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La pesadilla inmobiliaria

La pesadilla inmobiliaria del mes: cocina dentro del armario de tu habitación por 600 euros

¿Pero qué invento es este?

por Pol Rodellar
07 Mayo 2018, 3:00am

'La pesadilla inmobiliaria del mes' es una sección en la que denunciamos los abusos más flagrantes y los pisos más sorprendentes del mercado inmobiliario en España. Si te has topado con algún palacio similar, escríbenos a esredaccion@vice.com.

¿Qué es?: Aquí tenemos una “pequeña habitación luminosa” de 22m2 con la cocina dentro de un armario empotrado. Es una genialidad.
¿Dónde está?: El cuarto se encuentra en el barrio de Gràcia, cuna del renacimiento del amor por bailar swing y lindy hop; seno de jóvenes sentados en plazas tocando canciones independentistas con guitarras españolas.
¿Qué se puede hacer por ahí?: Limítate a recorrer los 400 metros que separan la parada de metro de Joanic y el Heliogàbal (o el “chino del Helio”, que está al lado); estos 400 metros son los únicos que valen la pena de este barrio. Estos metros te proporcionarán incontables horas de borracheras, música y bikinis (los erróneamente llamados “sándwiches mixtos” en el resto de España) a las dos de la mañana. Los tres kilómetros y 800 metros restantes del área del barrio de Gràcia son totalmente prescindibles.
¿Cuánto cuesta?: Si lo miras de esta forma, 600 euros al mes por una obra de arte que representa la miseria humana en el presente siglo XXI, pues tampoco es tan jodidamente caro, hermano.

cocina dentro de un armario empotrado

Lo han conseguido, lo han vueltos a hacer. Ellos. “Los de arriba”; los del euro; los banqueros; la oligarquía; los grupos financieros de inversión; el grupo Bilderberg; los reptilianos; los llámaloscomoquieras. Ya sabéis a los que me estoy refiriendo. Esa gente que se supone que existe o no y que controla el devenir de la humanidad.

En fin, estos individuos han logrado que la gente vuelva a hipotecarse la vida por un piso que no saben si podrán pagar. Gracias al pésimo mercado de alquiler español y a los medios que hemos criticado y publicitado todo el horror que se ha cernido sobre el pobre arrendatario, la gente ha empezado a despreciar el mercado de alquiler y ha abrazado de nuevo la fantasía del propietario hipotecado —ese “prefiero pagar 800 euros al mes por una hipoteca que por un alquiler” y toda esta mierda— que se piensa que mantendrá su puesto de trabajo durante los próximos 40 años de su vida. Mejor lanzarse al vacío que pagar por un zulo sin potencial especulativo.

A ti, que ya estás acostumbrado a vivir en micropisos carísimos, la oferta de hoy tampoco te va a sorprender. Es la misma basura de siempre: una vivienda lejos del centro sin habitaciones por la que pagarás lo que antes pagabas por un piso céntrico de 70 m 2, tres habitaciones y un gotelé envidiable, realmente envidiable.

cocina dentro de un armario empotrado
Esta será tu habitación-salón-comedor-cocina-despensa

Pero hay un detalle que quizás no hayas experimentado aún. Probablemente habrás tocado las cuatro paredes de tu casa estirando al máximo todas tus extremidades; seguro que conoces esa sensación de no haber visto la luz del sol reflejar sobre ninguno de los objetos que adornan tu “hogar”; no me sorprendería que me dijeras que has tenido la ducha en medio del salón o que has cocinado en cocinas eléctricas más pequeñas que la PS4.

Cocinas, bien; hablemos de ellas.

Pues ese detalle al que me refiero tiene que ver con las cocinas, esos espacios en los que tienes que acumular manjares, prepararlos, consumirlos (aunque cenar de pie delante de la cocina mientras lloras por no tener dinero para poder comprar sillas ni mesas, sea algo opcional) y, finalmente, destruirlos. Algunas cocinas son, como he dicho, meros aparatos eléctricos de cincuenta centímetros; otras ocupan todo el perímetro de tu casa y otras, que seguro que nunca has visto, están metidas dentro de un armario. Y a eso es a lo que vamos.

cocina dentro de un armario empotrado

Aquí la tenemos. Los armarios empotrados de ayer son las cocinas de hoy. Me maravillo ante la posibilidad de que un futuro arrendatario entre en este ¿piso? sin haber visto bien la oferta de Idealista y vea todas las puertas de los armarios cerradas e, inspeccionando el lugar, encuentre solamente el baño (“ahá, no está mal”) y, curioso, pregunte “¿No hay cocina?” y, esperando un “Por supuesto que no, ¿ES QUE NO LO VE? La gente ahora vive de Glovo y Deliveroo, insensato”, el agente inmobiliario responda con un sorprendente “por supuesto” y se dirija hacia el armario empotrado, se gire hacia el cliente y, mirándolo a los ojos, abra las puertas del armario invocando lo imposible y diga “Aquí dentro, aquí está”. Las gotas de sudor del futuro inquilino darían positivo en un análisis de PeroQuéCoñoEsEstaMierda.

Mirad mejor el invento.

cocina dentro de un armario empotrado

El ser humano siempre se las ha apañado para meter cosas enormes en pequeños espacios —pensad en el sexo, los bebés, las jarras de cerveza de dos litros o el concepto de “matrimonio”— pero nunca hubiera podido imaginar que pudiera meter toda una cocina dentro de un espacio dedicado a albergar chaquetas, sudaderas y, puntualmente, vibradores con forma de genitales de dragón (eso es lo que se guarda en los armarios, ¿verdad?).

Observad el bonito detalle de mantener los colgadores de ropa en lo que vendría a ser el interior de las puertas del armario. Un detalle que evidencia la cercenada naturaleza original del armario pero que a la vez resulta útil para su nueva función, pues estoy completamente seguro de que el arrendador pensó “Podemos dejar los colgadores para el delantal o para todas esas mierdas que se utilizan para cocinar”. La falta de esfuerzo como virtud.

En fin, lo que quiero decir con todo esto es que, pese a la triturada realidad de ese mercado de alquileres que se ha utilizado para reimpulsar nuevas políticas hipotecarias, uno siempre se encontrará alguna sorpresa; ese detalle siniestro y novedosos que hará que nunca podamos confiar de nuevo en la humanidad, como por ejemplo una cocina metida dentro de un puto armario.