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¿Estos bares de leche serán las nuevas cantinas?

A Charles le gusta ir a Milk Zone con sus amigos, donde se relaja y disfruta la leche mientras habla de su día.

por Debra Kamin; traducido por Elvira Rosales
15 Agosto 2017, 3:00pm

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En diciembre de 2012, un granjero de Ruanda tomó el teléfono y llamó al presidente.

Fue durante Umushyikirano, un evento de dos días en el que se organizan diálogos con el gobierno en aquella nación africana, y el presidente Paul Kagame recibía preguntas directas de los residentes de todo el país a través de Facebook, Twitter y por teléfono. Y este granjero tenía una pregunta muy seria: ¿Por qué —le preguntó a Kagame— en esta aldea podía vender un litro de leche producida por sus vacas a 200 francos de Ruanda (casi 33 centavos de dólar), y cuando visita Kigali se da cuenta de que el mismo litro de leche en el supermercado cuesta 1200 francos (casi $2 dólares)?

"Estoy seguro de que el transporte y el embalaje no suman los 800 francos", continuó el granjero. "¿Por qué no puedo vender mi leche directamente a los residentes de la ciudad, bajando los costos para ellos y aumentando mis ganancias?"

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Kagame, a través de su analista de comunicaciones Sam Mandela, quedó desconcertado. En ese entonces, Ruanda contaba con la tasa más baja de consumo de productos lácteos en África del Este, así como índices alarmantes de desnutrición —casi el 50 por ciento de la población— entre sus ciudadanos más jóvenes. Un intento por hacer que sus ciudadanos bebieran más leche, lanzado seis meses antes con la celebración del Día Mundial de la Leche en ese país, mostró pequeños resultados en ese entonces.

El granjero, admitió Kagame, quizá esté en lo cierto. De manera que el gobierno creó una comisión para reducir el precio de la leche y aumentar la distribución del producto en zonas urbanas. Dos meses después, nació Milk Zone. Propiedad de Inyange Industries, una compañía procesadora de alimentos en Ruanda especializada en lácteos y jugos de fruta, las Milk Zones son sitios alegres de color azul con aire acondicionado, sillas y mesas de plástico, así como un menú de bebidas refrescantes muy sencillo.

Sería fácil, dada la cantidad de millennials bebiendo de los vasos de plástico, confundir Milk Zone con una cadena de bares vecinos. Pero lo único que se sirve en Milk Zone es leche.

Ahora, existen alrededor de 80 Milk Zones en Ruanda, la mayoría ubicados en Kigali, sirviendo a una población urbana cuya única alternativa es la leche en polvo, vendida a precios más elevados en el supermercado. La pieza central de cada sucursal es un contenedor enorme refrigerado de leche fresca de granja, reunida cada mañana en uno de los 12 diferentes centros de recolección lácteos distribuidos en la Ruanda rural y transportada en un auto con refrigeración especializada directamente en cada sucursal.

Un empleado opera el grifo de cada contenedor, sirviendo la leche en bidones o cubetas, vendidas por litro y disponibles para su consumo en casa. Milk Zone también ofrece su líquido blanco por vaso, y allí es donde está el verdadero negocio. Los ruandeses de todas las edades inundan los Zones para reunirse en lo que se ha convertido en un ritual urbano: la práctica social de compartir un vaso de leche.

"Puedes decirle a alguien, vamos a tomar una leche, está fresca", dice mi conductor Charles, quien me está mostrando Kigali. Casi todas las mañanas Charles se sienta en su Honda plateado enfrente del hotel Lemigo donde me estoy quedando, con las ventanas abiertas y las mangas de su camisa arriba. Espera a que el portero asienta, enciende el motor y recoge a los huéspedes del hotel y negocia una tarifa en efectivo para pasearlos por las calles sinuosas de Kigali.

Lo contraté para que me lleve al Mercado Kimironko, el mercado principal de Kigali donde se puede comprar fruta, verduras y carne, pero es un día caluroso y seco, ambos nos sentimos sedientos. Entonces Charles mira hacia el Milk Zone azul que está afuera del mercado y sugiere que nos detengamos por una leche fría.

A Charles le gusta ir a Milk Zone con sus amigos, donde se relaja y disfruta la leche mientras habla del estrés del día. Y no es el único: para los ruandeses, combatir la desnutrición es un asunto grave y la leche se considera la bebida ideal no sólo para ayudar a los niños a desarrollar un cuerpo sano, sino también para ayudar a los adultos a mantener la forma y la mente sanas. Y en un país donde el salario mensual promedio ronda los $120 dólares, el precio —una taza de leche fría cuesta 300 francos, o casi 35 centavos de dólar— es accesible. El modelo empresarial de Milk Zone mantiene los precios bajos comprando directamente a los granjeros y gracias a los precios bajos de transportación y sin ningún embalaje (los clientes traen sus propios bidones, o la leche se sirve en simples vasos de plástico sin tapa).

"Me gusta su leche, especialmente cuando tengo tiempo libre", admite Charles mientras se limpia el bigotillo blanco que deja la leche con el dorso de su mano. "Es mejor que la leche del supermercado y es saludable. ¿Qué más necesitas?"

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