Hace poco más de un mes, Isabel Coixet programó un ciclo en la Filmoteca de Cataluña. El título, "Mujeres (bastante) perdidas", daba buena cuenta de la tipología de personajes que se podía encontrar en las películas seleccionadas y apuntaba hacia una cuestión de base: en el centro, está la mujer. Preguntada precisamente por la cuestión de los arquetipos femeninos, Coixet responde que "la complejidad de los personajes femeninos no ha evolucionado apenas en los últimos treinta años, más bien involuciona". Añade: "Basta ver los personajes femeninos nominados a los Óscar: madres sacrificadas, novias sacrificadas, esposas sacrificadas, esposas que hacen de madre e incluso comprenden que el marido quiera ser mujer". Coixet pone el dedo en la llaga y hace referencia a La chica danesa, una película que bajo su manto de aparente transgresión esconde unas maneras profundamente conservadoras.
Coixet fue, junto a Paula Ortiz, una de las dos directoras nominadas en la pasada edición de los premios Goya. El dato, el hecho de que hubiese dos mujeres entre los cuatro nominados (los otros dos fueron Fernando León de Aranoa y el ganador, Cesc Gay), fue recibido como una suerte de hito y, en algún caso, como la prueba de una cierta normalización. Sin embargo, la paridad en las nominaciones a mejor dirección parece más un signo de excepcionalidad, que de normalidad. "Los resultados de los premios hablan por sí mismos", comenta Paula Ortiz, directora de La Novia, "las nominaciones son una excepción". Por su parte, Coixet, señala que "la situación sólo se normalizará cuando las mujeres tengamos un peso y una presencia equitativos en la industria, pero eso sólo ocurrirá cuando tengamos una parcela de poder similar a la de los hombres". La directora de Nadie quiere la noche se refiere a la diferencia abismal entre el número de directoras y el de directores, una cifra que considera estancada: "Es otra consecuencia de la crisis económica, las mujeres, en todas las disciplinas, son las más perjudicadas".
Las directoras se ven obligadas a responder a preguntas que giran en torno a la moda, a los vestidos y a las joyas que se van a poner
Mar Coll, directora de Tres días con la familia y de Todos queremos lo mejor para ella, se refiere al momento actual y a la presencia de directoras en las nominaciones y en los medios de la siguiente manera: "Hay una mayor conciencia que antes. Los medios hablan de ello porque interesa, lo cual me parece bien". Sin embargo, algunas de las directoras presentes en las listas de los Goya de este año señalan una disparidad en el trato que reciben en relación con sus compañeros cineastas. "Durante la promoción de los Goya, me di cuenta de que hubo un interés mediático, pero también hubo discriminación en las preguntas", afirma la debutante en la dirección Leticia Dolera, "nosotras tenemos que hablar de nuestra película pero también de la situación de la mujer en el cine, y esto de por sí ya es una discriminación". En esta misma línea, Coixet se muestra profundamente contundente: "A mí me han llegado a preguntar, no una sino cien veces, quién se queda con mi hija cuando viajo por esos mundos de dios. Es cansino, a estas alturas, tener que poner al entrevistador o a la entrevistadora en su sitio y decirle que le vaya a preguntar eso a Steven Spielberg que tiene 4 hijos". La directora remata: "Mi lema en estos casos es apretar los dientes, contestar lo más educadamente que puedo y fantasear despierta con el día que estas chorradas se terminen y al menos nos hagan las mismas preguntas estúpidas que a los hombres. Pero nada que tenga que ver con la compaginación y organización doméstica, ¡por favor!". Paula Ortiz comenta que lo masculino es el centro y no se somete a debate, y que en cambio las directoras se ven obligadas a responder a preguntas que giran eminentemente en torno a la moda, a los vestidos y a las joyas que se van a poner. "El tiempo para hablar de nuestras películas no es el mismo", sentencia.
Fotograma de 'Todos queremos lo mejor para ella' de Mar Coll
Mar Coll cuenta que fue cuando entró en el mundo laboral que comenzó a tomar conciencia de su postura feminista, que creía que esa era una lucha superada y que con el tiempo se dio cuenta que no era así. Las cuatro directoras con las que hablé para este artículo se declararon abiertamente feministas. "Soy hija de feminista", dice Ortiz, "mi madre y sus amigas son mujeres que han trabajado y han hecho un feminismo activo, que han trabajado para que yo pueda elegir mi camino. Me declaro feminista". Rehuye a su vez cualquier miedo al término. Y Coixet comenta: "Ser feminista no es una elección. Para mí no lo es. Lo soy desde que un día, cuando tenía siete años, en una boda de una tía mía oí que el cura decía que la mujer debe obedecer al hombre y estuve esperando en vano que dijera que el hombre también debe obedecer a la mujer. Y pillé un cabreo tremendo y ya vi que la cosa esa de ser niña, iba a ser más bien chunga".
"En mi caso, creo que la excepción, el hecho de ser mujer, pero también de hacer cine en catalán dio más visibilidad a mis películas", dice Mar Coll, que luego matiza: "Me he encontrado con lo que podríamos llamar microchorradas, como por ejemplo que me reciban con un cartel en el que se lee Marc Coll o como que en los festivales suelan pensar que soy 'la novia de'. Son los micromachismos del mundo del cine". Coll ha construido una filmografía en la que, al menos hasta la fecha, la mujer se sitúa en el centro del relato: es el caso de la chica que vuelve a casa en Tres días con la familia o la mujer que debe reincorporarse a su vida y a su rutina tras haber sufrido un accidente en Todos queremos lo mejor para ella, pero también las dos amigas de su primer corto, La última polaroid, y la protagonista de La inquilina, su última pieza breve, que pone en escena a una mujer que llega a una casa en el campo como si estuviese huyendo de algo y que se va más o menos tal y como llegó.
Soy una mujer, hago películas, pero no sé qué tanto por ciento del hecho de ser una mujer contribuye al punto de vista con el que cuento historias
"Que una película esté protagonizada por una mujer no la convierte en una mirada femenina", apunta Leticia Dolera. La cuestión de la dichosa mirada femenina es uno de los temas recurrentes a la hora de hablar de las obras firmadas por directoras. Igual que el término sensibilidad, que suele aplicarse incesantemente a la hora de referirse al cine hecho por mujeres. "¿Por qué le arrebatamos al hombre el adjetivo de sensible?", se pregunta Dolera, "eso es una construcción de la masculinidad hecha desde un lugar erróneo". Nominada también a los Goya como mejor directora novel por Requesitos para ser una persona normal, Dolera tiene una larga trayectoria como actriz. De hecho, es una de las intérpretes de La Novia y encarnó a una de las heroínas más contundentes del cine español reciente, otra novia, la de la boda interrumpida por un grupo de infectados en Rec3: Génesis. En cierta manera, aquel personaje suponía una vuelta de tuerca a los arquetipos femeninos, es "una mujer que no espera que la vayan a recatar sino que va ella a rescatar a su príncipe", tal y como dice Dolera.
Paula Ortiz también pone en entredicho la cuestión de la mirada femenina: "Es peligroso, porque puede convertir el cine hecho por mujeres en una etiqueta. Creo que hay una sensibilidad femenina y masculina, pero que la tenemos tanto los hombres como las mujeres". Coll lo expresa de otra manera: "Creo que mi feminidad condiciona mi cine como lo hacen otros elementos, como el componente urbano, la familia como tema… es decir, que quizá mi cine está más cerca de un director como Cesc Gay que de algunas directoras". Coixet es quien, en el fondo, da con la tecla del debate, con la incertidumbre que suele suscitar esta cuestión: "Llevo años preguntándome si existe una mirada femenina. ¿Podríamos identificar el género de un director sin saberlo de antemano tras ver su película? ¿Es Elena Ferrante una mujer o un septuagenario napolitano? Llevo tantos años oyendo calificar mis películas de 'empapadas (sic) de una mirada femenina' que le he tomado una manía tremenda al término. Soy una mujer, hago películas, no sé qué tanto por ciento del hecho de ser una mujer contribuye al punto de vista con el que cuento historias. Sinceramente, no lo sé".
