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VICE Sports

Villanos: Thomas Gravesen, de ogro galáctico a millonario en Las Vegas

Thomas Gravesen dejó su impronta en el Real Madrid gracias a un inolvidable regate involuntario. Hoy, el Shrek del centro del campo ha dejado el futbol y se dedica a su nueva pasión: los casinos de Las Vegas.
12.4.16
Reuters 

En enero de 2005, el Real Madrid necesitaba dar un paso al frente. Florentino Pérez se veía con el agua al cuello y el equipo, tras dos temporadas en blanco —nunca mejor dicho—, estaba a siete puntos del FC Barcelona en la clasificación de la Liga al término de la primera vuelta.

¿Qué pasaba con los galácticos? La respuesta del aficionado de a pie era que al Madrid le faltaba contundencia, así que la prensa de la capital se encargó de calentar el mercado. Según los periodistas, el equipo necesitaba un medio físico, organizado, sacrificado, talentoso y con gol; vaya, lo que se dice de cualquier jugador digno de ocupar el puesto de mediocentro defensivo en un club grande.

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El 14 de enero saltó la noticia: la solución a los problemas de los galácticos venía de Inglaterra y se llamaba Thomas Gravesen. Además de ser, teóricamente, la pieza que necesitaba el equipo, el bueno de Thomas tenía una gran ventaja… y es que se parecía enormemente a un simpático personaje de ficción que en ese momento estaba en pleno apogeo: Shrek.

Vaya gracia debía hacerle al danés que la prensa le comparara con un ogro… por muy simpático que fuera el personaje. Desde el primer momento, Gravesen demostró que su paso por el club blanco sería poco lucido, aunque en realidad iba a cumplir con su principal función: repartir madrazos.

La leyenda de la gravesinha

La hoja estadística no muestra nada relevante sobre Gravesen. Thomas llegó procedente del Everton FC inglés, que curiosamente intentó quedárselo a toda costa. El centrocampista tenía claro que la llamada del Madrid podía ser la oportunidad de su vida, pero la cosa no acabó de cuajar: jugó 49 partidos, marcó un gol y, a pesar de su reputación de rompehuesos, solo fue expulsado en una ocasión.

Para ser justos con Gravesen, cabe decir que tanto en Inglaterra com en la selección danesa el jugador nacido en Vejle fue una pieza muy importante. A España llegó como (enésimo) sustituto del gran Claude Makélélé, pero más que por su disciplina táctica, si pasó a la memoria colectiva de los futboleros fue gracias su estelar aparición en un programa de televisión.

Diáfano. ¿Quién no recuerda la maravillosa gravesinha, la improbable creación de Gravesen en un partido frente al Sevilla FC? Este regate sin par nació tras una genialidad de Zinedine Zidane y un resbalón de nuestro protagonista: un maravilloso movimiento "en el que rótula, menisco y ligamento cruzado están al servicio del espectáculo", según nos contaban en la tele.

A partir de ese momento, Gravesen se convirtió en un personaje mediático de primer orden. Su estilo heterodoxo caló en un Madrid bastante gris: la temporada 2004-05 no fue nada destacable para los blancos, y al año siguiente, el 'cuadrado mágico' que proponía el entrenador brasileño Vanderlei Luxemburgo no llegó a cuajar. Luxemburgo, que había llegado tras el naufragio de Mariano García Remón, fue cesado a media campaña 2005-06.

Inconfundible: Gravesen compartiendo titularidad como pegamento de contacto entre los Pavones y los Zidanes. Foto de Lucy Nicholson, Reuters.

El Madrid acabó a cuatro puntos del Barça en la Liga en la 2005-06 y repitió curso en blanco, por lo que la fórmula Gravesen cosechó más sonrisas en la tele que resultados sobre el pasto. Parte de la culpa fue de la naturaleza del fichaje en sí: en realidad, Tommy era mucho más que un mediocentro defensivo, la función exclusiva que le encargaron en Chamartín.

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Con la llegada de Fabio Capello en verano de 2006 y tras una pelea en la pretemporada con Robinho, el falso destructor danés quedó relegado al banquillo… y acabó traspasado al Celtic de Glasgow, por desgracia para los fans del espectáculo.

"La verdad es que no sé qué vieron en mí, pero yo no soy un especialista en defender. No soy un jugador defensivo", explicó el propio Gravesen en su despedida en verano de 2006.

"Yo quería ser bombero"

En realidad, el Madrid de 2005 estaba siendo víctima de una inevitable decadencia. Los Galácticos habían perdido sus mayores referencias defensivas: Fernando Hierro se había retirado y Makélélé se había ido al Chelsea, Esteban Cambiasso, el hombre que teóricamente debía suceder al centrocampista galo, se había marchado al Inter de Milán.

Es lógico que en Chamartín decidieran fichar a alguien que pudiera apagar los fuegos y solventar la posición… y paradójicamente, el club blanco apuntó más cerca de lo que podría parecer, porque la primera vocación del joven Tommy fue precisamente combatir las llamas.

Literalmente.

Tommy interpretando su mejor versión de ogro en los octavos de la Champions League de la temporada 2005-06. Desgraciadametne para él, el Madrid cayó ante el Arsenal, que a la postre sería finalista. Foto de Sergio Pérez, Reuters

"He intentado ser futbolista con tanta fuerza, toda mi vida… Al principio quise educarme para ser bombero, cuando era joven. Hasta que tuve 16 o 17 años y opté por el fútbol profesional", explicó el jugador al periódico El País. Quizás esa vieja pasión confundió a los ojeadores blancos y por eso pensaron que sería una magnífica opción para ejercer de extintor de marrones en el círculo central.

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En realidad Gravesen era un centrocampista box-to-box, la definición que los británicos utilizan para definir a los jugadores que esencialmente pueden hacer un poco de todo… y, sobre todo, llegar a portería.

Encasillado en la función de cortafuegos, su único gol vestido de blanco llegó ante el RCD Espanyol con un disparo desde la frontal del área. Ojo, sin embargo, porque a lo largo de su trayectoria Gravesen marcó la nada desdeñable cifra de 41 goles, sobre todo con el Everton y el Vejle Boldklub —el club con el que pasó al profesionalismo en Dinamarca.

"A veces tuve que expulsarle del entrenamiento porque estaba tan excitado que no paraba de echar broncas a los demás compañeros y de hacer gestos como diciendo: 'te voy a cortar las piernas'", asegura Ole Fritsen, su primer técnico.

En el inicio de su etapa en Madrid, el danés quedó en fuera de juego ante tanta estrella; de hecho, Gravesen fue testigo directo de la defunción del proyecto de Florentino Pérez, que dimitió y dejó el equipo en manos de Ramón Calderón en verano de 2006.

"Al principio me preguntaba: '¿Y yo qué hago aquí?'. Ahora voy entendiendo más las charlas tácticas", explicaba Gravesen a finales de 2005. Un buen comienzo, sin duda. El danés, para mejorar su rendimiento, se imaginó a sí mismo jugando con los Beckham, Raúl, Zidane, Ronaldo y compañía.

"Me animó muchísimo imaginarme a mí jugando con estos cracks. He tratado de mostrarles cómo soy para que me acepten. Yo no puedo decirles: 'soy así y así'. Sólo puedo abrirme para que vean que soy el tipo que pone un poco de humor [+18] a las cosas, y un jugador de futbol serio", contaba Thomas sobre su relación con los galácticos.

De parranda en Las Vegas

Tras un breve paso por el Celtic de Glasgow —donde Gravesen, por cierto, ganó su único título profesional: la liga escocesa en la temporada 2006-07— y después de una cesión al Everton, Thomas decidió colgar las botas para buscar nuevas aventuras a los 32 años.

Gravesen disputó dos Eurocopas y un Mundial con Dinamarca: aquí le tenemos usando a Pavel Nedved de sofá en los cuartos de final de la Euro 2004. Foto de Reuters

A pesar de la mala fama que se ganó sobre el terreno de juego —"parece un estibador del puerto de Rotterdam, o un tabernero irlandés capaz de abrirle la cabeza a Colin Farrell", escribió el periodista José Manuel Cuéllar en el periódico ABC—, Tommy supo reciclarse. El exjugador, según un reportaje del periódico danés BT, invirtió las ganancias de su carrera en varias empresas, dio en el clavo y amasó una fortuna superior a los cien millones de euros.

Con 37 años anunció su segunda 'retirada' y cambió el lluvioso Reino Unido por el cálido desierto de Arizona. Hoy, el bueno de Tommy se pasa los días jugando al póker, al blackjack y a la ruleta en los mejores casinos de Las Vegas, donde vive con su último ligue.

No está mal para un ogro… que, eso sí, de estúpido no tenía ni un pelo.