegaron en la década de los noventa: el de Paco Stanley y su patiño Mario Bezares.

La primera alineación de Tex Tex estuvo conformada por Lalo Tex (voz y guitarra), Cucho Tex (bajo y coros) y Pedro Martínez (batería), quien a la par del lanzamiento de su primer LP en 1987 con Discos Gas, Un toque mágico, Alex Lora (líder de El Tri) se lo jaló a tocar con él. Entonces, a partir de ese, su primer cambio, el grupo oriundo de la Nueva Atzacoalco se convirtió en un trío de hermanos, cuando Paco Tex regresó de hacer su servicio social por la región de San Luis Potosí, y rápido se hizo cargo de los tamborazos.

Los tres carnales hicieron más de veinte grabaciones, destacando Perdidos, Súbete al tren y Te vas a acordar de mí. No obstante, y en lo que podría ser el mero apogeo del bien o mal denominado “rock urbano” hecho y para la periferia, el cual surgió en sitios como Ciudad Nezahualcóyotl o Tlalnepantla en los setenta y ochenta, Un toque mágico, el primer álbum que Lalo Tex deseó llevar a cabo con alguna transnacional –todas les cerraron las puertas– despuntó de la distinta gama musical de aquella época, gracias a su ilustre ejecución en los instrumentos, esa serie de requintos en las guitarras, la armonía y por canciones como “La calle 16”, “Cantinero”, “Déjame” y, por supuesto, uno de los himnos del viejo Rockotitlán: “Un toque mágico”, canción que El Muñeco Mayor afirmó la habían incluido de relleno, después de componerla arriba de un camión del transporte público, rumbo a su hogar; y momentos antes de entrar al estudio de grabación.

Tex Tex no tardó en dar el salto a las ligas mayores, de convertirse en una agrupación popular del mexicano anti-fresita, vestido como chavo banda, marginal y desmadroso. “El hijo desobediente”, “Artesano de la construcción”, “Barrio pobre”, “Ni una más”, “Pobre rocanrolero”, “Me dijiste”, “Pancho Panchito”, “Ahora que no vives conmigo” y más temas, muchísimas personas las sabe de principio a fin, porque se identifican con lo que dicen.

En gran parte de su carrera editaron sus producciones con compañías de discos importantes. Vivieron, gozaron y sufrieron el show business plagado de promesas, contratos, reglas, etcétera. Sin embargo su esencia, su origen barrial y de venirla a hacer a la –antigua– Capital, a Lalo Tex y sus hermanos les dio un jalón de orejas y rápido se inclinaron por la independencia, donde eran más que chingones.

Hoy jueves 18 de enero de 2018, Everardo Mujica Sánchez cumple dos años de habernos dejado. Su hermano Paco Tex, en compañía de su sobrino Lalito Tex (hijo de Lalo Tex) siguen presentándose con otros músicos por todo lugar posible, haciendo cantar a sus fans los temas clásicos que El Muñeco Mayor dejó escritos para toda la eternidad.

“Te vas a acordar de mí, sé muy bien que me extrañarás…”, continúa como coro y profecía, escuchándose en la nueva era de estos muñecos, sin su gurú nato y excepcional. Pero mientras tanto, Lalo Tex seguirá representando la definición opuesta del rockstar carita, mamón y egocéntrico; ya que él era único y especial, en lo más íntimo de su vida o el escenario, antes y después de su última presentación en aquel Frontón El Puente de Chimalhuacán, Estado de México, donde sin desearlo se despidió de todos, apagó y desconectó su guitarra, y no imaginó que un infarto lo abrazaría por la madrugada, justo el mismo año que celebraba sus tres décadas de verdadero rock & roll mexicano.

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