Rap estrambótico a punto de ebullición: así estuvo Bejo en Bogotá
Foto por: Amalia Ramírez |Noisey en Español

Rap estrambótico a punto de ebullición: así estuvo Bejo en Bogotá

El rapero canario pisó por primera vez tierras colombianas para cautivar a un público pequeño pero totalmente entregado.
10.9.18

Bejo es una nueva propuesta de rap que está sacando lo under a lo mainstream a través de una de las representaciones máximas de la cultura pop: YouTube. Pop entendido no desde el género sino desde su etimología como lo popular, lo que concierne a las masas.

Es un artista representante de ese flow canario, empapado de reggae, de sonidos caribeños como el reggaetón, la salsa y el merengue, inscritos en un rap de ritmos livianos y líricas complejas.

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El pasado viernes 7 de septiembre Bejo aterrizó en Bogotá, cortesía de la productora de eventos White Hat, en el Auditorio Lumiere, ante una pista a medio llenar pero con absoluta vigorosidad.

Amalia, la fotógrafa y yo, entramos y el lugar estaba vacío. Generalmente este tipo de escenas en un sitio expulsan, pero en este caso fue acogedor, apenas para escapar del entorpecedor frío bogotano. Nos sentamos en el piso, parchadas, y nos fumamos un porro mientras todo arrancaba. En la tarima DJ Dream musicalizaba el paisaje, hasta el momento desolado, a punta de un rap increíblemente calidoso, de Crudo a Cumbia del Frente atravesada por beats de golpe y caja.

En esas llegó Daniel, un completo desconocido, a pedirnos un plon. Es el fan número uno de Bejo. Había venido desde Suba, una zona en el noroccidente bogotano, sin nunca antes haberse acercado a las farras de la Calle 85, conocida zona de los gomelos bogotanos, en donde se están presentando artistas internacionales casi todos los fines de semanas, como Bejo. Daniel se había guerriado a muerte la boleta. 85 lucas pagó para poder conocer a Bejo en un meet & greet. Y lo valieron.

Pasadas las 11 de la noche, Delfina Dib, subió al escenario también con una nueva propuesta de rap. Desde su poder femenino, irradiado su auténtica voz y su manejo del público, envió mensajes que reflexionan entorno a la espiritualidad.

Foto por: Amalia Ramírez |Noisey en Español

Nos dejó listos para la fiesta que se nos venía.

A media noche, Bejo apareció en el escenario con “8 Misisipi” (2015), arrasando. La gente enloqueció. Se sintió todo muy íntimo, cómodo, alegre. La ausencia de la muchedumbre dejó de percibirse y los ánimos nunca cayeron. No sumábamos más de 80 personas a la ceremonia frenética.

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A partir del momento en que salió, sentí que estaba en una Minitk, con su piñata y luces estrambóticas. Botó ritmos caribeños, con líricas del rap español, que a veces sonaban a Tego y a veces a La 33.

La fiesta fue pura diversión. Con “El Tupperware” (2018) me dio un ataque de risa, no tanto por la letra, sino de la euforia que transmitía Bejo con su energía. Canciones como ésta, en la que se hace una parodia a “Work” de Rihanna, definen al artista como esa mezcla de seriedad y broma, crema y complejidad. “Vives en mi corazón. Culo pollo sabrosón” cantaba, “Al menos déjame una teta en un tupper”, y el público le respondía al ritmo de la de Rihanna “Where , where, where”.

Cuando Bejo comenzó a producir rap, en el 2006, utilizaba pistas descargadas de Internet, en especial de la escena gringa. Pero, rápidamente, empezó a crear su sonido propio y su carrera ha sido exitosa de manera veloz. Ahora trabaja con productores nacionales e internacionales como Ellegas o Tom Misch.

Nació en Tenerife, en el archipiélago de Canarias, en 1994. Creció en un contexto de influencias aborígenes del norte de África, de herencia española, de inmigración de países caribeños (como Cuba, Venezuela, Puerto Rico, República Dominicana) y de turismo.

Es el resultado de esto: un rapero que narra desde una nueva propuesta rítmica, sin hacer denuncia política de la sociedad ni tocar temas calientes de la actualidad. Hace crónicas de lo cotidiano y las expresa a través de la música y el video. Hacia la mitad de la presentación cantaba “Pecata-Minuta”, por ejemplo, tirándose frases sobre el despecho amoroso como “fúmate un cigarro conmigo, un cigarro de la risa aunque no me ría, decías que era real pero me mentías… ya están tostadas las tostadas, comermela con mermelada, tu haces que yo me deshaga”, y yo sentía la letra digerible, cercana y simple.

Foto por: Amalia Ramírez |Noisey en Español

Es hijo de una generación que comprende las dinámicas de consumo de hoy en día, porque hace parte de la generación que está trazando esas dinámicas. Es un personaje auténtico. Su performance también lo es. Tiene una propuesta refrescante. La peluca y el collar de conchas (que heredó de su abuela) que le cuelga de sus peculiares gafas (que heredó de su abuelo), son props, símbolos populares que hacen que el público haga al artista como propio.

Sonaba “Guaña Guaña OO” (2016), canción que tiene más de 2 millones de visualizaciones en Youtube, y yo miraba a Daniel y al resto de la fanaticada, con sus pintas, entregados a la euforia. Porro iba y porro venía, y los guardias jodiendo, a Daniel en especial. Pero nada le importaba; me decía que todo había valido la pena por Bejo. Nada nos importaba.

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Estábamos ahí —unidos por el rap, ambos mundos conviviendo en una ciudad en donde “los de allá no vienen acá y los de acá nos vamos allá”, por la brecha de clases sociales — , en un auditorio en el que yo sabía que la gran mayoría de asistentes entramos por una lista y este hombre se había quemado el culo para venir.

El rap es ese link mediante el que se construye el tejido social. Bejo dio una fiesta de lujo, con un sonido novedoso, ante un público que iba desde la fanaticada hasta al presidente de Sony Music Colombia. Cuando sonó “Metamorfosis” todos estábamos entregados de cuerpo y alma al beat.

Atrás de Bejo, botando los beats, Dj Pimp Mad Finger, estaba haciendo magia. Dándole a las tornas hasta hacernos reventar de la risa. Y el MC, tirando rimas de un rap cremoso y complejo. Escuchando la letra de “Mucho” (2016), su canción más famosa, intenté comprender el trabalenguas con las “ch” de la cultura hispanohablante que se estaba echando a un ritmo liviano y suave. Todo era estrambótico. Bejo se tiró al escenario y la gente saltaba y bailaba desenfrenada a su alrededor. Yo observaba de lejos. Todos para abajo, todos para arriba.

Foto por: Amalia Ramírez |Noisey en Español

A pesar de que este escenario estaba poco lleno, e incluso tuvo que cancelarse el concierto de Medellín por falta de boletería, es un paso gigante que nos pone a reflexionar hacia dónde está yendo la industria. Está en un momento en el que lo under migra hacia lo mainstream, conservando esa esencia que justamente lo hace tan poderoso y auténtico. Los promotores están haciendo una apuesta a las nuevas propuestas como con Bejo, y están arriesgando dinero. Quizás faltó mayor difusión, o quizá pensar otros escenarios donde convivan aún más todas las partes y no los de siempre. Pero todo es ganancia.

Aunque no vendió los esperado y sus seguidores en Bogotá aún son pocos, es muy interesante ver cómo esas fronteras se están rompiendo con una artillería de sonido no tradicional que se dispara desde la poderosa arena de las redes sociales. Es ahí donde nacen y crecen estas figuras populares.

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Con “Perogullo”, una canción que lanzó el 27 de julio de este año y ya tiene 791 mil visualizaciones, Daniel estaba en su mejor fiesta y Amalia, que resultó ser una fan absoluta de Bejo, también. No hubo un momento reflexivo o de introspección durante la fiesta. No estuvo esa pesadez del rap. Todo siempre arriba.

Estábamos en modo piñata. Bejo tiraba bombas y dulces que recogíamos como buitres, para que la insulina se nos subiera a la cabeza. A punta de azúcar nos tuvo hiper high. En “El Ventilador” (2017) gritaba: “¡Saltando, arriba, abajo! ¡Qué calor hace en Bogotá!” y todos obedecíamos. Máxima crema a punto de ebullición en la fría Bogotá.

Foto por: Amalia Ramírez |Noisey en Español

Desde que sacó “Creo” en 2013, junto con Cachi Richi, el productor de sus famosos videoclips, la totea en YouTube. Está planteando una nueva forma de consumo masivo e inmediato que surge como respuesta a ese cambio que se está dando en todas las esferas: la publicidad, el cine, y evidentemente, en el máximo fenómeno de popularidad, el video clip. Es a través de su estilo audiovisual en el videoclip, soft & smooth, que Bejo le llega a esa audiencia activa que busca sentirse identificada con productos de calidad y propuestas innovadoras, porque la sorprende y entretiene, manteniéndose real.

Bejo estudió cine en Madrid, (hasta fue nominado a un Goya como mejor canción original en la película Maktub en 2012) y su ojo se refleja en las propuestas narrativas de sus videoclips. La colorización, las escenografías y los retratos fieles de la cotidianidad son del nivel de Kendrick Lamar.

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Es un artista que en un año pasó de 50k reproducciones en su canal a 20M. A-Trak, uno de los Dj’s más importantes del mundo, colaborador de Kanye West y miembro de Duck Sauce, incluyó “Mucho” en uno de sus mixes. Es parte de ese nuevo fenómeno mediático de músicos que como Yung Lean (del 96), están lanzando una nueva propuesta audiovisual y la están logrando.

Qué importa que fuéramos pocos, eso no significa que no esté funcionando. En un año Bejo va a estar tocando en grandes escenarios, seguro. El Estereo Picnic, quizás, porque para allá está yendo la industria.

Bejo en Bogotá es la evidencia de esta nueva apuesta desde el rap para conectar nichos y mundos diferentes. A punta del pop, porque es efectivo.

Salimos todos cansados. Nadie remató, no hizo falta. Nos fuimos contentos, hasta Daniel, que desde el otro lado de la ciudad vino a encontrarse con Bejo y terminó con un mango que le sabrá a gloria cortesía del canario, su ídolo. Qué buena noche.

Foto por: Amalia Ramírez |Noisey en Español

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