sexo

Mi primer rollo de una noche fue tan malo que casi dejo el sexo ocasional

Que el sexo ocasional no mole la primera vez no quiere decir que tengas que dejarlo para siempre, dice la ‘youtuber’ de sexo Florence Barkway.

por Florence Barkway; tal y como se lo contó a Sirin Kale; traducido por Julia Carbonell Galindo
18 Marzo 2019, 4:45am

Illustration by Camilla Ru

Tenía 16 años cuando tuve mi primer rollo de una noche. Acababa de romper con mi primer amor, el tío con el que perdí la virginidad. Aunque habíamos estado juntos 11 meses, pero solo nos habíamos acostado en dos ocasiones, así que mi primer rollo de una noche resultó ser la tercera vez que practicaba sexo.

Había salido con algunos amigos y acabamos en un antro de mala muerte, el único sitio en el que nos dejaron entrar, porque éramos menores de edad. Estaba muy borracha y en la zona de fumar empecé a hablar con un tío. Salía con el mismo grupo de amigos que mi ex. Acabé liándome con él en el bar. En realidad, seamos sinceros, acabó masturbándome en el mismo bar.

Para cuando llegamos a su casa, era muy tarde. Bueno, o muy pronto, depende de cómo lo mires. Recuerdo que ya era de día cuando pasó todo. Lo recuerdo con mucha claridad: estábamos desnudos, revolcándonos, practicando sexo del torpe, como adolescentes que no sabían bien qué estaban haciendo, porque básicamente eso es lo que éramos. El polvo fue una mierda. Sé que intentamos hacer un 69 en un momento dado porque pensé: vamos a probar esto, lo he visto en alguna revista.


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Mientras estábamos dándole al tema, el condón se rompió. Me entró el pánico: era la tercera vez que practicaba sexo, la primera fuera de una relación ¡y va el condón y se rompe! Pensé: Dios mío, me voy a quedar embarazada. Por dentro estaba gritando, aunque al tío no le dije nada. Creo que le dije: “Me parece que me toca tomarme la pastilla del día después”. Él respondió: “Eso parece”. No volvimos a hablar después de eso. Ni siquiera se ofreció a pagarla. Creo que nos volvimos a ver en algún bar y en alguna fiesta, pero nos evitamos.

Era domingo por la mañana y no había ningún médico abierto. Estaba atacada y empecé a llamar a muchos sitios para ver si me daban la pastilla, pero estaban todos cerrados. Cuando se me acabó la lista de sitios a los que llamar no sabía qué más hacer, así que volví a casa y se lo conté todo a mi madre. Parecía estar muy decepcionada conmigo. Recuerdo que le cambió la expresión de preocupada a enfadada. Se notaba que estaba pensando que era una imprudente y una estúpida. Le estaba invadiendo una ola de decepción. Y lo entiendo. Yo tampoco querría que mi hija adolescente se fuera acostando con gente aleatoria a la que había conocido en un bar.

Al final encontramos la pastilla del día después en una farmacia que estaba abierta y la compramos. Recuerdo que me pareció que costaba muchísimo. Fuimos a una playa cercana a nuestra casa y me la tomé allí. Recuerdo estar de pie encima de las rocas y sentirme muy decepcionada conmigo misma. El sexo no había merecido la pena y sentía que me había fallado a mí misma. Además, me daba mucha vergüenza. La resaca tampoco ayudaba y la pastilla hizo que me encontrara aún peor. Solo podía pensar: ¿Por qué me he hecho esto?

Durante años después de ese incidente, rehuí de los rollos de una noche porque me daba vergüenza cómo había la última vez. Nunca me he sentido tan poco cómoda sexualmente como cuando era adolescente y ese desastre de polvo de una noche me impactó mucho. Me avergonzó durante mucho tiempo, pero a la vez me gustaba mucho el sexo y quería más. Si echo la vista atrás, me da pena que lo que debería haber sido una experiencia inocente se convirtiera en algo tan bochornoso e incómodo.

Después de aquel rollo de una noche empecé a salir con alguien. Duramos dos años. Creo que una parte de mí sentía que necesitaba una relación para superar lo horrible que fue aquel polvo de una noche y para poder acostarme con alguien sin sentir vergüenza ni culpa. Le dejé cuando tenía 19 años porque quería explorar mi sexualidad y acostarme con gente diferente. No quería tener una relación estable durante la adolescencia. Por primera vez, mi objetivo fue tener rollos de una noche, porque me apetecía.

Esos rollos han sido una buena experiencia para mí, porque conseguí entender mejor lo que me satisface sexualmente y aprendí a identificar lo que les gusta a los demás. Tengo un canal de YouTube de positivismo sexual y no sería capaz de hacerlo si no hubiera tenido todos esos rollos de una noche. Dicho esto, creo que es importante no tener solo polvos de una noche. Sí, son muy divertidos, pero creo que construir una base con tu pareja es el tipo de sexo más íntimo.

Creo que los rollos de una noche pueden ser muy beneficiosos para entender tu sexualidad. El objetivo de un rollo de un noche es divertirse, así que no deberías tenerlo si no estás en el estado de ánimo adecuado. No te acuestes con alguien porque te sientes mal contigo misma o necesitas que te validen a través del sexo. Porque al día siguiente te sentirás como una mierda, ¿para qué tener esa energía negativa en tu vida?

Las intenciones de tener un rollo de una noche tienen que ser positivas. Deja claros los límites, comunícate con tu pareja, asegúrate de hacerlo con alguien en quien confías y ¡diviértete!

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