Esta es “La Resistencia”, el nuevo llamado a la movilización en Colombia
Las elecciones en Colombia estuvieron reñidas el pasado 17 de junio. Un emergente grupo de ciudadanos se declaran en resistencia al gobierno electo.  Foto: Sebastián Comba
Elecciones Colombia 2018

Esta es “La Resistencia”, el nuevo llamado a la movilización en Colombia

CRÓNICA | Después de una agitada contienda electoral, la derecha se levantó victoriosa a través del candidato del Centro Democrático, Iván Duque. No todos los ciudadanos están conformes con el resultado.
19.6.18

Este artículo fue publicado por VICE Colombia.

—Como todo en democracia: reconocemos esos resultados, pero nos declaramos en resistencia. Esperamos en el Congreso de la República poder estructurar una bancada que nos permita proteger los acuerdos de paz. Y estaremos (listos) para levantar nuestra voz e impedir que se toque el corazón de la Constitución del 91 —decía Ángela María Robledo, excandidata a la Vicepresidencia por la Colombia Humana, en una entrevista para La FM, el día siguiente a las elecciones presidenciales.

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—Los hemos oído hablando de resistencia —preguntaba la periodista radial—, cuando ustedes hablan de oposición: ¿estarían de acuerdo con bloqueos en la calle, si se da alguna manifestación?

—Bueno, las resistencias en el mundo entero son movilizaciones. La resistencia de las mujeres chilenas fue porque su cuerpo estaba siendo el primer territorio de abuso y violación en las universidades. Es una forma de resistencia. Pero hay muchas formas de hacerlo. Las mujeres sabemos qué es hacer resistencia —respondió.

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Son las 6 y 16 de la tarde de ese mismo lunes. La concentración estaba programada para las seis en punto. Oscurece y hay unas treinta personas reunidas junto a la escultura de Rafael Uribe Uribe, en el Parque Nacional de Bogotá. O la resistencia es impuntual, o no ha convocado a suficientes resistentes.

—Allá va la gente de Millonarios, ellos también tenían su propia marcha, ¿no?

—Yo siento que estamos aquí reunidos los que no salimos de vacaciones.

Empieza a llover. La resistencia también es contra el tiempo.

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Las elecciones del pasado domingo 17 de junio en Colombia eran históricas: fue la primera vez que un político de la línea de izquierda de ese país llegaba a segunda vuelta con un amplio respaldo del electorado. Durante la campaña presidencial, a pesar de que desde muchos sectores lo consideraban polarizador, Gustavo Petro logró poner sobre la mesa los principales temas del debate, cosa que terminaron reconociéndole todos los medios: el replanteamiento del modelo económico extractivo, la posibilidad de una educación pública, gratuita y de calidad, la protección del medio ambiente, la defensa de los acuerdos de paz, la lucha contra la corrupción y el clientelismo.

Una bandera de Colombia con un estampado del rostro de Gustavo Petro, candidato que perdió en la contienda electoral del 17 de junio. | Foto: Sebastián Comba.

Después de las votaciones del plebiscito para la paz, muchos analistas aseguraban que una candidatura de izquierda no iba a ser viable en las elecciones de 2018. Durante la campaña, antes de la primera vuelta, el discurso antisistema de Petro, en favor de los acuerdos de paz, mostró que el famoso techo electoral que tenía el exalcalde de Bogotá no existía. A su vez, Petro aglutinó alrededor de su campaña los intereses de distintos sectores sociales —no solo de izquierda— que le dieron un impulso para pasar a segunda vuelta: sectores animalistas, ambientalistas, feministas, la comunidad LGBTI, las comunidades indígenas, campesinas y afro.

Recibió apoyo de figuras internacionales: el Nobel de literatura J.M. Coetzee, el economista francés Thomas Picketty, la politóloga Chantal Mouffe, los filósofos Jacques Ranciere o Slavoj Zizek. Este último publicó un video un día antes de las elecciones de segunda vuelta donde decía que la victoria de Petro sería “un mensaje para el mundo entero. Aunque no gane en estas elecciones. La izquierda debe prepararse, quizás para las próximas elecciones, porque solo este tipo de izquierda es la única esperanza para la humanidad”.

Petro perdió.

Con poco más de dos millones de votos, Iván Duque, candidato del Centro Democrático —a quien los colombianos no conocían hace un año, como asegura el New York Times— le sacó una ventaja a Petro que le permitió al primero hacerse con la Presidencia de la República.

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Son las 6 y 30. Ya somos casi el doble. Ha llegado gente en bicicleta, con sus cascos, con sus perros. Ya muchos están escribiendo en los carteles cosas como: “EDÚQUESE CON LECHONA NO HETEROSEXUAL” y ponen fotos de Marta Lucía Ramírez —la vicepresidenta electa— y de un cerdo con una camándula colgada al cuello; o: “¿CUÁL DERROTA SI SOMOS OCHO MILLONES DE COLOMBIANOS SOÑANDO EL CAMBIO?”.

Una mujer —veintitantos— se para en el centro del desorden y les pide a todos que se acerquen por favor, más cerca para que todos alcancen a escuchar. No pensábamos, dice desde el pulmón, que esto iba a tener tanta acogida. Estamos un poco enzorrados, dice. La idea es resistir con actividades que muestren que estamos inconformes, no sólo marchas. Y que ojalá esto no sea esporádico, cosa de un día. Y dice que no sabe cómo nos vamos a organizar. La idea es que no piensen que esto lo estamos haciendo por afiebrados. Propongamos entre todos: ¿qué vamos a hacer en estos futuros cuatro años?, pregunta y nadie responde.

La estatua de Simón Bolívar, en el centro de Bogotá, símbolo de la independencia de Colombia, se vio intervenido por cuenta de quienes se denominan "La Resistencia". | Foto: Sebastián Comba.

La mujer que habla se llama Daniela y es estudiante de Artes de la Universidad Javeriana de Bogotá. La concentración y la marcha la han convocado estudiantes de esa facultad. Daniela me dice que le tocó pararse a hablar porque la que organizaba esto, una amiga, se enfermó y me dejó a mí a cargo. Dice que es interesante que este evento, convocado en menos de veinticuatro horas, haya tenido tanto apoyo y, además, de estudiantes de la Javeriana. Estudiantes a los que normalmente, dice, se nos señala por nuestra posición de privilegio. Dice y dice que es cierto. Que nomás hay que mirar la pinta de la gente que está acá, es gente privilegiada que, en todo caso, se está tomando esta vaina de la política en serio.

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Justo después de que se conocieran los resultados electorales, en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, la gente coreaba “Re-sis-tencia, re-sis-tencia, re-sis-tencia”. A los pocos minutos, Petro salió a la tarima y dio su discurso en el que decía que esta no había sido una derrota, que ocho millones de votos era una gran victoria y que la apuesta era por ser una opción alternativa de poder. “No nos hemos preparado para ser oposición, sino para ser gobierno”, dijo Petro.

En redes sociales empezó a usarse el hashtag #LaResistencia por parte de actrices, líderes de opinión y académicos:

Algunos trinos tenían su dosis de humor:

En Facebook se creó un grupo llamado #LaResistencia. Una de las primeras discusiones fue por el uso del nombre. Un usuario preguntaba si no sería contraproducente llamar a este movimiento social “La resistencia” ya que podría sonar muy guerrillero. Y proponía un nombre como “Veeduría ciudadana”. Otra usuaria respondía que el nombre Resistencia no es patrimonio de un grupo armado sino de un pueblo que viene resistiendo durante 500 años.

La idea es resistir con actividades que muestren que estamos inconformes, no solo marchas. Y que ojalá esto no sea esporádico, cosa de un día. Y dice que no sabe cómo nos vamos a organizar. La idea es que no piensen que esto lo estamos haciendo por afiebrados", dijo una de las líderes.

Otra persona proponía que se evitara el consumo de ciertas marcas que apoyaron la candidatura de Iván Duque: Postobón, Eternit, Servientrega, RCN, Caracol o El Tiempo.

Otro usuario proponía colapsar el país de manera pacífica de la siguiente manera: no salir de las casas, no consumir licores, gasolina, luz, gas, teléfono, televisión, internet, celulares, no ir a centros comerciales ni supermercados. Y hacer eso una o dos veces al mes.

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Otro proponía fiscalizar al grupo de parlamentarios que ha votado en contra de la ley que intenta prohibir el asbesto en Colombia.

Las formas de resistencia eran, al parecer, múltiples.

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Falta un cuarto para las siete. La marcha arranca indecisa hacia la Plaza de Bolívar. Hay más de cien, quizás doscientas personas, que todavía no se atreven a tomarse el carril vehicular de la Carrera Séptima en Bogotá. ¡Metámonos por entre los carros!, dice uno. Otro pregunta que si alguien se sabe un cántico para entonar. Por fin la mancha humana se toma los tres carriles de la Séptima hacia el sur y grita de júbilo. Una primera conquista que es respaldada por los primeros cantos: “Uribe, paraco, el pueblo está verraco”.

En Colombia, las elecciones fueron definidas por el expresidente, hoy senador, Álvaro Uribe Vélez, quien escogió a un candidato para que representara las posturas del Centro Democrático, su partido. | Foto: Sebastián Comba.

Daniela dice, mientras caminamos hacia el sur, que esta es una generación que ha despertado políticamente. Que esto no se veía quién sabe hace cuánto. Y que se debe, cree ella, a un quiebre con la generación de nuestros papás, que han sido muy pasivos frente a las cosas que pasan. A mí me decían que para qué me ponía a pelear, que las cosas son como son y que es muy difícil que cambien. Que hay que preocuparse por lo personal, por estudiar una carrera y graduarse. Y dice que cree que lo que está pasando ahora con los jóvenes es que están sintiendo una preocupación por lo común, por lo social, por lo que pasa con el país. Y sintiendo, además, que es posible que las cosas cambien.

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¿Qué sentido tiene hablar de resistencia en este momento particular? ¿Qué tuvieron estas elecciones que dieron pie para empezar a hablar de resistencia? Simón Ganitsky, filósofo y columnista, publicó justo después de conocerse los resultados de las elecciones lo siguiente: “Me causa gran ilusión que la palabra predominante en las reacciones libres e informadas a la victoria de Uribe sea ‘resistencia’. Somos cada vez más los que sabemos que la polarización y la confrontación son la vida de la democracia”. Por su parte, la escritora Carolina Sanín decía lo siguiente —también en Facebook—: “No estaré ‘haciendo oposición’, pues esto es el fascismo. Estaré en la resistencia, como dice Simón Ganitsky”.

Mauricio Albarracín, litigante y activista de la comunidad LGBTI, le dijo a VICE que “la idea misma de oposición está planteada en términos de los partidos políticos. Lo que ha surgido en los últimos años, no solo en esta última campaña, es una ciudadanía más activa: hay fenómenos sociales, una ciudadanía más preocupada por temas de justicia social. La palabra resistencia es más una oposición ciudadana, no tanto de los políticos”.

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La marcha ha mantenido su posición en todos los carriles, vamos a la altura de la calle 32 y los cantos ahora preguntan: “¡Quién es usted! Soy estudiante. ¡No lo escuche! Soy estudiante. ¡Una vez más! Soy estudiante soy, yo quiero estudiar, para cambiar la sociedad”. La gente a lado y lado de la Séptima mira. Las motos intentan pasar por los lados, los buses que van detrás, pitan. Ahora el cántico es otro, uno muy nuevo que quizás se está estrenando en esta marcha: “¡Duque no es, no es mi presidente! ¡Duque no es, no es mi presidente!”.

Daniela y una amiga se paran al frente de la marcha y les piden a todos que se detengan por un momento. El semáforo está en rojo y ella vuelve y toma la palabra y dice que si bien las arengas son muy buenas, deberíamos cantar algo que nos una, algo en torno a la resistencia, porque ese tipo de cantos, estudiantiles o contra Uribe, muestran una división y la razón por la que mucha gente votó por Duque, porque nos ve como polarizadores. ¿Entonces qué les parece si cantamos algo, más bien, positivo?, pregunta ella y todos se quedan mirándose entre ellos y dicen que sí con la cabeza sin entusiasmo.

La marcha de "La Resistencia" acabó en la Plaza de Bolívar, de Bogotá. | Foto: Sebastián Comba.

—Pero es que la polarización es lo mejor para la democracia —le responde un joven a Daniela y la marcha retoma su camino hacia el centro. Ahora las arengas se debaten entre: “Las putas no parimos corruptos asesinos” y “Re-sis-tencia, re-sis-tencia, re-sis-tencia”.

Desde la calle, algunos transeúntes repiten las arengas de los manifestantes. Desde los buses de la empresa Transmilenio, desde los otros buses, algunos se toman el tiempo de despegar la mano del tubo y ponerla en forma de puño: sonríen desde el otro lado de la ventana. Otros, permanecen con cara de trancón e indiferencia.

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¿Qué implica decir resistencia? ¿Qué implica nombrar un movimiento ciudadano con ese nombre? El escritor Juan Cárdenas publicó en su cuenta de Twitter el martes después de elecciones: “Llamar a la resistencia tiene todo el sentido en un país donde la gente piensa así. #LaResistencia Hacer control político forma parte de un amplio espectro de propuestas, que apenas se están formando. Váyanse a la verga si les da oso la palabra o el entusiasmo”.

Por otro lado, el abogado Julián Trujillo, especialista en temas indígenas y de consulta previa, tiene ciertas dudas al uso que se le da a la palabra: “Decir que ahora estamos haciendo resistencia es como si dijéramos que el Estado es completamente opuesto al pueblo. Como si hubiera una unilateralidad de lo que es el Estado y las instituciones. La política actual nos ha mostrado que el Estado es un lugar de activismo y de disputa. Lo que vemos en los pueblos indígenas y en la movilización social en América Latina desde los años ochenta es que el Estado no es un resultado sino que es el lugar de la disputa, un lugar abierto, del cual nos podemos apropiar en un sentido populista, para construir hegemonía”.

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¿Lo que está cantando ahora la gente te parece polarizador? ¿Qué griten “Uribe, paraco” te parece polarizador?, le pregunto a Daniela y ella responde que agh, pues es que a la final todo lo que cantan es la verdad, ¿no? Dice ella como resignada mientras bajamos a la Carrera Décima. Sería muy raro encontrarse a alguien que votó por Duque acá en esta marcha, yo voté por Petro, dice ella.

Creo que Petro ganó estas elecciones en el sentido de la politización y de que se pusieron los debates sobre la mesa.

Las mujeres que se han unido con tambores y que llevan ahora el ritmo de la marcha y de los cantos le piden a la gente que vaya más despacio para que ellas puedan liderar el paso.

—Vamos más despacio —grita Daniela— quedan cuatro años, ¿cuál es el afán?

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Daniela me dice, cuando le pregunto por el recién electo presidente, que soñó hace poco que Iván Duque traicionaba a su mentor Álvaro Uribe (presidente por dos periodos, 2002-2010, quien ha luchado electoralmente para que en el poder Ejecutivo colombiano quede una persona con sus mismos ideales, y hasta este domingo lo logró), que lo dejaba metido. Y se ríe. Y dice que soñó que Iván Duque (el presidente electo más joven de la historia de Colombia) le metía la ficha al proceso de paz y le daba la espalda a toda la clase política que lo apoyó.

Pero fue un sueño, solo un sueño nomás, dice volviendo a la realidad y a la lluvia helada. Es que somos ocho millones de colombianos los que estamos en desacuerdo, los que no queremos a este gobierno: allá se tuvieron que juntar todos, toda la clase política para poder ganar. Esto no va a ser lo mismo que cuando gobernó Uribe. Hay mucha presión del otro lado, de este lado.

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¿Qué liderazgo tendrán las figuras políticas en este movimiento de resistencia? “Obviamente Petro y Ángela María tendrán un rol en el Congreso y está bien que lo tengan”, dice Albarracín, “pero lo importante es que la oposición no solo va a ser política, sino que va a ser social. Siempre he defendido una independencia de los movimientos sociales frente a los políticos. Mantener una autonomía frente a los políticos profesionales es muy importante. No es un asunto de petrismo o antipetrismo. Para mí lo más importante es que la ciudadanía esté muy atenta porque realmente es el soporte ciudadano el que permite que los derechos se vivan y se defiendan”.

“No es tanto hablar de resistencia sino de otra forma de activismo político”, dice Trujillo. “Todavía es posible ganar alcaldías, hay una oposición fuerte en el Congreso. No se trata tanto de hablar de resistencia como de puntos de fuga, de posibilidades emancipadoras, que se pueden dar desde las instituciones, en el Derecho mismo. Resistencia tal vez si los votos por Petro hubieran sido del 5%, pero este no es el caso. Creo que Petro ganó estas elecciones en el sentido de la politización y de que se pusieron los debates sobre la mesa. Ganó porque su adversario político ya está hablando su lenguaje. ¿Qué resistencia hay ahí?”, se pregunta finalmente Trujillo.

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La marcha ya va llegando a la Plaza Simón Bolívar, la lluvia aumenta. Un señor se ha unido a los estudiantes y ha pedido que lo escuchen. Dice que es sobreviviente de la Unión Patriótica (un partido político de izquierda exterminado casi en su totalidad en la década del ochenta) y que se siente orgulloso de esto, de ver cómo la juventud ha salido a oponerse después de estas elecciones tan duras. Dice que esto es nuevo, que esto no lo había visto antes, que desde Jorge Eliécer Gaitán. Y que fueron más de ocho millones de personas las que votaron, eso no es una fuerza insignificante. Hace cierta alusión a un posible fraude y dice que hay que hacer oposición. Que esto apenas comienza. La gente lo aplaude, silba y se emociona.

La votación en Colombia, debido a un clima creciente de polarización, fue histórica. Ningún candidato había sacado una votación tan alta como Iván Duque, el ganador de la contienda electoral. | Foto: Sebastián Comba.

Seguimos con él hasta la Plaza de Bolívar que recibe de manera amplia a la marcha: la Plaza está vacía y este grupo se ve pequeñito dentro de ella. Todos se reúnen alrededor de la estatua de Bolívar, le cuelgan una bandera. Parece que antes, a las seis, habían convocado otra marcha, otros sectores, y que faltó ponerse de acuerdo. Llegamos tarde. Otro joven se toma la palabra y dice que la resistencia también se ejerce con la tutela y sugiere que hay que empezar a mandar tutelas (o derechos de petición) al Fiscal General de la Nación para que realmente cuente cuál fue el fraude del que habló en la Primera Vuelta. Otro más pide la palabra y bajo la lluvia dice que los símbolos son importantes, que la paz como símbolo es importante, incluso más allá de Petro. Las abejas vienen a pinchar este gobierno desde el inicio, grita otro más y la marcha diluida grita y chifla.

¿Cómo ves a la resistencia un día después de elecciones?, le pregunto a Daniela. Yo sí creo que está pasando algo diferente, siento que esto es algo distinto, dice ella mientras ya la gente se empieza a devolver a sus casas y a desandar el camino bajo la lluvia.

Mañana (hoy) juega (jugó) Colombia y todos esperan una victoria.


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