barra México

Perdí hasta al fotógrafo, tras beber seis horas en Barra México

La convención de destilados más grande de Latinoamérica nos dejó una peda impresionante, muchos nuevos amigos y la consigna inquebrantable de volver el próximo año.

por Ollin Velasco; fotografías de Fernando Tovar
24 Agosto 2017, 11:00pm

Con un hombre en la barra vestido de cazador de safari, las cosas se pusieron interesantes. Todas las fotos son de Fernando Tovar.

Barra México es un foro, único en Latinoamérica, en el que se reúnen las mejores marcas de mixología, íconos del bartending y expertos en la industria de destilados premium, super premium y prestige. México fue sede este año, así que antes podía faltar una botella en dicha expo, que nosotros en la lista de apuntados

Hablé con algunos colegas, todos me contaron las maravillas que habían bebido y conocido en las dos ediciones pasadas y decidí confirmar mi asistencia y la de mi fotógrafo.

Llegamos a las 11 de la mañana al Pepsi Center (todos estaban aún muy serios y pulcros a esa hora), nos relamimos el bigote y entramos. Un guía nos llevó al primer stand, donde nuestros sedientos labios probarían el primer drink del día.

Round 1. Elixir de betabel

Salidito de las manos del famoso mixólogo Adrian Evans, del restaurante Jacinto 1930, de Guanajuato. Tenía tequila de Casa Dragones, infusión del morado tubérculo, la orilla del vaso escarchada de sal de aguacate y un pincho con una esfera de betabel. Venía acompañado de una ensalada de quínoa, aguacate y cebollín.

Era un trago muy terroso por los complementos vegetales, pero contrastaba muy bien con el sabor fuerte del tequila. Un poco pesado para mi gusto, pero nosotros estábamos más frescos que una lechuga recién cortada, así que nos lo acabamos y fuimos caminando derechito a la siguiente copa.

El primer drink llegó acompañado de una rica botana.

Round 2. Negroni (con un giro especial)

La segunda parada fue con el mezcal Zignum. Algo nos habrán notado en la cara que de inmediato nos ofrecieron un trago fuerte, pero paradójicamente sobrio. En llanas palabras: medio amargo. Se trataba de una variación del clásico Negroni (a base de ginebra, bíter y Vermut), pero con el destilado oaxaqueño, un diminuto hielo y anís estrella.

Es un trago cumplidor, la verdad; para beberlo sin prisas y relajado. Lo cual venía bien, porque el descontrol todavía estaba lejos de llegar. No me sentía ni tantito mareada.

Un trago más para presumirlo que para empedar.

Round 3. Aperol Spritz (de la mano de un cazador de safari)

Este también era variación de la receta original, pues traía un chorrito de ginebra. No entendimos muy bien la razón de que nuestro anfitrión estuviera vestido así, pero sin duda el (casi) shot estuvo bueno. Sabía muy fresco, de verdad que el traguito —porque eso era— no me bastó. No era muy dulce y por eso me lo tomé directo. Por lo mismo, no me duró nada.

Para este punto no sé si por lo rico del trago o los anteriores, pero sentí que empezamos a calentar motores.

Todos hacían una parada frente a este stand. La razón es obvia.

Round 4. Champaña (pura burbuja)

A diferencia de los anteriores, aquí sí nos sentamos a paladear la espumosa Mumm (que obvio no es un destilado, pero ¡qué importa!). Estábamos en un puesto llamado Le Moment, en el que servían tragos de acuerdo al estado de ánimo del visitante. El fotógrafo y yo ya empezábamos a sentir la euforia del alcohol, así que nos llevaron las copas de champaña, acompañada de un trozo de red velvet.

No sé exactamente el mood con que nos vieron, pero la escena era romántica. Burbujas y felicidad pura. La verdad no hay mucho qué decir, sólo que me sentí fancy... una vez más, no sé si por la ambientación o por los tragos. Aunque por alguna razón beber champaña me causó mucha alegría.

Sólo de verlo, quiero que vuelva a pasar.

Round 5. Vino tinto casual

El vino tampoco es un destilado. Pero una vez más, nadie volvió a reparar en el detalle. Era un Tarapaca, bastante conocido en Chile, que nos pareció muy afrutado y nada seco. Brindamos, nos lo tomamos y en ese momento empezamos a sentir el poder de todo lo que ya empezaba a filtrar nuestro riñón.

Un vinito, y otro más, para celebrar la existencia de los destilados.

Round 6. Hola, "Señor Martínez"

De esta escala obligada, además del coctel, recuerdo mucho la mesa llena de copas listas para ser servidas y darle felicidad a mucha gente. Los mixólogos prepararon algo llamado "Señor Martínez", con gin e infusiones de chile habanero, thai y jalapeño (¿qué onda con el cliché de lo mexicano?).

Pero la verdad es que sí sabía a chile, incluso era hasta picante. Quizá en un futuro experimente a aliviar mi cruda con él.

Round 7. Mezcal Tonic

Para entonces, la fiesta ya estaba inaugurada oficialmente en nuestro interior.

Después de seis cocteles (la verdad es que repetimos un par de ellos, pero prefiero no decir cuáles. Vale, la neta ni me acuerdo) todo parecía mucho más feliz, en general. Nos dejaron frente a la barra de mezcal Wahaca, nos ofrecieron un tónico simple con una rama de romero y el destilado reposado de la casa y, como era obvio, dijimos que sí.

Este trago era delicioso, fresco como la ginebra pero pegador como sólo el mezcal. Incluso me sirvió para refrescarme el paladar.

De verdad era mezcal con sabor a ginebra. No es que mi lengua estuviera ebria, así sabía.

Round 8. Coctel de la milpa

Otra vez mezcal, y nosotros encantados. En Los Danzantes nos contaron que estaban cumpliendo 20 años, que tenían una botella conmemorativa y que habían echado la casa por la ventana con un coctel. Les extendimos la mano y nos dieron uno hecho con espadín joven, jugo de toronja, jarabe de epazote, xtabentún, licor de damiana y rodajas de chile serrano.

"Bendita Mayahuel, diosa del maguey", dijimos, más mágicos que el Sombrero Seleccionador de Harry Potter. Toma en cuenta que éste era el trago número ocho, y eso sin contar aquellos extra que tomamos para descansar un rato el reportaje.

Felices 20 años, Los Danzantes. ¡Salud!

Round 9. Chelita artesanal, ¿por qué no?

Sobra decir que esto tampoco es un destilado. Pero como a un beso, uno no es quién para decirle que no a una cerveza artesanal. Nos recibieron los chicos de Rrëy, copetearon un vaso con una cerveza tipo Bristish Best Bitter y, ni hablar: ¡salu'cita de la buena (hasta el fondo)!

Acuérdense de esto: negarse a una chela es una grave deshonra a los dioses del lúpulo.

Salimos del patio central donde había solo cervezas y prometimos no beber una gota más de alcohol. Pero se nos cruzó en el camino algo a lo que muy convenientemente llamé postre. Dicen que los números impares son de mala suerte, así que llegamos hasta el décimo asalto.

Round 10. Meteorito

El carajillo es como un postre líquido perfecto. Este de Meteoro no era uno como tal (porque la base era COLAB cold brew) pero, ¡sin bronca alguna!, se parecía mucho porque llevaba licor 43 y mezcalito.

Además, la botella convencía con su diseño coqueto hasta al más insensible y abstemio.

Esta botella le hace ojitos hasta a quien no la ve.

Menos mal, ésta fue la última foto enfocada del día. Lo que exactamente pasó después se quedará para el archivo secreto de MUNCHIES. Sólo diré que en algún momento perdí al fotógrafo, nos cancelaron el trayecto de UBER dos veces (porque no dábamos con los autos) y nos despedimos de gente que ni conocíamos.

Pero llegamos vivos a casa.

Nocaut

A la mañana siguiente, cuando empecé a hacer el recuento de los daños (con un dolor de cabeza bastante astral) encontré dentro de mi bolso botellitas de muestra de mezcal, un shaker de aluminio, un silbato que hace sonidos como de jaguar, el fidget spinner de unas de las organizadoras del evento y creo que hasta un papel con el número de teléfono de alguno de los expositores.

Todo mal.

Pero, ah, ¡qué felices fuimos! Ojalá nos inviten el próximo año y que sean más de los 117 stands que lograron exponer esta vez. Larga vida a todos los destilados (y no destilados) del mundo.