Opinion

Renuncie ya, Néstor Humberto: no nos lo aguantamos más

EDITORIAL | Debe irse del cargo y afrontar las consecuencias de sus actos de manera honrosa, si es que algo honorable le queda por delante a él en su vida.
11.1.19
nestor humberto martinez
El fiscal colombiano Néstor Humberto Martínez, a quien pedimos desde VICE su denuncia. | Foto vía Flickr.   

Son sobradas las razones, por si alguien acaba de despertarse: nuestro fiscal general de la Nación, el señor Néstor Humberto Martínez, uno de los hombres más poderosos de este país (amigo y aliado de otros hombres poderosos de este país), debe irse del cargo y afrontar las consecuencias de sus actos de manera honrosa, si es que algo honorable le queda por delante a él en su vida. Es lo mínimo.

Las causas de la petición masiva de la renuncia nos las sabemos todos de memoria y se remontan a mucho antes de que supiéramos del controversial desarrollo del caso Odebrecht y la Ruta del Sol (si quiere leerlas, acá las enuncia una a una Álvaro Carreño). Pero eso, lo de Odebrecht, sigue siendo lo más grave: el presunto pero elocuente hecho de que Néstor Humberto sabía de los torcidos corruptos de la concesión de la Ruta del Sol desde 2015, a instancias de Jorge Enrique Pizano, excontroller de la concesionaria, como dan fe unos audios que pueden oírse en cualquier parte, porque ya son de conocimiento público.

Cualquier funcionario, cualquier ser humano decente, renunciaría después de que el país se enterara del famoso “jijijiji, sí, hijueputa, esto es una coima, marica”. O después, quizás, de que dos testigos claves del caso (y el hijo de uno de ellos) resultaran muertos en circunstancias cuando menos sospechosas. Quiero decir: hasta el director de Medicina Legal, Carlos Valdés, renunció a su puesto porque no pudo probarse que a Pizano, el de los audios, pese a declarársele muerto por infarto en el miocardio, le encontraron en su finca una toalla con sangre suya contaminada de cianuro.

Pero nuestro Néstor Humberto nada que se larga. Todo lo contrario: salió a payasear en un debate de control político en el Congreso, haciendo alarde de oratoria y prosopopeya, fintas y ataques, para, pretendidamente, aunque sin tanto éxito, salir bien librado del escándalo.

Colombia ya ha sido testigo de esto antes: de políticos machotes y altaneros que salen alebrestados a defenderse frente a la evidencia. Que llegan a recintos públicos a manotear con violencia para todas partes, como con una venda en los ojos, a ver a quién golpean para distraer al público. Lo hacen egoístamente, por supuesto, tratando de salvar su pellejo mientras le hunden el puñal a este país, a su sociedad.

Pero nos mamamos. Una parte amplia de sectores ciudadanos, y no solamente las Farc y la Colombia Humana, como “informa” Blu Radio, salió a las calles el viernes de la semana pasada hasta el búnker de la Fiscalía a pedir a gritos la renuncia del fiscal general, que bien merecida nos la tenemos. Y nada. Daniel Coronell sacó en la última edición de Semana su habitual columna, preguntándole al señor fiscal por qué había mandado fragmentos de los audios del caso de Luis Gustavo Moreno a la Corte Suprema, omitiendo todos los que lo mencionaban a él. Y nada.

¿Hace falta algo más?

Renuncie, señor fiscal. No nos envenene más con su presencia.


*Nota del editor: esta columna fue modificada el día 15 de enero, porque en ella se actualizaron los últimos datos que, de acuerdo con el columnista, presentan nuevas razones para la renuncia del fiscal.