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Ozark, el thriller que blanquea los lazos familiares con montañas de dinero

La nueva serie de Netflix es un thriller cruento localizado en un paraje natural que corta la respiración y que sirve de escenario para una historia donde los afectos quedan sepultados por el sucio peso del dinero.
30 Agosto 2017, 12:10pm

El protagonista de Ozark jamás se había planteado vivir en los bosques de Missouri. Los Ozarks abarcan más de 1.600 kilómetros de costa poblada de terrenos de campamento rodeados por esplendorosos lagos y ríos, una impresionante cordillera y crestas de exuberante vegetación.

Esta meseta del Medio Oeste de Estados Unidos es ideal para que cualquier familia encuentre diversión durante todo el año: hay áreas para nadar o practicar con la canoa, muchos parques públicos, famosas rutas de pesca, innumerables senderos que se pueden recorrer en compañía de cascadas y árboles que superan los 800 años de vida.

Pero el de Marty Byrde, el astuto asesor financiero de Chicago protagonista de esta historia, no será un viaje de placer. Obligado por una situación de la que él no es culpable y con la amenaza de un cártel mexicano tras él y su familia, se tendrá que trasladar con los suyos a una apacible casa asentada entre el verdor y las aguas cristalinas, pero en la que no encontrará la tranquilidad sino una ansiedad cada vez mayor.

Para Byrde los Ozarks no son sinónimo de una nueva vida saludable y familiar lejos del bullicio de Chicago, sino que son la única vía de escape para salvar su vida y la de su familia.

Cualquiera de los problemas a los que se enfrentará Marty a lo largo de la serie: el hundimiento de su negocio, una terrible crisis de pareja, ser investigado por el FBI, trasladarse de la ciudad al campo, adaptarse a una nueva comunidad un poco "especial" o convencer a los negocios locales de que confíen en él; resultarían una carga casi insoportable para cualquiera. Él no tendrá más remedio que intentar dar lo mejor de sí para solucionarlos todos, ya que de ello dependerá su vida.

El peso de este drama fracturado en diez asfixiantes episodios recae sobre los sólidos hombros de Jason Bateman, quien, además de dar vida al protagonista, también produce y dirige tanto los dos primeros capítulos como los dos últimos.

Pero si alguien eleva a la enésima la constelación de personajes de la primera temporada de Ozark, esa es sin duda Laura Linney. Candidata a tres Oscars y ganadora de varios Globos de Oro, Linney se convierte en la contrapartida al hombre de la familia, en un matrimonio donde los cónyuges son a la vez aliados y némesis.

Y es que en Ozark el dinero no da la felicidad. En esta matryoshka de traiciones, cada muñeca esconde un oscuro propósito en su interior, describiendo un laberinto de personajes rotos o vacíos, que se rigen por axiomas como "La gente merece una segunda oportunidad, como los negocios", o "Sé cómo vender la idea de una familia feliz".

Mientras el sol se esconde posando una luz ocre sobre el lago, los cuervos, metafóricos y reales, sobrevuelan cabezas que hierven con creciente ansiedad y mentes que han dejado de pensar con claridad o escrúpulos. Aquí nada es casualidad: incluso un simple helado de pistacho puede alcanzar una importancia inmensa en este mundo enloquecido.