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Así son las infidelidades en una relación poliamorosa

‘En una relación poliamorosa, sopas y sorber sí puede ser’.

por Franki Cookney; traducido por Julia Carbonell Galindo, y Mario Abad
07 Marzo 2019, 4:45am

De izq. a dcha.: Cathy Keen, Nicole Everett, Thomas Keen. Foto cortesía de los retratados.

Cuando conocí al que hoy es mi marido, me dijo sin rodeos que para él besarse era una forma de infidelidad. Teniendo eso en cuenta, puede resultar sorprendente saber que, diez años después, mantengamos relaciones sexuales regulares con otras personas.

Ninguno de los dos habíamos tenido una relación abierta antes de conocernos, pero siempre habíamos hablado con total sinceridad del sexo, el amor y las relaciones. Como tantas otras parejas curiosas acerca del poliamor, nos iniciamos con los tríos antes de empezar a tener citas por nuestra cuenta. Actualmente nos definimos como no monógamos. Estamos casados, vivimos juntos y anteponemos nuestra relación a cualquier cosa, pero también nos vemos con otras personas. Así que, cuando el otro día le volvía preguntar a mi marido si seguía creyendo que besarse era una forma de infidelidad, esperaba que mi pregunta le pareciera graciosa. Pero no fue así.
“Sí”, fue su respuesta, “si no lo hubiéramos acordado previamente”.

A primera vista, podría parecer preocupante que no estuviéramos en la misma onda, pero lo cierto es que este malentendido refleja perfectamente lo fácil que resulta que los miembros de una pareja poliamorosa malinterpreten las reglas de su propia relación. Posteriormente, me quedé preocupada por si había herido a la persona que amo sin darme cuenta. (Por suerte, tuvimos una larga conversación sobre cuándo y por qué un beso puede no resultar apropiado y logramos aclarar las cosas).


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Desde fuera, podría dar la sensación de que en el poliamor todo vale. Sin embargo, la mayoría de las relaciones no monógamas se basan en una serie de acuerdos muy específicos. Como pareja no monógama, dedicamos mucho tiempo a tener largas conversaciones en las que hablamos de límites, inseguridades, necesidades y deseos, algo que contrasta enormemente con la idea que la mayoría de la gente tiene del poliamor. Por supuesto que es posible ser infiel en una relación poliamorosa, pero lo que se considera engañar puede variar drásticamente de una relación a otra.

Según Franklin Veux y Eve Rickert, autores del libro Más de dos: Guía práctica del poliamor ético, los cínicos puede ver el poliamor como “una forma elegante de decir que tu pareja deja que la engañes”. Pero en realidad, “una relación poliamorosa no significa que todo valga. Implica que hay que escuchar, debatir y autoanalizarse mucho más de lo que puedes estar acostumbrado”.

Cathy y Thomas llevan juntos nueve años y su relación es no monógama desde hace siete. Durante más de un año, esta pareja de Londres mantuvo una relación abierta con su amiga Nicole Everett. Durante esa época, los tres podían salir con quien quisieran, pero hace poco, Everett, de 27 años, conoció a una pareja que no era de la misma opinión.

“Conoce mi relación con Cathy y Thomas, pero no quiere que me vea con nadie nuevo”, explica. “Si me acostara con cualquier otra persona, a Cathy y a Thomas les daría igual, pero para él sería engañarle. Es algo confuso”, admite Everett.

No es fácil cuantificar la magnitud de la infidelidad en una relación no monógama, pero es un hecho que en una relación amorosa se puede engañar, y la gente lo hace. En Inteligencia erótica: claves para mantener la pasión en la pareja, Esther Perel señala que todas las relaciones se basan en la confianza y que romperla se considera traición, al igual que pasa en las relaciones monógamas. El libro reza así: “Aunque las normas pueden parecer diferentes, se pueden romper y hacerlo causa el mismo dolor y tiene las mismas consecuencias”.

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Marceille Bisset. Foto cortesía de la retratada

Marceille Bisset, una joven de 26 años, quedó destrozada cuando descubrió que su novio, con el que mantenía una relación poliamorosa estable a distancia, tenía novias secretas. La pareja era abierta sobre no ser monógamos: él conocía las demás relaciones de Bisset y ella esperaba la misma sinceridad por su parte. Bisset tenía planeado ir a Filadelfia a visitarle y él le dijo que había conocido a alguien que quería una relación monógama. Cuando le presionó un poco, este admitió que llevaba dos años con su “nueva novia” y que tenía otra pareja en otra ciudad. Lo que le dolió no fue que estuviera viendo a otras personas, sino que no fuera sincero.

“Las tres pensábamos que estábamos en una relación no monógama consensuada con él, pero nos ocultó a las unas de las otras”, dice Bisset. “No quería pasar por la responsabilidad de tener que ser ético con nosotras. Pero en una relación monógama, sopas y sorber sí puede ser. ¿Para qué ocultarlo?”.

Leanne, a la que hemos cambiado el nombre para proteger la identidad de su hijo, me contó que su matrimonio abierto se acabó cuando su marido se acostó con alguien que sabía que ella no aprobaría. “En nuestro matrimonio poliamoroso teníamos como norma que no podías acostarte con nadie sin hablarlo antes”, me explica Leanne, de 54 años. “Mi ex quería acostarse con la madre de uno de los amigos de mi hijo. Sabía que si lo hablábamos, yo le diría que no, así que lo estuvo haciendo a mis espaldas durante seis meses”.

La doctora Lori Beth Bisbey, psicóloga y orientadora sexual y de intimidad, afirma que en las relaciones no monógamas, la infidelidad no se da tanto en la actividad en sí, sino al romper la confianza que has construido en la relación. “En la no monogamia, estableces cómo vas a gestionar la relaciones y cuáles son los límites. Así que cuando los traspasas, echas por tierra todo el trabajo que has puesto en esa relación. No se trata de sexo ni de celos —aunque, al contrario de la creencia popular, eso es algo con lo que los poliamororos tiene que lidiar. Se trata de la mentira”, explica.

Las normas varían según la relación. Hay poliamororsos que quedan en no salir con otras personas de un género en concreto. Otros permiten ciertos tipos de actividad sexual, pero no todos. Muchos, entre los que nos incluimos mi marido y yo, buscan la aprobación de la otra persona antes de empezar con una nueva pareja. Pero las normas pueden cambiar. Muchos de los poliamorosos con los que he hablado afirman que lo que consideran “cuernos” ha ido cambiando con el paso de los años.

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Tereza y Josef. Foto cortesía de ambos

Tereza y Josed Sekovovi, una pareja de Praga, llevaban diez años una relación monógama y hace dos años pasaron a ser poliamorosos. Con el tiempo, han ido relajando las normas tan estrictas que tenían cuando empezaron. Al principio acordaron no acostarse con nadie sin contar con la aprobación previa del otro, pero en una cita que tuvo Josef una noche se le planteó el dilema de si debería llamar a su mujer y despertarla. Ahí se dieron cuenta de que no era práctico. “Hicimos un par de pruebas: al principio dijimos que besar y abrazar estaba bien y, cuando vimos que reaccionábamos bien ante eso, pasamos a aceptar también el sexo con otras personas”, explica Josef, de 27 años.

La clave está en la comunicación. Aunque que muchas parejas no monógamas prefieren no preguntar ni saber nada, todas con las que hablé yo afirmaban que ser sincero y contar las cosas son la única forma de evitar la infidelidad. “No contarlo no es una opción”, afirma Tereza. “Me resultaría muy extraño ocultarle algo a Josef. Sería una traición en toda regla”. Josef coincide con ella: “Tener algo íntimo con otra persona y no contárselo a Tereza, para mí sería engañarla”.

Contarle a tu pareja que has visto a otra persona puede ser tan importante para la ética de una relación no monógama como establecer unos límites de antemano. Para Cathy, de 39 años, y Thomas, de 33, pasar tiempo reconectando el uno con el otro después de verse con alguien nuevo es vital. “Nos parece bien tener otras relaciones, pero siempre se lo cuento a Thomas y siempre hacemos algo juntos después de que yo haya estado con otra persona. Tengo que hacer que Thomas se sienta seguro, hacerle saber que sigo ahí, que aún le quiero y que mi familia sigue siendo una prioridad”, aclara Cathy.

El sexo seguro también es un tema recurrente. Un estudio de la Universidad de Michigan que recopiló datos de centenares de individuos a través de un cuestionario en línea descubrió que es menos probable que los que engañan a su pareja en una relación monógama practiquen sexo seguro que aquellos que están en una relación no monógama consensuada. Todos las personas no monógamas con las que hablé hacían hincapié en la importancia de usar protección. “No usar condón y no decirlo es lo peor que puedes hacer en una relación poliamorosa”, dice Cathy. “Me pasó con mi ex. Acabé teniendo clamidia. Todos la sufrimos. Yo estaba que echaba humo”.

Aunque está claro que las parejas poliamorosas contemplan ligeramente la idea de los cuernos, muchos con lo que hablé reconocen que no tendrían por qué suponer el fin de la relación. Aunque le hicieron daño en el pasado, Marceille cree que los que no son monógamos gestionan mejor la traición. “Creo que lo que tiene de bueno la no monogamia es que a la hora de perdonar una infidelidad, se tiene la capacidad de reestructurar una relación sin tener por qué terminarla”, dice. “Traspasar los límites no implica romper con esa persona para siempre como te enseña la monogamia”.

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