Comida

Comimos facturas anarquistas

"vigilantes", "bolas de fraile", “esperanza de monjas”, "sacramentos", “jesuitas”, "cañoncitos" ¿de dónde vienen estos nombres tan particulares?
Fotos por Paloma Navarro

Artículo publicado por VICE Argentina

Así como la carne, el chorizo, las milanesas y el helado son especialidades en Argentina, las facturas, a pesar de tener origen Europeo, tienen también un lugar predilecto a la hora de ser elegidas por cada habitante del país. Masas dulces, llenas de azúcar y dulce de leche nos esperan a la vuelta de la esquina para desayunar y acompañar unos ricos mates.

La masa recién horneada surge de una mezcla entre harina, levadura y manteca, pintadas con dulce de leche, crema pastelera, membrillo o azúcar cuentan con millones de calorías de placer que los argentinos compramos a diario. Sabemos que la factura viene de Europa, que acá le agregamos nuestro tinte local —como todo lo que tocamos— salado, dulce y anarquista. El término “factura”, proviene del latín, significa creación, resultado de un trabajo. Fue a finales del siglo XIX y comienzos del XX que el movimiento anarquista seguía los ideales de Ernico Malatesta, un italiano que llegó a nuestro país junto a Errico Ferrer, y juntos organizaron la primera huelga del sindicato de panaderos de la Argentina, duró 10 días consecutivos y permitió organizar varias asociaciones sindicales.

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El anarquismo con ideas humanistas, defiende una sociedad sin gobierno y prioriza la actividad sindical, oponiéndose, por supuesto, a los partidos políticos. Ven en la religión un enemigo que justifica el poder terrenal de la burguesía, pioneros en la defensa del voto femenino, a favor de la legalización del divorcio y del aumento del presupuesto educativo, son algunas de las bases de este discurso donde proponen una sociedad de libertades individuales, sin poder político partidario, basado en la ayuda mutua y cooperación voluntaria.

La mayoría de los panaderos eran de tendencia anarquista, el trabajo nocturno facilitaba el horario para sus reuniones y actividades secretas. Malatesta vivió en Argentina entre 1885 y 1889, fue en 1887 cuando se creó en Buenos Aires una organización laboral: la “Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos”, teniendo de enemigos históricos: la iglesia, el ejército y la policía, y es en ese momento donde surge a modo de chiste los nombres de las facturas dentro de las panaderías: "vigilantes", "bolas de fraile", “esperanza de monjas”, "sacramentos", “jesuitas”; "cañoncitos". Agregando también la clásica "media luna", que tiene un origen más antiguo y representa una blasfemia gastronómica contra el Islam. Durante ese periodo también se editó por varias décadas el periódico “El Obrero Panadero”. Malatesta regresó a Italia recibiendo arresto domiciliario por Mussolini pero el sindicato de panaderos en Argentina continuó sin él y fue conducido por dirigentes anarquistas durante varias décadas.

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Actualmente en Buenos Aires existe una panadería que funciona como cooperativa y sobrevive a la crisis haciendo malabares —u otras comidas— para sostener a 23 familias que luchan contra el sistema capitalista. La cooperativa La Argentina se fundó luego de la profunda crisis del 2001. Anteriormente se llamaba La Americana, tenía 72 trabajadores y en el 2002 empezó el vaciamiento de la empresa. Los dueños abandonaron el lugar en el 2003, muchos trabajadores fueron renunciando mientras se acumulaban sueldos adeudados, pagos a proveedores y servicios.

Mali tiene al rededor de 50 años, es una de las que lleva adelante el sitio y nos contó que tuvieron sacar algunos carteles por problemas vecinales. Debido a la crisis, 23 familias decidieron juntarse y “con la ayuda de Empresas Recuperadas pudieron formarse como cooperativa y salir adelante. El problema es que con pan y facturas ya no alcanza, entonces agregamos empanadas, después sandwiches, y ahora platos del día”.

La cooperativa La Argentina funciona actualmente con las familias que ponen dinero de sus bolsillos para los insumos y materias primas. Actualmente cocinan y venden a precios súper accesibles en pleno centro porteño. Una milanesa napolitana con puré a 70 pesos, una docena de medialunas a 70 pesos y un café con leche con facturas a 40. Esperan que la crisis económica pase de largo y no los afecte tanto como para tener que cerrar el local. “Empezamos como panadería y confitería, hoy somos una mezcla de varias cosas para sobrevivir” contó Mali. Cómo el anarquismo, apuestan por una organización horizontal.

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